Jack Lemmon

Biografia OpusVida por dina

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John Uhler Lemmon III, más conocido como Jack Lemmon, fue un actor de cine estadounidense.

Nació en Newton, Massachusetts, EE.UU., el 8 de febrero de 1925 y falleció en Los Ángeles, California, EE.UU., el 27 de junio de 2001.

Ganador del Premio Óscar al mejor actor de reparto 1955 por la película Mi hermana Elena (1955) de Richard Quine, y delÓscar al mejor actor 1974 por su interpretación en la película Salvad al tigre (1973) de John G. Avildsen . El actor comienza a asomarse a las pantallas en los la década de 1950, en colaboración con el realizador Richard Quine, con roles secundarios en clásicos como Marino al agua (1953) junto a Mickey Rooney y Dick Haynes, un musical de marineros que oscila entre la comedia y el drama, y remite lejanamente a Un día en Nueva York; Mi hermana Elena (1955) secundando a Janet Leigh, Operación gran baile (1957), comedia de ambiente militar donde Lemmon actúa su primer papel de co-protagonista, junto a Dirk York; y Me enamoré de una bruja (1958) con James Stewart, Kim Novak y Elsa Lanchester.

El actor va ampliando su registro en otros títulos como Una rubia fenómeno (1954), con Judy Holliday y Charles Bickford, de George Cukor); Pfhht!, comedia musical de Mark Robson; Fuego escondido (1957) con Robert Mitchum y Rita Hayworth; Cowboy (1958) con Glenn Ford, dirigido por Delmer Daves; y Con faldas y a lo loco (1959), junto a Tony Curtis, Marilyn Monroe, George Raft y Joe E. Brown, en una parodia del cine de gángsters, que supone su primer y decisivo encuentro con el realizador Billy Wilder.

Contenido:

  1. A Hollywood, vía Nueva York
  2. Un actor polifacético
  3. Con Walter Matthau en Primera Plana (1969)
  4. Video: Fragmentos de la película “La extraña pareja” con su amigo Walter Matthau
  5. Fallecimiento
  6. Múltiples galardones
  7. Galería de fotos de Jack Lemmon
  8. Filmografía

A Hollywood, vía Nueva York

Con un préstamo de su padre, Lemmon se fue a Nueva York y comenzó a ganarse la vida en el Old Nick Saloon, un local de la Segunda Avenida donde acompañaba al piano la proyección de películas mudas -cuando no cantaba o bailaba-, antes de trabajar como actor en la radio y, casi enseguida, en la televisión.

Entre 1948 y 1952 participó en casi todos los shows televisivos de la época (Robert Montgomery Presents, Danger, The Goodyear TV, Playhouse, Kraft Television Theater, Studio One, Suspense, The Frances Langford-Don Ameche Show) e intervino en más de quinientos episodios de comedias en serie que se emitían en directo (That wonderful guy, 1949; Toni Twin time, 1950; The Ad-libbers, 1951; Heaven for Betsy, 1952). En una de ellas formó pareja con la actriz Cynthia Stone, con quien se casó en 1950 y cuatro años después tuvieron a su primer hijo, Christopher.

Cuando llevaba poco más de un año en los escenarios de Broadway, Harry Cohn, el «zar» de la Columbia Pictures, lo llamó a los estudios de Hollywood y le extendió su primer contrato cinematográfico. Le sugirió que cambiara las emes de su apellido, que remitían al cítrico, por enes (lo que daba lugar a «Lennon»). Sin embargo, el actor fue firme en su negativa. En cambio, estuvo de acuerdo en llamarse Jack en lugar de John. (La anécdota cobra mayor sentido hoy, porque de haber sucedido lo opuesto, habría habido un primer John Lennon famoso anterior al integrante de los Beatles.)

