Louis Althusser

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Althusser el filósofo marxista

Louis Althusser

Louis Althusser nació el 16 de octubre de 1918 en Birmandréis, Argelia. Murió el 23 de octubre de 1990 en París, Francia. Fue un filósofo marxista. Estudió en la Escuela Normal Superior en París, donde más tarde se convirtió en profesor de filosofía. Durante su juventud se sintió fuertemente identificado con el cristianismo. Fue uno de los principales referentes académicos del Partido Comunista Francés (en cuyo interior se involucró en agrias disputas teóricas que desembocarían en su famosa “autocrítica”), y su pensamiento puede ser considerado como una respuesta a múltiples interpretaciones del marxismo, entre ellas el empirismo y el humanismo.

Althusser es habitualmente encasillado como un marxista estructuralista, aunque su relación con las otras variantes del estructuralismo francés es bastante compleja.

Introducción

Este trabajo se inició meses antes de la muerte biológica de Louis Althusser en 1990 y como homenaje a su papel determinante en el pensamiento y en la acción de toda una generación. Ensayos posteriores, mucho más elaborados y sobre todo, mejor autorizados, así como sus dos textos autobiográficos reunidos en un solo volumen bajo el título “El porvenir es largo”, han convertido lo que sigue en una reliquia de factura casi escolar, cargada sin embargo de una profunda admiración hacia cierta época. Aquella que, sin resultar exagerado – o quizá sí -, merecería llevar su nombre propio, Louis Althusser.

Nada de lo que sigue es de mi propiedad como nada de lo que hay es de nadie; nada es original, como sólo Dios sabe. Es el resultado sin duda fracasado de reunir en un solo texto ensartado por la pura fecha, cuanto tuvo que ver con el nombre propio Althusser. Incurre desde luego en el error humanista, como todo intento biográfico. Más si el concepto de círculo no es circular ¿por qué mi acercamiento al sujeto-pensamiento Althusser habría de ser “althusseriano”?

Junto a los grandes y graves apartados clásicos de vida, obra, opiniones, que aparecen en toda biografía que se precie, he situado el microcosmos de objetos in-significantes (el geranio del alféizar y el tabaco negro) y las anécdotas tontas, banales (el regateo y compra de cerámica en Barcelona) que han tenido (por) sujeto como cruel realidad a Althusser. No he proyectado un ensayo del aporte suyo ni una divulgación de su esperada verdad. Renuncié a todo cometido de valor: aposté por un divertimento en torno a personas, época, colores, formas e imágenes, en fin, superficie sin fondo ni contornos. Puro adorno. Entre esos objetos destaca la UJCml, y la exagerada amplitud que se dedica aquí a su génesis y comienzos responde a la consideración de que esa organización representó la prolongación biográfica – casi corpórea- en otros, del mecanismo Althusser.

Y puesto que a insuficiencia de datos me impidieron en su día elaborar con (sufi)ciencia una auténtica biografía, me conformé o me habría conformado de haber finalizado con seriedad mi experimento, con describir ciertas “atmósferas”: la de la intelectualidad parisina en los 50 y 60; la de la ENS de Ulm; la de cierta juventud “inmadura” para hacer su mayo, pero sí su proyecto de partido: la UJCml; la de una utopía teórica que consistió en relacionar con todo el peso del rigor, filosofía, ciencia y política; la de la efervescencia generada en torno a las potentes revistas teóricas de entonces, como La Pensée o Tel Quel.

Dos libros adquiridos en el transcurso de tan solo un mes, el de marzo de 1992, me dejaron desa(r)mado en la tarea proyectada ya no de biografiar a Althusser, sino en la más reducida de describir atmósferas o instituciones. El primero, el de B.-H. Lévy que expone con insistencia sus tesis sobre la libertad – como si fuera esta aislable y asible en un todo único, en su corporeidad metafísica (hubiera preferido como título “La aventura de las libertades”)-, me anunció que jamás, por mi deteriorado francés, por mi decrepitud monetaria y por mi dependencia de un trabajo que no permite tales lujos, podré recopilar los datos biográficos suficientes (entrevistas a testigos, consulta de archivos ¿cómo localizar las notas de profesores de la infancia de Althusser? ¿dónde?, ¿en Argelia?) que califican un trabajo similar de serio.

