Orson Welles

Biografia OpusVida por dina

PAGINAS: 1 2 3

George Orson Welles fue un actor, director, guionista y productor de cine estadounidense (Kenosha, Wisconsin, Estados Unidos, 6 de mayo de 1915 – † Hollywood, Los Ángeles, Estados Unidos, 10 de octubre de 1985)

Es considerado uno de los artistas más versátiles del siglo XX en el campo del teatro, la radio y el cine, mismas en los que tuvo excelentes resultados. Alcanzó el éxito a la edad de veintitrés años gracias a la obra radial The War of the Worlds, que causó conmoción en los Estados Unidos cuando la gente que escuchaba el programa pensó que era una verdadera invasión de extraterrestres. Este sensacional debut le valió un contrato para tres películas con el estudio cinematográfico RKO, que le otorgaron libertad absoluta en sus realizaciones. A pesar de estos beneficios, sólo uno de sus proyectos previstos pudo ver la luz: Citizen Kane (1941), la película más exitosa de Welles, usualmente considerada por la crítica como la mejor película de la historia.

La posterior carrera de Welles fue obstaculizada por una larga serie de dificultades e inconvenientes que le impidió seguir trabajando en Hollywood y lo obligó a trasladarse a Europa, donde trabajó como actor para financiar sus producciones. Entre sus muchos proyectos, Welles fue capaz de producir y dirigir películas como Macbeth (1948), Otello (1952), Touch of Evil (1958), El proceso (1962), F for Fake (1975), entre otros. Su fama creció después de su muerte en 1985, y ahora es considerado uno de los más grandes directores de cine y teatro del siglo XX. En 2002 fue elegido por el British Film Institute como el mejor director de todos los tiempos.

Contenido:

  1. Sus primeros años
  2. Primeros trabajos
  3. Vida personal
  4. Orson Welles y la nueva forma de hacer cine
  5. Orson y yo (Jesús A. Ruiz)
  6. Historia secreta de una entrevista (Tanús Simons y María Gracia Valle)
  7. Galería de fotos de Orson Welles
  8. Filmografía

Sus primeros años

Orson Welles nació en Kenosha, Wisconsin, segundo hijo de Beatrice Ives, una pianista y sufragista que había cumplido una condena por sus opiniones políticas fuertemente radicales, y Richard Wells, propietario de una cadena de fábricas de camionetas e inventor aficionado proviente de una familia rica de Virginia. Desde su nacimiento, Welles recibió una educación poco convencional de parte de sus eclécticos y adinerados padres, lo trataron como el prodigio de la familia y dirigieron su precoz talento hacia las diferentes formas de arte: el pequeño Orson aprendió rápidamente las enseñanzas de su madre y pronto se inició en la pintura.

Welles hizo su primera aparición en el escenario a los tres años en una representación de la obra Sansón y Dalila, en la Ópera de Chicago.1 En 1919 sus padres se separaron y Orson pasó a residir con su madre en Chicago, donde comenzó a introducirse en los círculos artísticos e intelectuales. El 10 de mayo de 1924, Beatrice Welles murió repentinamente de ictericia a la edad de cuarenta y tres. Tras la pérdida de su madre Welles vuelve a vivir con su padre y abandona para siempre su carrera musical.

El Dr. Maurice Bernstein, un viejo amigo de la familia Welles y ex pretendiente de su difunta madre, estimuló en el infante el amor por el teatro, dándole una linterna mágica, un cuadro de pintura y un teatro de marionetas.2 A la edad de diez años, mientras estudiaba su primaria en Madison (Wisconsin), Welles se dedicó a ofrecer presentaciones escolares y dirigió y protagonizó su primera representación teatral, El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde. Al poco tiempo ingresó a la Todd School de Illinois, una escuela de vanguardia dirigida por el profesor Roger Hill, que en numerosas ocasiones Welles citó como su mentor y la persona que le suministró las ideas artísticas y literarias en las que fundamentó toda su obra futura.

Primeros trabajos

En 1931, a los 16 años, Welles comenzó a trabajar en el teatro en Dublín, Irlanda. Pronto se trasladó a Nueva York, donde debutó al año siguiente en Broadway con la representación de Romeo y Julieta.

Fundó posteriormente la compañía de teatro Mercury Theatre, con la que obtuvo gran éxito. En 1938, junto con varios colegas de su compañía, representó por radio, en la cadena CBS, una adaptación de la obra de H. G. Wells La guerra de los mundos. El realismo fue tal que la emisión causó auténtico pánico en Nueva Jersey, donde, según la obra, estaba teniendo lugar la invasión de los extraterrestres. Este episodio le dio fama mundial, lo que llevó a la RKO Pictures a contratarle en 1939 con plena libertad para escribir, producir y dirigir dos películas.

