Alfred Kinsey

Biografia OpusVida por dina

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El sexólogo KinseyAlfred Kinsey fue un científico que investigó sobre la conducta sexual humana en los Estados Unidos. Uno de esos raros benefactores que se atrevió a correr el velo de la ignorancia y de la hipocresía en uno de los paises más conservadores del mundo. Su trabajoso legado abrió las puertas para la comprensión de uno de los aspectos que más relacionan a los seres humanos con el placer y la felicidad: su sexualidad. Aún hoy, el desafío de Kinsey, es visto con recelo y temor – JTC.

Contenido:

  1. Alfred Kinsey  pionero del estudio sobre sexualidad.
  2. El hombre que cambió nuestra sexualidad
  3. Estudiar el sexo como un entomólogo
  4. Una investigación que sigue vigente
  5. La sexología hoy
  6. El decálogo del ‘Informe Kinsey’
  7. Escala de Homosexualidad y Heterosexualidad
  8. El Informe Kinsey

Alfred Kinsey pionero del estudio sobre sexualidad.

Alfred Kinsey nació el 23 de junio de 1894, en Hoboken, Nueva Jersey, hijo de Seguine Alfred Kinsey y Sarah Ann Charles. Kinsey fue el mayor de tres hijos. Su madre había recibido poca educación formal, su padre era profesor en el Instituto Stevens de Tecnología. Los padres de Kinsey eran cristianos bastante conservadores. Esto influyó en la educación de Kinsey, dejando en él una huella para el resto de su vida. Su padre era conocido como uno de los más devotos miembros de la iglesia metodista.
Kinsey se casó con Clara Bracken McMillen, a quien él llama Mac, en 1921. Tuvieron cuatro hijos. Su primogénito, Don, murió a consecuencia de las complicaciones agudas de la diabetes juvenil en 1927, justo antes de su quinto cumpleaños.

Kinsey estudió en la Universidad de Bowdoin, en Brunswick, Maine entre 1914 y 1916. Fue graduado en biología y psicología. Recibió su doctorado en biología por la Universidad de Harvard en septiembre de 1919, y fue a la Universidad de Indiana como profesor auxiliar de zoología en agosto de 1920.

Estableció una reputación académica sólida por sus pruebas biológicas y su investigación en taxonomía y evolución. En 1937, el “American Men of Science” lo nombró como uno de sus precursores. En 1938, asumió el control de la coordinación del nuevo curso matrimonial en la Universidad de Indiana, para luego comenzar a recolectar historias para el archivo del comportamiento sexual. En 1940, el presidente Herman B. Wells le dio a elegir a Kinsey: o continuaba con el curso matrimonial o con su proyecto de investigación sexual.

Alfred Kinsey y junto a sus colaboradores, continuaron investigando sobre el proyecto, y redactaron el informe Kinsey, uno de los primeros estudios científicos sobre sexualidad, basado en una investigación en la que participaron más de 12.000 personas.
Este estudio constituyó la base de publicación de dos libros clásicos: Conducta sexual en el hombre (1948), cinco años más tarde publicaron: Conducta sexual en la mujer (1953).
También fundó el Instituto de Investigación Sexológica de la Universidad de Indiana (Kinsey Institute for Research in Sex, Gender and Reproduction), que sigue en funcionamiento y ofrece estudios superiores.

Kinsey murió el 25 de agosto de 1956, a la edad de 62 años, afectado de neumonía.
En 2004 la vida de Kinsey fue llevada a la gran pantalla y Hollywood lanzó una película sobre la vida de “Kinsey”, interpretado por el actor Liam Neeson como Kinsey y Laura Linney como su esposa.

El hombre que cambió nuestra sexualidad - Isabel Espiño
Una película recorre la vida de Alfred Kinsey, el investigador que hace medio siglo desmitificó muchas creencias sobre las conductas sexuales

Mujeres insatisfechas, varones bisexuales y clientes habituales de meretrices… Estas fueron algunas de las conductas sexuales que Alfred Kinsey sacó a la luz hace más de medio siglo, desmitificando muchas de las creencias que había hasta el momento. Era el ‘informe Kinsey’, la primera encuesta científica masiva acerca de las conductas sexuales humanas. Hollywood acaba de llevar a la gran pantalla su vida.

El filme, en el que Liam Neeson interpreta al investigador, ha tenido muy buena acogida entre los críticos cinematográficos, pero ha despertado las protestas de grupos religiosos y conservadores, como ocurrió en su día con el ‘Informe Kinsey’.

