Salvador Dalí

Biografia OpusVida por diablillo

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Salvador Dalí fue un pintor español considerado uno de los máximos representantes del surrealismo. Su nombre completo era Salvador Felipe Jacinto Dalí. Domènech.

Dalí es conocido por sus impactantes y oníricas imágenes surrealistas. Sus habilidades pictóricas se suelen atribuir a la influencia y admiración por el arte renacentista. También fue un experto dibujante.  Los recursos plásticos dalinianos también abordaron el cine, la escultura y la fotografía, lo cual le condujo a numerosas colaboraciones con otros artistas audiovisuales. Tuvo la habilidad de forjar un estilo marcadamente personal y reconocible, que en realidad era muy ecléctico y que «vampirizó» innovaciones ajenas. Una de sus obras más célebres es La persistencia de la memoria, el famoso cuadro de los «relojes blandos», realizada en 1931.

Contenido:

  1. Su infancia
  2. Su educación
  3. Obras y trabajos
  4. Galería de fotos de Salvador Dalí
  5. Sus últimos días
  6. Salvador Dalí
  7. Sus estilos
  8. Otras actividades artísticas
  9. Ideología y personalidad
  10. Gala
  11. Su relación con García Lorca

Su infancia

Nacido en una familia burguesa de la comarca del Alto Ampurdán, en 1904, el 11 de mayo, a las 8:45 de la mañana, en el número 20 de la calle Monturiol, en el municipio cabecera de la comarca, Figueras, en la provincia de Gerona (comunidad autónoma de Cataluña, España), como Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí,

En esa época la burguesía seguía siendo un grupo social (1880). Se dejó de asimilar a la burguesía con el pueblo de categoría plebeya y a definirla como una clase media. Estaba entre la aristocracia nobiliaria (clase alta) y el resto de la población (clase baja). A partir del S. XX la nobleza pierde poder político y la alta burguesía (notarios, banqueros, letrados, etc.) ascienden al gobierno.

Las huellas artísticas son abundantes en Cataluña, desde la prehistoria y la época antigua hasta el cultivo de las vanguardias del siglo XX. Con todo, dos son los momentos histórico-artísticos en los que el arte catalán alcanza cotas de calidad internacional y de alta intensidad estilística: la época medieval, y la época del modernismo.

Hijo de Felipa Doménech Ferés, ferviente católica, y de Salvador Dalí Cusí, librepensador, republicano y escribano de profesión. Siempre manifestó enorme interés por el cultivo de las artes, lo que acabaría beneficiando a Salvador Dalí. Por los testimonios de su hermana menor, cuatro años más chica, Ana María, y los diarios de infancia y de adolescencia que se conservan, nos muestran a un niño preocupado por los problemas del momento e inmerso en un ambiente feliz. La circunstancia que habría marcado toda su infancia y comportamiento posterior sería la existencia de otro Salvador Dalí (Salvador Gallo Anselmo Dalí), su hermano muerto en agosto de 1903 de meningitis antes de cumplir los dos años de edad. Esto le crearía gran desestabilidad emocional a Dalí, al tener que llevar de pequeño flores a una tumba que tiene su nombre. El futuro del pintor no sería sino una especie de segunda edición, un tanto rústica, de aquel hermanito que había cruzado fugazmente la vida de su familia. Sus pares comparaban en todo momento al Salvador vivo con el muerto, y tenían en su alcoba una fotografía de este último junto a una reproducción del Cristo de Velásquez. Para el pintor, la existencia de ese “otro” que le había precedido en el vientre de su madre, en el afecto de su padre e incluso en el nombre, supuso un tremendo desafío: “Yo nací doble, con un hermano de más, que tuve que matar para ocupar mi propio lugar, para obtener mi propio derecho a la muerte … Todas las excentricidades que he cometido, todas las incoherentes exhibiciones proceden de la trágica obsesión de mi vida. Siempre quise probarme que yo existía y no era mi hermano muerto. Como en el mito del Cástor y Pólux, matando a mi hermano, he ganado mi propia inmortalidad”.

Pronto, Salvador se convirtió en el rey de la casa. Sus padres lo trataban verdaderamente como tal y su disfraz preferido —cuando no era el de marinerito— era el de emperador.

