Emily Dickinson

Biografia OpusVida por magui

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Emily Elizabeth Dickinson fue una poetisa estadounidense, cuya poesía apasionada ha colocado a su autora en el reducido panteón de poetas fundacionales norteamericanos que hoy comparte con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman. (Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, 10 de diciembre de 1830 – íd., 15 de mayo de 1886)

Emily Dickinson pasó gran parte de su vida recluida en una habitación de la casa de su padre en Amherst, y, excepto cinco poemas (tres de ellos publicados sin su firma y otro sin que la autora lo supiera), su ingente obra permaneció inédita y oculta hasta después de su muerte.

Hija y nieta de prominentes figuras políticas e intelectuales, fue educada en un ambiente puritano y estricto que la convirtió en una persona solitaria y nostálgica. Durante su vida rara vez salió de casa y sus amistades fueron escasas; sin embargo, entre las pocas personas que frecuentó, tuvo especial aprecio por el Reverendo Charles Wadsworth,  quien tuvo un impacto enorme sobre sus pensamientos y su poesía. Admiró también a los poetas Robert y Elizabeth Barrett  Browning, así como a John Keats.

Contenido:

  1. Entorno social y familiar
  2. Contexto histórico
  3. Su vida. Infancia, adolescencia y estudios
  4. Sus hermanos y cuñada
  5. Años de formación
  6. Interés por las ciencias
  7. Seminario en Mount Holyoke
  8. Amores ocultos
  9. Teorías y habladurías
  10. Los guías y mentores
  11. La carta perdida
  12. Benjamin Franklin Newton
  13. Charles Wasdworth
  14. Video
  15. Las cartas y los supuestos poemas de amor de Emily Dickinson a Susan Gilbert
  16. Comienzo de su reclusión
  17. Galería de fotos de Emily Dickinson
  18. Únicos poemas publicados en vida
  19. El “Maestro” desorientado
  20. Los intentos de Helen Hunt Jackson
  21. Reclusión definitiva
  22. Muerte de la poetisa
  23. El hallazgo
  24. Principales influencias
  25. La Biblia
  26. El humor
  27. Emerson
  28. Otras lecturas e influencias
  29. Su poesía
  30. Manejo del idioma y aparentes errores
  31. Metros y rimas
  32. El orden de los poemas
  33. Obras publicadas
  34. Poemas
  35. Cartas
  36. Teatro

Entorno social y familiar

Emily Dickinson provenía de una prominente familia de Nueva Inglaterra. Sus antepasados habían llegado a Estados Unidos en la primera oleada migratoria puritana, y la estricta religión protestante que profesaban influyó sobre la obra de la artista.

Abogados, educadores y funcionarios políticos poblaban el árbol genealógico de Emily: uno de sus antepasados fue secretario del Ayuntamiento de Wethersfield, Connecticut en 1659; su abuelo Samuel Fowler Dickinson fue durante cuarenta años juez del condado de Hampton, Massachusetts, secretario del Ayuntamiento, representante en la Corte General y senador en el Senado Estatal.

El padre de la poetisa, Edward Dickinson, abogado por la Universidad de Yale, fue juez en Amherst, representante en la Cámara de Diputados deMassachusetts, senador en la capital del Estado y por último representante por el estado de Massachusetts en el Congreso de Washington. Edward fundó la línea ferroviaria Massachusetts Central Railroad y también (con su padre Samuel) el Amherst College, entidad educativa intermedia entre una escuela secundaria y la Universidad que dio lustre cultural a su olvidada e insignificante aldea.

El socio de Edward Dickinson en su bufete jurídico era primo de Ralph Waldo Emerson que, por este motivo, siempre estuvo ligado al pueblo de Amherst e influyó sobre la filosofía y la obra de Emily.

La esposa de Edward y madre de la poetisa fue Emily Norcross Dickinson (1804–1882), que hacia el fin de su vida estuvo postrada y a cargo de sus hijas.

