Arnold J. Toynbee

Biografia OpusVida por magui

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Contactos en el tiempo de las civilizaciones.

Dos civilizaciones pueden entrar en contacto también en el tiempo, cuando una de ellas, que ya ha fenecido, es restaurada en el seno de una civilización filial suya. Estas restauraciones son losrenacimientos, de los cuales el Renacimiento italiano es sólo un caso particular más. Otros casos son: el renacimiento del Imperio romano en el Imperio bizantino, y el renacimiento del Imperio Han en el Imperio Tang.

Los renacimientos siguen un orden inverso a la desintegración de la civilización renacida. Por ejemplo, en el mundo occidental primero se intentó evocar el Imperio romano (estado universal helénico), luego los estados parroquiales, y al final de todo el proceso, las realizaciones culturales y artísticas helénicas (Renacimiento propiamente tal).

Empero, como la civilización que se evoca ha fallecido, sus soluciones no son todo lo provechosas que se debiera, de manera que un renacimiento exitoso acarrea consigo la tragedia de agostar y sepultar a la civilización que intenta evocar el espectro de una civilización muerta. Por ejemplo, el renacimiento exitoso del Imperio romano, bajo la forma de Imperio bizantino, dentro de la civilización cristiana ortodoxa produjo catastróficas consecuencias, que llevaron a su colapso, lo que no ocurrió con el renacimiento fracasado de ese mismo Imperio romano, bajo la forma de Sacro Imperio Romano Germánico, en el mundo occidental.

Ley y libertad en la Historia.

Cabe preguntarse si las regularidades en la historia permiten predecir ésta con relativa exactitud, o si bien ésta es un enorme caos sin sentido posible. Cabe preguntarse también si el ser humano estará condenado a los ciclos de desarrollo y destrucción, sin poder escaparse de ellos. Ante esto es claro que existen ciertas regularidades históricas, que se presentan como ciclos históricos. Sin embargo, estas regularidades no se repiten monótonamente, sino que cada repetición del ciclo lleva consigo un estadio superior de desarrollo. De esta manera, por ejemplo, el auge y caída de las civilizaciones pueden presentar un cuadro monótono, pero a través de ellas surgieron un tipo diferente y superior de sociedades, las religiones superiores.

Perspectivas de Occidente.

La civilización occidental nació del interregno a la caída del Imperio romano, el estado universal de la civilización helénica. Existe indudablemente una etapa de crecimiento, por lo menos hasta el siglo XVI, época en la que han surgido los estados parroquiales. Es discutible si las fases históricas posteriores marcan nuevos y sucesivos desarrollos posteriores, o bien significan el colapso y desintegración de la civilización occidental. Lo que sí es claro es que, si Occidente ha entrado en desintegración, ha cubierto sólo la fase del tiempo de angustias, sin haber alcanzado aún la fase de estado universal.

La inspiración de los historiadores.

Muchos historiadores han encontrado inspiración en distintos acontecimientos históricos que, de alguna manera, le revelan el presente y sus regularidades. Edward Gibbon se inspiró en los cánticos gregorianos que escuchó accidentalmente para escribir su Decadencia y caída del Imperio romano. El propio Toynbee tuvo un chispazo capital cuando descubrió que su experiencia de la Primera Guerra Mundial, era análoga a la Guerra del Peloponeso, tal y como la había descrito Tucídides.

Nota final sobre este artículo.

La exposición anterior está basada en el trabajo capital, en 17 tomos, publicado entre 1933 y 1952, publicada en castellano por Editorial Edhasa en 1963. En un voluminoso tratado llamado también Estudio de la Historia, publicado en 1972, Toynbee introdujo una serie de correcciones a sus ideas, basándose fundamentalmente en los nuevos descubrimientos arqueológicos y en interpretaciones históricas novedosas. Estas correcciones fueron fundamentalmente a nivel de hechos y de detalle, sin alterar grandemente la base del esquema aquí reseñado.

