Sara Montiel

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María Antonia Abad Fernández, artísticamente Sara Montiel (Campo de Criptana, Ciudad Real, 10 de marzo de 1928); actriz de cine y cantante española. Es considerada uno de los mitos más importantes del espectáculo en lengua hispana, tanto por sus éxitos en cine y música como por su espectacular belleza. Sigue siendo un icono o figura de culto, admirada por público de gustos muy dispares e inspiración para varias generaciones de artistas. Es una de las pocas leyendas supervivientes de la Época de Oro del Cine Mexicano.

En una España gris y necesitada de fantasía bajo la censura y las limitaciones económicas, Sara Montiel fue la cara más barroca y atrevida del espectáculo, gracias a sus papeles melodramáticos y a su sensual manera de cantar y vestir. Actriz de gran éxito comercial, mayormente en las décadas de 1950 y 1960, ha protagonizado o participado en unas 60 películas, varias de las cuales alcanzaron enormes recaudaciones internacionalmente. Fue la primera española en triunfar en Hollywood, donde trabajó con varias de las máximas estrellas de la época, como Gary Cooper, Burt Lancaster, Joan Fontaine, Vincent Price, Charles Bronson… Pedro Almodóvar y Alaska se cuentan entre los artistas actuales que se declaran admiradores suyos y que han contado con ella para sus trabajos.

Contenido:

  1. Inicios
  2. Actriz de Hollywood
  3. El último cuplé
  4. La mejor pagada
  5. Video
  6. Carrera como cantante
  7. Escucha  “Cafe Gijon” por Sara Montiel
  8. Sus amores
  9. Galería de fotos
  10. Premios
  11. Filmografía
  12. Video
  13. Discografía

Biografía y carrera

Sara Montiel nació en la pequeña localidad de Campo de Criptana en 1928, en el seno de una familia manchega humilde que subsistía por medio de la agricultura, ya que su padre era campesino. Tras la Guerra Civil, la familia se estableció en Orihuela (Alicante), donde el padre abrió una bodega. La futura estrella estudió en el Colegio de Jesús María de San Agustín en esa ciudad. Allí falleció un hermano suyo, que está enterrado en el cementerio local. Tenía una hermana mayor llamada Elpidia nacida en 1912 y fallecida el 8 de enero de 2006 a los 93 años.

Inicios

Desde muy pequeña María Antonia destacó por su belleza y sus dotes artísticas, las cuales impresionaron a Vicente Casanova, un influyente productor (uno de los dueños de la compañía CIFESA) y agente de publicidad, quien la vio cantando una saeta durante una procesión de Semana Santa de Orihuela. Don Vicente procuró que la joven recibiera un entrenamiento básico en declamación y canto.

La primera película de Sara fue Te quiero para mí, donde apareció como actriz secundaria en el reparto haciendo el papel de María Alejandra. Pero fue a partir de Empezó en boda dónde usaría el nombre artístico de Sara Montiel.
Su primer papel de importancia fue en Locura de amor (1948), gran éxito de Juan de Orduña protagonizado por Aurora Bautista y Fernando Rey, a la que siguieron La mies es mucha, Pequeñeces y El capitán veneno (1951) de Luis Marquina, protagonizada por Fernando Fernán Gómez. Su gran belleza y talento le permitirían lograr grandes éxitos años después, pero el cine español de entonces se le quedaba pequeño pues la encasillaba en papeles de cara bonita, y Sara proyectó su ambición hacia el extranjero, concretamente a México y a EE.UU., donde llegaría a trabajar en Hollywood.

Actriz de Hollywood

Gracias al éxito de Locura de amor, Sara Montiel llamó la atención a la industria de habla hispana más importante del mundo, el México del Cine de Oro, y pronto se convertiría en una de las estrellas del momento, junto con María Félix, Miroslava y Katy Jurado. También trabajaría con los grandes actores de la época: Agustín Lara, Arturo de Córdova, Pedro Infante…. Así fue que llegó a filmar más de una decena de producciones, destacando: Cárcel de mujeres (con Katy Jurado), Piel canela, Furia salvaje y Se solicitan modelos, entre otras.

