Fernando Paillet

Biografia OpusVida por dina

PAGINAS: 1 2 3

Fernando Paillet fue un fotógrafo argentino que documentó la colonización y vida de los colonos suizo-alemanes de la colonia agrícola Esperanza fundada en 1856 en la provincia de Santa Fe en Argentina. Se definía a sí mismo como «Un fotógrafo provinciano que documentó la Pampa Gringa».

Nació en Esperanza, Provincia de Santa Fe, el 27 de octubre de 1880 y falleció en la misma ciudad el 3 de noviembre de 1967 a los 87 años.

Se convirtió en el fotógrafo más conocido y destacado de Esperanza, conservando esa posición durante más de veinte años. Su mayor ambición fue documentar la vida, costumbres y paisajes de Esperanza. Formó colecciones perfectamente organizadas de retratos de intendentes, jefes de policía, jueces de paz, damas de beneficencia y todo tipo de personalidades y gente anónima.

Su obra tiene gran valor  documental histórico  y sociológico, pues se  dedica a retratar familias, trabajadores del pueblo, actos públicos, acontecimientos  sociales, lugares de reunión.

Llevó  ademas, una activa vida cultural como músico -dejó tres obras editadas – y autor teatral. Fundó clubes con actividad literaria, musical y deportiva como el Club de la Equis, la Sociedad de Canto y otros.

Fue encargado de formar un Museo Histórico de Esperanza y un Museo de Bellas Artes con obras de creadrores de la ciudad. Inició la tarea con su sobrino Rogelio Imhoff y llegó a tener un archivo importantísimo. El proyecto fue detenido por barreras burocráticas, lo que llevó a Paillet a un estado de fuerte depresión que lo condujo a destruir el ochenta por ciento del material acumulado. También prohibió la utilización de parte de su archivo aún después de su muerte.

Contenido:

  1. Su vida como artista
  2. Museo Histórico de Esperanza
  3. Retratos, autoretratos y grupos
  4. Memoria Visual de una Ciudad
  5. Galería de fotos de Fernando Paillet
  6. Fernando Paillet según Gastón Gori
  7. El gorrión bohemio que retrató la ciudad de esperanza
  8. Una instantánea del presidente
  9. Paillet y Pedroni
  10. Fotógrafos
  11. Su obra
  12. Vejez y muerte
  13. Detalle de exposiciones realizadas con material fotográfico de Fernando Paillet
  14. Exposiciones en Argentina
  15. Exposiciones en el extranjero, organizadas o propiciadas por el Consejo Argentino de Fotografía

Su vida como artista

Nació en Esperanza, Santa Fe. Fue el primer hijo de Clotilde Insinger, hija y nieta de fundadores de la colonia, y de Isidore Philippe Paul Eugene Paillet, de Braives -Liege, Bélgica-, profesor de piano y canto.

En uno de sus apuntes inéditos dejó escrito:

“El fotógrafo provinciano, de quien procuraré narrar fielmente los comienzos y su desenvolvimiento artístico, era nativo de una pequeña ciudad de la provincia de Santa Fe. Su participación en la vida artística – o profesional – como fotógrafo, tiene por límites estas dos fechas: 1894-1940”.

En junio de 1894 comenzó a trabajar con F. Polzinetti en Esperanza. Luego en Sarmiento, pueblo vecino, y al año siguiente en el estudio de Francisco Oliveras, de Santa Fe.

Entre 1896 y 1901 trabajó en Rosario, con R. Brio; en Buenos Aires; en Mar del Plata, de nuevo en Santa Fe, con Lutser; en Esperanza durante casi dos años, probablemente ya en forma independiente -; y, por último, en La Plata, para la Casa Cappelli, como operador y retocador.

“Salí de la Casa Capelli el 27 de enero de 1901”.

Volvió a Esperanza, instaló su estudio y trabajó allí durante cuarenta años. Fue pintor –en 1925 abrió una pequeña galería de arte que aparentemente cerró al poco tiempo –, violinista y director del coro de la Sociedad de Canto. Formó parte de un cuarteto de cámara. Compuso cuatro obras editadas –un tango, un vals y dos nocturnos- y una marcha inédita: “A Esperanza”.

Escribió una comedia: “Bodas de Plata matrimoniales Paradiso – D’ Angelo”. Dejó algunos apuntes y el primer capítulo concluido de una autobiografía cuyo título seria “La hora cero”, que nunca terminó.

El capítulo concluido de su autobiografía se titula “Se funda una colonia”. Está fechado en 1950 y es el comentario más mordaz que hemos leído sobre la vida de nuestros pueblos gringos, en la figura de Esperanza; ciudad venerada y desdeñada al mismo tiempo; tema principal del “portrait de hombres” más importante de la fotografía argentina conocida de principios de siglo y uno de los más notables de la fotografía latinoamericana difundida; “donde inició su carrera meteórica el personaje número uno de este cuento. La ciudad que le sirvió de trampolín en su primer salto fantástico”, como dicen las últimas líneas de su texto.

Allí también murió Paillet, muy pobre y físicamente disminuido. Encomendó su archivo a Rogelio Imhoff, que junto a otros familiares lo cuidó desde entonces con celo ejemplar.

