Roberto Noble

Biografia OpusVida por dina

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Roberto Jorge Noble fue un periodista, político y empresario. Entre sus logros más reconocido se encuentra la fundación del conocido “Diario Clarín”. (9 de septiembre de 1902, La Plata – 12 de enero de 1969).

Fue un prestigioso abogado y hombre de letras, y actuando en la vida política llegó a representar al partido Socialista Independiente (PSI), plenamente identificado con la doctrina de Mussolini, incluso recae en la vice-presidencia de la Cámara de Diputados, pero dejando en claro que eran épocas de fraudes y concretas acciones de índole antidemocráticas, porque surge después de la revolución del 30, a pesar de haber sido un gran defensor de la Reforma Universitaria en 1918 en pleno período de la primera  presidencia de Hipólito Yrigoyen, en franca militancia con las juventudes universitarias de la época.

Contenido:

  1. Actividad política
  2. El padre de “Clarín”
  3. Recorridos, canillitas y noche porteña.
  4. Video
  5. Pasó el tiempo.
  6. Por qué Clarín y por qué matutino
  7. Galería de fotos
  8. Vida familiar
  9. Reconocimientos
  10. La dictadura militar
  11. Opiniones
  12. Pensamiento
  13. Década de 2000
  14. Características del diario
  15. Tirada
  16. Conflicto por la marca
  17. Clarín en Internet

Actividad política

Había empezado luchando por la Reforma Universitaria (sancionada en 1918), cuando era apenas un adolescente. Fue dirigente juvenil del socialismo y se sumó a la corriente rebelde que en 1927 se convirtió en el Partido Socialista Independiente (PSI). En 1930, ya abogado, fue electo diputado por la Capital Federal en elecciones legítimas, pero cesa el 6 de septiembre de ese año a raíz del golpe de estado encabezado por José Félix Uriburu. En los comicios del año siguiente, en los que no hubo fraude aunque sí proscripciones, su partido quedó en segundo lugar en el distrito y obtuvo 10 diputados entre los que se encontraba Noble, que fue designado como uno de los vicepresidentes de la Cámara, cuya presidencia ejercía Manuel Fresco. Uno de los primeros proyectos de su bancada fue el de la ley de Justicia de Paz Letrada, que impedía abusos y arbitrariedades por parte de magistrados que muchas veces se habían convertido en instrumentos políticos.

Su partido impulsó el proyecto de Ley de Propiedad Intelectual y Artística, que se aprobó como Ley 11.723, destinado a proteger los derechos de autor de escritores, compositores y músicos, en base al texto que redactó Noble , que dio paso a la creación posterior de la Comisión Nacional de Cultura, que Noble presidió, y del Teatro Nacional.

Además, participó en la Cámara de Diputados del debate sobre el Pacto Roca-Runciman que se aprobó mediante la ley 11.693, compartiendo el apoyo dado al mismo por su partido. En ese convenio Gran Bretaña se comprometía a seguir comprando carnes argentinas en tanto y en cuanto su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales. Como contrapartida, Argentina aceptaba la liberación de impuestos para productos ingleses y tomaba el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales.

Cuando en 1936 en comicios fraudulentos fue elegido Manuel Fresco como gobernador de la provincia de Buenos Aires, Noble asume el Ministerio de Gobierno, el más importante del gabinete, que ejerce hasta que es forzado a renunciar en 1939 por el nuevo presidente Roberto Ortiz acusado de algunos manejos de fondos públicos poco claros y de su responsabilidad en unos escandalosos comicios por la manera como se alteraban las urnas. Una de sus últimas medidas de gobierno fue la inauguración de LS11 Radio Provincia, perteneciente al estado provincial.

Al dejar el Ministerio se dedicó durante 3 años a la actividad agropecuaria en un campo de 3.000 hectáreas que había adquirido en la localidad de Quiroga, en el partido de Nueve de Julio en la provincia de Buenos Aires mientras era funcionario, pero no le fue bien económicamente, aparentemente porque la extensión no era lo suficientemente grande para ser explotada con provecho.

El padre de “Clarín”

Primero, una idea de país, de una Argentina que desarrollara todo su potencial; luego, un diario que irrumpió con fuerza en el periodismo local para modernizarlo. Esa fue la receta de Roberto Noble, abogado, político y estanciero, que arriesgó su fortuna y su tranquilidad en la fundación de Clarín. Su hija, Guadalupe, recuerda todas las facetas de este hombre valiente y optimista en una biografía notable.

