Arnold J. Toynbee

Biografia OpusVida por magui

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“La tecnología es una fuerza moralmente neutral. Es capaz de convertir la superficie del planeta en un matadero, pero también puede convertirla en un vecindario. (…) Suponiendo que hemos decidido estar del lado de los ángeles, ¿cómo hemos de tratar a quienes todavía no han discernido las señales de los tiempos? La única respuesta promisoria es devolver bien por mal, y nunca cansarnos de desempeñar ese difícil papel.” Arnold Joseph Toynbee.

Especialista en filosofía de la historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones. Según Toynbee, las civilizaciones no son sino el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que sufre, ya sean naturales o sociales. De acuerdo con esta teoría, una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío no sólo tiene éxito, sino que estimula una nueva serie de desafíos; una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a los desafíos que se le presentan. Dio gran importancia a los factores religiosos en la formulación de las respuestas a los desafíos. Fruto de esta teoría, Toynbee negó el determinismo en la evolución de las civilizaciones, negando que éstas deban perecer finalmente (en abierta oposición a historiógrafos como Oswald Spengler), y defendiendo que podía esperarse que la moderna civilización occidental pudiera escapar a la norma general de decadencia de las civilizaciones.

Autor prolífico, escribió una ingente cantidad de obras. Su obra más reconocida e influyente es, sin duda, Estudio de la Historia (A Study of History, doce volúmenes escritos entre 1934 y 1961) donde describe y aplica su concepto de desarrollo de las civilizaciones, otra obra en la que también se aplica su concepto es en “La civilización puesta a prueba”.

Vida  académica

Arnold Joseph Toynbee, nació el 14 de abril de 1889 en Londres,  sobrino del también historiador Arnold Toynbee, hizo la escuela primaria en el Winchester Institute e ingresó en el Balliol College de la Universidad de Oxford en 1908, donde se licenció en Clásicas en 1911. Los estudios de A. J. Toynbee se centraron en la cultura e idioma helenos. Al tiempo de recibirse, pasó un breve período de tiempo en el Escuela Británica de Atenas, uno de los contactos con el mundo clásico que más impresionó al joven Toynbee, y que tendría tanta repercusión en su obra.

Miembro y tutor en el Balliol entre 1912-15, ocupó diversos cargos en el ministerio de Asuntos Exteriores británico durante la I Guerra Mundial.

Devuelto a la vida académica por la paz fue convocado para ocupar el puesto de profesor asociado de Historia Antigua en el mismo Balliol College de Cambridge. Allí permaneció hasta 1919, año en que fue designado profesor de Estudios Griegos y Bizantinos en la Universidad de Londres. En 1925, como colofón a su devenir académico, fue nombrado director de investigaciones de Historia internacional en la prestigiosa Escuela de Economía de Londres (London School of Economics), así como director del también londinense Real Instituto de Relaciones Internacionales. Ingresó en la Academia Británica en 1937.

Hasta su jubilación académica (en 1955), desempeñó el cargo de Profesor Investigador de Historia Internacional en la Universidad de Londres. La última parte de su vida la dedicó a viajar y a dar conferencias por todo el mundo, principalmente en Estados Unidos.

Actividades Políticas

De manera paralela a su carrera académica, Toynbee desempeñó diversos cargos en la política británica, en especial relacionados con las relaciones internacionales. El primero de ellos, en 1915, fue el de funcionario del departamento de Inteligencia del Ministerio de Asuntos Exteriores. En 1919 fue uno de los legados de Gran Bretaña en la Paz de Versalles, que únicamente sirvió para encender la espoleta de la Segunda Guerra Mundial y que influyó notablemente en la percepción de la Historia de Toynbee, tal como se vislumbra en la obra publicada a raíz de esa legación: El mundo tras la conferencia de paz (1925).

El historiador

De entre su abundante producción historiográfica hay que destacar trabajos como La cuestión de Oriente entre Grecia y Turquía (1922), publicación que llevó a cabo mientras era corresponsal del diario británico Manchester Guardian en el conflicto que se desarrolló entre ambas naciones durante los años 1921-1922. Antes de ella, había publicado sus ensayos Las nacionalidades y la guerra (1915) y La nueva Europa (1915), donde realizaba un asombroso ejercicio de autocrítica hacia el devenir de Occidente en los últimos cien años, ampliado en sus dos mejores obras sobre tal cuestión: La civilización a prueba (1948) y, especialmente, El mundo y el Occidente (1952).

A pesar de esta dedicación, Toynbee nunca abandonó su especialización en Historia de Grecia, a la que dedicó diversos estudios de los que deben destacarse Pensamiento histórico griego (1924), Civilización y carácter griegos (1924) y La civilización helénica (1959). Otro de sus campos de acción preferente, el de la espiritualidad, también se vio engalanado con estudios a los que Toynbee dedicó la mayor parte de su actividad investigadora después de la Segunda Guerra Mundial; entre ellos es obligatorio destacar Aproximación de un historiador a la religión (1956), Cambio y costumbre (1966) y El cristianismo entre las religiones del mundo (1958).

