Lermo Balbi

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Lermo Balbi, fue un poeta, escritor y dramaturgo nacido en Rafaela, provincia de Santa Fe, donde también falleció. Bachiller, fue maestro y profesor de castellano, literatura y latín.

Se desempeñó posteriormente Lermo Balbi como director de Tecnología Educativa de su provincia. Colaboró en revistas y periódicos culturales. Se hizo acreedor a importantes galardones, entre ellos el Premio provincial de la Subsecretaría de Cultura de Santa Fe (1977) y el Premio de la Municipalidad de Rafaela en novela (1985).Lermo Balbi

Dijo de él, su amigo Enry Milesi: "No creo que Lermo Balbi pueda dar la imagen de un escritor cerebral y frío. Si bien su amplia cultura y su dominio de la lengua le imponían un perfeccionismo que le obligaba a una estricta corrección de sus trabajos, […] los sentimientos que empujan detrás de su estilo se encargan de destruir esta falsa apariencia. Tenía total conciencia de su oficio de escritor estableciendo la diferencia entre los sentimientos, respetables en todo hombre en su condición de tal, y de la exposición de esos sentimientos por quien se siente poeta y consecuentemente tiene la obligación de hacer de ellos, poesía…".

Poemarios editados por Lermo Balbi: "El hombre transparente", "La tierra viva", Arauz muerto y celeste" y "Orfeo se reembarca".

Biografía de Lermo Balbi

  1. Comienzos de lermo Balbi
  2. Origen de su nombre
  3. Primeros años en Rafaela de Lermo Balbi
  4. Imagenes de Lermo balbi
  5. Su juventud
  6. Su carrera docente
  7. Obras de Lermo Balbi
  8. Obras inéditas de Lermo Balbi

Comienzos de lermo Balbi

Lermo Rafael Balbi nace el 18 de diciembre de 1931. Sus padres, Margarita Demarchi y Bartolomé Balbi, vivían en la Colonia Arauz (Dep. Las Colonias, provincia de Santa Fe, localidad próxima a Elisa) propietarios de una chacra. Allí fue engendrado el hijo, y próxima al parto, la madre se trasladó a Rafaela a casa de su hermana, en cuya casa dio a luz. Días después del alumbramiento volvió al campo y el recién nacido fue anotado en el Registro Civil de Elisa con el nombre de Lermo Rafael.

Al respecto dice Lermo Balbi en un reportaje que le hizo la revista ENFOQUE el sábado 11 de abril de 1987: Mi padre tenía en el pueblo que nombré (ARAUZ), tierra que aún conservamos. Digamos que mi nacimiento en Rafaela fue accidental, en una casa de la calle Las Heras que aún existe –residencia de una hermana de mi madre- pero, como es obvio, debimos de volver a nuestro hogar campesino en donde viví hasta los seis años. Sin embargo, debo señalar que todos los veranos regresaba al dulce pueblo de mi infancia para vivir su intensa libertad de cielos y horizontes”.

De estas circunstancias, tres localidades pueden “disputarse” de ser el lugar de nacimiento: Jacinto Arauz, Rafaela y Elisa. Yo me atrevería señalar – dice Enry Milesi, amigo de Lermo Balbi- que fue ARAUZ su verdadera cuna, allí donde fue engendrado en la plácida soledad de la chacra.

En el mismo reportaje mencionado, Lermo Balbi dice: “Tengo la seguridad de que mi tiempo pasado en el campo ha influido indefectiblemente en mi carácter. Nací, creo, predestinado a amar lo que me rodeaba, desde la minúscula flor y la hojuela de la hierba hasta los centenarios algarrobos de mi paisaje; desde la avispa solferina de los veranos calcinantes, hasta las dulces y mansas bestias de la chacra y el corral. Mi juego preferido, allá en mi niñez fue siempre investigar lo que me rodeaba…A este impulso de curiosidad permanente le debo mi formación estética porque comprendo que nadie puede hacer universal y trascendental el signo lingüístico si no conoce con profundidad toda la realidad que está designando…Tenía seis años cuando mi padre contrajo una pleuresía. Esa enfermedad que era entonces muy difícil de tratar, trastocó los planes de la familia ya que los médicos exigieron una estricta cura de reposo y el abandono para siempre de las tareas rurales. Ello ocasionó la decisión heroica del trasplante definitivo a Rafaela con toda la familia. Fue una separación dolorosa de mi bello mundo rural y de mi libertad superlativa Mi espíritu necesitó un tiempo muy largo y la travesía de hondos abismos de nostalgias para aprender a vivir en la ciudad.”