Pese a sus más de 800 páginas y a estar plagado de gráficas, estadísticas y un árido lenguaje científico, este libro (que en realidad se llamaba ‘Conducta sexual del varón’) se convirtió en todo un ‘best-seller’ hace más de medio siglo. Salió a la venta en enero de 1947 y, para mediados de marzo, ya había vendido 200.000 ejemplares.

En la obra, “Kinsey documentaba un gran abismo entre las actitudes sexuales y las prácticas reales”, comenta un artículo sobre el investigador, publicado el año pasado en el ‘American Journal of Public Health’ (‘AJPH’). A partir de unas 5.000 entrevistas, desvelaba que casi el 46% de la población masculina había tenido relaciones tanto homo como heterosexuales, casi el 70% había tenido algún encuentro con prostitutas y, entre los varones casados, la mitad había mantenido alguna ‘experiencia’ extramarital.

La versión femenina del informe (‘Conducta sexual de la mujer’, publicado en 1953) también desmitificó muchas otras creencias sobre la sexualidad. Según Kinsey, la mitad de las mujeres tenía relaciones antes del matrimonio, un tercio nunca había experimentado satisfacción sexual y la cuarta parte de las casadas tenía alguna experiencia extramarital.

Estudiar el sexo como un entomólogo

En este caso, se había basado en casi 6.000 entrevistas a mujeres. Y es que para describir las conductas sexuales humanas, Kinsey empleó métodos taxonómicos de la biología. Él era, en realidad, un biólogo que dedicó sus primeros años académicos al estudio de las avispas de agallas (examinó y midió unos 35.000 ejemplares).

Su introducción en el mundo de la sexualidad fue, más bien, por casualidad. En 1938, Kinsey accedió a impartir lecciones sobre los aspectos biológicos de la sexualidad en su universidad (la Universidad de Indiana). Los estudiantes le pedían más información sobre las conductas sexuales y esto, junto con su propia experiencia sexual (problemática al comienzo de su matrimonio), le hizo ver que existía un “abismo en nuestro conocimiento”, según sus propias palabras.

Fue entonces cuando Kinsey comenzó a mantener entrevistas con los estudiantes para discutir sus experiencias sexuales y problemas para compilar, examinar y clasificar sus respuestas. “Transfirió su obsesiva preocupación por la variación entre las avispas a las variedades de la experiencia sexual humana”, comenta el artículo del ‘AJPH’.

Una investigación que sigue vigente

Los trabajos de Kinsey fueron clave para sacar la homosexualidad a la luz y alimentaron el movimiento feminista

Portadas de revistas, artículos en la prensa, listas de ‘superventas’… Después de publicar su ‘Informe Kinsey’, el investigador estadounidense se convirtió en toda una figura de los medios de comunicación, pero, “a diferencia de la mayoría de las sensaciones mediáticas, su influencia no ha disminuido. Continúa creciendo”, comenta un artículo publicado este año en ‘Archives of Sexual Behavior’, firmado por Vern Bullough, profesor en la Universidad de California y autor de numerosos libros de sexología.

Lo cierto es que muchas de las conclusiones de sus informes ya se habían propuesto como hipótesis durante las décadas anteriores, especialmente por parte de Freud y sus seguidores. Pero nadie había conseguido reunir evidencias sobre las pautas reales de conductas sexuales. Sólo había datos basados en varias decenas o, como mucho, unos cientos de historiales.

“La sexualidad que creó Kinsey tuvo un enorme impacto que liberó a muchos individuos del estigma de anormalidad. Su configuración de la visión actual del sexo es su contribución más importante, más que cualquier hallazgo específico que haya realizado”, reza el mencionado artículo, bajo el significativo título ‘El sexo nunca volverá a ser lo mismo: las contribuciones de Alfred Kinsey’.

“Entre otras cosas, fue clave para sacar la homosexualidad a la luz y para sentar las bases de la aceptación pública de su existencia. También tuvo gran fuerza en animar a los ‘gays’ y lesbianas a organizarse y ‘salir del armario’. Amenazó mitos largamente mantenidos acerca de la sexualidad femenina y su investigación alimentó el movimiento feminista, que ha llevado a una mayor igualdad entre los sexos”.

“Hizo posible hablar abiertamente sobre las relaciones sexuales prematrimoniales, sobre la masturbación, sobre el sexo oral (…). En resumen, cambió el modo en que pensamos sobre el sexo”, concluye Bullough.

La sexología hoy

Esta área de investigación sigue teniendo retos. “Los americanos siguen teniendo una apremiante necesidad de información precisa sobre la sexualidad. Cómo prevenir las enfermedades de transmisión sexual o cómo sostener una relación sexual sana y placentera a lo largo de la vida deben convertirse en conocimientos comunes”, señaló recientemente Gilbert Herat, director del National Sexuality Resource Center (NSRC), en la conferencia ‘Kinsey hoy’.