De sus frecuentes viajes a Estados Unidos durante los años 60 salieron algunos trabajos de importancia, en especial De Oriente a Occidente: un recorrido a través del mundo (1958), Los Estados Unidos en la revolución mundial (1962) y Ciudades en marcha (1973). Algún tiempo antes de esta última obra había visto la luz sus Experiencias (1969), una obra miscelánea compuesta de artículos, ensayos, notas y unos sorprendentes poemas.

La última obra de Toynbee, que apareció de manera póstuma en 1976, fue El género humano y la madre tierra: una historia narrativa del mundo. En ella podía apreciarse el espíritu inquieto de Toynbee, pues realizaba una reacomodación de varios de sus postulados filosóficos al aproximarse a corrientes como el ecologismo, ausente en sus primeros análisis de la civilización.

Reseña de Estudio de la Historia

Estudio de la Historia (A Study of History) Es una obra histórica y filosófica en la que se contienen las principales ideas del historiador Arnold J. Toynbee. Fue publicada en doce tomos, entre los años 1933 y 1961. El siguiente artículo resume sus conceptos principales.

Introducción.

La Unidad del Estudio Histórico

Quizás la mejor manera de comprender la propuesta del Toynbee sería decir que en ella se hace explícita una Filosofía de la Historia, esto es, se presenta una visión sistemática y unificadora de la historia de la humanidad, comprendida en el estudio de sus diversas civilizaciones.

Dentro de este contexto, la primera idea relevante para comprender esta propuesta, es su reflexión crítica a la historiografía tradicional, que hace del “Estado Nacional” la unidad de análisis y reconstrucción histórica básica. Según el autor, ninguna historia nacional se comprende sin atender a las relaciones que se establecen con otras naciones y al contexto general que las incluye. Siguiendo este razonamiento, Toynbee propone que las verdaderas unidades, los “campos inteligibles de estudio histórico”, son las civilizaciones. Estas las concibe, en última instancia, como unidades culturales que incluyen variados pueblos y/o naciones dentro de un mismo conjunto de creencias básicas.

El mundo occidental está condicionado por dos fuerzas distintas, la democracia (política) y el industrialismo (económica), que han creado un determinado modo de pensar la Historia, en torno a la idea de estados nacionales. Sin embargo, los estados nacionales no son entes inteligibles y autosuficientes de estudio, por lo que debe ampliarse el marco de observación hasta la civilización. La civilización occidental como campo de estudio puede remontarse en un espacio determinado. También en un tiempo determinado, hasta el origen de la Edad Media, en donde es posible reconocer su encuentro con otra civilización distinta, a la que denomina Helénica, y que cobra forma en el Imperio romano. Siguiendo operaciones similares, llega a determinar la existencia de 21 civilizaciones, más un grupo de otras que han sido abortadas o detenidas.

Génesis de las civilizaciones.

Cabe preguntarse si las civilizaciones nacen automáticamente o no. La respuesta es negativa, debido a la existencia de pueblos sin historia, que han permanecido sin cambios desde el Paleolítico hasta la actualidad. Por tanto, las civilizaciones deben nacer por una razón determinada. Descartado el criterio racial (las civilizaciones son productos de razas superiores) y el ambiental (son producto de su medio ambiente), surge el proceso de incitación y respuesta, según el cual una comunidad es estimulada o presionada por un problema, frente al cual ofrece una respuesta creativa, que en el caso de un pueblo sin historia será el surgimiento de una nueva civilización. Sin embargo, esta fuerza no opera hasta el infinito, ya que si la presión es demasiado fuerte, quebrará a la civilización y la abortará antes de nacer, lo que hace surgir el fenómeno de las civilizaciones abortadas.

Crecimiento de las civilizaciones.

El crecimiento de las civilizaciones no es automático. La prueba de ello está en las civilizaciones detenidas, que han conseguido nacer, pero que se han estancado en una fase primaria de su evolución. Tampoco el crecimiento es producto de la expansión geográfica o del desarrollo tecnológico, ya que ambos coinciden no tanto con fases de crecimiento, sino de decadencia de las civilizaciones. El crecimiento exige sucesivas respuestas creativas por parte de personas o comunidades que ofrezcan soluciones a los problemas que surgen, y que ex hypothesi no pueden ser los creadores que han surgido con anterioridad, ya que ellos han creado el estado de cosas que ocasiona el nuevo problema. El grupo o persona que encuentre la solución es una minoría creadora, que emprende un movimiento de retiro y regreso, apartándose del curso normal de la civilización y reencontrándose con la misma, ofreciéndole una respuesta. El resultado constante y repetido de este proceso hace crecer a las civilizaciones cada vez más.

Existe una dirección del crecimiento, que es marca y señal distintiva de éste. El crecimiento implica traspasar elementos de un plano material a un plano espiritual, más etereo (eterealización). De este modo, cuanto más crece una civilización, más elementos espirituales surgen de ella. El resultado de este proceso creador no es reductible a leyes fijas y predeterminadas, porque por hipótesis, la creación implica inventar nuevas soluciones originales a viejos problemas, que producirán dos resultados en la sociedad: ésta se hará más compleja (con más elementos), y también más diversa (con elementos que la distinguen claramente de otras sociedades).

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