Emily Dickinson tuvo dos hermanos: el mayor, William Austin Dickinson (1829–1895), generalmente conocido por su segundo nombre, se casó con Susan Gilbert, amiga de su hermana Emily, en1856 y vivió en la casa lindera a la de su padre.

Su hermana menor, Lavinia Norcross Dickinson (1833–1899), también conocida como Vinnie, fue la “descubridora” de las obras de Emily tras su muerte y se convirtió en la primera compiladora y editora de su poesía.

Contexto histórico

Emily Dickinson nació en tiempos anteriores a la Guerra de Secesión, cuando fuertes corrientes ideológicas y políticas chocaban en la sociedad de clase media-alta estadounidense.

Incluso los hogares más acomodados carecían de agua caliente y de baños dentro de la casa y las tareas hogareñas representaban una carga enorme para las mujeres (aunque, por su buena posición económica, la familia Dickinson disponía de una sirvienta irlandesa), por lo que Emily, preocupada por obtener una buena educación, constituía un caso raro para la sociedad rural de la Nueva Inglaterra de su época.

La severa religiosidad puritana se hacía presente en todas partes, y prácticamente la única expresión artística aceptada era la música del coro de la iglesia. La ortodoxia protestante de 1830 consideraba a las novelas “literatura disipada”; los juegos de naipes y la danza no estaban permitidos; no había conciertos de música clásica y no existía el teatro. La Pascua y la Navidad no se celebraban (al menos hasta 1864, en que se estableció la primera Iglesia Episcopal en Amherst, que introdujo estas costumbres) y no se toleraban otras reuniones de mujeres solas que el cotidiano té entre vecinas.

Una vez fundado por el abuelo y el padre de Emily el Amherst College, la unión entre este y la iglesia comenzó a formar misioneros que salieron de Amherst para propagar los ideales protestantes por los rincones más remotos del planeta: el ocasional regreso de alguno de estos religiosos introdujo nuevas ideas, visiones y conceptos en la conservadora sociedad del pueblo, que de este modo comenzó a tomar contacto con el mundo exterior y se inclinó a abandonar las viejas costumbres y creencias más rápido que otras zonas de la región.

Su vida. Infancia, adolescencia y estudios

Sus hermanos y cuñada

Emily Dickinson nació en el hogar de sus padres en la medianoche del 10 de diciembre de 1830, dos años después del casamiento. Muy apegada a los ideales y conceptos puritanos en boga, tardó muchos años en comenzar a rebelarse, aunque nunca de forma completa.

Emily prácticamente no recordaba a sus abuelos ni a sus tíos, pero de niña tuvo mucha relación con dos pequeñas primas huérfanas, a las cuales ayudó a educar e incluso llegó a leer en secreto algunos de sus poemas a una de ellas, Clara Newman.

Es imposible reconstruir en forma completa la infancia de la poetisa a partir de los datos que poseen los investigadores, por lo escasos y fragmentarios. Se sabe sin embargo que el hermano mayor de Emily, William Austin Dickinson, un año y medio mayor que ella, nació el 16 de abril de 1829, se educó en el Amherst College y se convirtió en abogado —como su padre—, graduándose en la Universidad de Harvard.

Austin Dickinson se casó en 1856 con Susan Huntington Gilbert, ex compañera de estudios de Emily en la Academia de Amherst, joven bella e inteligente que parece haber cumplido un importante papel en la vida emocional de la escritora. Susan Gilbert, al mudarse con Austin a la casa contigua a la que vivía Emily, se convirtió en amiga y confidente de la poetisa, y consta por la correspondencia mantenida “alambrada por medio” que su cuñada fue la segunda persona a quien le mostró sus poesías. Incluso se atrevió a sugerir a Emily algunos cambios y retoques —que no fueron realizados jamás—.

