Lula da Silva

Biografia OpusVida por dina

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Luiz Inácio Lula da Silva es un político brasileño, Presidente de la República. (Caetés, 27 de octubre de 1945)

Fue elegido por la revista Time como el líder más influyente del mundo en 2010. Anteriormente, en 2008, la revista estadounidense Newsweek, había considerado al presidente de Brasil una de las personas más influyentes en el escenario mundial (ocupaba entonces la posición n.º 18). De igual manera, el diario francés Le Monde, así como el medio español El País, lo distinguieron como la«personalidad del año 2009» y como protagonista de la década (ocupando la posición n.º 11) por el diario británico Financial Times.

Cuando en 2002, en su cuarto intento y tras moderar su imagen radical, consiguió ganar las elecciones presidenciales de Brasil, a Luiz Inácio Lula da Silva, fundador y líder del Partido de los Trabajadores, se le planteó el dilema de cómo satisfacer las urgentes necesidades de distribución de la renta e integración social sin renunciar a la disciplina fiscal y el control de la inflación, reclamados por aquellos con los que el país estaba fuertemente endeudado. Próximo a concluir su segundo y definitivo mandato el 1 de enero de 2011, un balance positivo se impone: en estos ocho años, Brasil ha experimentado un robusto crecimiento económico acompañado de estabilidad financiera y de importantes avances en el terreno social, con millones de ciudadanos rescatados de la pobreza y aupados a la clase media. En ese tiempo, el dirigente socialista salió airoso del descomunal escándalo de la corrupción del PT, resistió las presiones por su izquierda y recobró los más altos índices de popularidad. En su agenda pragmática se dieron cita los ajustes promercado, los grandes programas de desarrollo social y apuestas estratégicas como los biocombustibles y los transgénicos.

Su persistente carisma en casa ha sido parejo a una potente proyección internacional, en un mundo en transformación. Como jefe de un Estado que busca ser un actor relevante en la escena global y se perfila como adalid del nuevo Sur emergente, Lula se alió a sus colegas de India, China, Rusia y Sudáfrica en los foros IBSA y BRIC, buscó la democratización del Consejo de Seguridad de la ONU, promovió el G20 en las negociaciones comerciales con el Norte, dialogó con un G8 en crisis y lanzó una cruzada contra el hambre. En su continente, afianzó el liderazgo sur/latinoamericano de Brasil en pro de la integración regional. Una política de equilibrios y matices que condujo a unas relaciones ambivalentes con Estados Unidos y Venezuela, donde hubo coincidencias y desencuentros; así, Lula torpedeó el ALCA mientras enarbolaba el MERCOSUR, pero también se distanció del ALBA de Chávez. La UE, Cuba, Argentina y finalmente Irán fueron otros interlocutores privilegiados de su Gobierno.

Contenido:

  1. Infancia y juventud
  2. Su paso por el sindicalismo
  3. Lula en la política
  4. Camino a la Presidencia
  5. Video – Parte 1
  6. Galería de fotos de Lula da Silva
  7. Presidente de Brasil
  8. Política económica
  9. Política exterior
  10. Programas sociales
  11. Educación y becas
  12. Video
  13. Política laboral
  14. Medio Ambiente
  15. Deportes
  16. Segundo período presidencial
  17. Premios
  18. Video

Infancia y juventud

Séptimo de los ocho hijos de una pareja de labradores analfabetos (en realidad fueron doce hermanos, pero cinco murieron prematuramente), hasta los cinco años no conoció a su padre, ausentado por la época en que nació él para trabajar como estibador portuario en São Paulo. En 1952 la madre vendió las improductivas parcelas de labranza que poseía y se llevó a su prole a vivir a este estado sureño, que ofrecía un horizonte de oportunidades menos sombrío que el subdesarrollado Pernambuco. La familia vivió primero en Guarujá y luego en Santos, la ciudad que sirve de prolongación portuaria a la gran urbe de São Paulo y en cuyos muelles de carga trabajaba el padre.

