Luis Buñuel

Biografia OpusVida por magui

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Luis Buñuel Portolés fue un director de cine español naturalizado mexicano. La gran mayoría de su obra fue realizada en México y Francia y es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine.

Nació en Calanda, Teruel, Aragón, España, 22 de febrero de 1900 y falleció en la Ciudad de México, México, 29 de julio de 1983.

Contenido:

  1. Sus primeros años
  2. París y primeras películas
  3. Video
  4. Los lazos entre Buñuel y Lorca
  5. La Guerra Civil. Estados Unidos
  6. Galería de fotos de Luis Buñuel
  7. Etapa mexicana
  8. Etapa francesa
  9. Su pensamiento
  10. Video: el surrealismos según Buñuel
  11. Así se rió Buñuel del franquismo
  12. Libros favoritos
  13. Filmografía
  14. Como director
  15. Como asistente de dirección
  16. Como productor o supervisor
  17. Como guionista en películas no realizadas por él
  18. Como actor
  19. Obra literaria

Sus primeros años

Luis Buñuel nació en Calanda el 22 de febrero de 1900. Su padre, Leonardo Buñuel González, originario del mismo pueblo, donde tenía un negocio de ferretería, había conseguido una pequeña fortuna en Cuba y tras la guerra de independencia liquidó sus negocios y volvió a su pueblo natal, donde se casó con María Portolés Cerezuela, mucho más joven que él, con la que tuvo siete hijos: Luis (1900), María (1901), Alicia (1902), Concepción (1904), Leonardo (1907), Margarita (1912) y Alfonso (1915). A los cuatro meses del nacimiento de su primogénito, la familia se trasladó a vivir a Zaragoza y a partir de entonces pasó a repartir sus vacaciones entre Calanda (donde regresaban en Semana Santa) y San Sebastián.

Así pues, Luis pasó toda su infancia y adolescencia en Zaragoza, donde cursó la educación primaria y secundaria, primero en Corazonistas (con mayoría de franceses) y luego durante siete años en el colegio jesuita de El Salvador, en la plaza de Aragón, a media pensión (con una gorra como uniforme). En 1908 asistió por primera vez al cine Farrucini (una barraca con una lona como cubierta) para ver una película coloreada a mano de dibujos animados. En esa época el cine era considerado todavía una atracción de feria y aún tardó unos años en haber salas estables. Luis vio durante su infancia muchas películas (su prima tenía acceso desde la cocina de su casa a la pantalla de uno de los primeros cines de Zaragoza). Cuando tenía trece años, a la vuelta de uno de los habituales viajes a París de sus padres, éstos le regalaron un teatro con personajes de cartón; con este teatro comenzó a ofrecer representaciones a los jóvenes de su pueblo.

A partir de 1913, paralelamente a sus estudios, comenzó a estudiar violín y a tocar en el coro de la Virgen del Carmen de Zaragoza. Ese mismo año salió por primera vez de Aragón y viajó a Vega de Pas (Cantabria). En 1915 fue expulsado por los jesuitas del colegio a causa de una borrachera y se matriculó en el Instituto de Enseñanza Media de Zaragoza (más tarde llamado Goya) como alumno libre. En esa época leyó El origen de las especies de Darwin.

A los 17 años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes, fundada por la Institución Libre de Enseñanza, donde permaneció siete años. Allí entabla amistad con José Moreno Villa, Eduardo Marquina y Juan Ramón Jiménez.

Su propósito era estudiar, inducido por su padre, Ingeniería Agrónoma. En esta época se interesó por el naturismo y llevó una alimentación y vestimenta espartanas, gustando de lavarse con agua helada. Tomó parte de las actividades del cine-club de la Residencia y trabó una gran amistad con, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Pepín Bello entre otros. También participó en las tertulias ultraístas y, todos los sábados desde 1918 hasta 1924, en las del Café Pombo, dirigidas por Ramón Gómez de la Serna.

En 1920 inició, con el doctor Ignacio Bolívar, estudios de entomología, que abandonó para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras, lo que suponía una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España.

Con sus compañeros de la Residencia hizo sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.