Lavinia Dickinson, su hermana menor, nacida el 28 de febrero de 1833, fue su compañera y amiga hasta el fin de su vida. Las pocas confidencias íntimas que se conocen de Emily provienen de Lavinia. Mujer brillante e inteligente, Vinnie sentía una profunda adoración por su hermana y por su talento poético. Sin embargo, respetó hasta la muerte de aquella su decisión de mantener ocultas sus obras, y protegió su vida privada hasta donde le fue dado hacerlo, creando y manteniendo el ambiente de calma, aislamiento y soledad que Emily necesitaba para dar forma a su gran producción poética. La fe de Lavinia en la importancia de la obra de su hermana la ha protegido para la posteridad, hasta su primera publicación póstuma. Al decir del biógrafo de Emily, George Frisbee Wicher, la devoción de Lavinia fue la responsable de hacer comprender al mundo que “la poetisa lírica más memorable de Estados Unidos había vivido y muerto en el anonimato”.

Años de formación

La Academia de Amherst era sólo para varones; en 1838 se abrió por primera vez la inscripción de niñas, y fue allí donde Edward Dickinson y su esposa inscribieron en 1840 a Emily.

A pesar de su humildad (escribió “Fui a la escuela pero no tuve instrucción”), la educación de Emily en la academia fue sólida y completa. Allí aprendió literatura, religión, historia, matemáticas,geología (cuyo profesor era también primo de Emerson) y biología. Recibió una sólida instrucción en griego y el latín que le permitía, por ejemplo, leer la Eneida de Virgilio en su idioma original.

El punto más flojo de la educación de Emily fueron sin duda las matemáticas, que no le gustaban y para las cuales no tenía facilidad. Su talento narrativo hizo que escribiera las composiciones de sus compañeras que, en retribución, le hacían las tareas de álgebra y geometría.

De este período se conserva una carta a su amiga Jane Humphrey, escrita a los 11 años de edad, que muestra un estilo académico y risueño: “Hoy es miércoles, y ha habido clase de oratoria. Un joven leyó una composición cuyo tema era ´Pensar dos veces antes de hablar´. Me pareció la criatura más tonta que jamás haya existido, y le dije que él debiera haber pensado dos veces antes de escribir”.

El entonces rector de la academia era un experimentado educador recién llegado de Berlín. Edward Dickinson sugirió a su hija que se inscribiera en los cursos de alemán que daba, porque con seguridad no tendría otra ocasión de aprender ese idioma en el futuro. Además, la niña estudiaba canto los domingos, piano con su tía, y también jardinería, floricultura y horticultura, estas últimas pasiones no la abandonarían hasta el fin de su vida.

La educación de Emily Dickinson fue, por tanto, mucho más profunda y sólida que las de las demás mujeres de su tiempo y lugar. Sin embargo, en ocasiones la muchacha (cuya salud no era muy buena) se sentía saturada y sobreexigida. A los 14 años escribe a una compañera una carta donde dice: Terminaremos nuestra educación alguna vez, ¿no es verdad? Entonces tú podrás ser Platón y yo Sócrates, siempre y cuando no seas más sabia que yo”.

Interés por las ciencias

La Academia y el Colegio de Amherst disponían de un claustro de profesores compuesto por científicos de fama nacional, entre los que se contaban los biólogos Edward Hitchcock y Charles Baker Adams y el geólogo Charles Upham Shepard, que llevaron al colegio sus enormes colecciones de especímenes. En 1848, cuando la artista tenía 18 años, ambas instituciones construyeron gabinetes para guardar las colecciones, así como un importante observatorio astronómico con un buen telescopio.

Todo esto estimuló el interés de Dickinson por las ciencias naturales: conocía desde temprana edad los nombres de todas la constelaciones y estrellas, y se dedicó con entusiasmo a la botánica. Sabía perfectamente dónde encontrar cada especie de flor silvestre que crecía en la región, y las clasificaba correctamente según la nomenclatura binomial en latín. Toda esta erudición científica quedó firmemente guardada en su memoria, y fue utilizada para la trama naturalista de sus poemas muchos años después.