El muchacho, apodado Lula por sus parientes y conocidos, contribuyó a las magras rentas familiares trabajando como vendedor callejero de tapioca y frutas tropicales, y recibió la educación primaria en el grupo escolar Marcílio Dias de Santos. En 1956 la madre decidió separarse de un esposo que no se ocupaba de ellos (años después Aristides Inácio da Silva moriría alcoholizado, no sin fundar una segunda familia igual de numerosa) y se instaló con sus hijos en la capital São Paulo, no encontrando otro inmueble para vivir que un cubículo en el sótano de un bar en el barrio obrero de Vila Carioca. En esta situación de absoluta precariedad el futuro sindicalista no pudo recibir más que una educación elemental y, como tantos jóvenes de su condición social, engrosó el proletariado urbano desde muy temprana edad.

A partir de los 12 años trabajó como peón y chico de los recados en talleres y fábricas de São Paulo, y cuando tenía 14 encontró su primer empleo de entidad como asalariado en la empresa siderometalúrgica Armazéns Gerais Colúmbia. La realización de un curso de tres años impartido por el Servicio Nacional de Industria (SENAI) le cualificó en 1963 como tornero, ampliando sus posibilidades profesionales en el sector. En 1964, el año del golpe de Estado militar que liquidó el sistema de partidos, Lula perdió el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral en el turno de noche de la fábrica Fris Moldu Car, especializada en remates de carrocerías de automóviles.

En enero de 1966 terminó una mala racha de casi un año de paro al ser contratado por la importante compañía metalúrgica Indústrias Villares, radicada en São Bernardo do Campo, una de las prefecturas o municipios del denominado ABC, subárea metropolitana de São Paulo y el principal cinturón industrial de Brasil y de toda Sudamérica. Según él mismo ha contado, en aquellos años era un joven despreocupado que cuando no tenía que ganarse la vida con el buzo ante un torno dedicaba todo su tiempo a jugar al fútbol, beber cachaça (un aguardiente típico de Brasil que se obtiene de la destilación de la caña de azúcar) y rondar a las chicas.

Su paso por el sindicalismo

Fue en 1968 cuando Lula, de la mano de su hermano mayor, José Ferreira da Silva, alias Frei Chico, un militante del proscrito Partido Comunista Brasileño (PCB), se interesó por el movimiento obrero. Afiliado al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema, combinó la actividad puramente sindical, defendiendo los intereses de los trabajadores, con la difusión de boletines políticos rigurosamente clandestinos en los que se atacaba al régimen militar, el cual, encabezado por el mariscal Artur da Costa e Silva, vivía su fase más represiva.

En 1969 los hermanos da Silva fueron votados para integrar el Comité Ejecutivo del sindicato, José como secretario de área y Luiz Inácio como su suplente. En mayo de aquel año éste último contrajo matrimonio con una obrera de telar de nombre Maria de Lourdes, pero el matrimonio se truncó trágicamente un año más tarde con la muerte de ella, víctima de una hepatitis aguda, durante el nacimiento del primer hijo del sindicalista, que tampoco sobrevivió al parto. En 1974 Lula volvió a casarse con otra trabajadora, Marisa Letícia, también viuda y madre de un niño. Llegó a su segundo matrimonio con una hija fruto de la relación en 1972 con una auxiliar de enfermería llamada Miriam Cordeiro, y más tarde tuvo con Marisa otros tres chicos, conformando una familia de cinco vástagos.

En 1972 Lula fue elegido director del Departamento de Protección Social del sindicato. Respetado y apreciado por sus compañeros por sus esfuerzos para mejorar la cobertura social, la preparación profesional y el nivel cultural de los trabajadores metalúrgicos del ABC paulista, en 1975 fue elevado a la presidencia del sindicato con el 92% de los votos y pasó ser la voz y el rostro de casi 100.000 trabajadores.