Su padre achacó la muerte de su primer hijo a alguna enfermedad contraída en sus devaneos de soltero, y decidió prevenir al segundo de los peligros que implican las relaciones con mujeres. No se le ocurrió nada mejor que dejar sobre el piano un libro con patologías médicas con aterradoras fotografías que provocaban las enfermedades venéreas. Ello achacaría a Dalí en su impotencia que llevaría a autorretratarse como “El gran masturbador”. Su primer objetivo en las visitas a París eran los burdeles: “Los visité, unos tras otro. Con las putas observé el mismo ritual: las mandaba a colocarse de pie y en un extremo de la habitación, manteniéndome yo siempre en el otro. Quería así evitar que cualquier microbio que ella llevara pudiera saltar y contaminarle. Entonces, me limitaba a contemplarla desnuda mientras me masturbaba”.

También desarrolló desde muy pronto una plena conciencia de niño privilegiado, lo que acrecentaría a su megalomanía. Más que mentiroso, Dalí sería exagerado hasta el delirio, y en uno de sus diarios de adolescencia, cuando sólo tenía dieciséis años y había empezado a redactar su autobiografía “Tardes de verano”, ya se veía a sí mismo como un gran genio que el mundo entero terminaría por reconocerlo tarde o temprano.

Su educación

Acudió a la edad de siete años a la escuela pública del maestro Traiter cuyos métodos no eran nada pedagógicos y aunque su padre no gustaba de la enseñanza religiosa terminó haciendo ingresar a su hijo a una institución privada. Así, desde 1912, Dalí acudió al Colegio Hispano-Francés de la Inmaculada Concepción, en donde sus compañeros lo hicieron el eje de sus burlas arrojándole insectos, especialmente saltamontes. Este bicho luego se convertiría en un símbolo de horror que plasmaría en su época surrealista. De éste colegio le quedará el conocimiento de la lengua francesa y una imagen obsesiva, “El Angelus” de Millet, que le provocaría una doble conmoción, pictórica y psicológica, es decir, no sólo estudió las formas o la composición que había en el cuadro, sino que creyó reconocer esas figuras en diversos elementos del paisaje. De esa época data su primer cuadro, un pequeño paisaje que pinta cuando tiene seis años.

Los estudios de Dalí, ya sea por su carácter, ya sea por su premeditada falta de atención, son defectuosos. Nadie le entiende, o, más bien, nadie lo aguanta.

Empieza a forjarse aquí su verdadera personalidad, payasa y conflictiva, digna para quien quiera perder su tiempo, en un severo estudio psicoanalítico. Sus rasgos se vuelven estrambóticos, no acepta las reglas. Quiere ser el centro de atracción. Se dice el máximo exponente de la pintura, el gran artista. Algo así como María Félix con bigotes.

Dalí no aceptaba las reglas. Comentaba que sus estudios, ya sea por falta de atención o algún otro motivo, son defectuosos, al punto que, conociendo todas las letras del alfabeto, y sabiendo ya firmar, hace caso omiso de toda regla. Es más, pareciese complacido en ignorar todas las reglas y brincar, sabiendo, sobre ellas.

Se cuenta que lo de Dalí era una aversión hacia la ortografía, pero que una vez vencida la siguió desdeñando y prefirió seguir escribiendo mal, a pesar de que sabía los puntos y comas de la sintaxis y la gramática. Era una forma de revelarse contra todo y demostrar una vez más su extraña y enfermiza personalidad.

Desde niño se dedicó a leer libros extraños (extraños, al menos, para su edad); leía a Nietzsche y a Voltaire, interesándose, particularmente, el Diccionario Filosófico de este último.

Dalí confiesa -cuenta uno de sus biógrafos- que una de las singularidades de su manera de ser es el egoísmo y que no siente ninguna curiosidad por conocer al prójimo. Una vez más, aquí, muestra su personalidad rara y extravagante por no decir psicótica o esquizofrénica. A los diez años ya dibujaba y pintaba con mucha regularidad, sobre todo paisajes y retratos de miembros de su familia, usando como modelo a su hermana. Su primera obra, un autorretrato, se llamó “Niño enfermo”.

Con 12 años ingresa en tres centros de enseñanzas, el colegio de los Hermanos Maristas, el Instituto de Figueres y la Escuela Municipal de Dibujo, cuyo director era Juan Núñez Fernández, que descubriría su potencial. Ahí se desarrolla en él un exhibicionismo desorbitado que, corregido y aumentado, siempre mantuvo toda su vida, pues siempre, desde chico, tuvo en mente ser el centro de atención y mira de todo el mundo.

