Rodrigo Díaz de Vivar

Biografia OpusVida por dina

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Rodrigo Díaz de Vivar fue un caballero castellano que llegó a dominar al frente de su propia mesnada el Levante de la Península Ibérica a finales del siglo XI de forma autónoma respecto de la autoridad de rey alguno. Consiguió conquistar Valencia y estableció en esta ciudad un señorío independiente desde el 17 de junio de 1094 hasta su muerte.

Diaz de Vivar nació en Burgos (España) en el año 1048 y falleció en Valencia (España) en el año 1099.

Se trata de una figura histórica y legendaria de la Reconquista, cuya vida inspiró el más importante cantar de gesta de la literatura española, el Cantar de mio Cid. Ha pasado a la posteridad como El Campeador o El Cid (del árabe dialectal سيد sīdi, ‘señor’). Por el apelativo «Campeador» fue conocido en vida, pues se atestigua desde 1098 en un documento firmado por el propio Rodrigo Díaz; el sobrenombre de «Cid», aunque se conjetura que pudieron usarlo sus coetáneos zaragozanos9 o valencianos, aparece por vez primera en el Poema de Almería, compuesto entre 1147 y 1149.

Contenido:

  1. Historia
  2. El destierro
  3. Escucha “Pasajes de la Historia – Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador” relatado por Juan Antonio Cebrián
  4. El milagro de su Dios
  5. Reconciliación con Alfonso
  6. Segundo destierro
  7. Su fallecimiento
  8. Video: “El cid” por el History Channel – Parte 1
  9. El Cid en la literatura
  10. Galería de fotos de Rodrigo Díaz de Vivar
  11. El desarrollo de la leyenda
  12. Video: “El cid” por el History Channel – Parte 2
  13. El Cid en la pintura
  14. El Cid en el cine y la televisión
  15. El Cid en la opera

Historia

Nacido  en el seno de una familia de baja nobleza. Con tan sólo 14 años comenzó a servir en la corte como paje de Sancho, hijo del rey castellano Fernando I. Allí adquirió su formación cultural, artistica y militar, tomando  habilidades de gran guerrero y estrechando lazos con el principe a quien servía. Su primera experiencia militar la vive, cuando participa en primera mano en la batalla de Graus, que enfrentaban a las fuerzas de Castilla con las de Aragón y donde el rey de Aragón perece. Al morir Fernando I, el trono de Castilla es heredado postumamente por su hijo Sancho. Este nombró inmediatamente alférez o portaestandarte a su amigo Rodrigo, pasando este a ser uno de los colaboradores mas cercanos suyos.

Rodrigo a su vez, participa haciendo honor a su cargo en la ya famosa guerra de los tres Sanchos, por el control del reino de Zaragoza. Se dice que fué en esta batalla, cuando tras abatir en duelo al caballero Jimeno Garcés, comienza su fama como “Campi Doctor” (experto en el campo de batalla) o Campeador.

Poco después Rodrigo participa al lado de su rey en la batalla Llantada, derrotando al hermano de Sancho, Alfonso del reino de Galicia. Aunque poco después se vuelven a enfrentar en Golpejera con la nueva victoria de Sancho. Fué entonces cuando Sancho consigue reunificar el reino de su padre.

En aquellos días, Urraca la hermana del monarca y señora de Zamora, se alí con algunos nobles y se muestra hostil, provocando mediante una revuelta el asesinato de Sancho a manos de Bellido Dolfos, proclamandose sucesor de Sancho el exiliado Alfonso. Este suceso y cambio de poder en el trono de Castilla, supone para Rodrigo verse enfrentado publicamente al rey Alfonso en varias ocasiones. Aún con eso, es nombrado juez y representante de la corona, en la misma época en la que contrae matrimonio con Jimena Diaz, hija del conde de Oviedo, en el verano del año 1074. De estos acontecimientos nació una confianza que el rey Alfonso comienza a poner en Rodrigo.

Muestra de la confianza que depositaba Alfonso VI en Rodrigo, es que en 1079 fuera comisionado por el rey para cobrar las parias (tributos) al rey Almutamid de Sevilla. Pero en el desempeño de esta misión, el importante noble castellano García Ordóñez formaba parte del ejército que el rey Abdalá de Granada envió contra el rey de Sevilla, que gozaba de la protección de Alfonso VI, precisamente a cambio de las parias que el Cid estaba cobrando. Lógicamente, el Campeador ayudó con su contingente a defenderse al rey sevillano, que interceptó y venció a Abdalá en la batalla de Cabra, en la que García Ordóñez fue hecho prisionero

Los desencuentros con Alfonso fueron causados por un exceso (aunque no era raro en la época) de Rodrigo tras repeler una incursión de tropas andalusíes en Soria en 1080, que le llevó, en su persecución, a adentrarse en el reino de Taif toledano y saquear su zona oriental, que estaba bajo el amparo del rey Alfonso VI.