En febrero de 1978 fue reelegido con el 98% de los votos y adoptó una postura de total beligerancia frente a la dictadura castrense, ahora encabezada por el general Ernesto Geisel, que arrastraba una fase sin precedentes de críticas y desprestigio por el derrumbe del llamado “milagro económico brasileño” de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, y que no tuvo otro remedio que emprender una -muy cautelosa, no obstante- liberalización política.

Lula fue el promotor principal de las grandes manifestaciones y paros obreros en São Paulo en exigencia de libertades políticas y la readmisión en sus puestos de compañeros despedidos. Para detener este peligroso frente de contestación, en 1979 el Gobierno federal hizo aprobar una ley que prohibía las huelgas en los sectores esenciales de la economía. El 13 de marzo de ese año, en la víspera de la asunción presidencial del general João Baptista Figueiredo, Lula, en su primera acción que le reportó fama en todo el país, desobedeció la disposición y llamó a la huelga general en el ABC, pasando a entablar un forcejeo con las autoridades que se saldó con un precario acuerdo para el retorno de los huelguistas a las fábricas pero que no libró al sindicato de ser intervenido.

Los metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema salieron de esta porfía debilitados y con el mal sabor de boca que había supuesto la aprobación por el Congreso, a instancias de la promilitar Alianza Renovadora Nacional (ARENA), pero también de algunos diputados del opositor Movimiento Democrático Brasileño (MDB) -los dos partidos legales que cumplían el simulacro de democracia representativa implantado en 1966-, de una normativa lesiva de los derechos de los trabajadores. Así que cuajó una idea ya planteada por Lula a finales del año anterior, cual era formar un partido político que velara por los intereses de los trabajadores en las instituciones emanadas del voto popular, además de sumarse a la causa democrática en un sentido general.

Lula en la política

El 10 de febrero de 1980, al amparo de la disposición legal del 29 de noviembre de 1979 que extinguió el bipartidismo y abrió la puerta a un multipartidismo que, empero, sus promotores deseaban que fuera limitado, los sindicalistas de Lula, activistas sociales y algunos políticos e intelectuales de izquierda fundaron en el Colegio Sion de São Paulo el Partido de los Trabajadores (PT). La nueva formación, aún no legal y a duras penas tolerada por las autoridades, reivindicaba un ideario socialista clásico, clasista y con nociones marxistas (es decir, un poco del estilo de los partidos socialistas y laboristas europeos de los años cincuenta y sesenta), con una organización disciplinada y una sólida implantación popular, la cual, ciertamente, se constituyó con mucha rapidez en las masas proletarizadas de São Paulo.

El PT recibió muchas adhesiones del sindicalismo brasileño y de sectores progresistas de la Iglesia católica permeables a la Teología de la Liberación. En aquella fase inicial estaba muy vinculado a grupos socialdemócratas adscritos al también recién fundado Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, formación mayormente centrista y heredera del abolido MDB), en particular el del sociólogo Fernando Henrique Cardoso, cuya campaña de 1978 para senador por São Paulo Lula apoyó activamente.

De hecho, la intención primera de Lula fue integrar a Cardoso (de un perfil personal bien diferente, por su extracción burguesa, su bagaje intelectual y su trayectoria cosmopolita) en un proyecto común de socialismo democrático para mejor oponerse a los militares en el poder, frustrada iniciativa que, según algunos comentaristas, brinda argumentos a quienes desde la izquierda más propiamente marxista han negado al PT el carácter de partido, no ya revolucionario, sino obrero propiamente.

En su lado del espectro político ya operaban otras formaciones en trance de organización y relanzamiento, principalmente el Partido Democrático Laborista (PDT) de Leonel Brizola, el PCB de Luiz Carlos Prestes y el Partido Laborista Brasileño (PTB) de Ivete Vargas. Estos grupos planteaban también una oposición sin ambages al régimen militar desde posturas de izquierda, pero a diferencia del PT portaban, de hecho, viejas siglas y viejos proyectos que vivieron mejores tiempos en el período democrático comprendido entre 1945 y 1964. El PCB llevaba años dividido entre facciones marxistas ortodoxas y renovadoras, mientras que el PDT, escorado al populismo de izquierdas, y el PTB, más moderado, mantenían una pugna particular por la titularidad de la herencia ideológica del trabalhismo del PTB original puesto en marcha por Getúlio Vargas hacía 35 años y que tenía su baluarte en Río de Janeiro.