A los doce años tiene los primeros amores con una muchacha a la que, según su propia confesión, gustaba hacer sufrir por el solo hecho y placer que comprendiera que era él quien influía sobre ella. Tal era la personalidad de Salvador, tal era su carácter lleno de rasgos prepotentes.

 

Parece que ya en 1916 había conocido el impresionismo y el divisionismo a través de la colección que poseía Ramón Pichot, ya que, mientras cursaba la escuela, cae enfermo y sus padres lo envían a la Casa de los Pichot, una familia amiga de la familia Dalí, donde una de sus hijas estaba casada con un poeta, otra era cantante de ópera, en cuanto a sus hijos, un violinista, otro violonchelista, otro pintor y el mayor sería una especie de guía para Salvador.

Ramón Pichot, el hijo pintor de la familia, era amigo de colegas importantes como Casas, Rusiñol, Apollinaire y Picasso. En un verano Picasso fue invitado a la casa de los Pichot, donde conoció por casualidad a Salvador que tenía seis años en ese momento. Salvador no era de la visita que había en la casa.

En 1916 su padre organizó en su casa, una pequeña exhibición de los dibujos al carbón de Dalí.

En 1919 un amigo de su padre le compró los primeros cuadros, “para que el adolescente no se sintiera mal”. Influenciado por los Pichot, Dalí se consideraba a si mismo un impresionista. Su padre le permitió seguir con su carrera, con la condición de que concurriese a la Escuela de Bellas Artes de Madrid para recibir el título de profesor. El joven Salvador aceptó.

Creador muy precoz, ya entre los años 1919 y 1920 trabajaba en clave impresionista (Autorretrato, Chicas haciendo encaje). Del mismo modo que en su pintura, también sería un prolífico escritor buscando explicar en primera persona los fundamentos de su vida y de su obra. Sus primeros artículos aparecerían en 1919 en la revista local “Studium”; redactaba la sección “Los grandes maestros de la pintura” y allí reflejó cuáles eran sus modelos de referencia: Velázquez, Goya, El Greco, Durero, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel.

El 6 de febrero de 1921, cuando Dalí tenía 16 años, muere su madre, lo que -de creer a Dalí- habría supuesto para él un golpe muy duro: “La muerte de mi madre me despertó. Durante mucho tiempo no supe conformarme a su desaparición. Ella era la única que hubiera podido transformar mi alma. Su pérdida la sentí como un desafío y resolví vengarme del destino esforzándome en ser inmortal”. Poco después, su padre contrae matrimonio con la hermana de su difunta esposa, Catalina Doménech Ferés. La muerte de su madre supondría la clausura de su infancia y primera adolescencia. Salvador decide trasladarse a Madrid junto a su hermana.

Dalí, que en esos momentos su indumentaria alcanzaba extremos realmente alarmantes: las patillas y la melena le daban un aire entre agitanado y bohemio, confirmado por una chalina de grandes proporciones y una boina negra y peluda, por si fuera poco, con una capa y polainas. En 1922 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Esta especie de colegio universitario ponía al alcance de sus 150 alumnos bibliotecas, laboratorios, salas de conferencias y ambiente propicio para el desarrollo intelectual. Además, le deban comida y alojamiento en la Residencia de Estudiantes, donde conoce a futuras personalidades como Luis Buñuel, Federico García Lorca, José Bello, José Moreno Villa, etc., quienes, según Dalí, los consideraba “un residuo romántico más bien vulgar y más o menos peludo”. Hasta que un día se enteraron que Salvador ensayaba cuadros cubistas y se concientizaron del talento y del sentido del humor que se escondía tras ese aspecto tímido y aplicado. Ese grupo era, en palabras de Dalí, “estridente y revolucionario”. y había asumido algunas actitudes provocativas del recién concluido ultraísmo, el primer ismo literario y artístico español.

Cuando ingresó en la residencia no sabía leer hora del reloj, ignoraba que un duro equivalía a cinco pesetas, era incapaz de tomar un tren o sacar una entrada de teatro, e incluso de cruzar la calle solo.

