Adolfo “Fito” Previderé

Biografia OpusVida por magui

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Fito Previderé retrató muchos momentos históricos de la ciudad. En los últimos 40 años ningún acontecimiento importante y signficativo de Rafaela dejó de pasar por su lente inigualable. Él era un incansable narrador de anécdotas y aún sus viajes de placer, como el último que hizo a Nueva York, eran motivo para que su cámara inquieta produjera tomas de las que luego seleccionaría las mejores para alguna muestra en el Museo de la Fotografía al que defendió con uñas y dientes en estos últimos meses.

Siempre decía que en el trabajo del fotógrafo no sólo debe existir el talento natural y la inspiración personal, sino también el estar en el momento justo y en el lugar indicado. En una entrevista que le realizó Virginia Tessio para su programa “Retratos de la ciudad”, recordó uno de los hechos históricos que retrató: la visita de Raúl Alfonsín en 1983, como candidato a presidente.

Pero si había que estar en el lugar indicado y en el momento preciso, también se podía dar en una carrera de autos. Como en una de las últimas 500 Millas que se corrieron en Rafaela. Fito estaba en la curva Norte y enfocó al uruguayo Pedro Passadore. Lo siguió con el objetivo a lo largo de una impecable secuencia que mostró cómo el auto del uruguayo se estrellaba contra el guardaraild e iba a parar justo enfrente de su cámara: la foto de Passadore saltando del auto incendiado con una pierna envuelta en llamas fue una postal de las 500 Millas que durante años engalanó el local de Óptica Lencioni.

Contenido:

  1. Comienzos
  2. Su carrera fotográfica
  3. Fotografía a Raúl Alfonsín
  4. Legado
  5. Fallecimiento
  6. El Fotógrafo (Por Sofía Zaffetti)
  7. Galería de fotos de Fito Previdere
  8. Premios, certámenes y exposiciones de fotografía
  9. Premios, certámenes y exposiciones de dibujo y pintura

Comienzos

Adolfo “Fito” Previderé nació en Rafaela el 2 de agosto de 1945. Aprendió a dibujar por correspondencia a los 10 años. A los 13 se suscribió a la Revista Life y ese fue un hecho determinante en su vida: fascinado por sus tapas, empezó a sentir una inclinación por las artes plásticas que se traduciría en su oficio y su talento. Fue también por esos años cuando descubrió en la vidriera de la librería El Saber, un libro sobre pintura que compró a cuotas. A los 17 aprendió a revelar con su propia máquina, gracias a las enseñanzas transmitidas por el señor Mascotti.

Fito solía recordar con verdadera nostalgia las tardecitas aquellas cuando se acercaba a su casa para tomar esas primeras clases que generosamente le daba luego de un pedido tímido.

La fotografía fue su estrella. Miraba de chico con fascinación las cámaras que exhibía Lencioni, en la misma vidriera en la que durante décadas sus retratos más especiales se exponían cotidianamente a la ciudad. Logró comprar esa primera máquina, que no era suficiente, pero lentamente se fue superando y creciendo hasta tener un gran estudio, sustentado en trayectoria y pasión por el oficio. Esa primera cámara la tiene guardada. Seguramente quedará en ella el sueño que se cumplió, como un tesoro invalorable.

Ya trabajando en el negocio de los Dellasanta, conoció a Ernesto Fertonani como alumno, en los talleres del Liceo Municipal de Artes Visuales Miguel Flores, entre 1964-1973. Y entre 1975-1990 volvió al Liceo Municipal, ya como Profesor de Artes Visuales Miguel Flores en las asignaturas Pintura, Fotografía y Dibujo. Fue presidente del Foto Cine Club Rafaela y profesor en el Taller de Fotografía.

Su carrera fotográfica

Los artistas, los rostros, nuestra historia, lo hicieron elegir nuestra ciudad, orgulloso y comprometido con su lugar. Nunca le quitó el cuerpo a los debates de la ciudad. Fue, por ejemplo, un apasionado defensor de la causa para mantener el complejo del Viejo Mercado como un patrimonio de la ciudad y defendió como pocos al Museo de la Fotografia y al Museo de Bellas Artes. Incansable expositor, él mismo se encargaba de nutrir la programación de los museos con muestras que conseguía gracias a su prestigio y a los contactos que poseía.

Su afición por la fotografía lo llevó a retratar a grandes artistas que pasaron por los escenarios del Teatro Laserre como María Rosa Gallo, María Fux, Cristina Banegas, Pepe Soriano, Alfredo Alcón, Virginia Lago, Juan Carlos Gené, Cipe Lincovsky entre otros, a guardar escenas de obras que marcaron historia a nivel nacional como Las de Barranco, Orquesta de Señoritas, y de nuestra ciudad, como las de Sueño de una noche de verano, Cabaret, Lisístrata, del Grupo Punto T de La Máscara y a conocer artistas como Alonso.