El destierro

Hacia finales de 1080 o principios de 1081, Rodrigo partió al destierro buscando un señor al que prestar sus servicios. Es muy posible que inicialmente buscara el amparo de los hermanos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, pero rechazaron su patrocinio. Seguidamente buscó un patrono al otro lado de la frontera, algo que no era extraño, pues el propio Alfonso VI había sido acogido por Al-Mamún de Toledo en 1072 durante su ostracismo.

Junto con sus vasallos o «mesnada», entró al servicio desde 1081 hasta 1085 del rey de Zaragoza, Al-Muqtadir, que ese mismo año enfermó gravemente y fue sucedido por Al-Mutamán. Este encomendó al Cid en 1082 una ofensiva contra su hermano el gobernador de Lérida Mundir, el cual, aliado con el conde Berenguer Ramón II de Barcelona y el rey de Aragón Sancho Ramírez, no acató el poder de Zaragoza a la muerte del padre de ambos Al-Muqtadir, desatándose las hostilidades fratricidas entre los dos reyes hudíes del Valle del Ebro.

Escucha “Pasajes de la Historia – Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador” relatado por Juan Antonio Cebrián utilizando el siguiente reproductor:

El milagro de su Dios

La mesnada del Cid reforzó las plazas fuertes de Monzón y Tamarite y derrotó a la coalición, ya con el apoyo del grueso del ejército taifal de Zaragoza, en la batalla de Almenar, donde fue hecho prisionero el conde Ramón Berenguer II. Pudo originar el apoteósico recibimiento de los musulmanes de Zaragoza al Cid al grito de «sīdī» (‘mi señor’ en árabe) el apelativo romanceado de «mio Çid». El otro apelativo que le brindaron los musulmanes fue «el milagro de su Dios».

En 1084 el Cid desempeñaba una misión en el sureste de la taifa zaragozana, atacando Morella. Al-Mundir, señor de Lérida, Tortosa y Denia, vio en peligro sus tierras y recurrió de nuevo a Sancho Ramírez, que le atacó el 14 de agosto de 1084 en la batalla de Olocau del Rey. De nuevo el castellano se alzó con la victoria, reteniendo a dieciséis nobles aragoneses, que al fin liberó tras cobrar su rescate.

Reconciliación con Alfonso

El 25 de mayo de 1085 Alfonso VI conquista la taifa de Toledo y en 1086 inicia el asedio a Zaragoza, ya con Al-Musta’in II en el trono de esta taifa, quien también tuvo a Rodrigo a su servicio. Pero a comienzos de agosto de ese año un ejército almorávide avanzó hacia el interior del reino de León, adonde Alfonso se vio obligado a interceptarlo, con resultado de derrota cristiana en la batalla de Zallaqa. Es posible que durante el cerco a Zaragoza Alfonso se reconciliara con El Cid. En cualquier caso, tras la derrota del rey Alfonso es patente que Rodrigo había sido rehabilitado, puesto que al de Vivar se le encargó la defensa de la zona levantina y se le concedieron varios dominios en tenencia en Castilla: Dueñas, San Esteban de Gormaz, Langa de Duero y Briviesca. Por otro lado, Alfonso VI pudo condonar la pena a Rodrigo ante la necesidad que tenía de valiosos caudillos con que enfrentar el nuevo poder de origen norteafricano.

 

Ante esta difícil situación, Rodrigo Díaz marchó a Castilla al encuentro de su rey para solicitar refuerzos y planear la estrategia defensiva en un futuro. Fruto de estos planes y acciones sería la posterior intervención cidiana en el Levante, que traería como resultado una sucesión encadenada de acciones bélicas que le llevarían a acabar por rendir la capital del Turia. Reforzada la mesnada del Cid, se encaminó a Murviedro con el fin de expugnar al rey hudí de Lérida.

Segundo destierro

Tras el verano de 1092, con el Cid aún en Zaragoza (en su segundo destierro), el cadí Ben Yahhaf (partidario de la facción almorávide) se hizo con el poder en Valencia, y Al-Qadir fue asesinado. Al conocer la noticia, el Campeador regresó a Valencia en noviembre y sitió la fortaleza de Cebolla, actualmente en el término municipal de El Puig, a catorce kilómetros de la capital levantina, rindiéndola mediado el año 1093 con la decidida intención de que le sirviera de base de operaciones para un definitivo asalto a Valencia.

Ese verano comenzó a cercar la ciudad. Valencia, en situación de peligro extremo, solicitó un ejército de socorro almorávide, que fue enviado al mando de Al-Latmuní y avanzó desde el sur de la capital del Turia hasta Almusafes, a veintitrés kilómetros de Valencia, para seguidamente volver a retirarse. Ya no recibirían los valencianos más auxilio y la ciudad empezó a sufrir las consecuencias del desabastecimiento. El estrecho cerco se prolongaría por casi un año entero, tras el cual Valencia se vio obligada a capitular el 15 de junio de 1094.

