Jerome David Salinger

Biografia OpusVida por dina

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El Guardián en el CentenoJ. D. Salinger, el cazador en el centeno, ha muerto, pero deja su corrosivo testimonio escrito. El autor de la novela “El guardián entre el centeno” (The Catcher in the Rye), un clásico de la literatura moderna de los Estados unidos, murió a los 91 años, el 27 de Enero del 2010.

. El hombre quiere que lo dejen en paz
. El escritor de la brevedad sustancial
. Crítica de “El cazador oculto”

Biografía

Jerome David Salinger nació en 1919 en Nueva York, donde transcurrió su infancia, educándose en escuelas públicas de Manhattan. Más tarde, ingresó a tres universidades, sin lograr un título académico. En 1937, entró al instituto militar Valley Forge, viajando a Europa entre ese año y 1938. Desde 1942 a 1944, sirvió en el ejército norteamericano y obtuvo 5 medallas por su calidad de combatiente, así como la Legión de Honor francesa. Los estudiosos de su obra han sugerido que el disgusto hacia la civilización moderna mostrado en ella, tiene sus raíces en las experiencias bélicas del narrador.

El guardián entre el centeno, primera y única novela, apareció en 1951 y es, tal vez, la ficción “seria” más popular del mundo angloparlante desde la guerra y por ende, en el resto del orbe. Salinger había comenzado a escribir cuando tenía 15 años y sus cuentos se publicaron en diversas revistas, incluyendo el New Yorker. El éxito de El guardián…, sin embargo, perturbó gravemente a un hombre tímido y reservado en extremo, cuyos valores, a juzgar por sus títulos, no corresponden al obsesivo culto por la fama presente en la cultura americana, llevado en los últimos tiempos hasta la paranoia. Nueve cuentos contiene la recopilación de todo el aporte de Salinger al género breve, en tanto Franny y Zooey consiste en dos novelas cortas, con los sempiternos personajes adolescentes, hipersensibles y de tendencias artísticas, en rebeldía contra el corrupto universo adulto.

El público estadounidense -y el de otros países- no ha respetado el legítimo deseo de Salinger por la privacidad o, a decir verdad, por llevar una existencia de recluso. Con certeza, su vida carece de mayor interés, aparte de un matrimonio disuelto, del cual nació un hijo y una hija. La voracidad por saber qué hace el escritor en su residencia de Cornish, New Hampshire, ha alcanzado ribetes alarmantes y un centenar de intentos por componer una biografía del autor así lo atestiguan. El más célebre y riguroso fue llevado a cabo por el poeta y crítico inglés Ian Hamilton en 1988. Pero Salinger libró una costosa lucha legal, consiguiendo una victoria cuasi pírrica de impedir su edición, cuando el libro alcanzaba la fase final de pruebas. Hamilton se vio obligado a contar el fracaso del empeño, lo cual atrajo una aborrecida e invasora publicidad hacia la persona de Salinger.

La más reciente injuria en contra del retraído prosista ha sido perpetrada por su propia hija Margaret, quien no vivió más de 10 años con él. El guardián de los sueños, previsiblemente, no aporta nada en torno al elusivo novelista, constituyendo, en cambio, una desembozada autobiografía de la mujer. Por desgracia, Margaret escribe bastante mal, es presuntuosa, rebuscada, hiperbólica y posee pretensiones de gran intelectual. Desde luego, tonta no es o al menos, no lo parece, pues exhibe doctorados y otras condecoraciones. Pero atiborra el extenso volumen con citas literarias hasta volverlo insufrible y acude a tantos asesores, publicistas, reporteros y amigos de distinta índole, que uno termina sospechando sobre su real autoría en El guardián de los sueños. En suma, estamos ante un fraude más alrededor de J. D. Salinger, ese enigmático creador.

El hombre quiere que lo dejen en paz – Por Thomas Burmeister

Jerome David Salinger, el fantasma de la literatura estadounidense vive en una casa solitaria en los bosques de New Hampshire. En el caso de que alguien intente acercarse, corre el riesgo de que le disparen con perdigones. Desde hace décadas, J. D. Salinger, que el 1 de enero de 2004 cumplió 85 años, no está para nadie.

Con el adolescente Holden Caulfield, que se quiebra frente a la frialdad y la hipocresía de los adultos, Salinger creó un personaje comparado por los críticos con el Werther de Goethe, en cuanto a su importancia en la literatura mundial.