Por de pronto, Lula continuó con su lucha de tintes políticos en el frente sindical. El 1 de abril de 1980 comenzó una huelga de los obreros paulistas en demanda de mejoras salariales que se prolongó durante 41 días y que fue duramente reprimida. Transcurridos 19 días de este nuevo y tenso pulso con el poder, Lula y resto de la directiva del sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema fueron arrestados y removidos de sus puestos gremiales sobre la base de la Ley de Seguridad Nacional.

Preso en los calabozos de la policía política de la dictadura, el DOPS, hasta mediados de mayo, se le imputó un delito de alteración del orden público y el 25 de febrero de 1981, semanas después de retornar de un viaje por Europa y Estados Unidos, un tribunal militar de São Paulo le condenó a tres años y seis meses de cárcel, pena que no llegó a cumplir porque el 2 de septiembre siguiente el Tribunal Supremo Militar anuló la sentencia y solicitó un nuevo juicio.

El PT se registró provisionalmente el 11 de febrero de 1982 y tuvo su debut electoral en las legislativas multipartidistas del 15 de noviembre de aquel año, quedando en un discreto quinto lugar tras el PDT y el PTB con el 3,5% de los votos y ocho escaños en la Cámara de Diputados. Lula, ya liberado de toda cuenta pendiente con la justicia al declarar el Tribunal Supremo Militar la prescripción de su caso el 11 de mayo, probó suerte en la liza por el puesto de gobernador de São Paulo; pese a recibir más de un millón de votos (que eran casi todos los cosechados por el partido en el conjunto del país, lo que indicaba que su base de apoyos provenía casi exclusivamente del cinturón rojo paulista), fue rebasado por otros tres aspirantes encabezados por André Franco Montoro, del PMDB.

El 26 de agosto de 1983 Lula participó en la fundación de la Central Única de Trabajadores (CUT) como agrupación gremial ligada al PT y nuevo ariete movilizador contra el régimen militar. Desde finales de aquel año Lula integró, con Brizola y el jefe del PMDB, Ulysses Guimarães, el trío de líderes opositores que galvanizó las masivas manifestaciones populares exigiendo la elección directa de presidente de la República. Sin embargo, la campaña Diretas Já se saldó en fracaso, ya que en el Congreso, el 25 de abril de 1984, los diputados del Partido Democrático Social (PDS, heredero de ARENA) consiguieron frustrar la enmienda constitucional que la reforma requería.

El jefe petista no fue incluido en los conciliábulos de Guimarães, Brizola y los escindidos del PDS Aureliano Chaves y José Sarney para colocar en la Presidencia al candidato del PMDB, Tancredo Neves, frente al nominado por el PDS, Paulo Maluf, pero ante la disyuntiva del Colegio Electoral no dudó en apoyar a Neves. Luego de ganar la votación, el respetado ex gobernador de Minas Gerais falleció antes de poder asumir la suprema magistratura, pasando el testigo a su vicepresidente electo, Sarney.

La democracia había sido recobrada, pero para Lula y los petistas se abrió otro ciclo de contiendas políticas. Contestaron con una nueva hornada de huelgas y manifestaciones el plan de estabilización de Sarney, conocido como Plan Cruzado, para combatir con recetas liberales la hiperinflación y la crónica debilidad de la divisa nacional.

Exigiendo que se suspendiera el pago de la asfixiante deuda externa, que terminaran los despidos masivos en la industria paulista y, en definitiva, que no se transigiera con las demandas del FMI, Lula perfiló una estampa de izquierdista radical, con presencia y modos políticos propios del sindicalista ceñudo y un tanto rudo que había sido, e incapaz de sofisticarse para ganar respetabilidad y poder desenvolverse en los vericuetos de la alta política federal, copada por personajes, desde la derecha al centroizquierda, muy bien instruidos y hechos para el despacho oficial, el traje y la corbata.