Seminario en Mount Holyoke

El Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke también recibió a Emily Dickinson para ayudar a su formación religiosa y completar su educación superior. La jovencita abandonó en 1847 el hogar familiar por primera vez para estudiar allí.

Emily, con apenas 16 años, era una de las más jóvenes de entre las 235 estudiantes de Mount Holyoke, custodiadas por un selecto grupo de jóvenes maestras de entre 20 y 30 años de edad. La adolescente superó sin problemas los estrictos exámenes de admisión y se mostró muy satisfecha por la educación que se impartía en el seminario.

Allí intentaron que Emily se volcara de lleno en la religión —para dedicarse a misionar en el extranjero— pero la niña, tras un profundo examen de conciencia, encontró que aquello no le interesaba y se negó, quedando inscrita en el grupo de 70 alumnas a las que se consideró “no convertidas”.

A pesar de ello, Emily y su portentosa imaginación eran muy populares en el seminario: una condiscípula escribió que “Emily siempre estaba rodeada en los recreos por un grupo de niñas ansiosas de escuchar sus relatos extraños y enormemente divertidos, siempre inventados en el momento”.

En menos de un año, Emily superó el curso completo gracias, principalmente, a sus profundos conocimientos del latín. Aprobó rápidamente historia inglesa y gramática y sacó excelentes calificaciones en los exámenes finales, que eran orales y públicos. El curso siguiente se refería a química y fisiología y el tercero a astronomía y retórica, todos ellos tópicos sobre los que, como queda dicho, Emily tenía profundos conocimientos. Los profesores, a la vista de su evidente dominio de la botánica, le dieron esta materia por aprobada sin necesidad de cursarla ni de rendir exámenes.

En la primavera Emily enfermó y ya no pudo permanecer en el seminario. Edward Dickinson envió a Austin a buscarla y traerla de regreso. Después de esta segunda experiencia académica de su vida, Emily Dickinson ya no volvió a estudiar nunca más.

Amores ocultos

Teorías y habladurías

La vida privada de Emily Dickinson ha permanecido siempre velada al público, pero solo hace falta echar una mirada a sus poemas para descubrir en ellos una coherencia, pasión e intensidad extraordinarias. La mayor parte de su obra se ocupa de su amor hacia un hombre —cuyo nombre jamás es mencionado— con quien no podía casarse.

Lamentablemente, como la poesía de Emily fue publicada en un orden completamente arbitrario, no puede hoy en día distinguirse ninguna secuencia cronológica concreta, lo que destruye la posible progresión dramática que narraría la sucesión de emociones que sintió hacia este desconocido, que tuvo, sin embargo, una capital importancia en la vida de la artista y que pudo tener influencia, incluso, en su decisión de autorrecluirse.

Objeto de numerosas habladurías durante su vida y de muchas más después de su muerte, la vida emocional e íntima de Emily espera aún a ser revelada por los investigadores y estudiosos. La posible exageración de que fue objeto la contradice la propia poetisa al escribir: “Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para molestar a nadie”.

Ya entre 1850 y 1880 circulaban por Massachusetts numerosos rumores acerca de los amores de la hija del juez Dickinson, y después de la publicación de su primer libro de poemas cundieron las habladurías acerca de su desdichada “historia de amor”.

Las teorías (populares o académicas) pueden dividirse en dos grupos: el amor con un joven a quien Edward Dickinson le prohibió seguir viendo, o la relación con un pastor protestante casado que huyó a una ciudad distante a fin de no sucumbir a la tentación. Ambas, aún sin poder ser comprobadas, tienen un pequeño trasfondo de verdad histórica.

