Lenin

Biografia OpusVida por magui

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Ya nos hemos acostumbrado a que los revolucionarios no tengan nombre, o no tengan su propio nombre a causa de las persecuciones de la burguesía. Cuando te lo quitan todo también te quitan hasta eso. Pero, al mismo tiempo, el nombre se confunde con su vida, o sea, con su lucha, porque se trata de personas de las que podemos llegar a pensar que jamás tuvieron vida privada, que sólo se dedicaban a luchar. Y todo porque lucharon hasta el último aliento, porque tenían confianza en la clase obrera y seguían adelante cuando todos los demás se desalentaban y bajaban los brazos. Lenin.

–          La familia Ulianov

–           La juventud revolucionaria

–           El primer partido de la clase obrera

–          Confinamiento en Siberia

–          Aparece Iskra

–          El Congreso del POSDR

–          La Revolución de 1905

–          En el centro de la lucha

–          Reagrupando fuerzas

–          La Primera Guerra Mundial

–          La caída del zarismo

–          De febrero a octubre

–          Hacia la insurrección armada

–          Triunfa la revolución socialista

–          Los primeros pasos

–          Las tareas inmediatas del Poder soviético

Ahora Lenin es un nombre es entrañable para millones de trabajadores en todas las partes de la tierra. Los oprimidos hablamos cientos de idiomas pero el leninismo es como nuestro esperanto: ni nos confunden ni nos confundimos cuando hablamos leninista. La lucha abnegada que Lenin sostuvo por la dicha de las generaciones venideras sigue siendo hasta el presente una inagotable fuente de energía revolucionaria para quienes construimos una vida nueva. Era un hombre de gran talento, de poderosa voluntad y de gran corazón. Entregado por entero a la lucha, le consagró hasta su vida privada. Por lo que hace al corazón de Vladimir Ilich -escribió uno de sus compañeros de lucha- se manifestó sobre todo en esa profunda fidelidad a los trabajadores. Cuando se ponía a hablar de vez en cuando de la moral humana y del bien, se veía claro cuán incólume era en él este sentimiento que lo enardecía y le sustentaba, que lo hacía poderoso, que daba vigor a su voluntad. Si él odiaba -odiaba a los enemigos políticos, los enemigos íntimos no los tenía- era en aras de un amor que rebasaba los marcos de la contemporaneidad y de las relaciones cotidianas.

La vida de Lenin es inconfundible. No por abundar en inesperados vericuetos del destino o acontecimientos extraordinarios. Es inconfundible por reflejar al máximo el carácter específico de la época que vivimos, la época de transformaciones revolucionarias que tanto han cambiado la faz de nuestro planeta. Si bien Lenin no estuvo más que en los orígenes de la época, las ideas que esgrimió y la experiencia de la actividad multifacética que desarrolló ayudan también ahora a hallar respuesta a las preguntas más complejas de la humanidad camino de un futuro mejor. Nuestro relato sobre la vida y la lucha de Vladímir Ilich Lenin es muy corto. Pero creemos que incluso los pocos episodios que de su biografía reproduce, permiten formarse una idea del Lenin firme revolucionario, sabio estadista y hombre modesto y abnegado.

La familia Ulianov

Lenin: así firmó una de sus obras en 1901 el joven revolucionario que nació como Vladimir Ilich Ulianov en 1870, en Simbirsk, una pequeña ciudad situada a orillas del anchuroso Volga.

El cabeza de la familia Ulianov, Ilia Nikolaievich, era inspector de escuelas públicas en la gubernia de Simbirsk. Pedagogo genuino que amaba y comprendía a sus pupilos, procuraba hacer más fácil el acceso a la enseñanza a los que lo tenían más difícil: a los hijos de los campesinos y de los ciudadanos no acaudalados. Recorría las aldeas para convencer a los campesinos de que construyesen escuelas, recababa también por otras vías los medios para abrirlas, organizaba cursillos, llamados “ulianovianos, de pedagogía para maestros jóvenes. En 17 años se construyeron, gracias a sus infatigables esfuerzos, 450 escuelas públicas en la gubernia de Simbirsk.

