Soraya Esfandiary

Biografia OpusVida por dina

Soraya Esfandiary o S.A.I. la Princesa Soraya del Irán, fue segunda esposa del sha de Irán, Reza Palev.  Su mestizaje le dejó la impronta de su seductora belleza: hija de madre alemana, Eva Karl, y padre oriundo de la tribu de los bajtiaris, Khalil Esfandiary (poderosos señores que entonces controlaban gran parte del petróleo de Irán), el príncipe Jalil. (UniPers: Sorayâ Asfandiyâri. Isfahán, 22 de junio de 1932 – París, 26 de octubre de 2001).

Según la madre del último emperador de Irán, fue la mujer más bella, inteligente y culta que haya conocido en su vida.

Contenido:

  1. Juventud
  2. Su vida como emperatriz
  3. Aprendiendo a vivir
  4. Su relación con Franco Indovina
  5. Galería de fotos de Soraya Esfandiary
  6. Frivolidades

Juventud

Nacida en la legendaria Ispahan el 22 de junio de 1932.  Terminada la Segunda Guerra Mundial la familia Esfandiary se trasladó a Zurich donde Soraya continuó sus estudios. Terminados estos comienza su estancia en Londres para perfeccionar su inglés.

En esos momentos, con  solo 18 años,  aún no lo sabía, pero el She de Persia, después de ver una foto de la joven, mandó a una hermana suya a la capital Londinense para conseguir más fotografías de Soraya y averiguar quién era. El el centro de atención ya eran sus ojos, aunque entonces todavía no había alcanzado el apelativo con que la bautizó la prensa rosa de todo el mundo: ‘la princesa de los ojos tristes’.

El emperador Persa se sentía solo después de su divorcio y buscaba desesperadamente una esposa. Fawzia, su primera esposa, solo le dio una niña y sus consejeros le apremiaban para que buscara un heredero que garantizara la continuidad de la Dinastía Palhevi.

Poco después de conocer a Soraya por fotografías, la embajada de Irán organiza una fiesta en la que el Sha pide ex profeso que se invite a la joven. Cuando el avión aterrizó en Teherán es probable que Soraya ni siquiera imaginara cuanto iba a cambiar su vida. Esa noche, mientras el Emperador y la bella joven cenaban cuentan que no hacían sino mirarse el uno al otro. En aquellos días ella tenía 18 años y el 32.

El compromiso se anunció para el 27 de diciembre de 1950, a pesar que ella enfermó con una fiebre muy alta. A la mañana siguiente, lo que en principio no había parecido más que un normal enfriamiento, fue diagnosticado como fiebres tifoideas. El Sha llevó inmediatamente a su prometida al hospital y llamó a consulta a varios de los mejores médicos, no solamente de Teherán, sino de Europa.

Era tal el amor de Reza Pahlevi divorciado de su primera esposa, Fawzia, en 1948 por la bellísima Soraya, que todos los días abandonaba su despacho durante varias horas para acudir al hospital a sentarse a la cabecera de la cama de su prometida. El veía que su estado se iba deteriorando por momentos. Ella deliraba durante casi todo el tiempo y su vida parecía estar en grave peligro hasta que el médico personal del Sha recordó haber leído algo sobre un nuevo medicamento llamado aureomicina. Una partida del medicamento se envió a Irán por avión especial desde EEUU. La vida de Soraya se salvó milagrosamente, recuerda la princesa Ashraf Pahlevi, la hermana gemela del Sha de Irán.

Su vida como emperatriz

En febrero de 1951 se casó Mohammad Reza Pahlevi (Teherán, 26 de octubre de 1919 – El Cairo, 27 de julio de 1980), último Sha o emperador de Irán.

La vida de Soraya se convirtió desde su temprana juventud en un cuento a veces de hadas, a veces de misterio. A pesar del gran amor que profesaban los esposos, pronto la felicidad se vería enturbiada por el hecho de que no llegaba el hijo varón tan deseado por el Sha y su entorno.

En 1954 viajaron al exilio de Roma con el sha, y volvieron a Irán un año después. El regreso no fue exactamente triunfante. En palacio, y fuera de él, las cosas no iban bien. Cuando llegó a la sede imperial de Teherán ya había rumores sobre la ausencia de heredero.

Desde entonces los comentarios malintencionados que corrían en el palacio y las preguntas de la Reina Madre convirtieron la vida de Soraya en un tormento, teniendo incluso que soportar que su esposo le propusiera tener otra esposa hasta dejarla embarazada pero sin llegar a separarse de ella.