“Hoy estamos lidiando con temas sobre la sexualidad sobre los cuales la gente nunca había pensado: los hijos del ‘baby boom’ envejecen y se mantienen sexualmente activos mucho más tiempo que cualquier generación anterior, los derechos sexuales de personas discapacitadas y la población inmigrante poco familiarizada con las ‘reglas del juego’ sexuales de la sociedad americana. La apertura a la investigación y conocimiento sobre la sexualidad son más necesarias que nunca, ahora que nos embarcamos en el siglo XXI”, advierte Herat.

El decálogo del ‘Informe Kinsey’

Con el mismo ánimo con que examinaba avispas en sus inicios. De este modo, Alfred Kinsey realizó las entrevistas en las que se basaron sus famosos informes: ‘Conducta sexual del varón’ (1947) y ‘Conducta sexual de la mujer’ (1953).

Para ambos informes, se realizaron más de 11.000 entrevistas cara a cara, con hasta 500 ítems. Las entrevistas continuaron tras la publicación y, entre 1938 y 1956 (cuando murió el investigador) se calcula que Kinsey y sus tres colaboradores interrogaron a más de 17.000 personas.

Estas son algunas de las conclusiones que, hace medio siglo, desmitificaron las creencias sobre las conductas sexuales:

Bisexualidad. En torno al 46% de la población masculina ha mantenido relaciones sexuales tanto heterosexuales como homosexuales, o reacciona a personas de ambos sexos en su vida adulta.

Sexo anal. El 11% de los varones ha practicado sexo anal dentro del matrimonio.

Aventuras. La mitad de los varones casados y la cuarta parte de las féminas han tenido alguna experiencia extramatrimonial durante su vida marital.

Sexo antes del matrimonio. Entre el 67% y el 98% de los hombres (dependiendo de su nivel socioeconómico) y la mitad de las mujeres han tenido relaciones sexuales antes de casarse.

Prostitución. El 69% de los varones ha tenido al menos una experiencia con una prostituta.

Fantasías. El 84% de los varones se ha excitado imaginando actividades sexuales con mujeres. Entre ‘ellas’, el 69% ha tenido fantasías eróticas sobre hombres.

Onanismo. El 92% de los hombres y el 62% de las mujeres se ha masturbado.

Sexo oral. Casi la mitad de los hombres casados ha practicado el cunnilingus. El 45,5% de las esposas ha realizado una felación.

Orgasmo. El 10% de las mujeres nunca había llegado al orgasmo en sus relaciones maritales.

Madurez sexual. En el hombre, la actividad sexual era más frecuente entre los 16 y los 20 años. En la mujer, las actividades sexuales ‘en solitario’ (masturbación, sueños nocturnos…) iban en ascenso. A los 55 o 60 años, alcanzaban su punto máximo y descendía – Isabel Espiño

Escala de Homosexualidad y Heterosexualidad

En relación a los modelos de conducta sexual, muchas de las reflexiones que han hecho tanto los científicos como los hombres de leyes se fundamentan en la asunción de que las personas son “heterosexuales” u “homosexuales”, que estas dos especies son antitéticas en el mundo sexual y que hay un grupo insignificante de “bisexuales” que ocupan una posición intermedia. Se supone, además, que cada persona es inherentemente heterosexual u homosexual, de modo innato, lo cual implicaría que desde que uno nace el destino marca si uno será una cosa o la otra. Según esto, habría pocas posibilidades de cambiar esa orientación a lo largo de la vida. (…) Con los casos de nuestro estudio, sin embargo, queda claro que la heterosexualidad y la homosexualidad de muchas personas no es una cuestión de todo o nada.

Es cierto que algunas personas tienen una historia exclusivamente heterosexual, tanto en sus experiencias físicas como en sus reacciones psíquicas; del mismo modo, hay personas exclusivamente homosexuales, tanto en sus experiencias físicas como en sus reacciones psíquicas. Pero nuestros datos muestran que hay una proporción considerable de la población en cuyas historias se combinan la heterosexualidad y la homosexualidad. En algunos, las experiencias heterosexuales predominan, en otros predominan las experiencias homosexuales, y otros tienen una experiencia bastante igual en uno y otro sentido. Por tanto, los hombres no se dividen en dos grupos de población distintos (los heterosexuales y los homosexuales), como distinguimos las ovejas de las cabras. Las cosas no son blancas o negras. Al emplear taxonomías es importante comprender que la naturaleza raramente se deja clasificar con categorías.

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