La primera de ellas se refiere a un estudiante de ciencias jurídicas que trabajó en el estudio legal de Edward durante el año que Emily pasó en Mount Holyoke y el siguiente. La segunda se basa en la —como ella misma escribió— “intimidad de muchos años” con un importante religioso que le fue presentado en Filadelfia en 1854. A pesar de que ambas relaciones en verdad tuvieron lugar, no existe ni la más mínima prueba de que Emily Dickinson haya sido novia ni amante de ninguno de ellos; ni siquiera de se viera con ellos a solas en ninguna ocasión.

Los guías y mentores

Durante toda su vida, Emily se puso en manos de hombres a los que consideraba más sabios que ella y que podían, mediante el sencillo expediente de indicarle qué libros debía leer, organizar sus conocimientos y allanarle el camino del arte que ella pretendía recorrer. El último y mejor documentado,Thomas Wentworth Higginson, descubrió el 25 de abril de 1862 (cuando la poetisa tenía 31 años) que él no era su primer maestro. Higginson es aquel a quien Emily siempre llama Master en sus cartas y a quien la voz popular ha adjudicado el mote de “Maestro de las cartas”.

En ese año de 1862, en la segunda carta que le escribe, la poetisa dice textualmente: “Cuando era pequeña, tuve un amigo que me enseñó lo que era la inmortalidad, pero se aproximó demasiado a ella y nunca regresó. Poco después murió mi maestro, y durante largos años mi única compañía fue el diccionario. Luego encontré a otro, pero no quería que yo fuese su alumna y se fue de la región”.

Los dos hombres que Dickinson menciona en su carta a Higginson son, en verdad, los protagonistas de sus poemas de amor. Ella misma lo expresa en otras cartas, y no existen motivos para negarlo. Sin embargo, sus respectivas identidades deberían esperar siete décadas para ser desveladas.

La carta perdida

Recién en 1933, un coleccionista de autógrafos publicó su catálogo, y en su colección apareció una carta inédita de Emily Dickinson que vendría a echar luz sobre el nombre del “amigo que le enseñó la inmortalidad”.

La misiva, fechada el 13 de enero de 1854, está dirigida al reverendo Edward Everett Hale, que en esos tiempos era el pastor de la Iglesia de la Unidad en Worcester: “Pienso, señor, que como usted era el pastor del señor B.F. Newton, que murió hace algún tiempo en Worcester, puede satisfacer mi necesidad de enterarme de si sus últimas horas fueron alegres. Yo lo apreciaba mucho, y me gustaría saber si descansa en paz…”.

 

La carta continúa explicando que Newton trabajaba con su padre, y que ella, no siendo más que una niña, se sintió fascinada por su colosal intelecto y sus notables enseñanzas. Dice que el señor Newton fue para ella un preceptor amable pero serio, que le enseñó qué autores debía leer, a qué poetas admirar y muchas enseñanzas artísticas y religiosas.

Pregunta a Hale si él cree que Newton está en el Paraíso, y recuerda que “Me enseñaba con fervor y con cariño, y cuando se fue de nuestro lado se había convertido en mi hermano mayor, querido, añorado y recordado”.

He aquí, pues, al primer amor oculto de Emily Dickinson.

Benjamin Franklin Newton

Nacido en Worcester el 19 de marzo de 1821 y por lo tanto diez años mayor que Emily, Benjamin F. Newton causó tan profunda impresión en la poetisa que, no bien lo hubo conocido, escribió a su amiga, vecina y futura cuñada Susan Gilbert una carta fechada en 1848 donde le dice: “He encontrado un nuevo y hermoso amigo”.

Newton permaneció dos años con los Dickinson y, por los motivos que fuesen (incluida un supuesta prohibición de Edward para que siguiera frecuentando a su hija) abandonó Amherst a finales de 1849 para nunca más regresar.

