Fernando Peña

Biografia OpusVida por magui

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Fernando Gabriel González Peña fue un conductor de radio y actor de teatro, cine y televisión. Ciudadano uruguayo, nacionalizado argentino, residió en Buenos Aires desde pequeño.  (Montevideo, Uruguay, 31 de enero de 1963 – Buenos Aires, Argentina, 17 de junio de 2009)

Transgresor, multifacético, histriónico y con un particular sentido del humor, Peña se destacó por tener un notable poder de la improvisación, con una imaginación que iba más allá de los límites. Hijo del polémico periodista Pepe Peña quien generaba interminables discusiones sobre fútbol y que integró el trío radial “de las tres P”, junto a Dante Panzeri y Adolfo Pedernera, en la década del 60, Fernando tuvo un debut en radio tan accidental como premonitorio en cuanto al camino que le tenía deparado el destino.

Fernando Peña, desde la radio o enfrente tuyo, dice lo que se le ocurre. Por él o en la voz de sus personajes, con los cuáles iría perfectamente a tomar un café. “De hecho, lo hago permanentemente”. Más allá de escándalos y sobresaltos mediáticos, (como decía Carlitos Balá) el movimiento se demuestra andando. A Peña hay que verlo. Quien quiera oír que oiga. Asumido homosexual, Peña afirmó padecer VIH y haber estado cerca de la muerte. Tuvo un linfoma en el riñón y se sometió a quimioterapia. Falleció el miércoles 17 de junio de 2009, a causa de un cáncer de hígado

Contenido:

  1. Infancia y Juventud
  2. Comisario de abordo
  3. Su carrera artística
  4. Las criaturas de Peña
  5. Video de Milagros Lopez
  6. Radio
  7. Galería de fotos de Fernando Peña
  8. Teatro
  9. Video
  10. Televisión
  11. “El otro”
  12. Cine
  13. Literatura
  14. Curiosidades
  15. Fernando Peña. Honrar la vida (Alejandra Herren La Nación 08.09.02)
  16. Carta abierta a Cristina Fernández (Fernando Peña 29.03.2008)
  17. Video
  18. Enfermedad y fallecimiento

Infancia y Juventud

Fernando Gabriel Peña nació el 31 de Enero de 1963 en Montevideo, Uruguay.  De muy chico vino a vivir a Buenos Aires. Hijo de una familia acomodada, su padre, el periodista Pepe Peña fue un hombre polémico, que discutía de fútbol. Con Panzeri y Pedernera integró el trío radial “de las tres P”, Fútbol al Centímetro, unos adelantados al inicio de los 60.  Su  madre fue María José “Malena” Mendizábal. Tuvo un hermano menor, que es músico y reside en Estados Unidos.

Un día Pepe Peña lo llevo a la radio. Mientras Peña padre hablaba, al pequeño Fernando le dieron ganas de ir al baño. Cuando no aguantó más aprovechó una pausa de su padre… y -al aire- le dijo: “papá, me meo”. Todos rieron. Como un anticipo de su marca registrada, el destino de Fernando Peña adelantaba dos caminos: el del humor y el de la radio.

Entre las cosas que llevaron a que Fernando Peña sea quien fue hay una juventud vivida en el candelero de Nueva York en los ’80. Pero él, contaba entre risas que ni se dio cuenta de que estaba donde estaba: “Para mí era normal, no había policía, convivíamos todos los punks, drogadictos, no había 11 de septiembre, ¡no había HIV! Era fantástico, pero nunca lo valoré”. De allí datan algunas anécdotas que a Peña le salen como a borbotones y también la experiencia de haber tenido un hijo sin la curiosidad por conocerlo, ni el reclamo de hacerlo. Fue también en Nueva York donde ejerció un trabajo que fue perfeccionando y tallando casi artesanalmente: “Yo fui prostituto, pero porque me divertía. Y yo elegía a mis clientes. A mí me gustaba alguien y ese alguien gustaba de mí, entonces yo decía Yo cobro 100 dólares. No era que me mamaba a un viejo. La prostitución es la profesión más divina, más hermosa y más divertida del mundo. Yo cobraba porque me miraran, pero metía versos: No, no sé si soy puto. A ver, empeza mirándome a ver qué me pasa, pero necesito plata… Una vez me fui con uno a un piso 20, divino, un judío de treinta y pico. Yo tenía 18 o 19 años. Y estábamos ahí y de repente él me dice: ‘¿Le podes llenar un vaso de whisky a mi papá, que está al lado tuyo?’. No había nadie al lado mío. Ahí me di cuenta de que estaba pirucho. Me quise levantar y el tipo se levantó, cerró la puerta con llave y me dijo: ‘Vos no te vas a ningún lado’. Dos horas de psicología, yo tratando de salir de la situación hasta que en un momento me ahogué y directamente corrí a la puerta, la abrí, así como en las películas me agarró el brazo, pero yo lo saqué y bajé los 20 pisos por escalera. Cuando bajé estaba el hombre de seguridad y le dije: ‘Por favor, ábrame, ábrame, vengo del piso 20, por favor ábrame’. Y el tipo me miró y me dijo: ‘Otra vez el piso 20’”.