Debido a su belleza y su talento pronto llamó la atención de la industria cinematográfica estadounidense, que se hallaba necesitada de estrellas hispanas en la línea de Rita Hayworth. Interpretaciones como Cárcel de mujeres y Piel canela le abrieron las puertas para entrar a Hollywood en 1954 como una nueva Gilda.

Su primera interpretación fue de la mano, nada más y nada menos, que del mítico Gary Cooper en Veracruz de Robert Aldrich, junto a estrellas tan importantes de la época como el citado Cooper, Burt Lancaster, Denise Darcel, Cesar Romero, Ernest Borgnine y un joven Charles Bronson. Los títulos de crédito de esta película, uno de los mejores western de la historia, presentaban a Sara (al público estadounidense) con la frase: «and introducing Sarita Montiel». Aunque su papel no era protagonista, Sara terminaba eclipsando a su oponente femenina, Denise Darcel, por su belleza racial y porque su papel era el de la chica buena. De hecho, es Sara y no Denise quien protagoniza la última escena de la película con Gary Cooper. Con Veracruz, Sara Montiel logró índices de popularidad que jamás había tenido una artista española.

Según varias fuentes, la actriz recibió un «contrato estándar de siete años» de manos de Harry Cohn, magnate de la Columbia Pictures, uno de los grandes estudios de Hollywood, pero lo rechazó temiendo que un acuerdo de exclusividad la encasillase en papeles de hispana. Por ello, sus siguientes trabajos fueron como actriz «free-lance» o independiente para diferentes productoras, y llegado el momento Sara tendría libertad para regresar a España.
Su segunda película en Estados Unidos fue Serenade (Serenata o Dos pasiones y un amor), una producción de eminente contenido musical para el lucimiento del tenor Mario Lanza, que contó con dos estrellas ya legendarias: Joan Fontaine y Vincent Price. También en esta película, Sara interpretaba un papel de chica buena, ingenua pero con coraje, que se oponía a la pérfida Joan Fontaine. Hay que recordar una escena de enfrentamiento entre ellas, cuando Sara da unos pases de toreo y, ante un desplante de Fontaine, la amenaza con una espada. En este rodaje Sara conoció al que sería su primer marido, Anthony Mann, el director de la cinta.

Como su último trabajo en Hollywood, la actriz española rodó Yuma de Samuel Fuller (película que también fue llamada Run of the arrow), junto a Rod Steiger. Este actor volvería a ser popular en su vejez por dos papeles: el de malo en El especialista de Sylvester Stallone y Sharon Stone, y el de juez en Crazy in Alabama, debut de Antonio Banderas como director. En Yuma, Sara se reencontró con Charles Bronson, que encarnaba a un indio. Otro dato curioso es que según algunas fuentes, la voz de Sara fue doblada por Angie Dickinson, un dato poco conocido entre el público hispano que ha visto generalmente la película doblada en español.

Sara Montiel (conocida entonces como Sarita Montiel) tenía su lugar asentado en Hollywood; mantuvo cierta amistad con personalidades tan relevantes del cine internacional como Marlon Brando, James Dean o la hija de Alfred Hitchcock. Una fotografía de Sara con James Dean es la última que se conoce del mítico actor; con ella se anunció en los periódicos la muerte de James Dean -en accidente de tráfico- en todo el mundo.

Aunque Sara tenía proyectos para realizar otras películas como The American o Burning Hills, uno de ellas junto a Paul Newman… el destino le deparó otro rumbo a su carrera y se marchó de Hollywood.

El último cuplé

Tras unas vacaciones, rodó en España una película de bajo presupuesto bajo las ordenes de Juan de Orduña, que realizó más por amistad y gratitud que por dinero: El último cuplé (1957). A pesar de sus modestos medios, la película fue un éxito de taquilla inmenso, en parte porque Sara incluía números musicales con una peculiar voz, susurrante y más bien grave, totalmente opuesta al estilo atiplado de Raquel Meller y otras estrellas españolas de la canción. Sus interpretaciones de Fumando espero y El relicario serían recordadas durante generaciones.

