Pablo Neruda

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“Hay filósofos en el siglo presente que sólo tratan de difundir el entusiasmo y la perseverancia y sus libros son verdades sinceras y elocuentes, que leídas por todos, en especial por las clases obreras, traerían grandes beneficios a la humanidad.”

INFANCIA Y JUVENTUD (1904 – 1920)

En la pequeña y apacible localidad agrícola de Parral -345 kilómetros al sur de Santiago- nace el 12 de julio de 1904 el futuro poeta Pablo Neruda, hijo del matrimonio formado  por don José del Carmen Reyes y doña Rosa Neftalí Basoalto.

Pocos días después el niño es inscrito con los nombres de Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, según consta en la Oficina del Registro Civil de Parral: “Nº 450. 1º de agosto de 1904. REYES BASOALTO Ricardo Eliezer Neftalí, de sexo masculino. Hijo de José del Carmen Reyes y de Rosa Neftalí Basoalto.

El nacimiento tuvo lugar el 12 del mes de julio del año mil novecientos cuatro.”

Al igual que otras familias de modesta condición, poco es lo que se sabe de los padres del poeta, de sus orígenes y trayectoria. De su madre -una profesora primaria- se dice que escribía versos, pero no existen referencias documentales que lo confirmen.

Del carácter de su padre existen testimonios que lo señalan como un hombre alegre y lleno de amigos, aunque de puertas adentro y en el seno de la familia fuese autoritario y algo déspota. Con los años será el mismo Pablo Neruda quien aporte algunos antecedentes que ayudarán a configurar el entorno familiar.

“Mis padres -escribe en sus memorias- llegaron de Parral, donde yo nací. Allí, en el centro de Chile, crecen las viñas y abunda el vino. Sin que yo lo recuerde, sin saber que la miré con mis ojos, murió mi madre doña Rosa Basoalto. Yo nací el 12 de julio de 1904 y, un mes después, en agosto, agotada por la tuberculosis, mi madre ya no existía.

La vida era dura para los pequeños agricultores del centro del país. Mi abuelo, don José Ángel Reyes, tenía poca tierra y muchos hijos. Los nombres de mis tíos me parecieron nombres de príncipes de reinos lejanos. Se llamaban Amós, Oseas, Joel, Abdías. Mi padre se llamaba simplemente José del Carmen. Salió muy joven de las tierras paternas y trabajó de obrero en los diques del puerto de Talcahuano, terminando como ferroviario en Temuco.”

Viudo, con pocos recursos económicos y con un hijo recién nacido por quien velar, don José enfrenta una traumática situación ante la cual adopta dos decisiones importantes. Provisoriamente, y mientras organiza sus asuntos, entrega el niño al cuidado de sus abuelos paternos y se marcha, efectivamente, a buscar fortuna lejos de Parral.

Será en Temuco en donde consiga finalmente obtener un buen trabajo en la Empresa de Ferrocarriles del Estado, una situación que ya le permitirá pensar en formar un nuevo hogar.

Para este objeto elige como su nueva compañera a una mujer que ya le había dado un hijo fuera del matrimonio. No hay duda de que la vida tiene extraños designios, y será su prematura viudez la que lleve a don José a regularizar una situación anómala, que él mantenía en la esfera reservada de los secretos de familia.

Es así como entran en la vida del pequeño Ricardo doña Trinidad Candia Marverde y un medio hermano de nombre Rodolfo. Doña Trinidad es una abnegada y admirable mujer de origen campesino a quien Neruda describirá más tarde como el “ángel tutelar de mi infancia”. Su devoción, su ternura harán que el poeta invente para ella una palabra y un tratamiento especial: la llamará “la mamadre”, porque -según explicará – no quería ni podía considerarla como una “madrastra”.

En 1910, a los seis años de edad, comienza sus estudios al ingresar al Liceo de Hombres de Temuco. Entre sus amigos y compañeros de esa época figuran Gilberto Concha Riffo (que más tarde será el poeta Juvencio Valle) y Diego Muñoz, con quienes mantendrá una fraterna relación de toda la vida.

El poderío de las palabras y la fascinación por los libros serán determinantes en la formación del muchacho de Temuco. La posibilidad de asomarse a través de la lectura a tierras lejanas, a héroes admirables y aventuras prodigiosas; la desmesurada pretensión de querer saberlo todo acerca del mundo que le rodeaba, el deslumbramiento ante la naturaleza; estas serán las grandes constantes en la personalidad del futuro poeta.

En 1915, cuando tiene 11 años, escribe un pequeño poemita, un saludo semi-rimado que estampa como dedicatoria en una tarjeta postal que ofrece a la “mamadre” con motivo de su cumpleaños. Es un primer esbozo de poesía, en que expresa:

De un paisaje de áureas regiones

yo escogí

para darle querida mamá

esta humilde postal.

Neftalí.