Estudió teatro y tuvo muchos trabajos, entre ellos, el que le permitió llegar al éxito: Comisario de a bordo en American Airlines. Ahí lo descubre Lalo Mir, quien viajaba usualmente por esa aerolínea y escuchaba a una cubana que decía pavadas por el altavoz. Después de tanto hinchar, Lalo pudo conocer a la vieja, y vio que Milagros López, era Fernando Peña. Lalo le ofrece llevarlo a la radio, de a poco comenzó la carrera en radio.

Luego de hacer varias participaciones en radio llegó a tener sus programas propios: Graffiti, que iba de lunes a viernes de noche por Energy101. Hacía su personaje Dick Alfredo. Y La vereda Tropical… aun hoy hay gente que no sabe que esa cubana simpática que estaba en radio del Plata no es nada más ni nada menos que Fernando Peña.

Comisario de abordo

De chico, él vivía con su mamá y su hermano en Uruguay y cada viernes llegaba Pepe, con un olor a “una mezcla de corbata de seda, perfume, cuero lustrado, camisa de algodón, spray para el pelo, mucho tráfico y demás olores metropolitanos”, como explica en el prólogo de su libro “Gracias por volar conmigo”.

El mismo Peña que saltó a la fama como un creador dotado de una paleta de personajes con voz, cabeza y vida propias que charlan, discuten y se corrigen entre sí, con una gracia y un colorido que brilla sobre toda la programación radial; el mismo Peña que ama ornamentarse y maquillarse, pero que rodea el tema de la muerte propia y ajena con una oscura naturalidad, al tiempo que experimenta cierto placer en horrorizar con comentarios envenenados; ese mismo Peña supo recibir de impecable azul a un montón de viajeros, bailarles la danza del qué-hacer-en-caso-de-emergencia, ofrecerles carne o pollo y entretener a los niños inquietos.

Claro que de eso, justamente, no se trata el libro. O no mayormente. Y Peña no ahorrará menciones explícitas a los pedidos más irrisorios de los pasajeros –desde favores sexuales hasta sacar la bolsa de un ano contranatura–, supervivencias catastróficas en el aire –como un aterrizaje accidentadísimo en el aeropuerto de Asunción del Paraguay, que, se supo una vez en tierra, estaba cerrado por mal clima–, los pormenores del bagayeo de los tripulantes –alambres de cobre, pornografía y hasta peces tropicales–, y las experiencias más desopilantes que lo tuvieron como protagonista, como la vez que dejó escapar de su jaula a un mono capuchino (esos carísimos que se entrenan como suerte de lazarillos) y hubo que prender la luz en el medio de la noche y pedirles a los pasajeros que ayudaran a ubicar al espécimen, que andaba excitado por todo el avión.

Antes de tirar la chancleta por el aire, de viajar todo el tiempo puesto y sentirse harto de todo, el avión fue una meta absoluta, de esas que él sólo puede equiparar con “ser actor” y que le sacan a Peña su faceta de buen alumno, el niño lleno de sueños, apenas espolvoreado por el carácter que llegó a su clímax mientras se hacía adulto. El avión es, como todos sabemos, en el mismo recinto donde Peña empezó a experimentar con sus criaturas hasta que un desesperado Lalo Mir inquirió a toda la tripulación para que lo llevara a conocer a esa cubana adorable que era Milagros López. Un sueño, cuando estaba al borde de la pesadilla, fue la antesala del otro sueño. ¿Y ahora? “Ahora ya no tengo esas avispitas en el alma, esas mariposas en el estómago. Tengo, sí, el próximo libro, la próxima obra… Pero me falta la zanahoria delante del burro.”

