Desde los estudios realizados por Heinrich Wölfflin, es un tópico considerar que el arte se desarrolla en períodos sucesivos de afirmación y de crisis. El Barroco es considerado como un período de crisis y se vincula con la posmodernidad debido a su pesimismo e ironía esenciales. Se relacionan algunas canciones de Sabina como «Calle Melancolía», «Inventario» o «Siete crisantemos» con el esprit du temps barroco. El Barroco expresa la conciencia de una crisis, visible en los agudos contrastes sociales, el hambre, la guerra y la miseria. De la misma forma, España en los años 80, años en los que se publica la canción «Calle
Melancolía», se caracteriza por ser «una sociedad marcada por el paro, la desesperanza, el miedo atómico, la frustración laboral y académica, el absentismo, el terrorismo,… junto con unas ganas de vivir a toda prisa, cierta euforia cultural, la confianza en las instituciones democráticas; y todo ello cifrando su hipotética salvación en un individualismo abrumador».
Esta situación se refleja en «Calle Melancolía», en la que encontramos versos con amargos desengaños «no hallo más que puertas que niegan lo que esconden»; dolor vital, «por las paredes ocres se desparrama el zumo / de una fruta de sangre crecida en el asfalto»; desesperación, «me enfado con las sombras que pueblan los pasillos»; desamparo, «trepo por tu recuerdo como una enredadera / que no encuentra ventanas donde agarrarse»; y, posiblemente, los versos que mejor definen la España de los primeros años del postfranquismo: «un barco enloquecido / que viene de la noche y va a ninguna parte».
Fredric Jameson afirmaría al respecto que lo posmoderno es «la lógica cultural del capitalismo tardío» y que, en rigor, no existe una ruptura epistémica con los postulados de la Modernidad. Umberto Eco define la posmodernidad como la «fase manierista de la Modernidad». La posmodernidad en la literatura española se inicia con los primeros poetas de posguerra y su giro hacia un «yo» autorreflexivo a la vez que la incorporación de la denominada «voz social», lo que deriva, según Laura Scarano, en «el programa poético de Gabriel Celaya en los años 50 con su propuesta de una poesía-canción», aunque ya se percibía este giro en autores de la generación del 27 como Federico García Lorca.
Las letras de Sabina poseen un amplio abanico de influencias que van desde los cancioneros del rock anglosajón (con autores como Bob Dylan, Leonard Cohen o The Rolling Stones), el folklore latinoamericano (Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Chavela Vargas o José Alfredo Jiménez), el tango (Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi o Celedonio Flores) la canción melódica francesa (Georges Brassens) hasta poetas vanguardistas hispanoamericanos como César Vallejo, pero también Pablo Neruda, Raúl González Tuñón y Rafael Alberti o a los autores que forman parte de sus primeras lecturas en su juventud, que incluyen a Fray Luis de León y Jorge Manrique así como el resto de la tradición española. Por encima de todos estos autores destaca la influencia de Francisco de Quevedo, aunque Sabina insiste en que su máxima influencia entre la poesía española contemporánea es la de Jaime Gil de Biedma.
El sarcasmo, la ironía y la mordacidad son determinantes en la obra poética de Joaquín Sabina, al igual que en la de Quevedo. Las características formales básicas del Barroco se hacen patentes asimismo en sus letras: léxico de uso corriente entrelazado con cultismos, equívocos, retruécanos, contrastes y antítesis, así como construcciones anafóricas y enumeraciones asindéticas, estos últimos, las dos principales figuras retóricas de la poética sabiniana.
«Contigo» como ejemplo barroco de la poesía sabiniana
Los discos más significativos y en los que Sabina alcanza la cumbre de su barroquismo por encima del resto de álbumes de su discografía son Yo, mí, me, contigo y 19 días y 500 noches. En el primero, porque ha sido atiborrado deliberadamente de lecturas en clave, y en el segundo, porque se muestra definitivamente dueño de sus recursos de estilo. El título del disco Yo, mí, me, contigo revela la metatextualidad consciente de Sabina, ya que enuncia los pronombres de primera persona del singular y los contrapone con uno de la segunda persona en último lugar, elaborando un juego de palabras. Se pueden establecer comparaciones entre la canción «Contigo» de Sabina45 y el soneto de Quevedo «Amor constante más allá de la muerte».
«Contigo» se vale de la anáfora en las estrofas que constituyen la primera y segunda partes de la canción, donde el «Yo no quiero» se repite dieciocho veces a lo largo de ellas formando, por tanto, dieciocho versos endecasílabos, una de las métricas preferidas del Barroco, la mayoría de ellos consecutivos. Como efecto de significación, el «Yo no quiero» ofrece a la vez la preeminencia del enunciador en primera persona y su definición por la negativa, otro rasgo barroco, de una concepción del amor que reniega (al igual que ocurría en el «Romance de la gentil dama y el rústico pastor») del amancebamiento/aburguesamiento del sujeto poético, para oponerlo antitéticamente, al final de cada parte, a la afirmación de «Lo que yo quiero».