Esta entereza despertó la admiración de Cohn, quien unos días después le daba un papel junto a Judy Holliday en La rubia fenómeno (1954), de George Cukor. No podía haber tenido un mejor comienzo. La primera vez que se puso ante la cámara y dijo sus frases del modo que mejor sabía, el que aprendió en las tablas, Cukor exclamó: «Ha estado magnífico, señor Lemmon; repetiremos la toma y ahora trate de actuar un poco menos». Al cabo de una docena de repeticiones y otras tantas idénticas recomendaciones del director, Lemmon se enfadó: «Como siga así, acabaré por no actuar». Y Cukor, con una sonrisa, le respondió: «Pues de eso se trata, señor Lemmon… Veo que nos vamos entendiendo». El actor debió de grabarse a fuego esa lección magistral, porque a partir de entonces supo refrenar esa propensión al histrionismo sin quitar un ápice de su exuberante gestualidad, pero sin dar jamás la impresión de estar actuando.

Un actor polifacético

Así lo entendió la Academia de Hollywood, que le otorgó el Oscar al mejor actor de reparto por su primer papel importante, el del alférez en Escala en Hawai (1955), una pieza teatral de Joshua Logan que llevó a la pantalla John Ford y acabó de dirigir Mervyn LeRoy. La popularidad que le dio el premio lo convirtió en un actor imprescindible para las comedias de la época.

Uno de sus más finos realizadores, Richard Quine, contó con él para seis de sus películas. Y el célebre Billy Wilder -del que protagonizó siete obras brillantes a lo largo de veintidós años- escarbó más en el personaje y, detrás de ese don innegable, esa mímica y esos característicos tics, encontró al alter ego del estadounidense medio y del hombre común de cualquier gran ciudad, hasta el punto de que los estudios lo promocionaron, por entonces, con el eslogan: «El tipo que les va a caer bien»… Desde luego, no se equivocaban.

 

Wilder utilizó las dos vertientes en las dos primeras películas en que lo dirigió, las inolvidables Con faldas y a lo loco (1959), junto a Marilyn Monroe y Tony Curtis, y El apartamento (1960), junto a Shirley MacLaine, y ambas llevaron al actor a sendas candidaturas al Oscar.

La década de 1960 va a suponer su gran momento de popularidad y de reconocimiento por parte de la crítica: El apartamento (1960), junto a Shirley MacLaine y Fred McMurray, con la música de Henry Mancini, pone de relieve la maestría de este actor para dominar los matices de un personaje tan sencillo, como rico en matices, que se deja arrastrar en su afán de no desairar a sus superiores en la empresa en que trabaja. Película y guión lograron un Óscar, a la dirección artística, la fotografía en blanco y negro.

Pero Lemmon escondía aún otras sorpresas, y las puso al descubierto Blake Edwards al darle el primer papel realmente dramático de su carrera en Días de vino y rosas (1962), que le valió una nueva nominación.  Ese mismo año, protagonizó la comedia La misteriosa dama de negro (1962), nuevamente con el director Richard Quine y Kim Novak.

Más tarde, Wilder iba a revelar nuevas facetas del intérprete, de nuevo junto a Shirley MacLaine, en Irma la dulce (1966), un musical en clave de vodevil que constituyó uno de los grandes éxitos de la época.

Antes, hacia 1956, cuando las mieles de Hollywood empezaron a endulzar su trayectoria, su vida familiar comenzó a tambalearse y muy pronto se resolvió en divorcio. En agosto de 1962, ya consagrado para siempre como uno de los intérpretes más dotados del cine, volvió a contraer matrimonio con otra actriz, la delicada y poco prodigada Felicia Farr, madre de sus hijos Courtney y Denise y fiel compañera durante los cerca de cuarenta años de vida que le quedaban al actor. Así es que todavía había mucho por hacer. Entre otras cosas, conocer a su «extraña pareja», Walter Matthau, y formar uno de los grandes binomios cómicos de la historia del cine.

En 1966 Jack Lemmon se unió a Walter Matthau por primera vez, para llevar al cine la obra teatral de Neil Simon adaptada por Gene Sacks: La extraña pareja. Este film les convierte en estrellas, y les lleva a repetir dúo en varias ocasiones, en los filmes de Billy Wilder: En bandeja de plata (1968); Primera plana (1974) (realizando una nueva versión de la obra de Ben Hecht ya llevada al cine en 1931 por Lewis Milestone como Un reportaje sensacional y en 1940 por Howard Hawks como Luna nueva), y en Aquí un amigo (1981) y La extraña pareja otra vez (1998).