El otro es el placentero libro sobre Foucault de Eribon, ese poeta de la mirada que logra con aparente facilidad y felicidad construir libros bellos. Así como aquel me proporcionó datos que hacían ver que jamás podría haberlos obtenido por mis medios, quizá porque nada tenían que ver con su texto y sí con los mil testigos del “viejo Alt” – por ejemplo, los polvorones que llevaba Guitton a Althusser -, este otro libro, el de Eribon, “pisoteó” la intención larvada de mi proyecto: el decir de un entramado de nombres y enseñanzas intelectuales en la Francia de posguerra que en torno a instituciones como la ENS de la rue d’Ulm o el Collège de France, sobre líneas de fuerza del pensamiento, confluyen en ciertos nombres propios de mi confesada querencia: Althusser pero también, Lacan, Barthes, Derrida, Deleuze y la síntesis, Foucault.

Eribon lo ha conseguido. Logra transmitir la atmósfera, casi el aroma de esa época a la que me refiero. Y yo me descubro. Acepto mi derrota sólo disculpable al entender que nada había sido escrito antes; que nadie había recuperado la última época de existencia de titanes… los titanes del pensar. Tras la lectura de sus páginas iniciales fue honrado abandonar mi propósito de biografiar a Althusser y, al margen de recopilar como amanuense todo lo que se dijera de él, utilizar el material como homenaje en algún trabajo de (im)pura iconografía y en términos de juego y de puro gasto.

Ahora se intenta con esta muestra, más que erudición, otro juego. Si toda biografía no es nada más que eso, un juego, pretendo involucrar en él al mayor número de sujetos. Es cierto que la imagen a reconstruir no es indiferente, no se trata desde luego de un bonito campo de tulipanes encolumnado entre molinos de viento, es la faz resquebrajada y hecha añicos de quien tan mal se estimó y que en un esfuerzo de esconderse en el imaginario, hizo de su autobiografía un ejercicio de despedazamiento.

Propongo pues un puzzle “sine fine et sine causa” y sin ánimo hagiográfico, sino monstruoso: unir todas las partes que le fueron ajenas al propio Althusser (y por tanto quedaron fuera de su imperio autodestructivo) para ver de qué otra manera es posible recomponer un sujeto-pensamiento-sujeto que, bien sabrá también Dios cómo, tuvo que ver con el acontecer durante los primeros años de la década de los sesenta.

Interpelo a quienes lean estas páginas para que intervengan, para que aporten datos, fobias, imágenes – sobre todo imágenes. Yo mismo me dedicaré a colgar cada cierto tiempo un adorno más -, esquemas, otros experimentos personales o humildes opiniones, no con animo de cambiar el mundo – bien sabe por fin Dios que por el momento ya no es posible -, sino para recomponer un bello campo de tulipanes…..

1. El “joven” Althusser. 1918
2. Irrupción teórica. 1960
3. Esplendor. Diálogo con Sartre y formación de escuela. 1963
4. Inductor de la Revolución. 1966
5. Caida. 1968
6. Autocrítica. 1973
7. Intervención en el seno del P.C.F. 1976
8. Primera muerte y homicidio de Hélène. 1980
9. Silencio. 1982
10. Segunda muerte. 1990
11. Bibliografia
12. Apéndice: Publicaciones de la órbita de Althusser

 