En 1921, año del Desastre de Annual, conoció en la Residencia al hermano de Abd el Krim, dirigente de la resistencia contra la dominación colonial española y francesa en el norte de Marruecos. Visitó por primera vez Toledo, ciudad que causó una profunda impresión en Buñuel y sus amigos. También tuvo conocimiento en estos años de las tendencias internacionales más importantes del pensamiento y del arte y mostró interés por el Dadaísmo y la obra de Louis Aragon y André Bretón. Y por supuesto siguió asistiendo con regularidad al cine.

En 1923 murió su padre en Zaragoza, inició el servicio militar y publicó su primer artículo, al que siguieron cuentos y poemas en revistas de vanguardia e incluso preparó un libro que los recopilaba bajo el título Un perro andaluz. Muchas de las imágenes de sus escritos de estos años, previos al surrealismo francés, pasaron a su cine. El día de San José de ese mismo año de 1923 fundó la paródica Orden de Toledo y se nombra a sí mismo condestable. Para ser caballero había que emborracharse y estar toda la noche sin dormir. A ella pertenecieron, entre otros, Dalí, Pepín Bello, Alberti…

En 1924, año en que Dalí le realiza su primer retrato, se licenció en Historia y renunció al doctorado, decidido a marcharse a París, la que por entonces era capital cultural de occidente.

París y primeras películas

En enero de 1925, después de asistir a la conferencia que da Louis Aragon en la Residencia de Estudiantes, Buñuel abandonó Madrid rumbo a París. En la capital francesa asistió a las tertulias de los inmigrantes españoles y se acerca cada vez más al grupo surrealista. Su afición por el cine se intensificó y veía habitualmente tres películas al día, una por la mañana (generalmente proyecciones privadas, gracias a un pase de prensa), otra por la tarde en un cine de barrio y otra por la noche. También comenzó a colaborar como crítico en varias publicaciones de cine y arte, como Cahiers d’Art, Alfar, L’Amic de les Arts, Helix, Horizonte y La Gaceta Literaria. En ellas dejó constancia de sus concepciones cinematográficas, algo en lo que no se prodigó en lo sucesivo.

El pianista Ricardo Viñes le propuso la dirección escénica de El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, que, estrenada en Ámsterdam el 26 de abril de 1926 y representada también al día siguiente, supuso un importante éxito. Esta experiencia le llevó a escribir una pieza de teatro de cámara de vanguardia titulada Hamlet en 1927, que fue estrenada en el Café Sélect de París.

Su conversión total al cine se produjo tras ver la película Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang. Varias semanas después se presentó en un rodaje al conocido director de cine francés Jean Epstein y se ofreció a trabajar en cualquier labor a cambio de aprender todo lo que pudiera acerca del cine y Epstein acabó permitiéndole desempeñar el cargo de ayudante de dirección en el rodaje de sus películas mudas Mauprat y La caída de la casa Usher (La chute de la maison Usher), de 1928.

También en estos años colaboró como actor en pequeños papeles, como el de contrabandista en la película Carmen, de los estudios Albatros, con Raquel Meller, y en La Sirène des Tropiques con Joséphine Baker. Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas. Como crítico, elogió el cine de Buster Keaton y atacó, por considerarla pretenciosa, la vanguardia cinematográfica francesa, en cuyas filas militaba el propio Jean Epstein. Es conocida su ruptura con éste al negarse el aragonés a trabajar en el nuevo proyecto del más reputado de los directores vanguardistas franceses, Abel Gance.

Cada vez más interesado por el grupo surrealista de Breton, comenzó a trasladar a sus compañeros de la Residencia de Estudiantes las novedades de esta tendencia, escribiendo poemas de un surrealismo ortodoxo e instando a Dalí a que se trasladase con él a París para conocer el nuevo movimiento. En 1927 escribió Polismos y viajó a la Residencia de Estudiantes para dirigir un ciclo de cine.

En 1928 preparó un guión cinematográfico sobre Francisco de Goya con motivo del centenario de su fallecimiento, patrocinado por una comisión zaragozana. El proyecto no llegó a buen término por falta de presupuesto, como tampoco otro basado en un guión de Ramón Gómez de la Serna que iba a titularse El mundo por diez céntimos, en el que el hilo conductor iban a ser los sucesivos cambios de dueño de una moneda. Este mismo año se adhirió al grupo surrealista de París. En colaboración con Ramón Gómez de la Serna terminó el guión de Caprichos, que nunca se llega a rodar.