La amplia familia y la educación de los hijos se llevaban todos los recursos que ganaba Ilia Nikolaievich, quien gastaba muy poco en su propia persona. Exigente consigo mismo y con los demás en lo que se refería al trabajo, sabía ser en las horas de asueto un excelente y alegre interlocutor y perfecto narrador. Bromeaba con los niños, organizaba juegos interesantes, leía en voz alta.

Su esposa, María Alexandrovna, era una persona de carácter sereno y firme, pero a la vez alegre y afable. Muy dotada por la naturaleza, estudiaba lenguas extranjeras y música, leía mucho.

El matrimonio tenía seis hijos. Vivían con modestia. Sin embargo, los niños tenían todo lo indispensable. Los padres procuraban satisfacer sus necesidades culturales. Vladimir, avispado, vivo y alegre, gustaba de juegos ruidosos y de correr. A los cinco años de edad ya sabía leer. Le era fácil estudiar. Siempre fue el mejor alumno; al pasar de un grado a otro recibía los primeros premios. Además de tener excelentes aptitudes, destacaba por su seriedad en los estudios. No era extraño: imitaba a los padres, siempre ocupados en algo, y a los hermanos mayores: Alexander y Ana. Al hermano mayor, lo remedaba hasta tal punto que movía incluso a risa, porque cualquier cosa que se le preguntara, contestaba:

-Lo haré como Alexander.

Vladimir compartía sus conocimientos con los compañeros. Les explicaba problemas difíciles y las traducciones del griego y el latín. Cuando cursaba los dos últimos grados del gimnasium, ayudaba a un maestro de escuela primaria rural a matricularse en la Universidad, para lo cual necesitaba el certificado de graduado en un gimnasium (y lo obtuvo gracias a esa ayuda).

En 1886 la familia Ulianov vivió una gran pena: murió repentinamente Ilia Nikolaievich. Al año les sobrevino otra desgracia: Alexander, el mayor de los hermanos y el más querido, fue encarcelado, condenado a la pena capital y ahorcado el 8 de mayo de 1887, por haber participado en un atentado contra el zar.

Esto ocurrió a varios años de la derrota que sufrió la organización revolucionaria clandestina “Voluntad del Pueblo” que se había planteado como objetivo -igual que el grupo del cual formaba parte Alexander- derrumbar los pilares de la autocracia, es decir, del poder ilimitado del zar y de su corte que explotaban despiadadamente al pueblo, e implantar el gobierno popular. Pero el camino que abrazaron los miembros y seguidores de la “Voluntad del Pueblo” les llevó a un atolladero. Se trata de que en su lucha daban preferencia a los atentados contra la vida de personalidades del zarismo. Creían asustar con sus acciones al zar y compeler a la camarilla dominante a desistir de la política de yugo y opresión. Pero no lo consiguieron. En reemplazo de ministros asesinados ponían a otros. y a los revolucionarios se les castigaba con saña: prisión, deportación, trabajos forzados, horca. Esa es la suerte que corrieron Alexander Ulianov y sus compañeros. Lo sucedido estremeció a Vladimir. Pero también lo forjó y lo movió a reflexionar mejor sobre las vías de la lucha revolucionaria.

La muerte de Alexander -escribiría años más tarde Ana Ilinichna Ulianova-Yelizarova, hermana mayor de Lenin- iluminó con llamas del incendio revolucionario el camino del hermano que le seguía: Vladimir.

La juventud revolucionaria

A finales de 1887, habiendo terminado con brillantez el gimnasium, Vladimir Ulianov ingresó en la Universidad de Kazan, ciudad también situada a orillas del Volga. Era una época en que muchos hombres progresistas de Rusia -la juventud sobre todo- veneraban la memoria de los miembros de la Voluntad del Pueblo y protestaban contra las arbitrariedades del zarismo.

En el otoño de aquel año en todas las universidades del país se registraron disturbios. Los estudiantes exigían que los jefes suprimieran la vigilancia que sobre ellos realizaban inspectores pagados y que les devolviesen a los profesores despedidos en los años anteriores por sus concepciones progresistas.

