Mary Shelley

Biografia OpusVida por magui

En sus reiterados viajes por Europa la hermosa escritora dio a luz a Frankenstein, uno de los relatos más conmovedores de la literatura fantástica. Con su inconmensurable sensibilidad y rodeada de las plumas más románticas e imaginativas del viejo siglo XIX, Mary Wollstonecraft Shelley llegó a convertirse en una de las literatas más destacadas de su época. “Frankenstein”, su principal obra, es un clásico imperecedero concebido en la esencia misma de una mujer que nos remite a una historia donde desfilan una serie de vivencias humanas y sentimientos, bajo el omnipresente espectro de un solitario ser sentenciado al más absoluto de los rechazos.

Mary nació en la rigurosa Inglaterra del año 1797, en un verdadero nido de letrados que le permitió desde pequeña hundirse en las aguas del conocimiento y de los textos más vanguardistas. Su padre fue el filósofo William Godwin, quien escribió el tratado político “Investigación referente a la Justicia Política”, mientras que su madre fue la feminista Mary Wollstonecraft, autora del clásico libro llamado “Una Justificación de los Derechos de las Mujeres”.

Los padres de Mary, a pesar de oponerse a la institución del matrimonio, decidieron comprometerse para entregar a sus hijos una posición social respetable. Años más tarde, la muerte alcanzó a la progenitora, razón por la cual la futura escritora y su hermana Fanny Imlay quedaron bajo el cuidado de Godwin y de su segunda esposa.

A pesar la relación de Mary con su madrastra, Mary Jane Clairmont no fue de las mejores, la ayuda de su progenitor le permitió salir adelante en sus primeros años. Así fue como surgió en ella una constante inquietud personal por la literatura y el conocimiento, transformándose en una culta dama, aunque muy nómade y excéntrica para compartir la hora del té entre la porcelana y el chisme de cualquier reunión social.

Durante su juventud conoció al poeta Percy Bysshe Shelley, del cual tomó su apellido y con quien abandonó Inglaterra para viajar por el resto de Europa, impulsada, tal vez, por la característica fuerza inicial que entrega una naciente relación amorosa. Es así como el entusiasmo y la incontinencia los llevó a casarse en 1816, justo tres semanas después de hallarse a la primera esposa del vate flotando en un estanque de un parque londinense.

El espíritu aventurero y temerario llevó a Percy y a Mary a una villa en los alrededores de Ginebra, en la pequeña Suiza, donde pasaron un tiempo junto a Lord Byron escribiendo historias de terror durante las noches del mes de julio de 1816. De esta forma la pareja, junto a su secretario Polidori y a la compañía de Byron, crearon las más espeluznantes letras con la finalidad de consumir las interminables horas de ese verano.

En este apartado lugar Mary Shelley divagó día tras día buscando la manera de extraer alguna idea para conformar su cuento, mientras escuchaba las interminables charlas que Percy y Byron sostenían sobre el fundamento de la vida y de los descubrimientos del doctor Darwin. Así, se comenzó a gestar en la prematura mente de Mary la imagen de un personaje repulsivo y a la vez compadecido, engendro que formaría parte del clásico llamado “Frankenstein o el moderno Prometeo”.

La criatura y la triste historia consabida comenzaron a ser descritas después de una noche en que la joven durmió alternando su conciencia entre su imaginación y agitadas pesadillas.
La mañana siguiente comenzó a plasmar en el papel los detalles de las visiones que la habían aterrorizado durante su último sueño, en un período de la historia de la humanidad en que la imaginación reinaba ante la lejana llegada de la invasión audiovisual.

La novela, finalmente, fue publicada en 1818 asombrando y vulnerando con su poesía, tristeza y romanticismo hasta el más fuerte engranaje encargado del correcto funcionamiento de la sociedad de la época.

El impacto que provocó “Frankenstein” caló profundo en el alma de los lectores quienes fueron testigos, sin ningún tipo de filtro, de la crueldad y arrogancia del ser humano en un contexto donde los nuevos descubrimientos y la santidad de la ciencia, se ensañaban contra cualquier otro tipo de verdad que tuviera la osadía de alzarse.

El arrepentimiento y malestar casi intolerable del creador de la criatura genera en el libro la peor de las angustias, demostrando las aberrantes materializaciones a las cuales puede llegar el hombre movido por su natural e inherente soberbia. Lo que comenzó como una simple reunión de amigos dedicados a crear cuentos de fantasmas y magia, terminó en el semillero de uno de los más conmovedores relatos que aún está escudriñando entre los pensamientos del hombre.

Después de esta verdadera bomba de lágrimas y temores la joven escribió, en 1919, la novela “Mathilda”, donde la autora entrega personajes y situaciones en los cuales su propia vida se ve reflejada.

En los años posteriores todo el triste camino que había sido trazado en su más famosa novela se extrapoló a su propia existencia personal que, paulatinamente, se fue configurando en un escarpado sendero difícil de proseguir tras la repentina muerte de Percy, en 1822.

El inesperado final de su marido, quien se había ahogado en una tormenta mientras intentaba navegar entre las ciudades italianas de Livorno y La Spezia, la llevó al borde de la depresión. A pesar que la delicada Shelley había tolerado todas las infidelidades y temperamentos de su pareja su muerte la hizo sentirse atrapada por los recuerdos, por lo que se dedicó a escribir la biografía de Percy y a publicar una colección de sus poemas.

El resto de sus días continuó trabajando y dedicándose a su hijo hasta que terminó de escribir ” The Fortunes of Perkin Warbeck”.

Frankenstein con prologo de Stephen king, edición única 1991, ed. Urraca

Entre 1828 y 1838 creó una docena de historias para el libro anual The Keepsake y las novelas “Lodore” (1835) y “Falkner” (1837) . Posteriormente, trabajó en la redacción “The Cabinet of Biograph” para más tarde editar los trabajos de su difunto consorte.

Finalmente, en 1844, hizo una recopilación donde describió los viajes que hizo por el continente con su único descendiente y unos amigos. Desde 1848 en adelante la salud de Mary comenzó a empeorar debido a un tumor que la afectó hasta que dejó de existir el 1 de Febrero de 1852. Antes de perecer pidió ser enterrada junto a sus padres, es así como actualmente sus restos descansan entre el musgo y la neblina del cementerio St Peter.

Tras su marcha del mundo el nombre de Mary Shelley cobró mayor importancia, puesto que esta escritora demostró inteligencia y vanguardia al ser capaz de crear una fructífera carrera que terminó grabada en la literatura fantástica y que obligó al hombre de comienzos del siglo XIX, a replantearse y reflexionar sobre el anhelado progreso y racionamiento.

Después de más de un siglo desde su muerte no es posible dejar de recordar a ese ser que describió en su más importante novela y visualizar, hoy en día, como su imaginación adquiere vigencia ante los nuevos avances de la ciencia que nos muestra las implicancias de la clonación y otros descubrimientos. ¿ Será el decadente y melancólico sueño de Mary un vaticinio de lo que ocurrirá en este misterioso nuevo milenio?.

Quizás, las manecillas del reloj tienen la tímida respuesta que nadie quiere escuchar.

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