Que impulsa al hombre al estudio de la historia

En la conclusión del volumen X de su monumental A Study of History responde Toynbee a una pregunta que con frecuencia le había sido planteada durante las dos décadas de labor dedicada a su historia comparada de las civilizaciones: ¿qué impulsa a un hombre al estudio de la historia? La respuesta de Toynbee es, en esencia, una manifestación de su propia experiencia social. Nacido en el optimista mundo victoriano, que luego hubo de atravesar la tragedia de la I Guerra Mundial, no pudo por menos de observar el paralelismo de la experiencia vital de su propia sociedad con la del helenismo, cuyo estudio había constituido la base de su educación.

La civilización helénica había florecido para decaer luego; otro tanto se podía decir de las demás civilizaciones. Estimaba Toynbee que toda comprensión adecuada de las razones que justificaran tales decadencias debía presuponer un estudio comparativo de las civilizaciones. Por ello se sintió impulsado a escribir A Study of History, que constituye un análisis de la génesis, desarrollo, interacción y decadencia de las diversas sociedades constituidas por el hombre.

Partiendo del supuesto de que la menor unidad inteligible para el estudio histórico es toda una civilización en lugar de una nación, Toynbee rechazó la idea de que sólo existe una civilización (la nuestra), nacida en el antiguo Egipto, y con ello rechazó el sistema de estudiar la historia en términos de subdivisiones temporales. Pasó luego a distinguir 23 civilizaciones-tipos (ampliadas luego a 28). Estas civilizaciones, en la definición fenomenológica de Toynbee, no adquirieron existencia por motivos raciales ni a causa de una dotación geográfica favorable; tomaron cuerpo como series de respuestas íntegramente relacionadas con una serie de desafíos en situaciones de dificultad especial.

De este modo, la relación de «desafío» y «respuesta» es, desde el punto de vista de Toynbee, la clave que permite descifrar las civilizaciones. De acuerdo con esta idea, una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío no se limita a tener éxito, sino que estimula además a una nueva serie de desafíos; una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse con los desafíos que se le presentan.

En oposición a Oswald Spengler y otros historiógrafos pesimistas, Toynbee denegaba que las sociedades perecen fatalmente por ser organismos con ciclos vitales definidos. La sociedad, para Toynbee, no es un organismo que vive y muere, sino más bien un sistema de relaciones entre los individuos. De igual modo rechazó Toynbee las teorías que atribuyen la decadencia a senectud cósmica, disgenia o recurrencia eterna. En fin, Toynbee defendía que hay motivos para esperar que la moderna civilización occidental pueda escapar a la norma general de decadencia: al igual que sólo Jesús de Nazareth entre todos los salvadores pudo vencer a la muerte, así podría el amor someter al odio y el hombre alcanzar su plena libertad bajo la ley divina.

Entre sus últimas obras, siempre esperadas y polémicas, particularmente en Estados Unidos, destacaremos algunas traducidas al español: Christianity among the Religions of the World (1958, trad. esp.: El cristianismo entre las religiones del mundo, 1960, 0, ‘); Hellenism: The History of a Civilization (1959, trad. esp.: La civilización helénica, 1960, 0, ‘); America in the World Revolution (1962, trad. esp.: Los Estados Unidos en la revolución mundial, 1963); y Cities on the Move (1970, trad. esp.: Ciudades en marcha, 1973); además de su miscelánea Experiences (1969, trad. esp.: Experiencias, 1972), donde incluye algunos poemas. Póstumamente apareció aún otra obra suya de gran aliento: Mankin and Mother Earth: A Narrative History of the World (1976).

La controversia sobre su filosofía histórica halla eco también en el ámbito hispánico: a Una interpretación de la historia universal: En torno a Toynbee, de Ortega y Gasset (1960) el propio Toynbee replica en la Revista de Occidente con un trabajo titulado «Sobre una interpretación de Ortega» (1964). El filósofo español, desde su fina percepción de la historia como sistema -«el sistema de las experiencias humanas, que forman una cadena inexorable única»-, encuentra demasiado simplistas y hasta groseros algunos conceptos fundamentales del historiador británico, como el de nación: «un fermento agrio del nuevo vino de la democracia en las botellas del tribalismo», como si no hubieran existido nunca naciones y «maciza conciencia» de nacionalidad antes de todo democratismo -replica Ortega.

Principales obras

Estudio de la Historia

La civilización puesta a prueba

Entre el Maule y el Amazonas

La Europa de Hitler

Los griegos: herencias y raíces

Ciudades en marcha

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