De vuelta en su ciudad natal se dedicó al derecho y al comercio y en 1851 se casó con Sarah Warner Rugg, 12 años mayor que él. Para estos tiempos Newton estaba ya gravemente enfermo de tuberculosis, dolencia que lo llevó a la muerte el 24 de marzo de 1853, diez meses antes de que Emily escribiese al pastor Hale preguntando por sus últimos momentos. Tenía 33 años de edad.

El encanto que Newton provocó en Emily Dickinson vino de la mano de la literatura: aunque Edward Dickinson le compraba muchos libros, le pedía a la muchacha que no los leyera, porque su vieja y conservadora mentalidad puritana temía que pudiesen afectar su espíritu. Edward Dickinson despreciaba especialmente a Dickens y a Harriet Beecher Stowe, lo que la hija deploró muchos años más tarde.

Newton, en cambio, obsequió a Emily un ejemplar de los “Poemas” de Emerson y le escribió apasionadas cartas donde, en forma velada, intentaba prepararla para su muerte inminente. Dice Emily a Thomas Higginson, hablando de una carta que había recibido de Newton: “Su carta no me emborrachó, porque ya estoy acostumbrada al ron. Me dijo que le gustaría vivir hasta que yo fuese una poeta, pero que la muerte tenía una potencia mayor que la que yo podía manejar”. Otra carta al “Maestro” dice que “Mi primer amigo me escribió la semana anterior a su muerte: ´Si vivo, iré a Amherst a verte; si muero, ciertamente lo haré´”. Veintitrés años más tarde, Emily Dickinson aún seguía citando de memoria las palabras de estas últimas cartas de su joven amado.

Los motivos de la “huida” de Newton a Worcester no están claros, pero el repudio de Edward Dickinson al incipiente romance no es una causa improbable. Newton era pobre, progresista y tenía tuberculosis en la fase terminal. No era, a buen seguro, la clase de partido que el juez de Amherst deseaba para su adorada hija.

Charles Wasdworth

Mientras Emily padecía aún, luchando con la elaboración del duelo que la muerte de Newton había desatado en ella, conoció en Filadelfia en mayo de 1854 al reverendo Charles Wadsworth, a la sazón pastor de la Iglesia Presbiteriana de Arch Street. Wadsworth tenía 40 años y estaba felizmente casado, pero igualmente causó una profunda impresión en la joven poetisa de 23: “Él fue el átomo a quien preferí entre toda la arcilla de que están hechos los hombres; él era una oscura joya, nacida de las aguas tormentosas y extraviada en alguna cresta baja”.

Si bien no es seguro que Emily haya sentido una fuerte atracción erótica hacia Newton, no existe duda alguna de que durante toda su vida posterior estuvo profundamente enamorada de Wadsworth. El pastor murió el 1º de abril de 1882, mientras que Newton falleció un 24 de marzo. En otoño de ese mismo año ella escribió: “Agosto me ha dado las cosas más importantes; abril me ha robado la mayoría de ellas”‘. Al pie del texto se lee la siguiente y angustiosa pregunta: “¿Es Dios enemigo del amor?”.

Al cumplirse el primer año de la muerte de Charles Wadsworth escribió: “Toda otra sorpresa a la larga se vuelve monótona, pero la muerte del hombre amado llena todos los momentos y el ahora. El amor no tiene para mí más que una fecha: 1º de abril, ayer, hoy y siempre”.

Si a partir de estas confesiones queda claro el enorme impacto amoroso que Wadsworth tuvo sobre la vida de Dickinson, no hay prueba alguna de que ella haya sido importante para él. Tímido y reservado, no existe constancia de que se haya fijado en Emily en aquellas oportunidades.

Sin embargo, el único cuadro que colgaba en la habitación de la poetisa era un retrato en daguerrotipo del pastor de Filadelfia. Es interesante destacar que el profundo y eterno amor de Emily se generó y consolidó en sólo tres entrevistas (aunque hay indicios de un cuarto posible encuentro). Su hermana Lavinia, que vivió con ella toda su vida, por ejemplo, jamás conoció a Charles Wadsworth hasta la última vez.

