Arundhati Roy

Biografia OpusVida por dina

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Arundhati Roy (nacida 1961) es una escritora y activista india. Autora de la novela “El dios de las pequeñas cosas”, que ganó el Premio Booker, vendió seis millones de copias y ha sido traducida a cuarenta lenguas. Ambientada en un pueblo del estado meridional de Kerala, la novela está repleta de elementos autobiográficos. Roy pasó su infancia en la comunidad de cristianos sirios de Kerala, que allí constituye el 20 por ciento de la población. Sonríe cuando afirma: “Kerala es la casa de cuatro de las religiones más grandes del mundo: el hinduismo, el islam, el cristianismo y el marxismo”. Durante muchos años, Kerala ha tenido un gobierno liderado por marxistas, pero Roy se apresura a añadir que los líderes del partido son Brahmines y que la casta juega aún un papel importante.

Roy vive en Nueva Delhi, donde llegó por primera vez para convertirse en arquitecta. Pero actualmente no trabaja como arquitecta, ni incluso como escritora. Se ha lanzado al activismo político. En los estados centrales y occidentales de Madhya Pradesh, Maharashtra, y Gujarat, una serie de presas hidroeléctricas amenazan las casas y el sustento de decenas de millones de personas. Una gran organización base, Narmada Bachao Andolan (NBA), ha surgido para oponer resistencia a estas presas, y Roy se ha unido a la organización. No sólo donó el dinero del premio Broker (unos 30.000 dólares) al grupo, sino que se unió a las protestas, incluso fue arrestada. Utiliza con destreza su estatus de celebridad y sus considerables dotes de escritura para este fin, así como también para la causa del desarme nuclear. Su demoledor ensayo sobre las presas, The Greater Common Good, y su aguda denuncia a las pruebas nucleares realizadas por la India, The End of Imagination, han prendido el fuego, literalmente. La clase alta no comprendió su crítica al desarrollo, y los nacionalistas abominaron de ella por cuestionarse el arsenal nuclear de la India. (Estos dos ensayos comprenden su último libro, The Cost of Living).

Por ahora, Roy está acostumbrada a la crítica. “Cada vez que salgo, oigo el ruido de los cuchillos afilándose”, comentó en una revista india. “Pero eso es bueno; me mantiene avispada”. Su ensayo más reciente se titula Power Politics. En él, se enfrenta a Enron, la empresa energética con base en Houston y gran promotora financiera de George W. Bush. En la India, Enron está intentando adquirir el sector energético de Maharashtra. La escalada de lo que está sucediendo, dice, hace que las desgracias del poder de California parezcan un juego de niños.

Contenido:

  1. Su Historia
  2. Movimiento por la Justicia Global
  3. El Nuevo Racismo
  4. Galería de fotos
  5. Perdonar al pavo
  6. El Nuevo Genocidio
  7. Cuando los héroes se hacen chiquitos
  8. Maravilloso, pero insuficiente
  9. Afortunadamente, los niños no son adultos miniatura

Su Historia

Roy nació en Shillong, Meghalaya, India, de una madre cristiana Siria-ortodoxo de Kerala y un padre hindú de Bengala. Pasó su juventud en Aymanam, Kerala, estudiando en Corpus Christi. Cuando tenía 16 años, se trasladó a Delhi y comenzó en un estilo de vida bohemio. Vivía en una cabaña vendiendo botellas para ganarse la vida. Luego estudió Arquitectura en la Delhi School of Architecture, donde conoció a su primer marido, el arquitecto Gerard Da Cunha.

Conoció a su segundo marido, Pradeep Kishen, en 1984, y comenzó a trabajar en el cine. Hizo el papel de una aldeana en la película Massey Sahib. Escribió guiones para las películas In Which Annie Gives it Those Ones y Electric Moon (Luna Eléctrica), y en el serial de televisión “The Banyan Tree” (“El árbol banyan”).

Empezó a escribir El Dios de Las Pequeñas Cosas en 1992 y terminó en 1996. Recibió 500.000 libras por adelantado y los derechos de la novela fueron vendidos en 21 países. La novela es semiautobiográfica.

Para protestar contra las pruebas de armas nucleares realizadas por el gobierno indio en Rajasthan, escribió el ensayo El Final de La Imaginación, publicado en la recopilación El Precio de Vivir, en el que se opone a los proyectos de presas hidroeléctricas en India. Desde entonces, se ha dedicado en exclusiva a la literatura de no ficción y a la política. Ha publicado otras dos colecciones de ensayo y trabajado por causas sociales.