A comienzos de diciembre, Kazan también se vio envuelta en este movimiento. Los estudiantes convocaron un mitin, en el cual, además de las dos exigencias antedichas, plantearon otras que rebasaban el marco de la vida universitaria interna.

Al marcharse del mitin, muchos devolvieron sus carnets de estudiantes: Vladimir Ulianov era uno de ellos. Esa misma noche él y muchos de sus compañeros fueron detenidos.

Pasados largos años, Lenin charlando con Vladimir Adoratski, historiador soviético, quien en su tiempo había cursado los estudios en la universidad de Kazan, evocó su conversación con el comisario de policía que le transportara a la cárcel: Vladimir Ilich reprodujo esa conversación con tanta viveza que se me grabó en la memoria. Seguramente al comisario, que juzgaba por la apariencia del joven estudiante de 17 años de edad, le pareció que éste se había metido en el lío por casualidad, sucumbiendo a la mala influencia de los compañeros. Y le dijo:

-¿Por qué alborota, joven? ¡Si ante usted se alza un muro!

La respuesta que recibió fue inesperada:

-Un muro, sí, pero podrido. Basta darle un empujón para que se derrumbe.

El 7 de diciembre de 1887 Vladimir Ulianov, expulsado de la Universidad, fue deportado a la aldea de Kokushkino, a 40 kilómetros de Kazan, donde viviría bajo la vigilancia dispuesta por la policía y de donde ésta fue informada que el vigilado recibía con regularidad libros, revistas y periódicos… El propio Lenin recordaría más tarde: Creo que nunca en mi vida… he leído tanto como el año que estuve deportado de Kazan. Era una lectura apasionada, desde el amanecer hasta muy entrada la noche.

¿Qué leía? En primer término, los cursos universitarios, ya que no dejaba la idea de realizar estudios superiores. Luego, los periódicos y las revistas sociopolíticas y de literatura, porque encontrándose en una aldea remota creía muy necesario estar informado de los acontecimientos políticos.

En el otoño de 1888 llegó el permiso de regresar a Kazan. Pero Vladimir no pudo volver a las aulas universitarias. Un empleado de la circunscripción docente de Kazan había comunicado al Ministerio de Instrucción Pública que teniendo descollantes capacidades y muy buenos conocimientos, no puede considerarse leal en el aspecto moral y político. El fallo del ministro fue el siguiente: ¿No será el hermano de aquel Ulianov? ¿También es del gimnasium de Simbirsk?… No admitirlo de ninguna manera.

Pero nadie, ni nada, pudo frenar su deseo de recibir la educación. Horas enteras pasaba leyendo.

Comenzó a estudiar el primer tomo de El Capital de Marx. Los fundamentos de la teoría del comunismo científico expuestos en esta obra ofrecieron a Vladimir Ulianov nuevos horizontes. Emanaba de él una fe valerosa que contagiaba a sus interlocutores -evocaría más tarde su hermana mayor Ana-. Ya entonces él sabía ser persuasivo y entusiasmar con sus palabras. Ya entonces no dejaba de compartir con los demás lo que iba conociendo, no dejaba de reclutar partidarios al ir abriendo nuevos caminos. Pronto halló en Kazan tales partidarios, los jóvenes que también estudiaban el marxismo y tenían ánimos revolucionarios.

Todo esto no pasó inadvertido para la madre. Pero pese a que los temores por el destino de otro hijo asediaban a María Alexandrovna, ella no se metió en camisa de once varas, porque creía imposible impedir a sus hijos construir su futuro según sus convicciones.

Pasado un año la hermana mayor, Ana, se casó con Mark Yelizarov, ingeniero ferroviario, y junto con la pareja toda la familia Ulianov se trasladó a Samara. Allí Vladimir continuó estudiando seriamente las obras de Marx y Engels.