En enero de 1929, Buñuel y Dalí, en estrecha colaboración, ultimaron el guión de un film cuyo proyecto se titularía sucesivamente El marista en la ballesta, Es peligroso asomarse al interior y, por fin, Un perro andaluz. La película se comenzó a rodar el 2 de abril con un presupuesto de 25.000 pesetas aportadas por la madre de Buñuel. Se estrenó el 6 de julio en el Studio des Ursulines, un cine-club parisino, en el que alcanzó un clamoroso éxito entre la intelectualidad francesa, y permaneció en exhibición nueve meses consecutivos en el Studio 28.

A partir de la proyección de Un perro andaluz, Buñuel fue admitido de lleno en el grupo surrealista, que se reunía diariamente en el Café Cyrano para leer artículos, discutir sobre política y escribir cartas y manifiestos. Allí, Buñuel forjó amistad con Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, entre otros.

A fines de 1929 se volvió a reunir con Dalí para escribir el guión de lo que sería más tarde La edad de oro, pero la colaboración ya no resultó tan fructífera, pues entre los dos se interpone el gran amor de Dalí, Gala Eluard. Buñuel comenzó el rodaje de la película en abril de 1930, cuando el pintor se encontraba disfrutando de unas vacaciones con Gala en Torremolinos. Cuando descubrió que Buñuel ya había acabado la película con el sustancioso mecenazgo de los Vizcondes de Noailles, que deseaban producir una de las primeras películas sonoras del cine francés, Dalí se sintió marginado del proyecto y traicionado por su amigo, lo que originó un distanciamiento entre ellos que se fue incrementando en el futuro. A pesar de aquello, felicitó a Buñuel por el largometraje, asegurando que le había parecido “una película americana”. El estreno tuvo lugar el 28 de noviembre de 1930. Cinco días más tarde grupos de extrema derecha atacaron el cine donde se proyectaba y las autoridades francesas prohibieron la película y requisaron todas las copias existentes, comenzando una larga censura que duraría medio siglo, pues no sería distribuida hasta 1980 en Nueva York y un año después en París.

En 1930 Buñuel viajó a Hollywood, contratado por la Metro Goldwyn Mayer, como «observador», con el fin de que se familiarizara con el sistema de producción estadounidense. Allí conoció a Charles Chaplin y Serguéi Eisenstein. En 1931 llegó a España, en vísperas de la proclamación de la Segunda República. La edad de oro se proyectó en Madrid y Barcelona. En 1932 asistió a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios (AERA), se separó del grupo surrealista y se afilió al Partido Comunista francés. Contratado por la Paramount, regresó a España y trabajó como responsable de sincronización. En 1933, financiado por su amigo Ramón Acín, filmó Las Hurdes, tierra sin pan, un documental sobre esa comarca extremeña. La derecha y la Falange Española comenzaban a rebelarse en España y la película fue censurada por la joven y débil Segunda República Española por considerarla denigrante para España. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.

En 1934 visitó en París a Dalí, ya casado con Gala. Dalí se mostró indiferente con Buñuel, con lo que se incrementó su distanciamiento. El 23 de junio se casó con Jeanne Rucar, a la que había conocido en casa de su amigo Joaquín Peinado en 1925 cuando estudiaba anatomía en París, y que había sido medalla de bronce de gimnasia artística en las Olimpiadas de París de 1924. La boda se celebró en la alcaldía del distrito XX de la capital francesa, sin invitar a la familia, con tres testigos improvisados (uno de ellos, un transeúnte desconocido) y, después de comer, Buñuel volvió a Madrid, ya que había aceptado trabajar para la Warner Brothers como director de doblaje. La pareja tendría dos hijos, Jean Louis, nacido en París, y Rafael, que lo haría en Nueva York.

En 1935, con ayuda de algún dinero familiar, fundó, junto a Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, que competía con la Cifesa de los hermanos Casanova, principal productora española de los años treinta. Filmófono produjo películas como Don Quintín el amargao, donde debutó en el cine la gran bailaora Carmen Amaya, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? o ¡Centinela alerta! y la única condición de Buñuel para producirlas era, curiosamente, no aparecer en la ficha técnica, pues a sus ojos no eran más que “melodramas baratos”. Todas estos largometrajes fueron rentables y supusieron la consolidación de la industria cinematográfica española de los años treinta. Sin embargo, la Guerra Civil abortó este proyecto.