En 2004, Roy ganó el Premio Sydney de la Paz por su trabajo en campañas sociales y su apoyo al pacifismo.

En 2005, participó en el Tribunal Mundial Sobre Irak.

Movimiento por la Justicia Global

Las marchas, aunque sean en todo el mundo y en ellas participen millones de personas, no bastan. La escritora india Arundhati Roy, una de las voces más reconocidas del llamado Movimiento por una Justicia Global, alerta sobre el riesgo de que ese movimiento se convierta en un “teatro político” y en “un activo para nuestros enemigos”. Para ella, es preciso afilar y reimaginar el “arma preciosa” de la resistencia mundial. “Necesitamos enfocarnos en blancos reales, librar batallas reales e infligir un daño real”. En otras palabras, realizar acciones que afecten de verdad los intereses del poder económico y político global. Porque al señor George W. Bush, las marchas domingueras le tienen sin cuidado

MUMBAI. El pasado enero, miles de nosotros, de todo el mundo, nos reunimos en Porto Alegre, en Brasil, y declaramos reiteramo que .Otro Mundo es Posible. A unos miles de kilómetros al norte, en Washington, George W. Bush y sus asesores pensaban lo mismo.

Nuestro proyecto era el Foro Social Mundial. El suyo, continuar lo que muchos llaman El Proyecto por un Nuevo Siglo Estadunidense.

En las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, donde hace unos años estas cosas sólo podrían haber sido pronunciadas en voz baja, ahora la gente habla abiertamente sobre el lado bueno del Imperialismo y la necesidad de un Imperio fuerte que patrulle un mundo indócil. Los nuevos misioneros quieren orden a costa de justicia. Disciplina a costa de la dignidad. Y superioridad a cualquier precio. Ocasionalmente invitan a algunos de nosotros a debatir el asunto en plataformas neutrales provistas por los medios corporativos. Debatir el Imperialismo es un poco como debatir los pros y contras de la violación. ¿Qué podemos decir? ¿Que realmente la extrañamos?

En cualquier caso, el Nuevo Imperialismo ya está aquí. Es una versión remodelada, aerodinámica, de lo que alguna vez conocimos. Por primera vez en la historia, un solo Imperio, con un arsenal de armas que podría arrasar con el mundo en una tarde, tiene una absoluta hegemonía unipolar económica y militar. Usa diferentes armas para abrir a la fuerza diferentes mercados. No existe país en la tierra de Dios que no esté en la mira del misil crucero estadunidense y la chequera del FMI. Argentina era el modelo a seguir si quieres ser el chico predilecto del capitalismo neoliberal; Irak, si quieres ser la oveja negra.

Los países pobres que son de valor estratégico geopolítico para el Imperio, o que tienen un mercado, de cualquier tamaño, o infraestructura que puede ser privatizada, o, ni lo quiera Dios, recursos naturales de valor petróleo, oro, diamantes, cobalto, carbón deben hacer lo que se les diga o se convertirán en blancos militares. Aquellos con las mayores reservas de riqueza natural son los que más están en riesgo. A menos de que voluntariamente entreguen sus recursos a la máquina corporativa, la agitación civil será fomentada, o habrá guerra. En esta nueva era del Imperio, en la que nada es lo que aparenta ser, se permite que los ejecutivos de empresas interesadas influyan en las decisiones de la política exterior. El Center for Public Integrity, en Washington, encontró que nueve de los 30 miembros de la Junta de Política de Defensa del gobierno estadunidense estaban relacionados con compañías a las que se dieron contratos de defensa por 76 mil millones de dólares entre 2001 y 2002. George Schultz, ex secretario de Estado estadunidense, fue presidente del Comité para la Liberación de Irak. También forma parte de la junta de directores de Bechtel Group. Cuando se le preguntó si existía un conflicto de intereses, en el caso de una guerra en Irak, dijo: No sé si Bechtel se beneficiaría en particular de una [guerra]. Pero si hay trabajo que hacer, Bechtel es el tipo de compañía que podría hacerlo. Pero nadie lo ve como algo de lo cual uno se beneficia. Tras la guerra, Bechtel firmó un contrato por 680 millones de dólares para la reconstrucción en Irak.