Su carrera artística

Comisario de a bordo en American Airlines, solía utilizar el altavoz del avión para hacer delirantes personajes como el de una cubana de nombre Milagros López que deleitaban y hacían reír a los pasajeros. Uno de las personas que viajaba seguido por esa aerolínea resultó ser el conductor y locutor Lalo Mir, quien sorprendido por su capacidad para improvisar insistió en conocer al personaje y no dudo en llevarlo a la radio, donde Peña desarrolló una destacada carrera.

“Conocí a Lalo en el año ‘93, yo ya venía pasando por una época de fobia al vuelo. Para poder aguantar y soportar el trabajo me hacía el payasito (…) Así fue como empecé a inventar varios personajes en el micrófono. Uno de ellos era Milagros López, esa cubana que volaba en Panam llena de anillos y pulseras, las uñas pintadas, rodete alto, pelo recogido y una personalidad muy graciosa y excéntrica. Esa que una vez al subir a un avión me respondió, al yo preguntarle por qué tenía tantos anillos: ‘Muchacho, cada argolla fue una noche inolvidable de amor’. (…) A Lalo le divertía mucho eso, él estaba haciendo un programa en Chile en esa época y volaba por nuestra aerolínea bastante seguido. Luego de meses de insistir en querer conocerla y encontrarse con la negativa de parte de toda la tripulación, decidí un día confesarle que era yo y Lalo me decía que no y yo le decía que sí y Lalo me decía que no y yo le respondí con la voz de Milagros….Y Lalo enmudeció.”

Entre sus numerosos personajes se destacaron, además de la cubana Milagros López, el italiano Mario Modesto Sabino, el popular Palito y el sanisidrense Martín Revoira Lynch. Escribió el libro Gracias por Volar Conmigo.

Su mayor éxito indiscutido en radio con todos estos personajes en acción: El parquímetro, que se emitía de lunes a viernes de 10 a 14 por la metro 95.1. Pero se lo censuró el CONFER por las puteadas y se lo levantaron luego de 3 años de éxito. En el año 2002 volvió en la rock&pop 95.9 con cucuruchos en la frente, de lunes a viernes de 21 a 24. El programa tenía otro estilo. El staff era el mismo, pero Fernando dijo en su programa de la rock and pop que no le agrado para nada el ciclo que allí realizo. (y lo dijo en otras palabras…) seguía siendo Peña.

Actor de teatro, solía agotar las entradas de sus funciones, su público le era fiel, lo seguía y reconocía sus virtudes histriónicas, además de su compromiso con su profesión. “Ezquizopeña, Intimidad Rioplatense” (2001), “Ezquizopeña, el musical” (2003), “Mugre” (2004), con la que ganó el Premio Estrella de Mar al Mejor Unipersonal, “La burlona tragedia del corpiño” (2004/05) fueron algunas de las obras que interpretó. Luego hizo “El niño muerto”, una obra autobiográfica muy emotiva y que una de sus funciones la hizo a total beneficio de la Fundación Huésped, para ayudar a los chicos con HIV.

Otra de la obras que realizó fue “My name is albert with A”, una obra en inglés donde interpretaba a un asesino serial. También protagonizó “Sit down tragedy”, “La oscuridad es música”, “Gracias por volar conmigo” y la última obra que estaba realizando y que tuvo que interrumpir como consecuencia de su enfermedad fue “Diálogo de una prostituta con cliente”.

La muerte de Peña fue confirmada por el periodista Matías Martin en radio Metro 95.1, donde el actor conducía el programa “El Parquímetro”. Tras informar sobre la muerte del actor, la radio levantó su programación y emitió música. Su compañero Diego Scott dijo a la prensa que Peña “estaba internado desde el jueves” en el Instituto Alexander Fleming, donde ayer falleció a las 16.40.