 

 

Los lazos entre Buñuel y Lorca

Al margen de las relaciones cinematográficas que entre Buñuel y Lorca puedan establecerse en el contexto de la Residencia de Estudiantes, lo más significativo es la profunda amistad nacida desde 1919 entre «el andaluz refinado» y «el aragonés tosco», que dejará huella indeleble en la vida y en la obra de ambos. No escatima el cineasta en sus memorias elogios para su compañero, porque «la obra maestra era él», ni elude la influencia ejercida por el granadino tanto para descubrirle el sentido de la poesía como para sugerirle títulos como La leyendaáurea, uno de cuyos pasajes, el dedicado a San Simeón el Estilita, convertiría tiempo después en película: Simón del desierto (1965).

Hay que destacar ese rico anecdotario sentimental que le permite a Luis evocar la Orden de Toledo, creada por él en 1923. De hecho, Federico fue miembro fundador del citado grupo, junto a su hermano Francisco, Rafael Sánchez Ventura, Pedro Garfias, Augusto Centeno, José Uzelay y Ernestina González. José Bello era el secretario, y entre los caballeros figuraban Alberti, Urgoiti, Dalí, José María Hinojosa, María Teresa León, Hernando Viñes y la esposa de Buñuel, Jeanne. Asimismo, había escuderos, caso de Georges Sadoul, Élie Lotar, Ana M.ª Custodio, Roger Désormières y algunos más.

También podrá Buñuel recordar sus conversaciones con Lorca en la Posada de la Sangre, donde se comentaban mutuamente sus personalidades mientras se ponía de relieve el egocentrismo del poeta. O rememorar el encuentro madrileño con Falla, la lectura de El amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín (durante la cual Buñuel y Dalí interrumpen al autor para indicarle, sin paliativos, que aquello «es una mierda»), el estreno de Yerma, etc.

El recuerdo se ha perpetuado en una serie de fotos que testimonian aquella amistad. Así, los vemos en esas placas representando Don Juan Tenorio en la Residencia de Estudiantes, hacia 1921, y también montados en la moto y en el avión de cartón del feriante-fotógrafo, allá por 1924, en la madrileña verbena de San Antonio. Sabemos, sin embargo, que la relación entre Lorca y Buñuel se quebrantará de forma circunstancial cuando Federico se sienta aludido, y personalmente agraviado, por entender que la película Un perro andaluz está dirigida contra él.

La revista que aglutinó a los miembros de toda esta generación y potenció el entusiasmo por el cine fue La Gaceta Literaria (1927-1931). El número 2 incluye ya la primera crónica cinematográfica firmada por Luis Buñuel. Posteriormente harían lo propio Guillermo de Torre, Miguel Pérez Ferrero, Antonio G. Solalinde, Julio Álvarez del Vayo, Benjamín Jarnés, Salvador Dalí, Rafael Alberti, Luis Gómez Mesa y otros más. El talante liberal de la publicación actuó como aglutinante de la intelectualidad, al tiempo que sirvió de nexo entre ésta y la generación precedente. Por lo demás, su acendrada preocupación por los movimientos de vanguardia queda de manifiesto en el modo en que privilegió al cine entre sus escritos y actividades.

Dentro de la obra poética de Lorca podemos destacar una serie de títulos dedicados a Luis Buñuel. En este caso, el temario de las composiciones nada tiene que ver con lo cinematográfico: su interés se cifra en la voluntad del poeta por perpetuar el nombre de su amigo junto a ellas. Canciones acoge materiales elaborados entre 1921 y 1924. Bajo el epígrafeJuegos, figuran varios poemas, y según reza el texto, están «Dedicados a la cabeza de Luis Buñuel. En grand plain [sic]». Asimismo, bajo el título Suite del regreso hallamos las palabras «A Luis Buñuel». De acuerdo con el testimonio de Miguel García-Posada, la dedicatoria queda tachada en el manuscrito original. Diálogo con Luis Buñuel es un texto inconcluso donde el autor sólo desarrolla la escena primera. El original está escrito con tinta negra en las dos caras de una sola cuartilla. Manuel Fernández Montesinos estima que debió redactarse hacia 1925.

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