El 18 de julio de 1917 el diario La Mañana, de Temuco, da a conocer un artículo firmado por Neftalí Reyes, titulado “Entusiasmo y perseverancia”.

Se trata de la primera publicación que hace el futuro poeta -a los 13 años- y que no es por cierto un poema, sino un artículo en que expresa una juvenil y fervorosa confianza en el mejoramiento de los pueblos mediante esas dos virtudes o condiciones del espíritu: la perseverancia y el entusiasmo.

Uno de los párrafos de este artículo, expresa:

“Hay filósofos en el siglo presente que sólo tratan de difundir el entusiasmo y la perseverancia y sus libros son verdades sinceras y elocuentes, que leídas por todos, en especial por las clases obreras, traerían grandes beneficios a la humanidad.”

El 30 de noviembre de 1918 se publica en el Nº 566 de la revista Corre-Vuela, de Santiago, el poema “Mis ojos”, firmado por Neftalí Reyes. Es el primero de varios otros trabajos suyos que se publicarán en los meses siguientes.

Con estas colaboraciones, ya a los 14 años el joven Neftalí tiene poemas publicados en Santiago, además de otros varios recogidos en revistas estudiantiles de provincia.

A partir de los 15 años ya comienza a escribir en forma sostenida, llenando una serie de cuadernos que hoy se conocen como Los Cuadernos de Neftalí Reyes (o Los Cuadernos de Temuco), y que contienen más de 200 poemas.

En 1920 egresa del Liceo de Hombres de Temuco, después de completar la enseñanza secundaria y obtener su bachillerato.

A partir de octubre de este mismo año el joven poeta comienza a firmar sus trabajos con el seudónimo de Pablo Neruda, nombre literario que adopta debido a que su padre no miraba con buenos ojos su evidente interés por la escritura y la poesía, actividades que juzgaba ociosas y sin ningún destino.

Lo que don José deseaba era que su hijo llegara a la universidad y obtuviera un título profesional, un logro que pudiera constituir un timbre de orgullo para toda la modesta familia.

Entonces, aprovechando esa marcada inclinación suya por las letras, lo que correspondía era una carrera orientada a la docencia. El asunto estaba decidido. Ricardo estudiará en la universidad, en Santiago, para convertirse en profesor de francés.

Los preparativos comienzan y es con una mezcla de expectación y temor que el joven poeta provinciano comienza a juntar papeles y pertenencias para partir a la conquista de la capital

ANDANZAS Y AVENTURAS DEL JOVEN CÓNSUL EN ORIENTE (1927 – 1933)

En compañía de Álvaro Hinojosa -un gran amigo y protector- con fecha 14 de junio de 1927 inician desde Valparaíso el larguísimo viaje por tren, que les conducirá en una primera etapa hasta la ciudad de Los Andes, para efectuar luego el cruce de la Cordillera a bordo del FF.CC. Trasandino hasta llegar a Mendoza. Desde allí y siempre por ferrocarril emprenden el tramo final hasta Buenos Aires.

Allí embarcan en un navío que les transporta hasta Lisboa. Cruzan por tierra hasta Madrid en lo que será una breve estadía y siguen viaje hacia París y luego Marsella, puerto desde el cual zarpan hacia su destino final en tierras de Oriente.

Entretanto en Madrid, su obra recibe la atención de la crítica. El 1º de agosto de 1927, en artículo publicado en La Gaceta Literaria, de Madrid Guillermo de Torre expresa elogiosos juicios sobre la obra de Neruda, diciendo: “A la cabeza de la actual promoción lírica, figura hoy, sin duda, Pablo Neruda. Revelado en 1923 con su libro Crepusculario, de inmediato éxito. El subsiguiente, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada representa un punto de perfección y equilibrio. Sin embargo, el poeta, insatisfecho, pretende superarse y, rebasando los límites de la poesía huidobriana, se lanza a un lirismo abstracto y desnudo, proscribiendo toda norma correctiva y prolongando, hasta sus últimas consecuencias, la sintaxis disociadora de “Dadá”. De ahí sus libros Tentativa del hombre infinito y sus prosas poemáticas de El habitante y su esperanza, y de Anillos.”

Esta nota crítica no sólo es importante por el juicio tan favorable -y tan temprano- que se hace en España de la obra del joven poeta chileno. Interesante resulta también la mención a toda la obra que llevaba publicada hasta el momento, esos cinco libros que preceden su viaje al Oriente.

Se trata de un estimable bagaje literario, que bien podría constituir su única y real carta de presentación cuando sale a recorrer mundos.

Pero estos antecedentes de nada servirán al poeta en tierras de Oriente, en donde el Imperio Británico impone modas, usos y costumbres, y en donde su condición de poeta pasará del todo desapercibida, a no ser como un rasgo vagamente sospechoso en un personaje más bien excéntrico.