1. EL “JOVEN” ALTHUSSER

16-10-1918 Nace en la ciudad de Birmandréis, barrio de Argel en la actualidad. (1) Argel y alrededores en 1918 (mapa)
Sus abuelos eran originarios del Morvan (Francia); su padre, que no había estudiado, se había puesto a trabajar con trece años y terminó colocándose en un banco. Antes de casarse, su madre había sido maestra. (9-14)
“Nací en Argelia, mi madre era hija de un campesino muy pobre que había emigrado a aquel país para trabajar como guardia forestal. Mi padre era de Alsacia, mi abuelo había elegido la Francia del 71 y el gobierno francés le deportó a Argelia. Viví allí hasta 1930, luego volví a Francia”. (23-30)
“Mis abuelos eran campesinos pobres del Morvan: el abuelo se fue, bajo el mando de Jules Ferry, como guardia forestal de los bosques mas silvestres de Argelia. Mis padres hicieron lo que pudieron. Mi madre había sido institutriz durante seis meses antes de su matrimonio. Mi padre, salido de la nada a los trece años, trabajaba en un banco. Mi madre hizo, creyendo que era algo bueno, que mi hermana y yo recibiéramos lecciones de piano y violín y nos llevaba todos los domingos a los “conciertos clásicos”. (29-6)
Macciocchi: Entre mis papeles encuentro una carta en la que Louis me contaba sus orígenes. Una carta rara, de la que transcribo lo esencial: “Mi historia es trivial. Nací en 1918, cerca de Argel. Mi padre era empleado de banca: había empezado a trabajar a los trece años. Mi madre era maestra. La familia de mis padres: pequeños campesinos alsacianos del Morvan (extremo Norte del Macizo Central). En el instituto y la universidad fui católico militante. La Iglesia había puesto en pie sus organizaciones en los años treinta para contener la influencia de las ideas “socialistas”. Y así nos rindió un sacrosanto servicio. Nosotros éramos hijos de pequeños burgueses. Nuestro capellán nos hablaba de la cuestión social. Eso nos hizo ganar tiempo. Por una ‘astucia de la historia’, la mayoría de mis compañeros católicos de esa época se hicieron comunistas. El Frente Popular, la guerra de España, la guerra contra el fascismo, la Resistencia nos hicieron ver de cerca la ‘cuestión social’, y nos enseñaron su verdadero nombre: lucha de clases. En 1948 me convertí en profesor de filosofía y afilié al Partido Comunista Francés. Desde esa fecha enseño filosofía en la Escuela Normal. En Semana Santa del 49 fui a Italia. Para un comunista francés, Italia era su pueblo maravilloso, los soviets de Turín en 1920, Gramsci y el Ordine Nuevo, la lucha heroica contra el fascismo, los espléndidos motines de los campesinos pobres en el campo. En Florencia fui a la Federación, en via dei Servi. Me conmovió la acogida de los camaradas, tan fraternal. En Francia era y soy profesor de Filosofía. Ser comunista en filosofía significa ser un filósofo marxista leninista. No es fácil convertirse en un filósofo marxista leninista…” (50-367)
1924-30 Realiza sus estudios primarios en Argel. (1)
Hizo sus primeros estudios en Argel, en un colegio especial para la colonia francesa, donde recibió una educación cristiana que marcó su juventud. (67-220)
1930-36 Cursa el bachillerato en Marsella. (1)
1935 “Cuando tenía 17 años quería ingresar en la Trapa. ¿Se acuerda? La primera vez que le vi le dije que quería ingresar en la Trapa”. (declaración hecha a su maestro Jean Guitton). (24-4)
1936 Llega a Lyon e ingresa en el Lycée du Parc para preparar su ingreso en la École Normale. Por entonces era un fervoroso católico que participaba en agrupaciones de estudiantes de ese credo. (1)
Es militante de la “Jeunesse Etudiante Chrétienne”. (2-22)