El Cid tomó posesión de la ciudad titulándose como «príncipe Rodrigo» y quizá de este periodo date el tratamiento de sidi (señor en dialecto hispanoárabe), que derivaría en «Cid». Con el fin de asegurarse las rutas del norte del nuevo señorío, Rodrigo consiguió aliarse con el nuevo rey de Aragón Pedro I, que había sido entronizado poco antes de la caída de Valencia durante el sitio de Huesca, y tomó el Castillo de Serra y Olocau en 1095.

Establecido ya en Valencia, se alió también con Ramón Berenguer III con el propósito de frenar conjuntamente el empuje almorávide. Las alianzas militares se reforzaron con matrimonios. Una hija suya, Cristina, se casó hacia 1098 con el infante Ramiro Sánchez de Navarra y otra, María, estaba casada con el conde de Barcelona en 1103.

Su fallecimiento

Su fallecimiento se produjo en Valencia entre mayo y julio de 1099 (según Martínez Diez, el 10 de julio) debido a unas fiebres. Regaló su espada Tizona a su sobrino Pedro, junto con quien tantas veces había luchado. Doña Jimena consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III durante un tiempo, pero en mayo de 1102, debido a una situación insostenible, con ayuda de Alfonso VI, la familia y gente del Cid abandonó Valencia.

Sus restos descansan junto a los de su esposa Dña. Jimena, desde el año 1921 en un lugar privilegiado de la Catedral de Burgos.

Leyenda para algunos, Rodrigo Diaz de Vivar sobrevivió en una época dura llena de enfrentamientos bélicos. Fueran cuales fueran sus motivos, queda claro que este hombre marcó una época y aún hoy se le recuerda, formando parte de la historia viva de nuestro país, vivamosla con orgullo y recordémosle como merece.

Video: “El cid” por el History Channel – Parte 1

El Cid en la literatura

Excepción hecha de los testimonios documentales de la época, algunos firmados por el propio Rodrigo Díaz, las fuentes más antiguas acerca del Campeador provienen de la literatura andalusí del siglo XI. Las obras más tempranas de que tenemos noticia sobre él no se han conservado, aunque se ha transmitido lo esencial de ellas a través de versiones indirectas. En las fuentes árabes se impreca generalmente al Cid con los apelativos de tagiya(‘tirano, traidor’), la’in (‘maldito’) o kalb ala’du (‘perro enemigo’); sin embargo, se admira su fuerza bélica, como en el testimonio del siglo XII del andalusíIbn Bassam, única alusión en que la historiografía árabe se refiere al guerrero castellano en términos positivos; de todos modos Ibn Bassam habitualmente se refiere a Rui Díaz con denuestos, execrándolo a lo largo de toda su Al-Djazira fi mahasin ahl al-Yazira… (Tesoro de las hermosas cualidades de la gente de la Península) con las expresiones «perro gallego» o «al que Dios maldiga». He aquí el conocido pasaje en que reconoce su prodigiosa valía como guerrero:

…era este infortunio [es decir, Rodrigo] en su época, por la práctica de la destreza, por la suma de su resolución y por el extremo de su intrepidez, uno de los grandes prodigios de Dios.

Ibn Bassam, Yazira, 1109.

Es de notar, asimismo, que nunca se le aplica en las fuentes árabes el sobrenombre de sidi (señor) —que entre los mozárabes o su propia mesnada (que contó con musulmanes) derivó a «Cid»—, pues era un tratamiento restringido a los dirigentes islámicos.

La Elegía de Valencia del alfaquí Alwaqqashí fue escrita durante el sitio de Valencia (inicios de 1094). Entre ese año y 1107 Ibn Alqama compone suManifiesto elocuente sobre el infausto incidente, que narra las vicisitudes del señorío del Cid en Valencia. Ibn Al-Faray, visir de Al-Qádir, redacta un relato que no nos es conocido ni en su título, sobre los momentos previos a la conquista de Valencia por el Cid. Por último, y como se dijo arriba, en 1110 Ibn Bassam de Santarén dedica la tercera parte de su Al-Yazira a exponer su visión del Campeador.

En cuanto a las fuentes cristianas, desde la primera mención segura sobre el Cid (en el Poema de Almería, 1147/8) las referencias están teñidas de una aureola legendaria, pues se dice de él que nunca fue vencido. Para noticias más fieles a su biografía real existe una crónica en latín, la Historia Roderici (segunda mitad del siglo XII), concisa y bastante fiable, aunque con importantes lagunas en varios periodos de la vida del Campeador. Junto a los testimonios de historiadores árabes es la principal fuente sobre el Rodrigo Díaz histórico.

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