Chavela Vargas

Biografia OpusVida por magui

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Todo lo he hecho a sabiendas y no me arrepiento de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo, ni de los momentos felices, ni de las tristezas… Al final, tengo el alma llena de paz y tranquilidad.

Isabel Vargas Lizano (San Joaquín de Flores-Costa Rica, 17 de abril de 1919), hija de Herminia Lizano y Francisco Vargas. Es una cantante nacida en Costa Rica nacionalizada mexicana. En México ha residido por más de siete décadas, donde es conocida artísticamente como Chavela Vargas.

Chavela Vargas dio sus primeros pasos en la canción en Costa Rica país donde nació y creció. Partió a los 17 años sola y se identificó con el México de los años 50. Huía de los rumores en un pueblo que no entendía que una mujer usara pantalones y de un país que no supo, según ella, valorar su talento.

En México, desempeñó varios oficios “Vivía en una azotea de un edificio, bañándome en el baño de las criadas, vendía cositas y cantaba. Una señora me prestó un coche y pusimos una agencia de criadas, y yo, en el cochecito, llevaba a las muchachas a las casas y ganaba dos pesos por cada una”, hasta que apareció la oportunidad que le hizo tropezar con la fama: el tema Macorina, una canción de rebeldía del siglo XVII que ella interpretó con sus propios arreglos.

Eran épocas en las que paseaba con Agustín Lara, vivía con los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo y cenaba grandes dosis de tequila. Llegaron los discos y melodías como La Llorona, Somos, Luz de luna o Canción de las simples cosas. Con el tiempo, la artista estuvo durante 12 años alejada de la canción, de los escenarios y casi de la vida, por culpa del alcoholismo.

La canción ranchera es un género musical muy masculino y sensual, cantado generalmente por hombres. Chavela solía cantar canciones normalmente interpretadas por hombres sobre su deseo por las mujeres. Vestía como un hombre, fumaba tabaco, bebía mucho, llevaba pistola y era reconocida por su característico poncho rojo. En una entrevista para la televisión colombiana en el año 2000, expresó abiertamente que era lesbiana.

Mientras que su vida en México era desastrosa. “Estrenaba un coche el viernes y el lunes ya no tenía nada, me emborrachaba y me iba a cantar por las calles. Yo tomaba tequila, todo me lo tomé, por eso no quedó nada allá”. Una vez recuperada dijo: “Salí de los infiernos, pero lo hice cantando”.

Una leyenda habla de disparos de pistolas, de chicas secuestradas en su caballo blanco, brioso, por el paseo de Insurgentes. “Eso no hay que creérselo, monto a caballo, amo los caballos, pero el de mi leyenda era en realidad un Alfa Romeo blanco, y nunca secuestré a nadie. Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No lo voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego”.

La fragilidad de su estampa, chiquita, delgada, ajetreada. Por su arrugada figura de no más de 53 kilos dejaron su huella los 40 mil litros de alcohol, que, según un cálculo de su hermano, ella bebió a lo largo de sus 91 años. “Un día, estábamos de viaje por Acapulco y a él se le dio por sacar la cuenta de lo que había tomado, por pelos y señales. Y lo cierto es que el número, aunque elevado, no me asustó. Todo tiene un para qué en la vida. Y por algo habrá sido, y yo sé que por algo fue, pero me lo reservo.” La mexicana que lleva grabados 41 discos -entre propios y ajenos, para los que prestó la gravedad de su voz- y que protagonizó algo más de 980 conciertos. El director español Pedro Almodóvar le dio la bienvenida y le ofreció participar en su producción La flor de mi secreto. A partir de ese momento, los títulos y reconocimientos mundiales dan alegría y fe a su trayectoria musical. Para Chavela, España es: “Un país que me hizo su amiga en los años 80, abriéndome sus brazos y su juventud.”

Conocida en México como “la Vargas”. Ha actuado en importantísimos escenarios como el Olimpia de París, el Carnegie Hall y el Palacio de Bellas Artes de México. Musa y amiga para Juan Rulfo, Frida Kahlo, Agustín Lara y Diego Rivera e intérprete de cabecera para Pedro Almodóvar y Joaquín Sabina.

Una calle de Burgos (España) lleva su nombre y ha recibido también en el mismo país el título de “mujer excelentísima”. Retirada de los escenarios por miedo a perder su voz “No quiero que me vayan a ver solamente por ser una viejita simpática”, aunque sigue colaborando en grabaciones junto a otros artistas como Miguel Bosé, Joaquín Sabina, Ana Belén y Armando Manzanero. El director de cine Pedro Almodóvar, besó el suelo del escenario del Pabellón de Deportes del Real Madrid y pidió silencio a la audiencia antes de entregar a Vargas el Premio Latino de Honor. El Consejo de Ministros español le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica en el año 2000.

Apareció en la película de Julie Taymor Frida, cantando sus grandes clásicos La llorona y Paloma negra.

En 2004, a la edad de 83 años, presentó el disco: En Carnegie Hall.

También apareció en Babel, la película de Alejandro González Iñárritu, cantando Tú me acostumbraste, inmortal bolero de Frank Domínguez.

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