Toda esa tristeza de niño trasplantado fue más tarde literaturizada en un poema: “El exilio” del libro “Arauz Muerto Y Celeste” el cual fue premiado con el premio provincial de Poesía “José Pedroni” en 1977 por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe.

Oh purísima, pura agua, lluvia de marzo
penetrante y fría en el temblor crujiente
de las últimas hojas. Nadie podía decirle tan fácilmente
adiós a esta tierra y luego borrar los días y desconocer
las huellas, los residuos, los bochornos, las afrentas
con pertinaz dolor anclado en la carne y la conciencia.
Purísima lluvia de marzo que vuelves blanco el día
y adelantas la noche en este horario que nos hace
temblar de espanto y soledad.
Nadie puede celebrar la despedida de otro modo,
la despedida del rostro en la ventana,
de la mano blanca y gélida en el adiós
que nos movió al llanto cuanto te dejamos, tierra sagrada,
oh sí, que nos movió al llanto tan doliente
en un marco acuoso y desvalido como hoy.
Cómo olvidar entonces la turbonada que fortalecía
salubre fragancia de tuscas y se deslizaba iridiscente
por las húmedas paredes de la casa,
con duendes campaneros, hormas imprecisas,
lumínicas locuras submarinas.
Por las paredes de nuestra amada casa ¿recuerdas?
encendida de lámparas temblantes
que agrandaban las sombras en los cristales
como una réplica de la noche estremecida
en la hondonada.
¿Recuerdas?, oh sí, recuerdas como yo
tantos tallos sedientos, tanta ceniza aplacada en la lluvia
fervorosamente clara, fría y límpida
sobre las relucientes hojas del naranjo.
Oh sí, recuerdas como yo, callada, tus vestidos hùmedos,
tu fundamental tibieza en el regazo
frente a la lumbre que los leños del monte
hermanaban con el cálido ensueño
de las últimas cigarras.
Y fue la hora para decir el nombre de una ciudad extraña,
extraña y diferente, y hablar del duro camino del exilio
para sostener la pena y el coraje
y sobrevivir el agravio y la calaña.
Entonces supimos decir adiós a nuestra patria,
al caserío que llegaba a hacerse oscuro y silente,
a nuestra figuración de empresas y bonanzas.
Hubimos de decirle adiós a nuestros humos, a las bestias de
la tarde,
al fervor de los caminos
en el estarcido vegetal de aquel otoño.
Penetrante y pura lluvia de marzo
como aquella que sepultó el verano en el desgarrado
camino a nuestro exilio.

Origen de su nombre

 

Creo que puede ser de interés dar a conocer el origen del nombre Lermo con el cual se lo anotó y se lo bautizó y que fue casi un misterio. El nunca supo o quiso decir su significado y el porqué se le impuso. Solamente aclaraba que había partido de la tía Luisa en cuya casa había nacido. Incluso le fastidiaba cuando en alguna reunión se insistía sobre el tema. Unos años después de muerto, su sobrina Marcela Molinari balbi de Lamagni, trajo la respuesta a esa incógnita, revelada por una compañera de trabajo, Gabriela Culzoni. Esta es la explicación del extraño nombre: cuando el padre de Gabriela, llamado Hermas era pequeño, frecuentaba la casa de la tía Luisa, quien le tenía mucho cariño al punto tal de decir que le pondría ese nombre a algún hijo suyo. La circunstancia de que su hermana Margarita tuviera al niño en su casa, ella, que era muy dominante, decretó que ese chico llevaría el nombre de “el Hermas”.

Y aquí entró a jugar un fenómeno fónico en que artículo se unió con el nombre, favorecido por la pronunciación algo apiamontesada de la tía. El golpe de gracia a todo esto, fue el cambio de género que en una pretendida masculinización reemplazó la “a” de Herma por “o” dando origen así a un nuevo nombre: “Lermo”. Sintetizando: Hermas > el`Herma > el`Hermo > Lermo. Todo un proceso lingüístico similar al que se registró en la evolución de algunas voces extranjeras al español.

