Francisco Toledo

Biografia OpusVida por dina

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Francisco Toledo es un pintor mexicano,considerado uno de los mas grandes artistas vivientes. (Juchitán, Oaxaca,17 de julio de 1940). Polifacético artista mexicano, considerado el más destacado del país, que ha trabajado con extraordinario colorismo la acuarela, el óleo, el gouache y el fresco, pero también la litografía, el grabado, el diseño de tapices, la cerámica o la escultura en piedra, madera y cera, buscando siempre renovar formas y técnicas. Hombre comprometido con sus orígenes indígenas, es uno de los máximos promotores de la defensa del patrimonio artístico del estado de Oaxaca. 

Contenido:

  1. Su historia
  2. Su obra
  3. Maestro de pintores
  4. Video
  5. Entrevista a Francisco de Toledo
  6. Galería de fotos de Francisco Toledo
  7. Premios  y Distinciones
  8. Otorgan al pintor mexicano Francisco Toledo Premio Nobel alternativo

Su Historia

Desde muy pequeño Francisco Toledo demostró una especial habilidad para el dibujo, y su padre alentó esa temprana tendencia al ceder a sus colores las paredes de la casa. Su abuelo Benjamín, zapatero del pueblo de Ixtepec, multiplicó su imaginación con salidas campestres en busca de resina vegetal, perladas de relatos populares en los que los seres fantásticos se entremezclaban con todo tipo de animales y personajes legendarios.

A los once años se instaló en la ciudad colonial de Oaxaca, para cursar la escuela secundaria. Y después en México, D. F., para tomar clases en el taller de grabado de la Escuela de Diseños y Artesanías, con la experiencia de haber realizado sus primeros grabados en el taller oaxaqueño de Arturo García Bustos. Con apenas diecinueve años, expuso sus obras en México y en Fort Worth (Texas).

En la década de 1950, inicia sus estudios artísticos en la gráfica, en el taller de grabado de Arturo García Bustos. Posteriormente ingresa al Taller Libre de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en la Ciudad de México. En 1959 exhibe sus obras en la Galería Antonio Souza y en el Fort Worth Center, en Texas

Francisco Toledo es inigualable. Es un experto impresor, dibujante, pintor, escultor y ceramista. Su arte y plástica refleja una gran apreciación por la estética de la naturaleza, particularmente la de animales que no son convencionalmente asociados con la belleza (murciélagos, iguanas, sapos, insectos). La visión moral de Toledo afirma que el mundo de los humanos y el de los animales son uno con la naturaleza. Toledo muestra un sentido de lo fantástico muy bien desarrollado al crear criaturas híbridas, parte humanas y parte animal, a la vez monstruosas y juguetonas, sus hermosos papalotes, libretas artesanales, máscaras, joyería e intrínsecos grabados son otra muestra de su genialidad.

El gran contraste y el mestizaje enriquecedor se produjeron entre 1960 y 1965, cuando Toledo vivió becado en París para estudiar y trabajar en el taller de grabado de Stanley Hayter. A los tres años de estar en Europa presentó su primera muestra en una galería parisiense; un año más tarde expuso en Toulouse, pero también en la Tate Gallery de Londres, con catálogo escrito por Henry Miller, y en Nueva York. En Francia fue reconocido en seguida como un artista singular, especialmente celebrado, como escribió André Pierre de Mandiargues en 1964, por su «desarrollo de lo mítico» y su «sentido sagrado de la vida».

Su obra

El artista zapoteco se ha dedicado a promover y difundir la cultura y las artes de su estado natal, Oaxaca, donde actualmente reside. Con apoyo de otras instituciones funda en octubre de 1997 el Taller Arte Papel Oaxaca, instalado en la antigua planta hidroeléctica “La Soledad”. Dentro de este contexto, fundó Ediciones Toledo, que en 1983 publicó su primer libro, y en 1988 creó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO). Fue ganador del Premio Nacional de Bellas Artes en 1998. En 2005 recibe El Premio al Sustento Bien Ganado por dedicarse a la protección y mejora de la herencia, ambiente y vida de la comunidad de su natal Oaxaca A iniciativa suya se abre el 20 de marzo del 2006 CASA (Centro de Artes de San Agustín) en Etla, Oaxaca en donde se estudia fotografía, gráfica digital, diseño textil, educación a distancia, la preservación del patrimonio y el arte, enfocados también al medio ambiente.

Hay obras suyas en los Museos de Arte Moderno de México, París, Nueva York y Filadelfia, en la New York Public Library, la Tate Gallery de Londres y la Kunstnaneshus de Oslo, entre otros. Ha ilustrado varios libros, y ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales en ciudades como Nueva York, Londres, París, Ginebra, Oslo, entre otras.

Regresó a México con una técnica pictórica depurada que no dejaría de enriquecer, así como con la influencia de ideas plásticas de artistas de distintas escuelas europeas, como Alberto Durero, Paul Klee o Marc Chagall. Aunque, en realidad, su mayor influencia provino de los códices que recogieron los símbolos prehispánicos: con todas sus formas rabiosamente contemporáneas, el artista será un tlacuilo, un moderno e ilustre pintor de códices, y un chamán dispuesto a purificar el espíritu para devolver el goce al cuerpo.

Los críticos resaltan que el modo obsesivo con que el artista trabaja las texturas y los materiales, tales como la arena o el papel amate (el papel precolombino, hecho con corteza machacada del árbol llamado amatl o amate), así como la maestría con la que materializa su creación consiguen el efecto de que su obra parezca vibrar como si la criatura híbrida de animal y hombre, o el insecto, o la iguana, o cualquiera de sus seres tropicales pugnaran por cobrar vida real. Esa sensación inquietante que percibe el observador de la obra acaba por meterlo irremisiblemente en la visión, en el realismo fantástico del autor.