Por las mismas razones, Lula incrementó su popularidad entre las clases trabajadoras golpeadas por la crisis y cimentó su liderazgo en las ciudades satélite de São Paulo. En las elecciones legislativas del 15 de noviembre de 1986 el PT adelantó al PDT, pisó los talones al PDS y se encaramó como la primera fuerza de la izquierda con el 6,9% de los votos, lo que le dio derecho a 16 diputados, quedando, de todas maneras, muy lejos de las dos grandes formaciones del centroderecha, el PMDB y el Partido del Frente Liberal (PFL, escisión del PDS). Con todo, Lula fue el cabeza de lista que obtuvo escaño en la Cámara baja del Congreso, que tenía mandato constituyente, con mayor número de votos, 650.000.

Lula pugnó en la Asamblea Nacional Constituyente emanada de la Cámara porque la nueva Carta Magna salvaguardara los intereses de los trabajadores; ciertamente, el texto promulgado el 5 de octubre de 1988 recogía el derecho de huelga, la reducción de la semana laboral, vacaciones parcialmente pagadas y revisiones salariales ajustadas al coste de la vida, entre otras mejoras. Sin embargo, uno de los puntos incorporados al programa del PT, la reforma agraria, siguió sin realizar.

Camino a la Presidencia

En 1989 tocaban las primeras elecciones presidenciales directas en tres décadas y Lula lanzó su postulación, así que en el V Encuentro Nacional del PT, el 4 de diciembre de 1987, fue nominado candidato al tiempo que cedía la presidencia del partido a otro responsable curtido en las luchas sindicales, Olívio Dutra. En los comicios municipales del 15 de noviembre de 1988 los candidatos petistas ganaron en 29 prefecturas, entre ellas tres capitales estatales, São Paulo, Porto Alegre y Vitória, y de cara a las presidenciales Lula formó el Frente Brasil Popular con el Partido Socialista Brasileño (PSB) y el muy ortodoxo Partido Comunista de Brasil (PCdoB, marxista-leninista).

Así las cosas, Lula arrancó la campaña para el envite del 15 de noviembre de 1989 con expectativas optimistas, pero se le interpuso el candidato prefabricado del centroderecha, el ex gobernador de Alagoas y millonario Fernando Collor de Mello, del Partido de Reconstrucción Nacional (PRN), el cual, patrocinado por poderosos círculos económicos y políticos conservadores, desarrolló una campaña basada en las más modernas técnicas de marketing electoral y en las promesas populistas, que no desdeñó tampoco los golpes sucios, como la contratación de Miriam Cordeiro, la antigua amante de Lula, que le acusó en la televisión de haberle pedido que abortara la niña tenida con él, Lurian.

El sonriente, elegante y bien parecido Collor llevó a Lula a un terreno, el de la imagen, en el que no podía rivalizar, así que en la primera vuelta el paulista, con el 17,2% de los votos, fue superado por el alagoano por más de once puntos y cerca estuvo de ser desplazado por Brizola para la segunda ronda del 17 de diciembre. Entonces el veterano político carioca y los otros candidatos derrotados de la izquierda y el centro, Mário Covas por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Guimarães por el PMDB y Roberto Freire por el PCB, llamaron a parar a Collor, pero estas adhesiones resultaron insuficientes y, por cinco puntos de diferencia, Lula fue derrotado con el 47% de los sufragios por el postulante del PRN, que sucedió a Sarney en marzo de 1990.

Convertido en el principal damnificado de esta brillante operación de las derechas para impedir el acceso a la Presidencia de un candidato de la izquierda, y terminado su mandato en el Congreso, Lula retomó la jefatura orgánica del partido en el VII Encuentro Nacional, el 31 de mayo de 1990, y se aprestó a plantear batalla a la administración de Collor.