Derivado de que no quedan documentos de las dos primeras ocasiones en que Wadsworth se encontró con Emily, es el hecho de que nunca conoceremos los verdaderos motivos por los que el pastor abandonó la Costa Este de los Estados Unidos y se fue a predicar a San Francisco en la primavera de 1861, en plena Guerra Civil.

Pero ella nunca lo olvidó. En 1869 Dickinson se enteró de que Wadsworth estaba de regreso en Filadelfia, y comenzó a escribirle cartas en 1870.

Pero pasaron veinte años antes de que volvieran a verse. Una tarde del verano de 1880, Wadsworth golpeó a la puerta de la casa de los Dickinson. Lavinia abrió y llamó a Emily a la puerta. Al ver a su amado, se produjo el siguiente diálogo, perfectamente documentado por Wicher. Emily le dijo: —¿Por qué no me ha avisado que venía, a fin de prepararme para su visita?, a lo que el reverendo respondió —Es que yo mismo no lo sabía. Me bajé del púlpito y me metí en el tren. Ella le preguntó, refiriéndose al trayecto entre Filadelfia y Amherst: —¿Y cuánto ha tardado?. —Veinte años, susurró el presbítero.

Charles Wadsworth murió dos años después, cuando Emily tenía 51 años, dejándola sumida en la más absoluta desesperación.

Las cartas y los supuestos poemas de amor de Emily Dickinson a Susan Gilbert

Junio 11, 1852

Están limpiando mi casa hoy, Susie, y yo aproveché para hacer un vuelo rasante hasta el escritorio donde con afecto, y contigo, voy a gastar las más preciosas de todas mis horas para pensar, suspirando, en ti. No puedo creer, querida Susie, todo el tiempo que hace que estoy sin verte, un largo y vacío año: sé que a veces el tiempo nos parece que pasa volando porque mis pensamientos sobre nosotras son tan cálidos como si te hubieras ido apenas ayer… y luego pasa como si años y años hubieran atravesado el silencioso sendero y el tiempo se hace extrañamente largo. ¿Y ahora, cuán rápidamente voy a tenerte, a tenerte en mis brazos? .

Tendrás que perdonar mis lágrimas, Susie, ellas sienten esa felicidad de venir y no está en mi corazón reprocharlas y mandarlas a casa. No sé por qué pero hay algo en tu nombre que en este mismo instante se está apropiando de mí, que llena plenamente mi corazón y mis ojos, ellos también. No significa que yo esté acongojada ni triste, no, Susie, pero pienso en todos esos lugares donde nos sentábamos al sol, y me da miedo haberlos perdido. Creo que es por eso que vienen mis lágrimas. Mattie estuvo en casa ayer en la tarde, y nos sentamos frente a la puerta de piedra, y hablamos sobre la vida y el amor, y chusmeamos sobre los caprichos infantiles, sobre las cosas felices la tarde se fue muy pronto y caminé hasta casa con Mattie bajo la luna silenciosa y sentí deseo de estar contigo. No viniste, querida, pero un pedacito de cielo sí, un cielo que se parecía a nosotras… y caminamos de un lado a otro maravilladas de que la felicidad estuviera acompañándonos. Aquellas uniones, mi querida Susie, por las cuales vivíamos, esa dulce y extraña certeza en la que caíamos y que nadie admitía, ¿cómo no habría de llenar mi corazón y golpearme salvajemente, cómo no habría de hacerme tuya y hacerte mía y hacerme sentir hoy feliz porque te tuve, aunque parezca mentira?.

