Regina Pacini

Biografia OpusVida por dina

Regina Pacini de Alvear (* 6 de enero de 1871, Lisboa, Portugal – † 18 de septiembre de 1965, Buenos Aires, Argentina) fue una soprano lírica ligera, Primera Dama argentina y benefactora portuguesa de ascendencia italiana que se casó con el político argentino Marcelo T. de Alvear de la UCR.

Hija del barítono italiano Pietro Pacini y la española Felisa Quinteros, nació en Lisboa durante la regencia de su padre del teatro San Carlos de Lisboa.

Estudió en Paris con Mathilde Marchesi y debutó en 1888 como Amina en La sonambula de Bellini. Como soprano fue una importante exponente del bel canto de la época, como Lucia di Lammermoor, La boheme, I Puritani, Rigoletto, Manon y Rosina de El barbero de Sevilla cantó en el Liceo de Barcelona, la Scala de Milán, la Opera de París y en el Covent Garden Lucia de Lammermoor con Enrico Caruso.

En 1899 debutó en el Teatro Solís de Montevideo y en el Teatro Politeama de Buenos Aires donde conoció a Marcelo T. de Alvear quien la siguió por diferentes teatros del mundo.

En 1907 se casó con el Dr. Marcelo Torcuato de Alvear, futuro presidente de Argentina entre 1922-28, retirándose de la actuación y convirtiéndose en una importante benefactora. Durante la Primera Guerra Mundial la pareja residió en Paris y sus acciones le valieron la Legión de Honor del gobierno francés.

En un principio rechazada y combatida por la alta sociedad porteña, fue una destacada Primera Dama y un referente cultural por décadas.

Dicen que cada vez que él la escuchaba en un escenario, los ojos se le llenaban de lágrimas. Esa misma noche se enamoró perdidamente. Le mandó varias docenas de rosas rojas y blancas y una pulsera de oro y brillantes. Regina, acostumbrada a los desbordes de sus admiradores, le devolvió la pulsera y partió de regreso a Europa. Pero Marcelo no dejaría escapar esa presa. Para él, viajar a Europa era como ir al café de la esquina. Empezó a recorrer los mejores teatros de Madrid, París, Londres, Montecarlo, Budapest, Odessa, y llenaba los camarines de Regina Pacini con miles y miles de rosas rojas y blancas.

Prejuicios de clase

En las fiestas de las embajadas argentinas y en los salones de la aristocracia europea a los que ambos tenían acceso (él por su origen y ella por sus triunfos artísticos), Regina y Marcelo se fueron conociendo, quizás intimaron. En 1901, Regina volvió a Buenos Aires, esta vez para cantar en el teatro San Martín de la calle Esmeralda. En 1903, Marcelo, tras haberla seguido por medio mundo, se declaró y ella le dio el sí, pero puso como condición cantar cuatro años más.

Porque él, como no podía ser de otra manera en aquella época, le exigió que una vez casada dejara de cantar. Cuando finalmente se fijó fecha para la boda, la noticia consternó a la aristocracia argentina. ¡Aquella portuguesa fea y bajita había enganchado al soltero de oro, al mejor partido del país, por el que suspiraban las más bellas herederas, chicas de las familias Peña, Anchorena, Alzaga!

La resistencia sorda de la sociedad porteña a aceptar a la Pacini (extranjera y, lo que era entonces un pecado imperdonable, artista) afloró en su segunda visita, cuando ya Marcelo no ocultaba su amor. Días antes de la boda, quinientas personas de su clase social le enviaron un telegrama al novio pidiéndole que “recapacitara”. Marcelo lo recibió durante la despedida de soltero, en París, y se deprimió mucho. La fiesta se convirtió en un velorio. También Felicia estuvo en contra de la boda porque no quería que su hija dejara de cantar. La tirantez entre suegra y yerno duró toda la vida.

Durante cuatro años no pisaron Buenos Aires. El regreso se produjo recién en 1911. Se encontraron con un medio hostil. Un incidente grave se produjo durante la fiesta de bodas de Elvirita de Alvear: ninguna mujer le hablaba a Regina. Dicen que Marcelo, cuya fama de mujeriego siempre había sido amplia, le dijo a su esposa, indignado: “No te preocupés Regina, que a todas éstas yo les levanté las polleras”. Que Alvear fuera así nunca le preocupó a Regina, porque sabía que siempre volvería con ella. Vivieron juntos durante 35 años. No tuvieron hijos, y ella lo acompañó, en las duras y en las maduras.

En 1938 fundó la Casa del Teatro de Buenos Aires, un asilo para actores semejante a la Casa Verdi de Milán, con 45 habitaciones, dos pequeños museos y la sede del Teatro Regina nombrado en su homenaje. Además construyó el Templo de San Marcelo y el Colegio anexo.

Vivió en Villa Regina, su residencia de Mar del Plata y en Villa Elvira, en Don Torcuato. En 1942 enviudó, murió a los 94 años sobrevivía con una modesta pensión nacional. Nada le quedaba de su fortuna, repartida en obras de beneficencia.

Llevan su nombre una ciudad (Villa Regina) de Provincia de Río Negro y una calle de Buenos Aires.

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