Puso en marcha el denominado gobierno paralelo, inspirado en la fórmula del shadow cabinet británico, para oponer al programa neoliberal del PRN y sus socios de coalición una serie de políticas alternativas que tocaban los planteamientos tradicionales del PT: el aumento del salario mínimo y los ingresos reales de los trabajadores, la redistribución de la renta nacional, la corrección de las abrumadoras desigualdades socioeconómicas de los brasileños (las más acusadas del mundo), el lanzamiento de la siempre postergada reforma agraria y la concesión de absoluta prioridad a las áreas de salud, nutrición, educación, transporte y vivienda, donde el gigante sudamericano, que aspiraba a figurar en el selecto club de las potencias del primer mundo, presentaba gravísimas carencias propias de los países menos desarrollados.

De la mano de Lula, el PT continuó aunando votos en las sucesivas convocatorias electorales. Con el 10,2% de los sufragios fue la tercera lista más votada en las legislativas federales y estatales del 25 de noviembre de 1990, si bien en el reparto de diputados, 35, salió perjudicado con respecto al PSDB, el PRN, el PDS y el PDT, descendiendo a la condición de séptima fuerza parlamentaria. También estrenó su primer senador, por São Paulo, pero no ganó ningún puesto de gobernador estatal.

Luego de tomar parte activa en la campaña de movilizaciones populares en demanda del juicio parlamentario y destitución de Collor de Mello por corrupción (proceso que, efectivamente, se celebró y que obligó al mandatario a dimitir formalmente luego de ser suspendido), el partido de Lula registró nuevos avances en las municipales del 3 de octubre y el 15 de noviembre de 1992 y elevó sus prefecturas a 55, inclusive Belo Horizonte y Porto Alegre, aunque perdió la de São Paulo.

Entre medio, el PT celebró su I Congreso nacional, del 27 de noviembre al 1 de diciembre de 1991, en el que Lula sacó adelante su definición de “socialismo democrático”, una tendencia “puramente socialista” que rechazaba tanto el capitalismo liberal como al socialismo estatista de estilo soviético, pero también la socialdemocracia, ya que, según él, esta vía sólo era hábil para países ricos capaces de destinar sus ingentes recursos al bienestar de una población que ya tiene sobradamente cubiertos sus mínimos vitales, lo cual no era el caso de un país en vías de desarrollo como Brasil.

En esta suerte de desmarxistización del PT estuvo el embrión de escisiones de sectores trotskistas contrarios a Lula, dando lugar en su momento a los partidos de la Causa Operaria (PCO) y Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU). Por otro lado, el aggiornamento petista no fue suficiente como para entrar en la Internacional Socialista (el PDT de Brizola era y es el único representante brasileño en esta organización), posibilidad que, por lo demás, Lula tampoco contemplaba.

Lula preparó su segunda aspiración presidencial recorriendo miles de kilómetros a lo largo y ancho del vasto país sudamericano y en el IX Encuentro Nacional petista, del 29 de abril al 1 de mayo de 1994, fue nominado candidato. Con la adhesión esta vez del PSB, el PCdoB, el PCB, el PSTU, el Partido Verde (PV) y el Partido Popular Socialista (PPS, el antiguo PCB de Freire luego de abandonar el marxismo en 1992, lo que no impidió que un sector ortodoxo se independizara con la sigla del PCB), que junto con el PT formaron el Frente Popular por la Ciudadanía, Lula encaraba la votación del 3 de octubre de 1994 con excelentes puntuaciones en los sondeos de opinión.

Pero cuando comenzó la campaña los muy influyentes medios de comunicación volvieron a favorecer al representante de la moderación y del establishment, Fernando Cardoso, por el PSDB, cuyo espectacular currículum académico, su prestigio internacional como sociólogo y su labor como ministro de Hacienda en el Gobierno de Itamar Franco (terminando con las turbulencias monetarias y la hiperinflación), constituían unos activos que Lula, quien “ni siquiera” tenía terminada la secundaria, no pudo o no supo neutralizar con otra categoría de méritos presumibles.