Las décadas de 1970 y 1980 inician la madurez interpretativa del actor, con incursiones en un cine más comprometido y dramático que antaño: El prisionero de la segunda avenida (1975), de Gene Sacks, junto a Anne Bancroft.

Fue nominado de nuevo al Óscar por su papel en Desaparecido de (Costa-Gavras, 1982), basado en la historia real del periodista estadounidense Charles Horman, que, tras desaparecer durante el golpe de estado de Augusto Pinochet en Chile, es buscado por su padre (papel interpretado por Lemmon).

Asimismo, Lemmon realizó destacadas interpretaciones teatrales Long day’s journey into night (1986), y televisivas El asesinato de Mary Phagan, W. Hale, (1988).

Con Walter Matthau en Primera Plana (1969)

Wilder accedió a regañadientes; luego el éxito del filme le llevó a reunirlos en otras dos películas: el segundo remake de Primera plana (1969) y la producción con la que decidió cerrar su fecunda filmografía, Aquí un amigo (1981). Sin embargo, los actores llegaron a protagonizar juntos otros cinco títulos más. El último fue La extraña pareja, otra vez (1998), que dirigió Howard Deutch. Sin la batuta de Wilder, no importaba demasiado el director: allí estaban ellos, dos setentones más ágiles y vivos que nunca, en un nuevo intento de revitalizar esa experiencia conjunta que en la vida real los llegó a convertir en grandes amigos.

Matthau adoraba a Lemmon y le estaba infinitamente agradecido. Era el responsable de su tardío triunfo cinematográfico, algo que entonces ya no esperaba. Y fue también el actor que aquél eligió -además de a su propia esposa, Felicia Farr- para su debut como realizador: Kotch (1971), un papel que le valió la primera candidatura al Oscar como protagonista. Walter Matthau murió justo un año antes que Lemmon, el 1 de julio de 2000. Billy Wilder, en plena lucidez a sus noventa y cinco años, pudo asistir a ambos entierros.

Video: Fragmentos de la película “La extraña pareja” con su amigo Walter Matthau

Fallecimiento

Jack Lemmon murió el 27 de junio de 2001 en Los Ángeles (California) como consecuencia de un cáncer de colon. Está enterrado en el Westwood Village Memorial Park Cemetery, en Westwood (Los Ángeles), muy cerca de las tumbas de Walter Matthau y Billy Wilder. Su epitafio reza, simplemente, “Jack Lemmon in” (en español, “Jack Lemmon está aquí”). Desde sus primeras apariciones en la gran pantalla reveló su talento para la comedia de enredos y, más tarde, se convirtió en emblema del género de comedia ácida que “invade” el costumbrismo para hacerse sátira, centrándose en interpretar personajes que hacen referencia al hombre medio estadounidense, un tipo corriente que, entre torpe e inteligente, suele llevar las de perder (sea en el amor, el trabajo, el juego, etc) y conmueve por su patetismo. Gracias a su capacidad para bordar este tipo de situaciones emocionales, Lemmon logra anclarse en la memoria de varias generaciones de espectadores de todo el mundo y ha pasado, merecidamente, a la Historia del cine.

Múltiples galardones

Lemmon fue uno de los tres únicos actores nominados al Oscar en ocho ocasiones. Lo obtuvo en dos, la segunda como protagonista por Salvad al tigre (1973), de John G. Avildsen. También fue el único estadounidense que ganó dos veces casi consecutivas la Palma de Oro en Cannes con dos papeles dramáticos, los de El síndrome de China (1979), de James Bridges, y Desaparecido (Missing, 1981), de Constantin Costa Gavras, y Venecia lo premió por Glengarry Glen Ross (1992). Fue, asimismo, varias veces reconocido con los premios Emmy televisivos -el último, un año antes de su muerte, por Los martes con Morrie (1999)- y contaba en su haber con cuatro Globos de Oro.

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