Junio 11, 1852, más tarde

Tengo un solo pensamiento, Susie, esta tarde de junio, y es acerca de ti, y tengo un solo ruego; querida Susie, que es para ti. Porque tú y yo tomadas de la mano como están tomados entre sí nuestros corazones podrían quizá correr como chiquillas en medio de bosques y para olvidar muchos años y sus tristes consecuencias, y sería como volvernos chiquitas nuevamente… Ojalá así fuera, Susie, pero cuando miro alrededor me encuentro sola, y suspiro por ti otra vez y otra más, leve suspiro, vano suspiro que no te traerá de vuelta a casa.

Yo te necesito más y más, y el gran mundo crece y los más queridos son menos y menos cada día en que tú estás lejos – Yo extraño mi ancho corazón; toda yo, todo lo mío, va girando alrededor y clama por Susie.

Mis amados amigos también han partido, oh, están muy lejos, ¿y cómo no habrían de partir si tú y yo no estamos juntas? No nos permitas que olvidemos esas cosas, para los recuerdos nosotras tendríamos que ahorrar ahora toda esta angustia porque quizá ya es tarde para amarnos!! Susie, perdóname, querida, por cada una de las palabras que te digo -mi corazón rebosa de tí, ninguna otra sino tú está en mis pensamientos, aún cuando pretenda decirte algo sobre las cosas de este mundo, las palabras me traicionan.

Si estuvieras aquí -oh donde estés, mi Susie, tenemos que hablar de todo, nuestros ojos murmurarán para nosotras y tu mano rápidamente tomará la mí… no hablaremos en absoluto de la lengua y sólo trataré de atraerte, de tenerte muy cerca de mí… recuerdo la semana de tu partida y me imagino que has vuelto, y me veo yendo por el camino para encontrarte, mi corazón corre más a prisa todavía que yo… hasta que la querida Susie llegue.

Tres semanas faltan quizá para que vuelvas y me pongo cada vez más y más impaciente hasta que llegue el día deseado…

Querida Susie, pensé furiosamente en todo lo que amas para mandarte algo y elegí finalmente las pequeñas violetas: son demasiado pequeñas, Susie, y ya no temo su perfume, porque ellas habrán de endulzar tu corazón.

Ahora, adiós, Susie, y que Vinnie te lleve su amor, y su madre and y yo sumamos un beso, tímidamente, con miedo de que haya alguien allí! No permitas que nadie vea esta carta. ¿Lo harás, Susie?

Emily

Mediados de 1860

Debes dejarme ir primero, Sue,

porque yo vivo en el mar

siempre y sé el camino

Podría ahogarme doblemente

para evitar tu naufragio,

querida, si yo pudiera

tan sólo cubrir

tus ojos para que no

puedas ver el agua…

Alrededor de 1876

Susan -te soñé

esta noche y te envié

un clavel en el sueño,

hermana de Orfeo

-Ah, Perú-

sutil la suma

que te compra.

Noches salvajes

¡Cuando estoy contigo

Las noches salvajes

Son nuestra lujuria!

Triviales -los vientos –

Para un corazón

Que llega a puerto –

Ya no sirve el compás –

Ya no sirven los mapas!

Para remar en el Paraíso –

Ah, el Mar!

¡Esta noche debo

Anclar en ti!

Ella

Su pecho es adecuado para las perlas

Pero yo no soy buzo

Sus cejas son adecuadas para los tronos

Pero yo no tengo cresta

Su corazón es adecuado para el hogar

Yo -un gorrión- construyo allí:

Dulces ramitas y trenzas

Mi nido eterno

Una noche, su dulce carga sobre mi corazón

Apenas se dignó a mentir

Cuando, conmovida a causa de sus ideas sobre el placer,

Mi novia cometió un error -si fue un sueño o un hecho real sólo

El cielo lo podría confirmar,

O quizá yo soñaba con Ella que me daba

El poder de presumir que él, el que permanecía dentro de mí,

Me daba -aún en relación con Todo lo demás

Una ficción para sustituir la Fe.

Una ficción tal vez, quizá, como si hubiera sido real.

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