1936 o 1937 J. Guitton: Lo conocí en 1936 o 1937. Lo traté durante dos años. En hypokhâgne, y luego en khâgne. ¡Ah, el primer recuerdo…! Lo estoy viendo. Cierro los ojos y lo veo. Está ahí, en la segunda fila, a la izquierda. Desde que he abierto los ojos, he visto esa frente… Esa frente que me ha seducido… Y luego, además de la frente, unos hermosos cabellos… Cabellos de oro que eran toda la sensibilidad y la inteligencia del mundo… En su primera disertación, yo le había dicho: “¡Ve con cuidado, Althusser! ¡Cualquiera diría que te crees Lamartine! Prescinde de epítetos, los adjetivos; tienes que ser seco como un árbol en invierno”. Su estilo primero era lamartiniano, romántico. Había un fondo romántico en Althusser. Y puede que yo le haya ayudado, en efecto, a despojarse de ese caparazón romántico. Puede que yo le haya ayudado a encontrar su verdadero estilo. Era un católico ferviente. Inquieto. Venía a verme para decirme que sufría mucho porque cuando metía algún sermón religioso tenía la impresión de ser insincero. Era aquél un Althusser lleno de dudas. Un Althusser inquieto. Un Althusser que me decía: “Si me dejara ir, entraría en la Trapa para amar a Dios toda mi vida. Pues hablar con Dios no es amarlo” (…) (72-392)
1937 Jean Guitton: Durante dos años, de 1937 a 1939, tuve a Althusser como alumno en el Lycée du Parc, en Lyon, en la clase de primera superior, que es donde se prepara la Escuela Normal. Lo recuerdo: estaba en la segunda fila de la izquierda y me sorprendió el brillo de su frente. La primera disertación que me entregó era lamartiniana y lánguida. Le llevé aparte para decirle que tenía que cambiar de estilo, cosa que comprendió: Lamartine se transformó en Hegel. Me entregó una disertación sobre “Lo ficticio y lo real”, a la que concedí la mejor nota. Era el mas dotado de los estudiantes de Lyon. Su inteligencia era amplia, rigurosa (Había de escribir conmigo un tratado de “lógica formal”). Pero Louis era también un ser delicado, sensible, especialmente tierno (…) Veía yo en Althusser un discípulo privilegiado. Su familia recibía mis visitas y yo le recibía en mi casa. La filosofía que yo enseñaba en Lyon era el realismo espiritualista de Bergson, de la que Ravaisson había predicho que sería la filosofía del porvenir. Althusser, que entonces era celoso católico, era miembro de la Acción Católica. (29-6)
1938 Es alumno del filósofo Jean Guitton en Lyon, “en esa clase de Khâgne en la que sucedía a Vladimir Jankélevitch, reemplazando, como se dijo en la época a un cierto Sartre discrepante (…) Althusser era el ser más extraordinario que jamás encontré entre mis alumnos. Todo él era cerebro, con una frente magnífica. Pero al mismo tiempo era todo sensibilidad. Tenía un gran corazón. Encontré en él al ser completo que soñaba tener como discípulo. Además en ese momento, la vocación de Althusser era mística. Quería ser trapense y me decía básicamente: ‘Señor, mi vocación es la de ser monje y vivir en un claustro, porque existe una gran diferencia entre hablar de Dios y amarlo. Yo hablo de Dios, pero no lo amo suficiente'(…) nuestras discusiones evolucionaron mucho (…) pero siempre estuvimos de acuerdo en lo que se refiere al método. Hasta tal punto que tengo todavía aquí un manuscrito inédito que escribimos juntos: un ‘Tratado de lógica real’. Esta obra, escrita en común es una forma de ilustrar lo que Althusser me dijo un día: ‘Usted es un mal filósofo, pero un buen estratega'”. (21-57)
Guitton: “Sí, le conocí en el 36 o en el 37, durante las clases preparatorias de la Escuela Normal Superior. ¡Ah! Mi primer recuerdo…Parece que lo estoy viendo. Cierro los ojos y parece que lo estoy viendo. Se encuentra ahí delante, en la parte izquierda de la segunda fila. No hago más que abrir los ojos y vuelvo a ver aquella frente que me fascinó… Y luego, aquellos bellísimos cabellos… Unos cabellos dorados que simbolizaban toda la sensibilidad e inteligencia de este mundo”. (24-34)