El segundo recurso propio del Barroco lo encontramos en el uso arcaizante del ablativo absoluto «corazón cobarde», que puede ser una aposición del «yo» poético como un vocativo que apela al «tú» femenino («lo que yo quiero, corazón cobarde, / es que mueras por mí»). Por paralelismo con la segunda parte de la canción, se podría pensar que se trata de lo segundo, dado que los versos equivalentes son «lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, / es que mueras por mí», pero esta lectura restaría la ambigüedad buscada por el poeta a la hora de componer los versos.
El tercer caso puede calificarse como una reescritura que Sabina hace de Quevedo, es decir, la asimilación por parte de Sabina de un texto ajeno escrito por Quevedo desarrollando una escritura propia del mismo y superando la mímesis. Por tanto, el «Y morirme contigo si te matas / y matarme contigo si te mueres, / porque el amor cuando no muere mata, / porque amores que matan nunca mueren» podría considerarse una especie de glosa de todo el soneto «Amor constante más allá de la muerte» de Quevedo.
Por último, el estribillo de «Contigo» es otra clara muestra del barroquismo de la canción, ya que desarrolla en sus cuatro versos una estructura de paralelismo entre sí en los dos primeros y en los dos últimos, comenzando una vez más de forma anafórica («Y…», «Porque…») y a la vez un quiasmo versal entre el primero y el segundo y entre el tercero y el cuarto. Es decir, en cada par de versos se juega con lo especular, que se reduplica en la especularidad entre los dos pares. Además, las cuatro conjugaciones distintas de los verbos «matar» y «morir» son antitéticos entre sí.
Curiosidades de Joaquín Sabina
Tiene 2 hijas, Carmela (1989) y Rocío (1991). Por otro lado, su padre, comisario de policía, le detuvo a los 19 años por pertenecer al Partido Comunista.
En 1974, el ex beatle George Harrison le dio una propina de 5 libras cuando Sabina tocó para él en su cumpleaños, y el propio Bob Dylan le prohibió tocar la versión paródica que hizo del tema In the beginning, que él llamó Con su bikini.
El director de la discográfica CBS le ofreció su primer contrato con la referencia de una canción suya que sonaba entonces por TVE, “¡Qué demasiao!”: la cantaba Pulgarcito en el “Popgrama” de Carlos Tena.
La canción Pongamos que hablo de Madrid fue grabada por Antonio Flores antes que por Sabina, y alcanzó el número 1 en los 40 Principales.
En 1997 le recibió Fidel Castro, con quien conversó durante cinco horas.
Discografía
Álbumes de estudio
Inventario (1978)
Malas compañías (1980)
Ruleta rusa (1984)
Juez y parte (1985), con Viceversa.
Hotel, dulce hotel (1987)
El hombre del traje gris (1988)
Mentiras piadosas (1990)
Esta boca es mía (1994)
Yo, mi, me, contigo (1996)
Enemigos íntimos (1998), con Fito Páez.
19 días y 500 noches (1999)
Dímelo en la calle (2002)
Alivio de luto (2005)
Vinagre y rosas (2009) (+250.000 copias entre España y Argentina)
Álbumes en vivo
La mandrágora (1981), con Alberto Pérez y Javier Krahe.
Joaquín Sabina y Viceversa en directo (1986), con Viceversa y otros artistas invitados.
Nos sobran los motivos (2000)
Dos pájaros de un tiro (2007), con Joan Manuel Serrat.
Recopilatorios
Diario de un peatón (2003). Reedición de Dímelo en la calle con un CD extra de canciones inéditas.
Todos hablan de ti (2004)
Punto… y seguido (2006). Dos cajas de 9 CD cada una, que recogen su discografía; incluyendo un CD extra de rarezas y un DVD.
Homenajes
…Entre todas las mujeres (2003). 13 temas de Sabina interpretados por mujeres: Chavela Vargas, Rosario Flores, Ana Belén, Soledad Giménez, Pasión Vega, Julieta Venegas, entre otras.
DVD
Joaquín Sabina y Viceversa en directo (1986)
En concierto desde el Teatro Gran Rex de Buenos Aires (2003)
Nos sobran los motivos (2004)
Dos pájaros de un tiro (2007), con Joan Manuel Serrat.
Libros
Memorias del exilio (1976). Libreto de canciones publicado en Londres durante su exilio en la editorial Nueva Voz.
De lo cantado y sus márgenes (1986). Poesías basadas en su disco Inventario.
El hombre del traje gris (1989). Partituras.
Perdonen la tristeza (2000). Junto a Javier Menéndez Flores.
Ciento volando de catorce (2001). Recopilación de sonetos.
Con buena letra (2002). Recopilación de letras.
Esta boca es mía (2005). Recopilación de versos satíricos publicados en el semanario Interviú.
Con buena letra 2 (2005). Recopilación de letras.
Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca (2006). Junto a Javier Menéndez Flores.
Esta boca sigue siendo mía (2007). Recopilación de versos satíricos publicados en el semanario Interviú.
A vuelta de correo (2007). Epistolario que recoge la correspondencia entre el cantautor y personalidades como el subcomandante Marcos o Fito Páez, entre otros.
Fuente: wikipedia