Así, la proyección como hombre honesto, íntegro y voluntarioso, y la explicación de que compensaba con creces la falta de preparación teórica y académica con el conocimiento directo de la realidad cotidiana de los brasileños, siguieron pareciendo insuficientes a una parte sustancial de las clases medias que ligaban a Cardoso con el fin de la pesadilla inflacionista y que no querían saber nada de un cambio de timonel en Brasilia.

Acusado de carecer de la experiencia y la preparación para manejar los complejos asuntos de Gobierno, de no saber conducirse con la diplomacia y el pragmatismo requeridos en la política de Estado, de estar anclado en un izquierdismo trasnochado y de cultivar amistades equívocas en el ámbito internacional, Lula volvió a parecer un candidato poco de fiar a una mayoría de electores y fue vapuleado por Cardoso en la primera ronda con el doble de votos, el 54,3% para el socialdemócrata y el 27,1% para el petista. Una compensación insuficiente de este segundo fracaso de Lula fue la captura por el partido de los gobiernos del estado de Espíritu Santo y del Distrito Federal de Brasilia, y el incremento de la representación en el Legislativo federal con 49 diputados y 5 senadores.

En el X Encuentro Nacional del PT, el 20 de agosto de 1995, Lula dejó definitivamente la presidencia del partido, que fue asumida por José Dirceu, antiguo revolucionario de simpatías guevaristas reconvertido a un posibilismo de corte socialdemócrata. Lula quedó como presidente honorario del partido y pasó a coordinar el Instituto Ciudadanía, centro de estudios y de formulación de políticas del PT. Se pensó entonces que se retiraba del primer plano político y que entregaba el testigo del liderazgo del PT al cabo de 15 años, más cuando la mudanza tuvo lugar en un ambiente tenso por las revelaciones de prácticas corruptas en algunas prefecturas, pero no sucedió así.

El 11 de diciembre de 1997 lanzó su tercera aspiración presidencial y el 16 de enero de 1998 se apuntó un importante tanto al adoptar con Brizola un acuerdo de coalición y contra “el neoliberalismo y la globalización salvajes” por el que el líder del PDT obtendría la Vicepresidencia. La alianza entre dos dirigentes carismáticos que nunca habían mantenido relaciones especialmente cordiales se interpretó como un reconocimiento implícito del progresivo trasvase del electorado trabalhista de izquierda al PT. Lula integró al PCdoB, el PCB y el PSB en la plataforma, convirtiéndose en el candidato unitario de la izquierda, aunque esta vez el PPS prefirió concurrió por su cuenta.

Pese a los nubarrones que asomaban en el horizonte económico, el crecimiento de la deuda externa y el profundo malestar social causado por las privatizaciones, el 4 de octubre de 1998 Cardoso, cuya campaña invirtió diez veces el dinero recaudado por la de su rival, volvió a birlarle la segunda vuelta a Lula con autoridad, si bien el petista ascendió hasta el 31,7% de los votos, dejando bastante atrás a su más inmediato seguidor, Ciro Ferreira Gomes, antiguo miembro del PSDB pasado al PPS, que concurrió con el mensaje de que Lula estaba “gastado” y la determinación de reemplazarle como cabeza de una izquierda renovada y aligerada de dogmatismos.

De nuevo, las satisfacciones vinieron de los otros comicios: el PT se hizo con los gobiernos de Rio Grande do Sul, Acre y Mato Grosso do Sul, mientras que en el Congreso Nacional creció hasta los 58 diputados y 7 senadores, aunque no por ello dejó de ser la quinta fuerza parlamentaria tras el PFL, el PSDB, el PMDB y el Partido Popular Brasileño (PPB, fruto de la fusión del PDS con una serie de formaciones de derecha) de Maluf. Dos años más tarde, el 1 y el 29 de octubre de 2000, el PT ganó las prefecturas de Recife, Belém y Goiâna, y recuperó la de São Paulo, elevando el número de ciudades donde gobernaba a 187.

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