La redacción del diario fue toda una innovación, bajo el modelo estadounidense.

El verdadero acto de nacimiento de Clarín tuvo lugar en el íntimo convencimiento de Noble sobre el paso que iba a dar. Mientras muchos lo consideraban un gran riesgo para su patrimonio y tranquilidad, él no titubeó en jugarse entero y poner todos sus bienes al servicio de su quimera periodística.

Desencantado de la política, empeñó su fortuna en un factor de poder real y decisivo: un diario. Un diario que llegó a ser el más vendido y el más leído. Clarín y el peronismo surgen casi juntos, se enfrentan y conviven.

La historia de Clarín es la historia de Noble. Es la aventura de un diario que irrumpió en la Argentina con la fuerza necesaria para hacer trepidar al periodismo argentino y, por lo tanto, modernizarlo. Sucedió en un tiempo tan breve que no se ha registrado hasta la fecha ningún caso similar a este tipo de publicación.

Hacia 1960, en sus primeros quince años de existencia en América latina, alcanzó tres aspectos de un récord: la mayor tirada entre los diarios de habla hispana, una gravitación fundamental como órgano periodístico de opinión en la proyección nacional y continental y una casa para hacer diarios que constituyó la expresión más avanzada de su época.

Un estanciero inquieto. Los tiempos que corrían en el país hacia 1943 eran agitados y turbulentos. La paz campesina no compaginaba con el temperamento inquieto de Roberto Noble. El abogado es el estanciero que alterna el trabajo rural con la atención de su prestigioso estudio jurídico especializado en derecho aduanero federal.

La Segunda Gran Guerra se aproxima a su desenlace. El enorme conflicto bélico fermenta hechos sociales de perspectiva incalculable. Ideas nuevas, problemas imprevisibles que derivaban de ellas, imponen a Noble la necesidad de crear el instrumento que captara y canalizara las inquietudes populares argentinas que, por entonces, carecían de vocero. Tomó así su decisión y lanzó a la calle un periódico que expresaba las corrientes sociales del país y, en especial, la famosa clase media.

Este impulso cívico movió al estanciero de Santa María a dejar la serenidad del campo por la porfiada realidad que se movía en los centros urbanos.

Recorridos, canillitas y noche porteña.

En las jornadas preparatorias de la salida de Clarín a la calle, Noble había establecido contactos y muy buenos entendimientos con los denominados “recorridos”, es decir, los agentes distribuidores de diarios y revistas que cada madrugada y cada atardecer llevan la “mercadería”, como la denominaban los canillitas, a las paradas o sitios de concentración y venta. Con el gancho que tenía Noble, le fue muy fácil entenderse con ellos. Así ocurrió que en la noche del 27 de agosto de 1945, víspera de la salida de Clarín a la calle, en el taller del diario Noticias Gráficas, en Riobamba y Sarmiento, donde se estaba imprimiendo, todos los hombres representativos del gremio, en acto absolutamente inusual, se hicieron presentes y rodearon al doctor Noble.

Aquel encuentro, revelador de un mutuo y pleno entendimiento, resultó muy importante, igual para Clarín que para lo que en la jerga del oficio llaman la “reventa”. Noble, en el trato diario con los revendedores y distribuidores de Clarín, los convenció de la necesidad de que estuvieran agrupados en una sociedad con sentido gremial y mutualista. Se fundó así, y por su inspiración, la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines (SDDRA). Noble los ayudó en la medida de sus posibilidades, que no eran muchas en aquellos días, y los alentó. Trazó los objetivos que debían proponerse para alcanzar resultados, especialmente en los servicios de previsión y defensa de la salud de sus asociados.

Pasó el tiempo.

Clarín creció hasta convertirse en un gigante. Noble nunca olvidó aquel acto de solidaridad, de afirmación amistosa y de colaboración que le expresaron con su presencia los viejos canillitas en aquellas horas de la víspera ansiosa de la salida del primer número del diario a la calle. Los hombres de los recorridos fueron sus amigos.

Para cada innovación que se introducía en la presentación y confección de Clarín –secciones nuevas, suplementos, revistas–, antes de tomar una decisión final sobre cualquier tipo de modificación destinada a tener proyección en la venta, Noble reunía en consulta a los recorridos, exponiendo los propósitos y planes para escuchar, a su vez, las opiniones de los vendedores y aceptar sus consejos.