Maestro de pintores

Tanto su estilo como su forma metafórica de representar el mundo crearon escuela, sobre todo entre los pintores oaxaqueños, y muchos son los que pintan como Toledo. Pero su obra y su personalidad son únicas. Entre los cuadros que Luis Cardoza y Aragón llamó «cantos a la fertilidad» y otros amores, tres mujeres le dieron cinco hijos. Cena tamalitos de chipil (una hoja silvestre que le da sabor a esa masa de harina de maíz) sentado en la acera de la calle. Calificado de huraño y retraído, prefiere el silencio y se ríe con las versiones dispares que corren sobre su vida. Se junta más que con pintores, con poetas juchitecos amigos, con otros poetas mexicanos de los que ha publicado numerosos libros en Ediciones Toledo. Su obra habla por él. Y también sus actos.

Con los años, Francisco Toledo se afianzó como la gran personalidad de Oaxaca, capital indígena, provinciana y cosmopolita. El artista fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), que cuenta con el mayor acervo de obra gráfica de creadores internacionales y una completa biblioteca de arte, además de publicar El Alcaraván, una revista imprescindible en el mundo del grabado.

Toledo creó en Etla, cerca de la ciudad de Oaxaca, un Taller de Papel de materiales orgánicos que da trabajo a la población y rescató parte de una factoría de hilados; en la ciudad, abrió un cine club gratuito, El Pochote, con muros recubiertos con sus bajorrelieves. Potencia el mundo cultural y las posibilidades artísticas de los invidentes con bibliotecas, exposiciones palpables o escuelas de arte y fotografía; lleva libros a las cárceles.

Al frente de la organización Pro-Oax, recupera ex conventos, logra canalizar y tratar aguas negras, o encabeza en la calle movimientos para defender las tradiciones y la comida oaxaqueñas, e igual se opone tenazmente a la apertura de una hamburguesería en la plaza central de su ciudad, que organiza «tamalizas» o reparte tortillas de maíz criollo para mostrar el valor culinario local frente a las compañías multinacionales o los alimentos transgénicos. Casi siempre desaliñado y con huaraches en los pies, resecos como su tierra, Francisco Toledo se ha convertido, como su obra, en símbolo y expresión de los más profundos mitos de México.

El mercado de San Juan (Distrito Federal) El tequila, un regalo de México para el mundo Huixquilucan, donde confluyen las aguas (Estado de México) Coyoacán, barrio de mis amores, Distrito Federal Historias de un anciano en Real del Monte (Hidalgo) El juego de las canicas en México

Entrevista a Francisco Toledo (Por Consuelo Guti)

A Francisco Toledo no le gusta hablar de sí mismo.

Es modesto e introvertido y trata de pasar lo más inadvertido posible, aunque pocas veces lo logra, ya que su delgada figura y su rostro moreno de facciones finas han llegado a ser familiares para la mayoría de los oaxaqueños y para los extranjeros que frecuentan la cafetería del Museo de Arte Contemporáneo, o la del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), con la esperanza de ver al maestro y, de ser posible, estrechar su mano.

La fama no ha hecho cambiar la forma de pensar ni de vivir de Francisco Toledo; tampoco su manera de vestir: él continúa usando camisa y pantalón de manta. Mientras el mundo que lo rodea trata precisamente de destruir, o al menos de cambiar, su patrón de vida por uno que no tiene nada que ver con el buen gusto y cultura tradicional del indígena oaxaqueño, él ha logrado conservar su vida austera y carente de pretensiones.

Accedió gustoso a narrarnos algunas etapas de su vida, permitiéndonos llegar así a lo que nos interesaba: el ser humano, ya que del artista se escribe con frecuencia.

Por fin, iniciamos la entrevista. El maestro, con un gesto de sorpresa, nos preguntó: “¿así nada más?”, esperando quizás que sacáramos de nuestros bolsos el equipo que se supone deben traer siempre las entrevistadoras. Sin embargo, ya había sido advertida de que al maestro no le gustan mucho las grabadoras, lo que, dicho sea de paso, me alegró muchísimo, pues no quería restarle espontaneidad a la entrevista.

Francisco, nos gustaría que hablaras de tu infancia.

Nací en Juchitán, Oaxaca, en una familia de siete hermanos y en medio de una polémica entre dos familias que tenían puntos de vista políticos diametralmente opuestos. Ambas vivían luchando sin darse tregua. Mi abuelo, cansado de esta situación, decidió mudarse con toda la familia a Ixtepec. Pasados algunos años, mis padres resolvieron ir a buscar fortuna a Minatitlán, Veracruz, en donde pasé los primeros años de mi vida.

¿Desde entonces te gustaba la pintura?

Sí, tanto que en cierto momento mi padre tomó la decisión de enviarme a estudiar a Oaxaca, sobre todo cuando se dio cuenta de que en nuestra casa ya no quedaban muros donde pudiera seguir dibujando.

¿Háblanos de tu vida en la ciudad de oaxaca?

Los estudios secundarios en Oaxaca incluían como materia obligatoria arte y los alumnos podíamos escoger entre pintura, escultura, música, cerámica o danza. Fue aquí, en el Instituto de Bellas Artes, donde inicié mis estudios de pintura en compañía de otros destacados alumnos, entre otros Virgilio Gómez, quien influyó mucho en mí, ya que me contagió su gran admiración por la belleza de la ciudad de Oaxaca y me convenció de que había que luchar por conservarla. Desde entonces y hasta hoy, apoyado por un grupo de ciudadanos oaxaqueños reunidos en la Fundación Pro-Oax, he luchado por salvaguardar el patrimonio histórico, cultural y ecológico del estado.

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