La novela de Salinger El guardián entre el centeno, traducida a casi 40 lenguas, sigue ocupando un lugar de culto más de medio siglo después de su publicación.

Durante un tiempo, Jerome David Salinger, hijo de un vendedor de quesos judío oriundo de Polonia, disfrutó del impresionante éxito de su novela en los salones neoyorquinos. William Faulkner dijo sobre ésta que era “la obra maestra de su generación”.

Pero The Catcher in the Rye, aparecida en 1951 tras diez años de trabajo, no fue la única novela de Salinger. También publicó algunos cuentos.

Luego se sentó en su coche, viajó seis horas en dirección noreste y se encerró. “Prohibido el paso”, puede leerse en un cartel ubicado a la entrada de la propiedad de Salinger, cercana a la población de Cornish, de apenas 1 mil 700 habitantes.

En varias ocasiones, según se cuenta, el hombre de dos metros de estatura y cabello blanco expulsó a los visitantes no deseados con su escopeta. Pero hace tiempo que no se sabe nada sobre él.

“Cuando se le deja tranquilo, no pasa nada”, dice una mujer del ayuntamiento local. De todas partes de Estados Unidos y de cada rincón del mundo llegaron hasta Cornish, en las últimas décadas, admiradores de Salinger con la esperanza de ver al ermitaño más famoso de Estados Unidos.

De acuerdo a la descripción del camino, difundida en Internet, doblan hacia la derecha, donde está el pequeño cementerio de cerco blanco, siguen la Platt Road, luego la Lang Road y finalmente suben la Sander Hill Road. Las mayores posibilidades de ver la casa de Salinger se dan en invierno por la falta de hojas en los árboles.

A la gente de Cornish no le gusta mucho este turismo. “El hombre quiere que lo dejen en paz y eso hay que respetarlo”, dice Emily Cromwell, desde hace años bibliotecaria del pueblo. “Tenemos un ejemplar de cada una de sus obras. No hace falta toda una estantería”, añade.

Quizá eso cambie. Desde hace un tiempo corre el rumor de que el misterioso autor escribe como un “poseso (endemoniado)” en su apartada colina.

La periodista y escritora, Joyce Maynard, que tenía 19 años cuando Salinger la dejó vivir con él durante un tiempo hace casi tres décadas, informó al respecto en 1998 en su libro de memorias At Home in the World.

En un overol azul, Salinger escribe y medita todos los días y por la noche esconde bajo llave todos los manuscritos. “Sólo puedo soportar la sociedad allí afuera mientras tenga puestos mis guantes de goma”, dijo, al parecer, Salinger a Maynard. También le habló de su deseo urgente de tomar el próximo tren a la Antártida.

Si es verdad que Salinger escribe y si no quema todas las páginas en algún momento, entonces algún día de las colinas de New Hampshire surgirá una nueva sensación literaria. Pero es totalmente incierto si lo que Salinger deje como legado se acercará a El guardián entre el centeno. El listón está muy alto.

Salinger mismo dejó claro el criterio para una gran novela cuando le hizo decir a Holden: “Lo que más valoro es cuando uno queda completamente agotado después de leer un libro y desea ser amigo del autor y poder llamarlo por teléfono en cualquier momento

El escritor de la brevedad sustancial – Por Flavia Costa

Si queda aún algún aficionado a la lectura, de ésos que leen y siguen. Y ese aficionado está dispuesto a tomar en serio a un escritor, acaso su escritor favorito, y a sus escritos. Y si ese escritor se llama J.D. Salinger, y desde 1953 no quiere aparecer por nada del mundo en ninguna parte, ni en las solapas de sus libros, ni en fotografías, ni en entrevistas, y defiende esa intimidad a punta de fusil desde una cabaña inexpugnable del inexpugnable estado de New Hampshire, Estados Unidos. Y si finalmente el lector supiera —es un lector casi fanático— que la obra de su escritor favorito tiene relación directa con su biografía, y por lo tanto desentrañar una y la otra son parte de una misma trama narrativa, moral y metafísica, para decirlo con palabras quizá pomposas pero verdaderas, decía, ese lector incondicional, ¿se atrevería a escribir una biografía de cierta densidad sobre su escritor sin sentirse un patán, un traidor imperdonable? Y más importante: ¿podría responder por qué, a cuarenta años de que su escritor no publica una línea (se dice que tiene quince títulos escondidos), sigue siendo idolatrado por sus lectores, en quienes provoca la hipnótica y difusa esperanza de que aquellos textos inéditos vean la luz?

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