El grupo de Bello, Lorca y Buñuel lo adoptó como una mascota, llevándolo de parranda como una provocación. Solían exhibirlo por los locales más elegantes, irrumpiendo en ellos con aire desafiante como diciendo (según las palabras de Dalí): “¡Bueno! Nuestro amigo parece, sin duda alguna, una rata de alcantarilla, pero es el personaje más importante que hayan visto ustedes nunca, y a la menor descortesía de su parte, los derribamos de un puñetazo”. Cuando salieron, les dijo a los guardaespaldas de su exotismo: “Han sido muy amables conmigo. Pero no tengo ningún deseo de continuar así. Mañana voy a vestirme como todos los demás”.

Dalí reflejaría esas escapadas madrileñas en una serie de interesantes dibujos, acuarelas y aguadas, como “Escenas de cabaret” y “Sueños noctámbulos”.

De forma paralela a la Escuela de Bellas Artes, asiste a las clases de pintura que ofrecía Julio Moisés en su llamada Academia Libre; allí conocería a Benjamín Palencia, Francisco Bores o Maruja Mallo, nombres punteros del arte español de vanguardia en el primer tercio del s. XX.

En la Academia, Salvador no aprende nada y se dedica a cometer todo tipo de tropelías, desde lanzar frascos de pintura a los lienzos, hasta desbaratar los trabajos de otros.

Empieza a lanzarse abiertamente a las excentricidades. Locura tras locura hace que la atención recaiga sobre él. En San Fernando, inicia a los profesores en el divisionismo o puntillismo, que desde luego, desconocían. También les hace ver otro género, el cubismo, algo que también desconocían. Dalí se empieza a burlar de ellos. No conocen nada de lo que produce Europa.

En octubre de 1923 fue expulsado por un año de la academia de San Fernando, por considerarse el cabecilla de la protesta contra la expulsión de Daniel Vázquez Díaz de la cátedra de pintura al aire libre y fue encarcelado 35 días bajo el cargo de sublevación.

En 1925 participó en la primera Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, celebrada en Madrid. Allí demostró que era el joven artista que mejor entendía las diversas corrientes que dominaban el arte europeo: el post-cubismo, el purismo y las nuevas figuraciones. Esa maestría se debía tanto a su capacidad de asimilación como al acceso que tenía a las principales revistas culturales del momento, como “L’Esprit Nouveau” o “Valori Plastici”. A finales de ese mismo año celebra su primera exposición individual, que tiene lugar en las Galerías “Dalmau” de Barcelona, en diciembre. En el catálogo de dicha muestra, que tuvo una excelente acogida, el artista intercala citas del pensamiento del pintor francés del s. XIX. Fue idolatrado completamente. En febrero de 1926, en una importante muestra aún poco conocida para el gran público, titulada “Arte Catalán Moderno”, presentó en Madrid dos de sus obras capitales de esos primeros años, “Muchacha en la ventana” y “Venus y marinero” (homenaje a Salvat-Papasseit). La crítica de la época le definirá como un “neo-verista” y Rafael Benet, en “Gaseta de les Arts” afirmará que mostraba gusto por los ritmos compensadores. Gracia, orden, claridad. Pasa de una vida monacal y estudiosa y de una actitud vestimentaria de “artista”, a la existencia y a los trajes de dandy.

En 1926 realizó junto a su hermana Ana María y a su “Tiata” el tan ansiado viaje a los Países Bajos, donde admiró en directo la pintura de los primitivos flamencos y la posterior de Vermeer de Delft. Durante ese viaje hace escala en París para cumplir otro de sus deseos, conocer a Pablo Picasso en persona a quien considera como “un genio total, la única persona del mundo del arte que le ha interesado”. También entabla amistad con Manuel Ángeles Ortiz y se reencuentra con Francisco Bores y Luis Buñuel, con quienes visita el “Louvre” y acude a las tertulias artísticas que frecuenta la abundante colonia española en la capital francesa. Pese a que sus notas son excelentes, en ese año fue expulsado de forma definitiva de la Escuela de San Fernando por negarse a ser examinado en una lección sobre Rafael Urbino ya que pensaba que ninguno de los profesores sabía más que él de ese tema y calificó a sus profesores como “por tres ignorante catedráticos”.

Obras y trabajos

En 1926, al regresar a Figueras y cumplió con el servicio militar obligatorio pero no dejó de intercambiar correspondencia con su amigo García Lorca.

En 1927 se distancia de Federico García Lorca por la publicación por parte del poeta andaluz de la “Oda a Salvador Dalí”, que publicó en abril la prestigiosa “Revista de Occidente”.