El contexto internacional del año 1939 – inestabilidad en Europa, inicio de la Segunda Guerra Mundial – también contribuyeron a potenciar el efecto que la representación de Welles tuvo en una audiencia muy sensibilizada por esos acontencimientos.

Posteriormente, Welles convenció al guionista Herman J. Mankiewicz para escribir una historia basada en la vida de William Randolph Hearst, magnate de la prensa, propietario de dos importantes periódicos. Tras unos retoques que él mismo realizó en el guión, Welles dirigió la película bajo el título de Citizen Kane, considerada la mejor película estadounidense de la historia por el AFI. Hearst intentó prohibir la proyección, pero se estrenó en 1941 con gran éxito de crítica, aunque no de taquilla, debido a las trabas que tuvo en la distribución, promovidas por Hearst quien aseguró que era una parodia de su vida y por ello la RKO perdió 150 mil dólares. Sin embargo, el film es recordado como una de las mejores películas de la época.

 

Hasta ese momento la experiencia de Welles como realizador cinematrográfico era casi nula, por lo que comenzó a interiorizarse de la técnica y del lenguaje del cine, contribuyendo además con un estilo visual propio, inédito para la época, como el uso del “documental” dentro de la propia historia. Tenía 24 años cuando hizo la película más importante de la historia del cine estadounidense según el AFI.

Para el guión de su segunda película, The Magnificent Ambersons (1942), Welles se basó en la novela The magnificent Ambersons de Booth Tarkington (Premio Pulitzer en 1919). La película reflejaba la vida de una familia norteamericana a principios del siglo XX. El montaje final de Welles fue alterado por la RKO hasta tal punto que el cineasta diría que habían arruinado su obra. No obstante la película conserva el vigor creativo de Ciudadano Kane.

Con El extraño (1946) Welles se puso al frente de un proyecto en el que, como él mismo reconoció, su implicación personal fue mínima. A pesar de todo demostró que también sabía ser un eficaz artesano.

La dama de Shanghai (1948), con su apariencia de thriller al uso, y similar en varios aspectos al filme Vertigo de Hitchcock (1958) —la ciudad de San Francisco, California, el teñido del cabello de Rita Hayworth, el traje sastre gris— trascendió los límites del género y de un enrevesado argumento, para convertirse en una tela de araña que atrapa al espectador con una rara fascinación. Se recuerda especialmente la escena en la galería de los espejos.

Mr. Arkadin (1954) se resintió de un argumento que parecía querer aprovechar muchas de las premisas de Citizen Kane, así como de un reparto poco adecuado si exceptuamos la interpretación del propio Welles en su papel protagonista.

Touch of Evil (1958) es su segunda obra maestra después de Citizen Kane En este subyugante thriller Welles se reserva el papel de un obeso inspector de policía que utiliza métodos de una ética más que dudosa. La película recorre un mundo onírico y de ambientes enfermizos que tiene ecos de drama shakespeariano.

En El proceso (1962) Welles intentó adaptar la novela de Franz Kafka sirviéndose de su particular estilo cinematográfico. El resultado global fue desigual, aunque notable en muchas escenas.

Welles ofreció una personalísima y muy intensa visión del mundo de Shakespeare en tres películas: Macbeth (1948), Otelo, el moro de Venecia (1952) y Campanadas a medianoche (1966). Ésta última, inspirada en diversas obras del dramaturgo inglés, es un monumento de inventiva visual y maestría interpretativa. La película tiene como hilo conductor a Sir John Falstaff, interpretado por el propio Welles.

En 1973, Welles estrena F de Falso (en España, Fraude), una película de corte experimental planteada como un falso documental que se anticipa a algunas propuestas del cine postmoderno y que fue reconocida como influyente por realizadores como Jean-Luc Godard. En la película aparecen Picasso y Oja Kodar.

En 1979, hizo la narración de la versión en inglés de, A Step Away, Película Oficial de los VIII Juegos Panamericanos, celebrados en Puerto Rico en 1979. Esta narración fue la última que hizo para un largometraje. La película A Step Away, se restauró en 2010 en audio y video. El audio de la voz de Orson Welles, se sacó de la grabación de un LP original del soundtrack de la pelicula.

Actor prolífico, Welles a menudo usaba su trabajo de actor para financiar sus proyectos como director. Fue uno de los directores de mayor talento de la historia del cine, Citizen Kane, en su momento y ahora, representó (y representa) un prodigio de la técnica y narrativa cinematográfica. El plano secuencia inicial de Sed de mal (una toma ininterrumpida de varios minutos) demuestra un dominio de la puesta en escena y organización de los movimientos como sólo un cineasta de su categoría podía conseguir. Incluso obras menores como El extraño presentan rastros de su gran talento.