En aquel período el marxismo estaba todavía poco difundido en Rusia. Las más arraigadas seguían siendo las ideas de los populistas, llamados así porque recorrían las aldeas haciendo propaganda en el seno del pueblo para alzar a los campesinos a una sublevación contra el zar. Los populistas estimaban que como el campesinado constituía la inmensa mayoría del pueblo, luchar contra la autocracia debía ser una causa campesina. Estaban seguros de que Rusia jamás se industrializaría y hacían caso omiso de que en el país había, arraigado ya los brotes del capitalismo: el tendido de ferrocarriles alcanzó proporciones inusitadas, y requería cada vez más combustible, metal para rieles, locomotoras y vagones, para lo cual era necesario extraer carbón, fundir acero, construir máquinas. ¿Con las manos de quién? Con las de la clase obrera incipiente: los campesinos de ayer trasladados del campo a las ciudades.

En resumen, las teorías de los populistas estaban irremisiblemente obsoletas.

Pero para demostrarlo era necesario estudiar escrupulosamente no sólo la teoría de Marx y Engels, sino también todas las estadísticas nacionales, cuyas cifras ofrecían el panorama del desarrollo de la agricultura y la industria en Rusia. Fue la obra que acometió Vladimir Ulianov a los 19 años de edad.

Las estadísticas atestiguaban de modo irrefutable que las relaciones capitalistas prendían cada vez más no sólo en la ciudad, sino también en el campo, donde surgían grandes haciendas con numerosos obreros asalariados, y el campesinado se estratificaba más y más, quedando por un lado los ricos (los kulaks) y por otro los pobres, desposeídos de tierra (los jornaleros).

Pero las cifras no le bastaban al joven Ulianov, que aspiraba a informarse cuanto más de la vida campesina en Rusia. En aquel entonces se reunía y conversaba muchas veces con los campesinos.

Los resultados de sus investigaciones y sus impresiones inmediatas las exponía en los informes escritos que presentaba en los círculos de la juventud revolucionaria, así como cuando charlaba con los viejos revolucionarios populistas. Vladimir Ulianov no sólo rebatía las concepciones de estos últimos, también sabía tomar todo lo valioso que poseían: los hábitos revolucionarios y las experiencias acumuladas durante la años de labor clandestina.

En 1892 Ulianov organizó en Samara el primer círculo marxista de esta ciudad. A1 hacer una activa propaganda al marxismo, sus miembros entablaron contactos con los marxistas de otras ciudades de la cueca del Volga. Pero esto era ya poco para Ulianov. Como en aquella zona casi no había industria y, por consiguiente, obreros, él aspiraba a trasladarse a San Petersburgo, a la sazón capital del país, una ciudad con un millón de habitantes, una parte considerable de los cuales era el proletariado industrial.

Vladimir había visitado ya la capital dos años antes: habiendo obtenido, por fin, la autorización oficial, rindió brillantemente los exámenes del curso universitario completo de Derecho.

En el otoño de 1893 se mudó a San Petersburgo.

El primer partido de la clase obrera

En enero de 1894 en Moscú se realizaba un congreso de médicos y naturalistas. Entre sus delegados había quienes se hallaban ya durante muchos años bajo la vigilancia policial. En forma de fiestas estudiantiles (era el período de vacaciones) organizaban reuniones de juventud revolucionaria.

A una de esas fiestas fueron invitadas dos personas que procedían de San Petersburgo. El primero era Vasili Pavlovich Vorontsov, de 47 años de edad, periodista populista muy conocido en Rusia. El segundo era un joven de 23 años. En Moscú le conocían todavía pocos. Pero los marxistas de San Petersburgo y de Moscú lo tenían por una persona descollante. El respeto que le profesaban lo confirmaba hasta el mote clandestino que le dieron: el Viejo. Este viejo era Vladimir Ulianov. Su compañero de lucha Gleb Krijanovski, ingeniero y revolucionario profesional, recordaría más tarde: La frente lampiña y la gran erudición le costaron a Vladimir Ilich el mote de Viejo, que estaba en violento contraste con su agilidad juvenil y la joven energía que bullía en él. Pero los profundos conocimientos que este joven manejaba con facilidad, el don extraordinario que tenía de tratar a los obreros, haciéndolo no como un maestro engreído, sino ante todo como amigo y camarada: todo esto revalidaba grandemente el mote que le habíamos dado.