A la vuelta del tiempo, aquellos planes que les había trazado Roberto Noble cuando fundaron su sociedad, aquellos proyectos de grandeza, se hacen hoy realidad en el enorme edificio de la SDDRA, en la avenida Belgrano y Entre Ríos. Los recorridos dicen de Noble: “Estas son las ideas y los consejos que nos dio Roberto Noble. El Cid sigue venciendo después de muerto”.

Cuando Clarín, en una de sus etapas de diario nómada –porque tuvo varias casas y ninguna era suya–, se imprimía en el taller del diario Crítica de la calle Pedro Echagüe, en Constitución, un mundo de canillitas y peones cargadores de camiones pululaba por las puertas del taller de impresión. Mezclados con ellos, se movían elementos raros de la noche, noctámbulos, gente simpática pero brava, entre los que se hallaban algunos maestros en el arte de introducir, con fineza imperceptible, “la mano propia en bolsillo ajeno”. Noble, de vez en cuando en las madrugadas, se daba una vuelta por Pedro Echagüe a esperar la salida de Clarín. Gustaba de aquel rumor de colmena de cuando es inminente la salida del diario, el enjambre de los muchachos que se mueven al pie de los camiones esperando la largada. En aquel ambiente de papel, tinta, gritos y órdenes, Noble se descontracturaba.

Las primeras veces que fue, advirtió con sorpresa que sus amigos lo rodeaban discretamente como para impedir la aproximación de aquellos caballeros raros, apenas manifestaban gran interés en saludarlo. Un día preguntó Noble a sus amigos cuál era la causa por la cual no permitían que se le aproximaran esas personas. Se trataba de las de “mano propia en bolsillo ajeno”. Y le dieron una explicación a su manera, en su estilo y lenguaje: “Doctor, éstos no tienen nada que ver con nosotros. No los dejamos arrimar para que no le hagan el cuero”. Que en otros términos quería decir “para que no le quiten la billetera sin que usted se dé cuenta”.

Del sentido comprensivo y humano del director de Clarín, dice, entre muchos otros episodios de los que nunca nadie se enteró, este pequeño hecho. Las páginas del diario se componían y matrizaban en los talleres de Crítica, en los talleres del edificio del que fue el gran diario de Natalio Botana, en la Avenida de Mayo. Los cartones matrizados se llevaban en raudos “jeeps” a la calle Pedro Echagüe, donde se terminaban de procesar y, convertidos en la estereotipia, se acoplaban a la rotativa para proceder a la impresión.

Una noche de aquellos lejanos primeros días de la aparición de Clarín, Noble –conductor de automóviles que se jactaba de su “manejo perfecto”–, salió de la vieja casa de la calle Moreno 840 con un auto prestado y dobló por la avenida 9 de Julio en dirección al Obelisco. Por la calle Alsina hacia fuera, corrían los tranvías que iban para el lado de Almagro, Caballito y Flores. Cuando el auto de Noble trepaba por la 9 de Julio, un “tramway” de línea había rebasado la calle Bernardo de Irigoyen y encaraba el cruce de la gran avenida. Noble iba tan absorto pensando en los problemas del diario, tan dominado por las preocupaciones que le creaba, que, como si despertara, abrió los ojos cuando el auto estaba montado sobre el “salvavidas” que los viejos tranvías llevaban adosados a la plataforma delantera, como instrumento de auxilio en caso de peligro.

Ocurrió que el conductor del “tram-way” vio venir el auto que manejaba una persona totalmente distraída, frenó, el vehículo quedó parado y Noble se fue con el automóvil sobre el “salvavidas”. Cuando se “despertó”, entre risueño y alarmado, se dio cuenta de lo que había sucedido y de lo que pudo suceder. Nunca más quiso manejar un auto en la ciudad. Y se sentaron a comer y recordar los felices tiempos de aquellos cafetines porteños que fueron y ya no están.

Por qué Clarín y por qué matutino

Los hechos probaron que Noble tenía más experiencia en el oficio que lo que se esperaba de él. Por sus estudios y experiencia de gobierno no le eran extraños los campos de la administración de una empresa, la publicidad y el trato con el personal. Era tan sensible al gusto del lector multitudinario como avezado para tomar lo mejor de sus consejeros.

No es fácil acertar con el nombre de un diario que se pegue al oído, que resulte fácil de pregonar y que sea entrador. Noble ya tenía su fórmula. Se llamaría Clarín.

Su hermano Julio se lo dijo claro:

—Suena a cuartel.

—Sí, a ejército, pero el de las glorias nacionales, el que está en el corazón del pueblo –le retrucó el encendido Roberto.

Y quedó Clarín.

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