Museo Histórico de Esperanza

En 1948 las autoridades municipales le encomendaron organizar el Museo de Bellas Artes de la ciudad. Aceptó y propuso, además un anexo: el Archivo Histórico, formado por pequeños cuadros con collages de fotos sobre instituciones, costumbres, familias fundadoras y lugares históricos de Esperanza.

Entusiasmado por la idea, decide compilar  y agregar  las viejas fotografías que va consiguiendo de la gente, con un criterio de conservación del patrimonio cultural que complementa de modo más que interesante sus dotes de artista.

Con el trabajo concluido las autoridades descartaron el proyecto. Paillet devolvió las pinturas donadas para el Museo sumiéndose en una fuerte depresión que lo condujo a destruir el ochenta por ciento del material acumulado. Solamente quedaron unas doscientas placas disponibles, que se “salvaron del incendio” por ser imágenes no oficiales; imágenes tomadas “para él”: gente anónima, gente amiga, lugares públicos y queridos.

Gracias a su sobrino Rogelio Imhof, con el material conservado, en 1987, la Fundación Antorchas editó “Fernando Paillet: fotografías 1894-1940,” un documento de gran valor y belleza.

Retratos, autoretratos y grupos (1)

Esta muestra es complementaria de la primera que se dedicara a la obra de Fernando Paillet, organizada por el Consejo Argentino de Fotografía en 1980, donde se expuso lo más Representativo de su trabajo documental sobre Esperanza. Aquellas fotos fueron tomadas por Paillet espontáneamente, de oficio y el sujeto de sus temas son tanto los hombres como su contexto. En esta muestra es el rostro o la figura humana lo preeminente, y en buena parte se trata de trabajos comerciales. Una útil divergencia para comprobar la coherencia creadora de Paillet.

Por lo que conocemos de ella — que es muy poco — la fotografía argentina de principios de siglo fue subordinada a los recursos formales escasos y rígidos del estudio, que a su vez era una especie de atelier menor. Estereotipos pictoralistas y convenciones yertas dieron como resultados retratos que pocas veces transmiten autenticidad y vida. Paillet, en general, no se apartó del criterio formal de sus contemporáneos, sin embargo, sus buenas fotos son mucho más que el mero registro técnicamente correctas de rostros y figuras ajenos a él y a su cámara.

Como sabemos, cada persona tiene su figura preferida, y eso es lo que busca cuando llega a comprar su imagen eterna al estudio fotográfico. Esto sucedía en tiempos de Paillet y también hoy; pero en la Pampa Gringa de su época solían mezclarse además otras pulsiones a los gustos y preferencias que traían los clientes, de por sí muy convencionales. Recuerdo que mi padre, que no era un hombre particularmente supersticioso, rechazó una de las muestras de mis fotografías de comunión porque me cortaba las piernas – lo que en cine se llama “plano americano”, es decir el borde inferior del cuadro a la altura de las rodillas del sujeto- y no le gustaba verme como si estaba mutilado; consecuentemente, eligió la muestra donde estoy en figura entera.

Los mejores retratos de Paillet datan de sus años de mayor prestigio, entre el ’20 y el ’30, cuando su madurez y la autoridad que le daba el aura del artista posiblemente cohibía un poco a sus clientes. En la mayor parte de sus fotos comerciales –sobre todo de su primera época– el documento, es decir, los datos visuales de identificación en sentido estricto desplazaron al retrato. De todos modos tampoco en sus trabajos de oficio Paillet pretendió alguna innovación formal (cuarenta años antes Nadar) o Julia Margaret Cameron habían explorado zonas que el no tentó), de manera que sería falso darle el carácter de imposiciones a esos condicionamientos objetivos de su medio. Paillet se encuadraba sin inquietudes dentro de las normas formales –e incluso convencionales– de su tiempo y lugar, y fue precisamente en esos márgenes estrechos y poco propicios para la creación que desarrolló su fotografía, sutil y variada –una gama amplísima y delicada en la variación y combinación de los elementos simples, como una música antigua– produciendo retratos admirables.

Relata Rogelio Imhoff, su albacea y sobrino más próximo, que Paillet resumía sus obsesiones con una exclamación: “¡La luz y las manos!”. (Podía tardar horas en preparar una toma, y llegó a suceder que algún cliente, impaciente, se fuera del estudio antes de hacer la foto.) La luz y las manos, es decir el modelado de la figura y la naturalidad de la pose.

Como principio estético no augura grandes logros. Tampoco el ideal de un “portrait de hombres” a la manera de Chandler -fotógrafo prestigioso pero convencional de la oligarquía porteña- es prometedor. Su comentario, “…con las personas distinguidas como modelos…”, nos hace pensar en un criterio falso para la valoración del retrato fotográfico, como si lo “distinguido” del modelo pudiera condicionar el logro artístico de la foto. A las limitaciones de su época y medio, Paillet parece agregar –cosa coherente, por lo demás– la de sus propias aspiraciones.