Althusser: “En (mi recorrido cultural) han dejado huella dos hombres, uno se llama Jean Guitton, un amigo del papa Pablo VI. Fue quien me enseñó a escribir. El otro es Joseph Urse, un hombre maravilloso que en los años 30 me explicaba lo que habría sucedido después: la guerra, la derrota, Petain. Era mi profesor de historia, un jacobino. Yo era entonces católico y me interesaban los problemas sociales (…) luego me volví comunista porque había sido católico”. (23-30)
11-7-1938 Carta de Althusser a Guitton. (Texto en 29-6)
1939 Ingresa en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París. Para él sería verdaderamente un segundo hogar, del que sólo iba a arrancarle la locura. (25-43)
9-1939 Es movilizado para la guerra. (2-22)
6-1940 Hecho prisionero por los alemanes en Vannes. (1)
5-1945 Es puesto en libertad tras pasar casi cinco años en un campo de concentración alemán. (1 y 2-22)
1947 Tras haber dado signos de desequilibrio mental después de su cautividad, es hospitalizado en un establecimiento psiquiátrico con una “psicosis maniaco-depresiva causante de accesos melancólicos repetitivos”. Es el primero de una veintena de internamientos más. (3-18)
1948 En 1948, a los 30 años, llegué a ser profesor de filosofía y me adherí al Partido Comunista francés. La filosofía me interesaba: trataba de realizar mi profesión. La política me apasionaba: trataba de ser un militante comunista (…) La guerra y los largos años de cautiverio me permitieron vivir en contacto con obreros y campesinos y conocer a algunos militantes comunistas. (73-5)
1948 Termina sus estudios en la École Normale Supérieure en París con el título de agregado de filosofía. Su tesis versa sobre “La noción de contenido en la filosofía de Hegel” y en ella se observa la influencia de la enseñanza y las traducciones de Hegel por Jean Hyppolite, maestro también de Jacques Lacan. Por esa época era asimismo discípulo del epistemólogo Gaston Bachelard. (1)
Escribe un diplôme sobre “la noción de contenido en la filosofía de Hegel” bajo la supervisión de Bachelard. (2-87)
Eribon: Otro personaje relevante para los jóvenes “normaliens” de la rue d’Ulm: un compañero de la École, que en 1948 es nombrado “caimán” de filosofía, es decir encargado de preparar a los candidatos para la agregación. Sustituye a Georges Gusdorf, que venía ocupando esta función hasta entonces y que parte a la Universidad de Estrasburgo. Se llama Louis Althusser y, en aquellos años -como ocurrirá hasta mediados de la década de los sesenta-, su nombre, fuera de los límites del Barrio Latino, no sugiere nada a nadie. Pero, sobre el reducido círculo de sus alumnos, va a ejercer una influencia considerable. Louis Althusser aprobó la agregación en 1948. Tenía entonces treinta años. Había ingresado en la École Normale mucho antes, ya que superó la oposición en 1939. Pero le movilizaron y fue hecho prisionero. Pasó cinco años en un campo de concentración. Sólo una vez concluida la guerra vuelve a la École y aprueba la agregación. Queda segundo. El primero es Jean Deprun. En la lista de aprobados: Gilles Deleuze, François Châtelet… Desde el inicio del curso 1948, Althusser asume las funciones de caimán y todo el mundo pondera sus cualidades pedagógicas. El primer año pone a sus alumnos a trabajar sobre Platón, pero, de hecho, no da demasiadas clases. Efectivamente, muy pronto padece los efectos de la repercusión de sus graves problemas psicológicos y su docencia se vuelve muy irregular. Con frecuencia suele desaparecer de la École, ausentándose durante varias semanas. Pero entabla relaciones personales con los jóvenes que tiene a su cargo. Les concede largas entrevistas en su despacho, de uno en uno, les escucha, les da consejos y pautas técnicas de gran utilidad cuando llegue la hora de presentarse ante el tribunal de una oposición tan codificada y ritualizada como la agregación.