En octubre de 1927 Neruda se hace cargo de sus precarias funciones consulares, iniciando lo que será un largo período de permanencia en Oriente, con sucesivos nombramientos en Rangoon (Birmania), Colombo (Ceylán) y finalmente un doble cargo consular en Batavia (Java) y Singapur.

Durante este tiempo el cónsul-poeta escribe unas interesantes Crónicas de Viaje, que envía al diario La Nación de Santiago. Al margen de la amenidad y lo pintoresco de sus relatos, destaca en ellos la vívida pintura que hace de ciudades, mercados y gente, y su pluma se llena de entusiasmo para elogiar la belleza de las mujeres, el vibrante colorido de sus trajes y la apostura con que lo llevan.

Álvaro Hinojosa le acompaña durante algunos meses pero luego sigue su camino, con lo cual el poeta no tarda en quedar solo, en un entorno que le resulta hostil y al que no logra acostumbrarse.

En estas lejanas tierras, el flamante e inexperto cónsul descubre lo que significa el desarraigo, la falta del idioma y la carencia de amigos. Peor aún, descubre que su investidura de cónsul es casi una ficción, que su trabajo es mínimo y que su única remuneración proviene de un porcentaje de los magros derechos consulares que se perciben por el ocasional embarque de mercaderías desde el Oriente con destino a Valparaíso.

Durante su estadía en Rangoon establece una apasionada y conflictiva relación sentimental con una nativa -la joven birmana Josie Bliss- que dejará honda huella en su vida y su poesía.

Dice el poeta en sus memorias:

“Me adentré tanto en el alma y la vida de esa gente, que me enamoré de una nativa. Se vestía como una inglesa y su nombre de calle era Josie Bliss. Pero en la intimidad de su casa, que pronto compartí, se despojaba de tales prendas y de tal nombre para usar su deslumbrante sarong y su recóndito nombre birmano.

El carácter novelesco de esta pasión oriental y los celos terribles de Josie aparecerán más tarde reflejados en algunos de los poemas que Neruda escribe en este tiempo.

A 50 años del golpe de estado a Jacobo Arbenz – Argentina Al día – Textos sobre Deuda Externa – Argentina Al día – Textos sobre Deuda Externa – El crimen de la guerra

Trasladado a comienzos de 1929 desde Rangoon a la isla de Ceylán, el cónsul-poeta deja atrás a su amante birmana, y continúa una vida en que la soledad y la pobreza son las compañías más constantes.

En medio de un clima asfixiante y en condiciones de vida bastante precarias, el poeta se esfuerza por dar continuidad a su trabajo poético.

En estos días escribe la mayor parte de los poemas que integrarán la primera parte de un libro para el cual ya tiene nombre. Se llamará Residencia en la tierra.

Luchando con las palabras, la tarea resulta inhumana para el poeta que quiere extraer del idioma lo que tal vez no existe, lo que resulta indecible: imágenes, sonidos, asociaciones; palabras que comuniquen la desesperada percepción de un joven extranjero que se siente naufragar sin auxilio posible entre la multitud.

En carta a Héctor Eandi de fecha 24 de abril de 1929, le confidencia:

“Le iré escribiendo hoy día, y bebiendo, a medida; de qué otra manera llenar este inmedible vacío de distancia e intimidad? Mañana corregiré esta carta cuya puntuación y ortografía irán desapareciendo más y más, siento que se llenará de alcohol y de pensamientos confusos como en una verdadera compañía. […] Tengo miedo, a veces, de que en mis cartas no haya tanta nobleza como para sostener su respuesta. Me he criado inválido de expresión comunicable, me he rodeado de una cierta atmósfera secreta, y sufro una verdadera angustia por decir algo, aún solo conmigo mismo, como si ninguna palabra me representara, y sufriendo enormemente por ello. Hallo banales todas mis frases, desprovistas de mi propio ser.

Bueno, desearía abrazarlo más bien, en esta gran desierta hora, y que tomáramos juntos este terrible whisky tropical.”

Este podría ser uno de esos desolados días en que Neruda trata de escribir lo que nadie antes ha escrito.

En junio de 1930 vuelve a ser trasladado, en lo que parece una mejoría en su situación, ya que se trata de un doble consulado en Java y Singapur.

En Java contrae matrimonio (diciembre de 1930) con una criolla holandesa-javanesa de nombre María Antonia Hagenaar.

Tras un buen comienzo laboral y matrimonial en Java, y cuando se ilusiona con la expectativa de un posible traslado a España, el gobierno de Chile suspende su cargo y le ordena regresar al país.

Este obligado cese en sus funciones es parte de la grave recesión económica que se ha desencadenado en todo el mundo después del desplome de la Bolsa de New York en 1929. En el distante Chile, la crisis del salitre y el coletazo de la recesión internacional afectan seriamente a todos los sectores.

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