Ese año expone por segunda vez en la Galería “Dalmau” y estrecha sus lazos de amistad con Lorca; entre los textos más importantes que culminaron esa amistad estaría el “Sant Sebastià”, publicado en “L’Amic de les Arts” (Sitges) a principios de julio de 1927 y que hacía referencia a la ironía como medio para definir un nuevo arte. Las tensiones estallarían ya en verano, en los finales julio de 1927, cuando el poeta le escribiría una carta a Salvador: “Me he portado como un burro indecente contigo, que eres lo mejor que hay para mí. A medida que pasan los minutos lo veo claro y tengo verdadero sentimiento. Pero esto sólo aumento mi cariño por ti y mi adhesión por tu pensamiento y calidad humana…Acuérdate de mí cuando estés en la playa y sobre todo cuando pintes las crepitantes cenitas, ¡ay mis cenitas! Pon mi nombre en el cuadro, para que mi nombre sirva para algo en el mundo y dame un abrazo, que bien lo necesita tu: Federico”.

En declaraciones posteriores, Dalí sería muy explícito al respecto “Él era pederasta, como es bien sabido, y estaba locamente enamorado de mí. Dos veces intentó darme por el culo. Para mí era muy embarazoso, pues yo no era pederasta y no tenía la intención de acceder. Además, me hacía daño. De modo que no hubo lugar. Pero desde el punto de vista del prestigio me sentía muy halagado. Después de todo, en el fondo de sí mismo, me decía que era un buen poeta… Terminó haciéndose con una chica que me sustituyó en el sacrificio. Al no conseguir que yo pusiera mi culo a su disposición, me juró que el sacrificio obtenido de la chica se compensaba con el suyo propio: era la primera vez que se acostaba con una mujer”.

Sus primeros cuadros surrealistas los pintó en Cataluña. Poco después, en la primavera de 1928, se produce el distanciamiento con Lorca, al que acusa de practicar una poesía folclorista y poco moderna. En marzo de 1928 firma el “Manifest Groc” (Manifest Antiartístic Catalá). En ese texto se enfrentó a la tradición más reaccionaria y adoptó una actitud plenamente moderna por su condición de polémica. Ese “Manifest Groc” concluye con una lista de los artistas y escritores más admirados por él: Picasso, Juan Gris, Miró, Le Corbusier, Ozenfant, De Chirico, Jean Cocteau, André Bretón, etc.

Entre los años 1926 y 1929. Pinta una “Muchacha del Ampurdán”, de nalgas rodantes, que llevará más tarde a París para mostrársela a Picasso, y una “Cesta de pan”, expuesta en “Dalmau”, que será escogida y enviada al Instituto Carnegie de Pittsburgh.

Los cuadros de 1928 y comienzos de 1929 son de plena experimentación; en ocasiones utilizó arena o corcho. Incluso llegó a acercarse mucho a los límites de la abstracción en obras como “Sol” (1928). En 1929 regresa a París, donde Joan Miró lo puso en contacto con Tristan Tzara y otros miembros del surrealismo, grupo dominado por André Bretón, que finalmente lo aceptarían. Ese mismo año rueda, junto a su amigo cineasta Luis Buñuel, “Un chien andalou”, (Un perro andaluz) que se estrenaría el 6 de junio de 1929 y es considerada por la crítica como la primera película surrealista, al poco tiempo pintó “El juego lúgubre”, donde mezcla de forma novedosa automatismo y narración de los sueños. En 1929 expuso por primera vez en París; se trata de la muestra individual que le organizó la Galería “Goemans”, donde presenta entre otras obras, “El enigma del deseo” y “El gran masturbador”. Para Dalí, el surrealismo estaba demasiado anclado en la escritura y pintura automáticas; es entonces cuando desarrolló su propia interpretación del surrealismo, en el llamado “método paranoico-crítico”, que definió como “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la asociación interpretativa crítica de fenómenos delirantes”. Tanto Dalí como los surrealistas mostraron, además, enorme interés por las teorías psicoanalíticas del doctor vienés Sigmund Freud. Más que un interés científico, les atraían las posibilidades artísticas que podía tener así como la importancia del inconsciente como fuente inagotable de imágenes poéticas. Muchos años después, en 1936, lo conocería en Londres y lo retrataría sobre un papel secante.

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