En ocasiones es difícil establecer la cronología exacta de su filmografía debido a las películas que inició y no pudo finalizar por falta de financiación.

Vida personal

Welles estuvo casado con la actriz Rita Hayworth.

Trabajador infatigable mantuvo un elevado ritmo de trabajo y muchos pleitos financieros, lo que a la larga le acarrearía la muerte.

Welles murió de un ataque cardíaco en Los Ángeles en 1985.

Orson Welles y la nueva forma de hacer cine

Welles, rodeado de un importante equipo de grandes profesionales de Hollywood (Mankiewicz -había realizado guiones para George Cukor o los Hermanos Marx- o Greg Toland -Director de Fotografía con John Ford) a los que supo engranar y sacar lo mejor para poder llevar a la pantalla todo cuanto se le ocurría, utilizó una nueva manera de hacer cine, creando y potenciando recursos nunca antes utilizados, sobre todo, innovando con el sonido, dominado de su etapa de la radio: perspectiva sonora (los personajes alejados se oyen con menor volumen), ecos, reverberaciones… y colocando las cámaras en diversas posiciones posiciones, contrapicados, primeros planos, la variedad de contraluces, luces y sombras, profundidades de campo, travelings, etc.

La trasgresión de Welles se simboliza en la primera secuencia de la película, cuando la cámara supera la valla con el cartel de «No trespassing» y se dirige a la ventana del dormitorio de un moribundo Kane.

Ciudadano Kane fue una revolución visual y temática, que marca un antes y un después en la historia del cine. Técnicamente no inventó nada, pero sí usó todos los recursos existentes hasta ese entonces de manera magistral: uso de la profundidad de campo (seguramente influido por el realismo poético de franceses como Jean Renoir), fotografías en claroscuro y juegos de iluminación (herencia del expresionismo alemán de principios del siglo XX), escenografías a las que colocaba techo (nada común para la época) y notable uso de los movimientos de cámara y uso de grúas. Pero también añadió algo absolutamente nuevo: la mirada personal del autor: el director como un narrador omnisciente que quiere contar la historia a su manera, valiéndose para ello de herramientas como el picado y el contrapicado.

Ciudadano Kane (1940), de Orson Welles, marcó el inicio de un nuevo periodo en el cine americano. Hasta la década de los 40, el estilo fotográfico ortodoxo de Hollywood consistía en una iluminación difusa y en un suave desenfoque. Una secuencia típica, fotografiada de esta manera, solía consistir en un plano general o medio de situación, con primeros planos destinados a mostrar los detalles de la escena.

La «profundidad de campo» permitió a Orson Welles componer en profundidad, gracias a que las imágenes situadas en planos diversos salían todas perfectamente enfocadas. Los efectos dramáticos de una escena se lograban más por la propia composición que por el montaje; y, debido a que tanto los primeros términos como los últimos seguían enfocados, el espectador podía ver todo lo que se le quería enseñar en un solo plano.

La profundidad de campo la conseguía Welles utilizando película más sensible y grandes angulares. El gran angular, además de mantener perfectamente a foco tanto los primeros términos como los últimos, crean la ilusión de perspectiva exagerando el tamaño relativo de los objetos situados en distintos planos: los más próximos a la cámara aparecen mucho mayores que los más alejados.

También desarmó la cronología de la mayoría de las historias que eran proyectadas en la pantalla grande, empezando la narración desde el final. La estructura narrativa, que combina material de un reportaje periodístico con declaraciones de diversas personas (algunas de ellas muertas) en relación a la vida y acciones de Kane, supone también una nueva forma de contar historias, en la que cuenta dos en una, la primera es la película cuyo argumento son las hazañas de un periodista que investiga sobre la vida del fallecido Charles Foster Kane, la segunda es la vida del propio Kane. Para hacerla una, se enlazaron, a través de numerosos retrocesos en el tiempo de la acción dramática, que es lo que hoy en día vemos en tantas películas y denominamos flash-back.

Otro elemento innovador exhibido en Ciudadano Kane son los planos largos, que extienden la acción y le dan mayor importancia a lo que está fuera de plano. También hacía un uso muy creativo del sonido como mecanismo de transición entre secuencias.

Orson y yo (Jesús A. Ruiz)

El bueno de Orson siempre hacía todo a lo grande. Era la encarnación misma del exceso. La manifestación del derroche. El creador de efectos. El talento y la voz.

El bueno de Orson era un auténtico manipulador. Un tipo dotado para la fábula y el verbo, un hombre de extraordinaria inteligencia, capaz de extraer de recursos básicos y limitados, resultados inolvidables.

