Obras
Ninguna de sus obras se ha conservado, pero se conocen gracias a sus discípulos, como Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría, el Hebreo.
- Comentario a la Aritmética en 14 libros de Diofanto de Alejandría.
- Canon astronómico.
- Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga, su obra más importante.
- Edición del comentario de su padre a Los Elementos de Euclides.
Además de cartografiar cuerpos celestes, confeccionando un planisferio, también se interesó por la mecánica. Se sabe que inventó un destilador, un artefacto para medir el nivel del agua y un hidrómetro graduado para medir la densidad relativa y gravedad de los líquidos, precursor del actual aerómetro, descrito por Sinesio de Cirene:
…es un tubo cilíndrico con la forma y dimensiones de una flauta, que en línea recta lleva unas incisiones para determinar el peso de los líquidos. Por uno de los extremos lo cierra un cono, adaptado en posición idéntica, de manera que sea común la base de ambos, la del cono y la del tubo. Cuando se sumerge en el líquido ese tubo, que es como una flauta, se mantendrá recto, y es posible contar las incisiones, que son las que dan a conocer el peso.
Sinesio también la defendió como inventora del astrolabio, aunque astrolabios más tempranos precedan el modelo de Hipatia al menos un siglo —y su propio padre fue famoso por su tratado sobre ellos.
Legado
Antigüedad tardía
Al poco de su muerte se publicó en su nombre una carta falsificada que atacaba al cristianismo. Varias décadas después, a comienzos del siglo VI, el filósofo pagano Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas, exiliado en Persia tras su cierre por Justiniano el Grande en 529, culpó directamente a los cristianos y fue el primero en achacar expresamente el crimen al patriarca Cirilo, atribuyéndolo a los celos que sentía de la influencia de Hipatia sobre la oligarquía urbana. Al tener una intencionalidad tan manifiesta, Damascio es una fuente problemática. Brian Whitfield considera que actuó “deseoso de explotar el escándalo de la muerte de Hipatia”, y que con él se inicia una larga serie de manipulaciones malintencionadas de los hechos históricos con objeto de convertir a Hipatia en una mártir del Helenismo, víctima de los malvados cristianos —en buena medida al igual que otro mitificado personaje, el emperador Juliano el Apóstata—.
Durante mucho tiempo se sostuvo que uno de los epigramas de la Antología Palatina, atribuido al poeta Palladas, estaba dedicado a Hipatia:
Reverenciada Hipatia, ornamento del saber,
estrella inmaculada de sabia formación,
cuando os veo a ti y a tu discurso,
yo te adoro mirando al hogar celestial de la Virgen,
porque tus quehaceres están en el cielo.
Sin embargo, Georg Luck, profesor emérito de la Universidad de Harvard, argumentó con gran solidez que ni el poema era de Palladas ni tenía nada que ver con la filósofa. Para Luck no se trataría sino del epitafio que otro poeta, Panolbio, dedicó según la Suda a Hipatia, hija de un alto funcionario imperial de la segunda mitad del siglo V, el prefecto del pretorio Eritrio, y fundadora de una iglesia en honor de la Virgen: el “hogar de la Virgen”, una figura poética repetida en toda la poesía bizantina.
Con la cristianización de la Escuela Filosófica de Alejandría en tiempos de Justiniano I, el peso de Hipatia entre los filósofos paganos se contrapesó con la figura de Santa Catalina de Alejandría, a quien se consagró un gran monasterio en el Sinaí. Eventualmente, la historia de ambas mujeres empezó a confundirse, llegando a afirmarse que la historia de su martirio fue un invento para contrarrestar el de la pagana Hipatia.
Mundo moderno
En el siglo XIV, el historiador Nicéforo Grégoras describió a la virtuosa emperatriz Eudoxia Makrembolitissa como “segunda Hipatia”.
En sus Memoires pour servir à l’histoire ecclésiastique… (1693), el abate jansenista Le Nain de Tillemont exculpaba a Cirilo considerando lo contraproducente que fue este crimen, algo impropio de un político tan astuto como era el Patriarca.