En la susodicha fiesta estudiantil se infiltró un agente de policía secreta. Al día siguiente informaría en su parte de los acalorados debates que se habían estallado entre los populistas y los marxistas.

Vladimir Ulianov hacía entonces frecuentes y violentas críticas al populismo. En el verano de 1894 cogió cuantas ponencias sobre este tema había amenazado a escribir aún en Samara, en un solo libro titulado Quiénes son los ‘amigos del pueblo’ y cómo luchan contra los socialdemócratas, demostrando que la fuerza más revolucionaria de la sociedad rusa era la clase obrera y que sólo ella era capaz de levantar a los demás trabajadores a la lucha contra la autocracia y los explotadores: los terratenientes y la burguesía que iba vigorizándose. Fue en este libro donde Vladimir Ulianov formuló por vez primera la gran idea de que únicamente la alianza de la clase obrera y el campesinado podía garantizar el éxito de su lucha.

Pero la clase obrera, para poder conducir a todos los oprimidos y explotados al asalto del mundo viejo, debía tomar conciencia de su misión histórica. En función de ello le era necesario hacer suyas las ideas el socialismo científico y sobre esta base ideológica fundar organizaciones sólidas que transformasen en batallas conscientes de clase las rebeliones, huel1as y otras protestas dispersas contra los distintos capitalistas.

¿Quién debía llevar las ideas del socialismo científico a las masas proletarias? ¿Quién debía fundir las organizaciones obreras? ¿Quién debía dirigirlas? Un partido obrero socialista revolucionario único. La tarea consistía en formarlo, uniendo a los diferentes círculos marxistas. En el transcurso de un decenio Vladimir Ulianov se consagraría por entero a esta labor verdaderamente titánica.

Reproduzcamos cómo evocó su primer encuentro con Vladimir Ulianov el organizador de uno de los círculos obreros:

Su discurso era serio, concreto y bien pensado. Los reunidos le escuchaban con atención. Le contestaron las preguntas que les hizo: ¿quiénes eran y dónde trabajaban?, ¿en qué fábrica?, ¿cuál era el desarrollo de los obreros de esta fábrica?, ¿qué concepciones tenían?, ¿qué es lo que lo más les interesaba?, ¿qué leían?

Su idea principal estribaba en que -así lo comprendimos- la gente no tenía clara conciencia de sus propios intereses, no sabía que si se unieran, se cohesionaran, constituirían una fuerza capaz de barrer todos los obstáculos para conseguir lo mejor.

Cuando se marchó, después de decir la fecha de la próxima reunión, los congregados comenzaron a preguntarme:

-¿Quién es? ¡Qué bien habla!

En el otoño de 1894 Ulianov propuso a los marxistas de San Petersburgo acometer la agitación económica y política directamente en el seno de las masas proletarias, sin debilitar la propaganda en los pequeños círculos obreros ilegales.

Consciente de lo difícil que era realizar la agitación directa en las masas obreras agobiadas por la miseria, analfabetas, sin formación política y que, igual que los campesinos, conservaban una fe ingenua en el zar, explicaba a sus correligionarios: cuanto más comprensibles, más concretas y más afines a las necesidades urgentes de los obreros fueran las consignas de la agitación, tanto más fácil sería cumplirlas. Lo cual permitiría a los hombres darse cuenta de la fuerza que representaban, les uniría, les desarrollaría. y atraería nueva gente a las filas del marxismo.

En el invierno de 1894-1895 Vladimir Ulianov conoció a varias maestras de una escuela dominical vespertina, a la cual asistían muchos obreros de los círculos que dirigía. Una de ellas era Nadeshda Konstantinovna Krupskaia, que le habló mucho de sus alumnos. Ulianov mostraba el interés por cada detalle que caracterizaba la vida de los proletarios.

La cuestión de pasar de la propaganda de las ideas del socialismo científico a la agitación directa que llamaría a levantarse a la lucha por sus derechos, es decir, de unir el socialismo científico al movimiento obrero, fue debatida en la conferencia que reunió a los representantes de los círculos y grupos marxistas de las grandes ciudades industriales de Rusia y que adoptó la resolución de que aquello era necesario y oportuno.

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