Sin embargo, Orson y yo sabemos que su alegría es fraude, que su verdadera creencia del mundo se aproxima al desencanto, que siempre tuvo una herida que no dejó de sangrar…
Orson es un hedonista de vuelo oscuro y agotada esperanza, que trata de desprenderse del pasado e ignorar el futuro, para exprimir un presente sin otras normas que las de la pasión y el ego.

Orson es un genio, sí. Pero más que admirarle, lo quiero. Porque más que su impulso y su inteligencia, más que su creatividad o su capacidad de riesgo, más que sus cualidades de actor, más que su talento cinematográfico, lo que me conmueven son sus convicciones; porque son oscuras como la noche más negra, porque cree profundamente que la derrota es un signo inaprensible que está grabado en el alma, que no puede borrarse, que siempre estará ahí. Siempre enseñó, porque la vio siempre, la caída del hombre. No bastan la riqueza y el talento, el poder y la suerte, la voluntad y el fuego del amor, para ser ajeno a la derrota. Por la fuerza de las circunstancias o la fragilidad de sí mismo, el hombre siempre cae… y a veces vuelve a levantarse. Y esto último sólo lo sugiere, porque Orson está convencido de que siempre volverá a caer. Caerá por ambición o por celos, por corrupto o torpe, por los pasos en falso o el avance del tiempo, pero caerá. Es un hecho.

El bueno de Orson es un verdadero maestro en el montaje de historias, dotado de un talento inigualable para la construcción de tramas, un afinado arquitecto para desarrollar el croquis de sus proyectos, con una capacidad creativa que late más deprisa que su propio ser, con el estallido propio de un adolescente desbocado que imprime una personalidad que se manifiesta descontrolada y débil y que sin embargo se afianza con la rotundidad del trueno… Y sin embargo, el trueno pasa, como muchas veces Orson, sin dejar otra huella que la admiración o la expresión de los perplejos. Tocando levemente el corazón. Pero Orson se adueñó del mío, y creo profundamente que su falta final de comunicación con algunos, nace de la ocultación de su verdadera voz en pos de un resultado artístico dictado desde el intelecto y la sangre, donde el exceso de ingenio natural se convierte en la más pesada de las losas. Porque Orson jamás fue un lírico, ni un comediante, ni un fantasioso; a pesar de que, estoy convencido, tuvo el dolor de los poetas, la incomprensión de los fracasados, el gozo de los sensuales, la ácida ironía de los inteligentes y la imaginación de los alocados. Contaba historias y hacía papeles. Y ya está. Vivía. Pasaba página, porque en la vida sólo se puede pasar página y no cabe la depresión ni el desconsuelo, sino el puñetazo en la mesa, la confianza en el propio don, y la aceptación de la naturaleza de las cosas: que el hombre siempre es fiel a su derrota y que sin embargo debe seguir. Cuando esa es tu última creencia sólo puedes pasar página, como te detengas te mueres. Por eso jamás Orson juega a moralista edulcorado, no es un hacedor de juicios ejemplarizantes, nada es ejemplar, cuenta lo que ve y se explaya en la grandeza de los despreciables, considerando solamente el curso de la historia y la muestra del potencial perdido.

Lo confieso, durante muchos años fui un fan de Orson, y Sed de mal mi película favorita. Recuerdo que zanjaba muchas veces mis discusiones cinematográficas enarcando milimétricamente la ceja, para que mi comentario fuera cargado de un ligerísimo desprecio al escupir: «Tú no has visto Sed de mal». En un gesto concreto y calculado, que más que muchas horas de espejo, lo que tenía eran muchas horas de cine. Para terminar bendiciendo a Orson con un categórico: «nunca estuvo más gordo, nunca estuvo mejor».

Ahora que ya no tengo ídolos, que sólo permito concesiones al presente, que soy más sabio -¿o debería decir desencantado?- no puedo evitar emocionarme al recordar cómo, viendo Sed de mal, encajonado en el sillón orejudo, en la más absoluta oscuridad donde mi padre me enseñó a ver el cine, Orson me arranca el corazón compadecido ante el espectáculo triste de su derrota.

PAGINAS: 1 2 3

Paco de Lucia

Francisco Sánchez Gómez, de nombre artístico Paco de Lucía, (Algeciras (Cádiz), 21 de diciembre de 1947, Cancún (México), 26 de […]

Lermo Balbi

Lermo Balbi, fue un poeta, escritor y dramaturgo nacido en Rafaela, provincia de Santa Fe, donde también falleció. Bachiller, fue […]

Francisco Paco Urondo

Francisco Paco Urondo fue un poeta, periodista, académico y militante político.Dio su vida luchando por el ideal de una sociedad […]

Los Muppets

Los Muppets son un grupo de marionetas creados por Jim Henson en 1964. Este peculiar grupo de personajes fue protagonista […]