Michel Foucault trabará una profunda amistad con Louis Althusser. Cuando enferma, es Althusser quien le aconseja que se niegue a la hospitalización psiquiátrica. Pero también, y sobre todo, es bajo el influjo de Althusser que Foucault ingresa en el Partido Comunista. Cuando asume sus funciones de caimán, Althusser todavía no es comunista. Incluso asiste a las reuniones del grupo católico de la École. Ha sido, en efecto, un católico ferviente, ahora lo es algo menos. Fue discípulo de Jean Lacroix y de Jean Guitton, y sigue manteniendo con ellos unas relaciones excelentes. Althusser se decanta hacia el marxismo y el comunismo en un momento en el que casi la totalidad de la École Normale, y amplios sectores del ámbito intelectual francés, siguen el mismo movimiento. El marxismo y la adhesión al Partido Comunista son los problemas que obsesionan la conciencia de los universitarios franceses… (75-58)
Cuando toma el relevo de Gusdorf, Althusser también lleva a sus alumnos a Sainte-Anne. Asistirán allí a las lecciones de otro (además de Georges Daumézon) gran psiquiatra de primera fila: Henry Ey. (75-70)
11-1948 Se afilia al Partido Comunista francés coincidiendo con el aplastamiento por las fuerzas antidisturbios a las órdenes de ministros socialistas, de una huelga de mineros dirigida por los comunistas. (2-22)
“En el partido comunista encontré los medios para la realización de la fraternidad universal. La mía fue una reflexión con los medios que tenía a disposición, es decir, mis ideas de aquel entonces. Y en este sentido me influyó además mi mujer, que me había enseñado mucho. Las mujeres me han dado todo, les atribuyo una enorme importancia. Las mujeres no saben cuanta capacidad tienen para hacer política”. (23-30)
Había sido Hélène, en el campo de concentración que ambos habían compartido durante la Guerra, la que le había abierto las puertas del marxismo. A su vuelta a la Francia liberada, Althusser le había presentado a Guitton a su mentora con estas palabras: “le voy a presentar a la persona que ha tenido el papel más importante en mi vida. Se llama Hélène. Es ella quien me ha permitido convertirme en ateo y comunista. Le abandono para siempre maestro, porque a partir de ahora profesaré lo contrario que usted me ha enseñado. Ni Pascal, ni Bergson, sino Karl Marx”. (24-4)
El anterior encuentro se produjo en Avignon en 1947 y hubieron de transcurrir treinta años hasta que Guitton y Althusser se volvieran a ver. (29-6)
Guitton: Fue hacia el final de la guerra. Althusser y yo nos habíamos reencontrado en Avignon. Habíamos comido juntos en un pequeño restaurante cuyo nombre he olvidado. Me dijo: “Le voy a presentar a la persona que ha desempeñado el papel más importante en mi vida. Se llama Hélène. Es ella la que me ha permitido convertirme en ateo y comunista. Le dejo para siempre maestro, pues a partir de ahora profeso lo contrario de lo que usted me ha enseñado. Ni Pascal ni Bergson: Karl Marx”. Para ser del todo honesto, debo añadir que ese día me dijo también: “Con todo, permanezco ligado a usted por el corazón, por el amor, por no sé qué que hay en mí y que le quiere. Cada vez que me halle en el marasmo, cada vez que me sea preciso tomarme períodos de reposo lejos de los hombres, bueno, le haré venir”. Durante cuarenta años eso es lo que pasó. Cada vez que se encontraba enfermo, o fatigado, o atormentado, me hacía venir. Y yo iba a verlo. Nunca hablábamos de religión ni de filosofía. (72-393)

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