Atraído por la fuerza del rostro, fotografió retratos fiel a los preceptos de Henri Cartier Bresson, sin efectos especiales, “para no hacer de la fotografía una ilustración”, como repetía cuando se lo consultaba. Ávido lector, no tardaba tampoco en aparecer en su conversación el nombre de Sartre, por ejemplo, para ubicar a la fotografía como una ausencia, como la definió el filosófo y escritor.

Su elección por el blanco y negro para los retratos era la manifestación de una síntesis, una condensación que encontraba en una paleta reducida fuera de la distracción de los colores.

¿El arte salva, Fito?, le preguntaron cierta vez. “Por supuesto. Recuerdo ahora que una vez, charlando sobre este tema, dije que sólo el arte nos salva y otra persona me respondió enfáticamente: no, Dios salva. A lo que agregué…bueno Dios y el arte nos salvan, porque de cualquier modo el arte es una expresión del ser humano y para mí Dios, en la forma más abstracta, es una forma corpórea, una materia”.

Fotografía a Raúl Alfonsín

Fito había sido contratado por la UCR –como luego lo sería por los principales dirigentes políticos de la ciudad, hasta esta última campaña- para las fotos de afiches. Tenía que sacarle fotos a Alfonsín junto a Gerardo Piedrabuena, el candidato a intendente local del radicalismo. Lo mandaron a buscarlo a una casa de familia, pero allí Alfonsín estaba cenando luego de un día muy ajetreado y “tenía unas bolsas enormes debajo de los ojos”.

La sesión de fotos quedó para el día siguiente, en que Alfonsín tenía que visitar varias plantas industriales, entre ellas Williner, el Frigorífico Rafaela y Basso. En el frigorífico, Fito acompañó a Alfonsín y decidió que quería hacerle una toma en los vestuarios del personal, donde la comitiva se cambiaba para cumplir con los protocolos de seguridad e higiene de la industria frigorírica. Luego de la recorrida, Alfonsín llegó al vestuario solo, para quitarse las botas y buscar sus zapatos, que estaban mezclados con los de los otros visitantes y los de los obreros.

“Estaban todos los zapatos en fila, ordenados, y Alfonsín no encontraba los suyos. En un momento determinado, los halló: ‘son estos’, dijo. Los dio vuelta y se quedó mirando la suela rota de sus propios mocasines. Yo estaba a punto de disparar con la cámara y desde atrás me aparece un colaborador haciéndome señas ampulosas para que no lo fotografiara así: me perdí una de las grandes fotos que hubiera querido tener, la de Alfonsín mirando la suela agujereada de sus zapatos”, contó Fito.

 

Legado

Defensor del arte y la cultura local, fue uno de los que le puso el cuerpo a la conservación del Cine Belgrano como tal, uno de los que plantó bandera para que un shopping no se quede con la Vieja Terminal; y un gran pensador de la difusión artística, cuestionando el sentido del Fondo Municipal para la Cultura, con una mirada más aperturista y de alcance para una real cobertura de toda Rafaela.
Presidente e impulsor del Foto Cine Club Rafaela, siempre optimista en seguir adelante a pesar del tamaño de los grupos de encuentro fue un apasionado de las imágenes, supo recortar a la perfección cada secuencia, explicar de manera alcanzable y dejar en quienes lo acompañaban la semilla necesaria para seguir adelante con una tarea que culturalmente siempre diferenció a Rafaela.

Fallecimiento

El 01 de mayo de 2011 a los 65 años, falleció a raíz de un accidente cerebro vascular, mientras manejaba su auto frente al hipódromo de la ciudad. A su memoria la salvará, eternamente, el brillo de su talento y la calidad de sus obras.

El Fotógrafo (Por Sofía Zaffetti)

La imagen eterna

El presente suplemento tenía previsto abordar como nota central el “primer plano” (como signo, como elemento visual significante capaz de producir significados en un posible receptor). Y de repente, así, sin más, la noticia de la muerte de Adolfo “Fito” Previderé nos interpela, como un destello tan imprevisto como doloroso. Y se torna entonces necesario hablar de él, traerlo a estas páginas, acaso como un modo de fijarlo, como la fotografía misma. Porque ambas, fotografía y muerte, son un instante, un gatillazo: los iguala esa fracción de segundo en que “alguien” dispara semejante decisión, y captura.

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