Su segundo nombre, Rafael, le fue impuesto por sugerencia del sacerdote de Arauz en ocasión del bautismo, ya que el primero estaba lejos de figurar en el santoral. Se me ocurre que la reacción del cura hubiese sido otra de saber que “Lermo” provenía de la transformación del nombre de un muchachito espiritista.

Pese a todo, Lermo estaba satisfecho con su nombre y siempre lo acompañaba con Rafael. El apodo de uso por la familia y muy especialmente por los familiares de Arauz era Negro o Negrito.

Primeros años en Rafaela de Lermo Balbi

Los primeros años en Rafaela fueron realmente tristes para todos: el padre enfermo que periódicamente debía realizar temporadas de curas de reposo en Córdoba; la madre sola con dos hijos pequeños -Belkis y Lermo- haciendo malabares con la magra renta del alquiler del campo; la falta de amigos…pero Lermo fue quien más sufrió. Su timidez de niño campesino, la nostalgia, la falta de comprensión, lo sumieron en una permanente tristeza que trataba de ocultar. En su ultima novela de publicación póstuma, “CONTINUIDAD DE LA GRACIA” , el protagonista, Miguel, evidentemente es él con sus vivencias en gran parte de la obra, que la recreación literaria no logra ocultar:

…venía a vivir a una escuela deslumbrante de gentío y anonimato por la que transitaba dolorosamente angustiado por el recuerdo del maestro bondadoso en Corda y por mi ropa de campesino con ese eterno toque de antigüedad… yo había sufrido mucho en aquellos primeros tiempos de escuela en la ciudad, frente a una maestra tan torpe y tan poco sagaz que nunca había intentado siquiera adivinar mis tristezas, cuando por dentro una negra fuente de melancolía comenzaba a manar sus aguas ferales… esa maestra cruel –que no obstante yo me empeñaba en calificar de buena y quería quererla con todo mi corazón quebrado- malignamente adherida a las burlas de los muchachos de la escuela… eso me había hecho cobarde, naturalmente, lleno de miedos, proclive a la depresión…tómese a un chico de ocho o nueve años, dueño absoluto de la infinita libertad de los campos, dueño indiscutido de una naturaleza íntima y sugerente siempre al alcance de la mano, y lléveselo de golpe, sin transición, a un barrio pobre de una ciudad vulgar…¿resultados? Un delicado equilibrio entre terrores y ansiedades para convertirlo en un neurótico, tentador permanente del pesimismo y las soledades…
Poco a poco, fue ganando su espacio en la ciudad que le dio tan hostil acogida. El cambio de barrio, de escuela, de maestros; amigos que valoraron sus innatas condiciones artísticas tanto plásticas como literarias colaboraron para que se sintiera rafaelino.

En “LA CIUDAD ME DISPONE” escrito en 1966 asì lo confiesa, entre otros poemas:

Vocativo
Lo que vale es decirle:
¡Rafaela!
tan quietamente
como se susurra el principio
de una larga carta de amor.
Después me sentiré libre
de todo el peso que me llena
porque mi boca
pudo confiarle el verso
que desde la piel me nace
para abarcarla
tal cual la pienso.
Lo que vale es decirle
que en los ojos tengo
todos sus árboles
y que a través de ellos conocí
de qué se sustentan las raíces
y de que sueño
duermen sus pájaros.

Fisonomia
Mi ciudad es de una luz
naranja y verde
que va desde la mañana
al atardecer.
Yo transito todos sus horizontes
limpios
y me digo
que mi ciudad florece
de hojas y de grillos
en lo más profundo de la noche.

Amor de mi ciudad
(fragmento)
Ciudad, te amo.
Este soy yo,
tengo un tiempo
que te he tomado
sin que lo adviertas,
tengo un cuadrado
con tus soles
y las células repletas
de tus vientos,
la melancolía de tus domingos
y la boca de tus palabras,,,
Un día
Salgo a su primavera
De hierbas
Y le digo:
Rafaela, nací en tu tierra
Y ya sé porqué
Te amo.

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