El Nuevo Racismo

Este esquema brutal ha sido usado una y otra vez en América Latina, Africa, Asia Central y Sudeste. Ha costado millones de vidas. Sobra decir que cada guerra emprendida por el Imperio se convierte en una Guerra Justa. Esto, en gran medida, se debe al papel que han jugado los medios corporativos. Es importante entender que los medios corporativos no sólo apoyan el proyecto neoliberal. Son el proyecto neoliberal. No se trata de una posición moral que escogieron asumir, es estructural. Es intrínseco a los intereses económicos de los medios masivos.

La mayoría de las naciones tiene secretos familiares adecuadamente atroces. Así que los medios no necesitan mentir a menudo. El punto está en qué se enfatiza y qué se ignora. Digamos, por ejemplo, que escogen a la India como blanco de una guerra justa. El hecho de que unas 80 mil personas han sido asesinadas en Cachemira desde 1989, la mayoría de ellas musulmanas, la mayoría a manos de las Fuerzas de Seguridad Indias; el hecho de que en febrero y marzo de 2002 más de 2 mil musulmanes fueron asesinados en las calles de Gujarat, las mujeres sufrieron violaciones tumultuarias, quemaron a niños vivos y 150 mil personas fueron sacadas de sus hogares mientras la policía y la administración miraban, y a veces participaban activamente; el hecho de que nadie ha sido castigado por estos crímenes y que el gobierno que los supervisó fue relegido… todo esto daría titulares perfectos en los periódicos internacionales en el preámbulo de la guerra.

Lo siguiente que sabríamos es que los misiles Crucero apuntarán hacia nuestras ciudades, nuestros pueblos serán cercados con alambre concertina, los soldados estadunidenses patrullarán nuestras calles, y Narendra Modi, Pravin Togadia o cualquiera de nuestros populares fanáticos intolerantes estarán, como Saddam Hussein, bajo custodia estadunidense, revisándoles el cabello en busca de piojos y las amalgamas de sus dientes serán examinadas en horario triple A.

Pero mientras nuestros mercados estén abiertos, mientras a corporaciones como Enron, Bechtel, Halliburton, Arthur Andersen se les dé manga ancha, nuestros líderes elegidos democráticamente pueden, sin temor alguno, borrar las líneas divisorias entre la democracia, el mayoritarismo y el fascismo.

La cobarde disposición de nuestro gobierno de abandonar la orgullosa tradición de India de ser No Alineado, su prisa por ser el primero en la fila de los Completamente Alineados (la frase de moda es aliado natural la India, Israel y Estados Unidos son aliados naturales) le ha dado el espacio para convertirse en un régimen represor sin comprometer su legitimidad.

Las víctimas de un gobierno no sólo son aquellos a quienes mata y aprisiona. Aquellos que son desplazados y desposeídos y sentenciados a una vida de inanición y privaciones deben ser incluidos entre las víctimas. Millones de personas han sido desposeídas por proyectos de desarrollo. En los pasados 55 años, sólo las Grandes Presas han desplazado entre 33 y 55 millones de personas en la India. No tienen acceso a la justicia.

En los últimos dos años ha habido una serie de incidentes donde la policía ha abierto fuego sobre manifestantes pacíficos, la mayoría adivasi y dalit. Cuando se trata de los pobres, y en particular de las comunidades dalit y adivasi, los matan por invadir tierras forestales, y los matan cuando tratan de defender las tierras forestales de invasiones de presas, minas, plantas siderúrgicas y otros proyectos de desarrollo. En casi todas las ocasiones en las que la policía abrió fuego, la estrategia gubernamental ha sido decir que el tiroteo fue provocado por un acto de violencia. Aquellos contra los que abrieron fuego inmediatamente son llamados militantes.

En todo el país, miles de personas inocentes, incluso menores de edad, han sido arrestados bajo la POTA (Ley de Prevención del Terrorismo) y se les mantiene en la cárcel indefinidamente y sin juicio. En la era de la Guerra contra el Terror, la pobreza es astutamente mezclada con el terrorismo. En la era de la globalización empresarial, la pobreza es un crimen. Protestar contra un mayor empobrecimiento es terrorismo. Y ahora, nuestra Corte Suprema dice que irse a huelga es un crimen. Criticar a la Corte es, claro, un crimen también. Están sellando las salidas.

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