La mejor pagada

El último cuplé marcó un hito en el cine español por su recaudación, un récord que mantuvo durante años, e hizo de la Montiel una de las artistas más taquilleras del mundo. Por consiguiente firmó un contrato multimillonario para realizar películas de producciones europeas (hispano-francesas-italianas) que la convirtieron en la actriz de habla hispana mejor pagada de la década.
Al Último Cuplé le siguieron varias producciones de éxito con importantes galanes europeos, como La Violetera (con Raf Vallone) y Carmen la de Ronda (con Maurice Ronet). Estas películas redoblaban su atractivo gracias a números musicales donde Sara cantaba con su peculiar estilo y luciendo exuberantes vestidos que tentaban a la censura.

A los dos filmes citados, siguieron Mi último tango, Pecado de Amor, La bella Lola, La dama de Beirut, La reina del Chantecler, Noches de Casablanca, La mujer perdida, Varietés (dirigido por Juan Antonio Bardem) y Cinco almohadas para una noche (1973).

Con la llegada de la Transición y el predominio del cine de destape, Sara Montiel decidió dejar este medio para volcarse en su faceta musical, mayormente en espectáculos de variedades en teatros y televisión como Ven al Paralelo. Mantuvo una extraordinaria popularidad y también la admiración de nuevas generaciones de músicos; prueba de ello fue su disco Purísimo Sara, con colaboraciones de José María Cano (del grupo Mecano), Joaquín Sabina y Javier Gurruchaga.

Carrera como cantante
Como cantante ha cosechado importantes éxitos en su carrera, sobre todo al volver a poner de moda el cuplé con su insinuante forma de cantar. Rompiendo con la tradición de voces atipladas impuesta por Raquel Meller y otras divas, Sara cantaba con una voz de tesitura más grave. Es conocida su anécdota durante los ensayos vocales para El último cuplé: como no llegaba a las notas, pedía al pianista que bajase de escala, a lo que él respondió «Si sigo bajando más, me agacho debajo del piano».

Su personal estilo es inconfundible; boleros como Contigo aprendí o Bésame mucho dieron la vuelta al mundo con su voz. Pero sin duda la canción con la cual será siempre identificada es Fumando espero, con la que Sara Montiel hizo que el fumar, hoy un hábito mal visto, se considerara entonces algo elegante.
Su última película, Cinco almohadas para una noche, no consiguió el éxito de las anteriores. El cine español vivía la época del destape. Sara Montiel decidió entonces apartarse de ese tipo de cine y se entregó por entero al teatro, como ya hicieran otras grandes estrellas. Espectáculos musicales como Doña Sara de la Mancha demostraban la increíble capacidad para enamorar al público, esta vez desde un escenario, con lo que el público podía ver a la diva en directo. Saritísima o Saritízate son dos ejemplos de los muchos espectáculos teatrales que Sara Montiel presentó con éxito.

En televisión protagonizó dos programas: Sara y punto, realizado por Eduardo Stern y Ven al Paralelo con el cual estuvo dos temporadas, siendo por entonces la indiscutible reina del espectáculo barcelonés y del canal La 2.

En 2002, Sara reapareció en televisión grabando un chocante anuncio para los premios MTV Europe Music Awards de ese año, y en 2009 grabó con el grupo Fangoria una versión de su nueva canción Absolutamente y su correspondiente video musical.

Escucha  “Cafe Gijon” por Sara Montiel utilizando el siguiente reproductor:

Sus amores
En el año 2000 publicó sus memorias, Vivir es un placer, escritas por el dramaturgo Pedro Víllora.

Gran conocedora del amor, ha vivido importantes relaciones, además de varios matrimonios.

Su primer marido fue Anthony Mann, director de cine norteamericano con quién se casó en 1957 en Hollywood (primero en artículo mortis, por consejo de la hija del director y una vez restablecido de su enfermedad, en matrimonio civil, convirtiéndose en su primer marido). Sara había conocido a Mann en el rodaje de la película Dos pasiones y un amor (Serenade) en la que trabajó junto a Mario Lanza y Joan Fontaine. El divorcio advino en 1963.

Su segundo marido fue el industrial Vicente Ramírez Olalla, a quién Sara llamaba cariñosamente “Chente.” Se casaron ante un reducido grupo de invitados en la Iglesia de Montserrat, en Roma, oficiando la ceremonia el abad mitrado del Valle de los Caídos, Fray Justo Pérez de Urbel. Con todo, el sonado matrimonio apenas duró dos meses.

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