A comienzos del siglo XVIII, el erudito deísta John Toland usó su muerte como base para un extenso panfleto anticatólico titulado “Hipatia, o la historia de una las damas más hermosas, virtuosas, cultas y distinguidas en todos los aspectos; que fue despedazada por el clero de Alejandría para satisfacer el orgullo, la envidia, y la crueldad de su arzobispo, común pero inmerecidamente llamado San Cirilo, donde la califica de “encarnación de la belleza y el saber”, sosteniendo que los varones deberían “avergonzarse para siempre de que pudiera encontrarse entre ellos alguien tan brutal y salvaje como para, en lugar de embriagarse con la admiración de tanta belleza y sabiduría, manchar sus manos de la manera más bárbara con la sangre de Hipatia, y sus almas impías con el estigma de haber cometido un crimen sacrílego”. La obra de Toland es considerada una de las más influyentes en la formación del mito de Hipatia. Su publicación condujo a que Thomas Lewis escribiera una refutación en 1721: “La Historia de Hipatia, la imprudentísima maestra de Alejandría: asesinada y despedazada por el populacho, en defensa de San Cirilo y el clero alejandrino. De las calumnias del señor Toland”.
Otro abate jansenista, Claude Pierre Goujet, realizó también una gran defensa de San Cirilo en su carta incluida en los vols. V y VI de la Continuation des Mémoires de litterature et d’histoire, del padre Desmolets (1728). Por su parte, Voltaire se valió de la filósofa para dejar clara su aversión por la Iglesia, considerando la muerte de Hipatia “un asesinato bestial perpetrado por los sabuesos tonsurados de Cirilo, con una banda de fanáticos a sus espaldas”. Con ello pretendía demostrar que el fanatismo religioso producía el exterminio de los genios y la esclavitud de los espíritus. En su particular hostilidad hacia todo lo cristiano, el historiador inglés Edward Gibbon indicaba que Cirilo estaba tan celoso de su influencia y de la popularidad que “alentó, o aceptó, el sacrificio de una virgen, que profesaba la religión de los griegos”, y nunca fue castigado por tal crimen, ya que “la superstición quizá expía de mejor grado la sangre de una virgen que el destierro de un santo”. Gibbon hacía a Cirilo culpable no sólo de la muerte de Hipatia, sino de todos los problemas del Egipto de la época, sin citar fuentes.
Con la irrupción del Romanticismo, el siglo XIX supuso el auge del mito literario de Hipatia. En 1827 la condesa italiana Diodata Saluzzo Roero sugirió en Ipazia ovvero delle Filosofie, un poema en dos volúmenes, la extravagante teoría de que en realidad Hipatia fue convertida por Cirilo al Cristianismo, pero que fue asesinada por un “sacerdote traicionero”. Por su parte, Charles Leconte de Lisle publicó un poema titulado Hypatie (1847), en que la filósofa era otra víctima de un mundo, el Antiguo, que se apagaba. En una segunda versión, de 1874, la “necesidad histórica” era ya sustituida por el ataque contra el Cristianismo. En el poema, una Hipatia enamorada de la belleza del universo se encara con el cerril y dogmático obispo Cirilo.
El escritor británico Charles Kingsley realizó en 1853 una pintoresca novela de ficción titulada Hypatia, or New Foes with an Old Face,que retrató a la erudita, en realidad casi anciana al morir, como una joven “heroína desvalida, pretenciosa y erótica”, que encarnaba “el espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita” (sic). La filósofa presenta en la novela un odio visceral por el Cristianismo, y es correspondida por el envidioso y despótico Cirilo, que trata de sabotear sus clases. El prefecto Orestes, un intrigante dipsómano, involucra a la filósofa en sus ambiciones al trono imperial, proponiéndole matrimonio. Hipatia se acaba desengañando de él a medida que crece el conflicto entre el obispo y el prefecto, y acaba por sufrir una crisis espiritual justo antes de su asesinato, siendo convertida por un cristiano judío llamado Rafael Aben-Ezra. La idea central es la de Hipatia como icono de un mundo de armonía clásica que se desvanece ante el avance de una religión supersticiosa que esclaviza la razón.
Películas
Ágora es el título de una película española dirigida por Alejandro Amenábar estrenada en España el 9 de octubre de 2009. La protagonista, interpretada por Rachel Weisz, es la matemática, filósofa y astrónoma Hipatía de Alejandría .
La película ganó 7 Premios Goya, incluyendo Mejor Guión original para Alejandro Amenábar y Mateo Gil, lo que la convirtió en la segunda película más premiada de la XXIV edición de los Premios Goya de la academia de cine español.