El productor de su última obra de teatro, Javier Faroni, dijo que el viernes antes de su muerte recibió “el último mail de Fernando. Estaba muy contento por noticias que le daban los médicos”. “Estaba feliz, con más ánimo que en los últimos días”, contó el productor en declaraciones al canal Todo Noticias (TN). Faroni manifestó que Peña “quería volver al teatro. Le dijimos que había tiempo para eso. El quería sí o sí volver al teatro”.

 

“Fernando era un ser humano especial. Hacía tres semanas había dejado de hacer las funciones en el teatro”, expresó. “En el último tiempo estaba feliz y pensaba que de esto salía. La verdad es que no sé qué pasó”, afirmó Faroni. En una de sus últimas apariciones televisivas, en un programa de espectáculos de América TV, Peña dijo que estaba grabando con una cámara personal las sesiones de quimioterapia que recibía para su tratamiento de cáncer. “Quiero desdramatizar esto y compartirlo con la gente”, expresó en esa oportunidad. El presidente de la Fundación Huésped, Pedro Cahn, confirmó que fue médico de Peña en el tratamiento contra el sida “en algún momento, pero después él cambió a otro médico de su obra social”.

“Fernando era crónica de una muerte anunciada, hacía el tratamiento como él quería y eso lo llevó a esta situación”, expresó Cahn y sostuvo que “su enfermedad fue diagnosticada en forma tardía”. El especialista sostuvo que “alguna vez tuvimos alguna amable discusión sobre el tema, solía dar mensajes confusos sobre el tratamiento”.

“Vivió la vida a su manera, sabía a lo que se exponía al no cumplir el tratamiento. Es muy importante dar este mensaje, porque hoy el HIV no es mortal, es una enfermedad crónica y la gente no tiene por qué morir”, afirmó Cahn.

Las criaturas de Peña

Fernando Peña tenía en su haber 21 personajes. Estas “criaturas” (tal cual él las llamaba) eran parte de su programa de radio, sus obras de teatro e incluso algunos programas de televisión. Algunos de ellos, en su programa de radio, dialogaban entre sí. Cada una con su visión y opinion. Entre ellas se destacaban:

– Cristina Patricia Megahertz (La Mega): “A La Mega le tengo un cariño enorme, porque es difícil la vida de La Mega. Un travesti que tiene erecciones, que no se afeita los pelos, que no se anima a operarse de mujer porque no se siente completamente mujer, ella, que es más femenina que Mirtha Legrand, pero no se anima. Es mujer a su forma. Es una vida muy triste. No se anima a depilarse porque le tiene miedo al dolor… Una ternura”.

– Delia Dora Fernández de Fernández: Fantasma de mujer de clase media, reaccionaria. Marido militar.
“Cuénteme”, señorita. He sido profesora, rectora de un colegio, el Normal número 10, también juego a la canasta, soy presidenta del consorcio de mi edificio, tengo dos hijos, un varón y una nena. Cuando mi esposo y yo los tuvimos me hice dar un “pentotal” porque no quiero ni ver ni escuchar ni nada. Soy Católica Apostólica Romana, una mujer recta, correcta y decente, y quiero un país mejor, por eso soy presidenta del Movimiento Argentina a Reventar. ¿Qué piensa de los personajes de Peña?
Los detesto a todos, son una manga de inadaptados. Yo estoy muerta, señorita. Me mató el señor Dick Alfredo, soy un fantasma, bajo, subo, condeno y tiro vidrios desde arriba. Mi lema es “churú chu chu, hay que matarlos a todos”.

– Ricardo Alfredo Ñuñoa Cruz (Dick Alfredo): Mexicano y trisexual. Heroinómano. 32 años. “He tenido una infancia horrible, he cruzado por El Paso a Texas en un camión lleno de ganado, porque yo quería vivir en los Estados Unidos porque detesto Latinoamérica y Sudamérica, y Centroamérica. Amo a los Estados Unidos de Norteamérica. Menguele tenía razón, hay que hacer un mundo nuevo, con rubias y rubios, y gente inteligente.”

– Mario Modesto Sabino: “Sabino es un poco el Milagros en hombre. No se come ni la punta. No escucharía Radio 10. El sabe, tiene calle. Sabe que Hadad pone el concierto de Amadeus al aire libre porque es un demagogo. No es ningún boludo. ‘Por eso prefiero escuchar música.’ La 2×4. Igual, también sabe que la 2×4 es del gobierno, pero se hace el boludo porque elige hacerse el boludo”.