Pero su arte lo rebate. En la mayor parte de sus trabajos la cámara es un medio que nos aproxima, a sus modelos; una herramienta poco solemne, socarrona muchas veces, que él utiliza con gran flexibilidad para tratar de reproducir el “tipo” humano que le sugiere la persona retratada. Paillet era un realista con gran sentido de observación, apoyado en un talento plástico extraordinario para administrar los medios propios del estudio sin forzar ninguno de sus límites convencionales ni preocuparse por declarar un estilo.

El arte de Paillet para el retrato no se fundaba en su percepción sicológica, o al menos en lo que entendemos como tal cuando hablamos de retrato, es decir aquello que se escruta en el rostro del modelo. Excepto para sus retratos infantiles su fuerte no es el primer plano. Sus trabajos más eficaces apelan a la figura entera y una puesta en cuadro amplia. Estimulado por un modelo, parece evidente que en él se liberaba un proceso de creación complejo al que podemos llamar, sin desmedro, poético. La limpieza y precisión con que sus mejores retratos nos entregan el perfil que sentimos decisivo de las personas retratadas –y esto es lo que sucede con sus ancianas rígidas y secas, o sus matronas, verdaderas contracaras de la figura del patriarca en una sociedad muy patriarcal y autoritaria sugiere un trabajo de obstinada y meticulosa persecución iluminando de un modo u otro, tentando uno u otro fondo, en esta o aquella pose hasta lograr que el visor de la imagen que más se aproximara a esa suerte de diseño, de boceto previo que su modelo le sugirió. Pequeños toques en la pose –la forma de sostener el sombrero, una inclinación de cabeza muy leve, cierta rigidez forzada del cuerpo– y sus clientes “pitucos” o relamidos son, en verdad, retratados. La magnificencia barroca o severa –según el rostro, vestido y porte de modelo– de sus “emperatrices gringas”. O el empaque hierático de una pareja de recién casados pudientes, remarcado por una luz muy dura. Por lo demás no hay que olvidar que Paillet conocía más o menos bien a la mayoría de sus vecinos, y sobre mucho de ellos tenía, seguramente, opinión formada, es decir: una imagen.

Uno de los más altos momentos de su fotografía de estudio lo constituyen sus retratos de niños y adolescentes. La pose del niño remedando al adulto formaba parte de las convenciones de la fotografía infantil. Apoyado por este espacio cedido a la fantasía y a la recreación, Paillet desplegó una extraordinaria sensibilidad para exaltar los datos potenciales, por así decir del carácter moral del rostro de sus modelos: niñas “angélicas”, “maternales”, “varoniles” o “perversas”; retratos ambiguos donde no alcanzamos a distinguir los límites entre la inocencia y la ironía, que nos recuerdan a las fotografías de Lewis Carrol, un maestro a quién él no conoció.

Paillet se definía a sí mismo como un “fotógrafo provinciano”; lo cual es cierto sólo si esto significaba que era un fotógrafo de provincia, ya que en otro sentido fue probablemente el menos provinciano de los fotógrafos argentinos de su tiempo.

“La mayor dificultad de la fotografía reside en la necesaria coincidencia de la revelación del modelo, la realización del fotógrafo y la presteza de su cámara”, dice Eduard Weston, y luego: “Pero cuando se consuma la perfecta unión espontánea –un documento humano– se desnudan los verdaderos huesos de la vida”. Acechar con su cámara el momento de la revelación esencial del modelo no era preocupación consciente de Paillet. Sin embargo, muchos de sus trabajos fueron claramente realizados bajo el imperativo de una exigencia compleja, dialéctica, y en ellos se consuma “la perfecta unión espontánea” y se logra “un documento humano”. Como dice un poema de Constantino Cavafis. “El arte sabe cómo/ dar forma a la belleza. /Su toque imperceptible/ completando la vida, / combinando impresiones, / combinando los días”.

L.P.

Memoria Visual de una Ciudad

Cuando el fotógrafo toma una imagen es porque desea perpetuar un momento: está construyendo su memoria visual. Es un acto selectivo y selectiva también es la memoria. ¿Qué es la memoria? Memoria es la “potencia del alma, por medio de la cual se detiene el pasado”. Es así como el fotógrafo detiene el pasado visual y la fotografía se convierte en la memoria visual de una sociedad.

En esto reside la importancia de la obra de Fernando Paillet. Es nada menos que el hombre que conservó la época de Esperanza que le tocó vivir y que hoy revivimos en esta muestra.

PAGINAS: 1 2 3

Paco de Lucia

Francisco Sánchez Gómez, de nombre artístico Paco de Lucía, (Algeciras (Cádiz), 21 de diciembre de 1947, Cancún (México), 26 de […]

Lermo Balbi

Lermo Balbi, fue un poeta, escritor y dramaturgo nacido en Rafaela, provincia de Santa Fe, donde también falleció. Bachiller, fue […]

Francisco Paco Urondo

Francisco Paco Urondo fue un poeta, periodista, académico y militante político.Dio su vida luchando por el ideal de una sociedad […]

Los Muppets

Los Muppets son un grupo de marionetas creados por Jim Henson en 1964. Este peculiar grupo de personajes fue protagonista […]