– Martín Revoira Lynch III: Gente bien de San Isidro, de familia patricia. Empresario y terrateniente. 36 años. ¿De dónde sos? De Buenos Aires. San Isidro. ¿Jugaste al rugby? Obvio. ¿Qué hacés? Tengo una mesa de dinero. No sé de qué te reís. Tu familia, ¿cómo es? Y… enorme. ¿Quién querés saber? Somos 475. La más cercana. Ah, ¿el núcleo? Mi viejo labura en una mesa de dinero. Mi vieja juega al bridge. ¿Con quién vivís? Con Pilar, mi mujer, y mi hijo Jerónimo, en Pilar. ¿En un barrio cerrado? Obvio. No se puede vivir más en este país de mierda, los negros nos están comiendo. ¿Tenés casa afuera? Tenemos una chiquitita, en Cariló, de 340 metros. Y después un campo en Olavarría y otro en Punta del Este, pasando José Ignacio.

– Milagros Dolores Guadalupe López López: “Milagros López es la abuela que todos queremos tener. Yo a veces juego a imaginarme cómo será Milagros. Como si Milagros existiera. Cuál sería su pecado peor, ¿se hace la paja? No… Sabe lo que es, porque no es boluda, y no es una negadora, pero nunca pasaría por esa bajeza de meterse los dedos en la concha. Sus pensamientos más oscuros de pronto son tan oscuros que ella no puede penetrarlos. Para mí, uno puede penetrarlos cuando ves la baranda de la escalera que te lleva al sótano. Pero cuando ni ves eso, está tan oscuro que sos Alicia en el país de las maravillas. Ella es muy clara. Convive mejor en el lado claro. No tiene sexo durante un mes o dos años con el marido y quizá se saca las ganas haciendo una torta. Clausura bien sus zonas sexuales”.

– Rafael Orestes Porelorti: Político corrupto. Diputado, senador. Hombre de influencias. 68 años.

Hace muchos años que estás en la radio? Preferiría que me trate de usted, señorita periodista.

Hace un montón que está en la radio? Sí, cómo no, empecé con mi gran amigo Lalo Mir. Año 94, desde que estoy en el gobierno. Antes fui abogado, juez, escribano, electricista. Ahora soy diputado, senador. ¿De Kirchner? Sí, ando negociando con otros partidos políticos. Soy un gran mediador de la coalición argentina.

¿Cuándo nació? En el año 1938, en Santiago del Estero, vine a Buenos Aires a los 14, jugaba a las bolitas con Duhalde y al truco con Cafiero. Mire, señorita, yo soy muy amigo de mis amigos. Lo mío es armonía, paz y bienestar.

Cero corrupción lo suyo. De ninguna manera, esa palabra no la conozco.

– Rubén Ramón Sixto Alegre (Palito): Pibe chorro de José León Suárez, hincha de Boca. 24 años.

¿Dónde naciste? En la calle. Le encajaron un tiro a mi vieja, y ¿cómo e’?, del susto se le abrió todo la vagina y salí yo. El que la mató era mi padre, que ya lo había dejado mi vieja por otro chabón, y estaba mi abuela, mi madre y yo, y mi padre le dijo a mi abuela que se dé cuenta que su hija era una puta, y cuide a la criatura.

¿Volviste a verlo? No, nunca má. Igual tengo seis padre yo. Uno policía, de la Federal.

¿Qué hacés? ¿Yo? Cualquier cosa, lo que vo quiera. Los sábado nos cagamo de risa, limpiamo vidrio, fumamo paco, vamo a afaná…

¿Qué te gustaría ser? Y… como Rodrigo Bueno, cantar cuarteto, o como Diego me gustaría ser. Canto una canción que es un hit en la radio: “Te voy a hacé el amor con la ropa puesta…”

– Bubba

– Monseñor Lago

– Osvaldo Jeringa

– Pepe (el obituarista)

– Elisa Rufino

– Johnatan Bermúdes

– María Elena Rinaldi

– Roberto María Flores

– Sepulturero

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