Un consejo de sabios dictaminó que, o aceptaba una segunda esposa fértil o debía irse. Ante la negativa de Soraya, el matrimonio empezó a distanciarse y el repudio no tardó en llegar.

En 1958, se divorció del emperador debido a su supuesta infertibilidad.

Pero tristeza poca. Soraya, una vez repudiada, fue cortejada por magnates millonarios, actores de cine y aristócratas con pedigrí. El primero en pretenderla, una vez destronada, fue otro rey exiliado: Faruk de Egipto.

Aprendiendo a vivir

Después del divorcio quiso llamarse de nuevo Soraya Esfandiary-Bakhtiary pero, por Decreto del Sha, se le concedió el rango de princesa Imperial. Título que le daba derecho a un pasaporte diplomático y a que en las embajadas se la tratase como a un miembro más de la familia. Quiso, entonces purificarse, huir de sí misma. Y empezó a recorrer países. A tocar todos los meridianos del planeta en zigzag. Deseaba renacer a la vida, pero tenía miedo de todo. Sus ayudantes de campo se habían esfumado.

 

“¿Cómo pagar una consumición?, ¿qué propina dejar?, ¿cómo atravesar una plaza? ¿cómo evitar a los otros coches?, ¿cómo aparcar el mío? Mi madre me volvió a enseñar a andar, a sonreír?…

Primero se estableció en Roma, Italia en su exilio. La Princesa Soraya intentó una breve carrera como actriz, protagonizando en 1965 la película Las tres caras de una mujer, del director, Franco Indovina (1932–1972) con quien mantuvo una relación sentimental.

“En Nueva York, por primera vez, compré un helado de vainilla… Hacía como que nada había cambiado, pero no era cierto. No pasaba ni un solo día en que no estuviera obsesionada por el Irán, adonde jamás volvería. Para un cierto tipo de prensa era una inagotable Mesalina, cuando la verdad es que estaba luchando por salir de un doloroso divorcio que me había quitado toda la intención de pensar en el amor… Me sentí aliviada cuando tuve noticia de la boda del Sha con Farah Diba”.

Su relación con Franco Indovina

Cada vez más despiadadamente se le presentaban todo tipo de pretendientes, importantes, menos importantes, licenciados, libertinos, playboys y cazadores de dotes. Soraya busca consuelo a su abandono y a la inmensa pena de saberse estéril, pero no encuentra satisfacción, en nada ni en nadie, hasta que, en 1967, decide volver atrás en el tiempo. Hacía cinco años que había dejado Teherán y había llegado el momento de poner en marcha sus sueños de niña. No entendía nada de cine, pero iba a debutar como actriz en la película, Tres rostros de mujer. Filme, en el que haría un papel estelar.

“Franco Indovina, el director del filme, estaba allí. Delante de mí contándome el sketch que había escrito. Yo no le escuchaba. Estaba bajo su hechizo. El corazón hace cualquier cosa. Noches enteras para rehacer el mundo. El amor a primera vista, el flechazo”.

Una historia de amor y cinco años de felicidad cocinados a fuego lento. Todos los planes del mundo para vivir lo bueno y lo malo hasta que la muerte los separara… Y un destino por cumplir. Soraya tiene pesadillas. La piscina de su casa explota, la casa se incendia. El teléfono suena. “Franco ha muerto”, le comunica un familiar del director italiano. Y Soraya, convertida de nuevo en la princesa de los ojos tristes, que no quiere seguir viviendo.

Tras la muerte de Indovina en un accidente de aviación, la princesa se convirtió en un personaje asiduo de la prensa del corazón. A raíz de ese fallecimiento, dejó para siempre Italia para radicarse en Francia.

“Con el tiempo comprendí que todas las heridas se tienen que ir curando. La vida se esfuma, la vida continúa. Y pasado un tiempo, me sorprendo a mí misma haciendo proyectos… No quiero quedarme en ningún sitio fijo. Necesito espacios abiertos, pero creo que sé dónde echar el ancla. París. Marbella. España es uno de los países que más quiero”.

Vuelve a ella el deseo de la aventura, renace el corazón nómada heredado de su padre. Dos maletas y, de nuevo, los viajes en zigzag. Soraya descubre todos los secretos de las civilizaciones que le han hecho soñar y encuentra lugares recónditos donde vivir al son del viento y la libertad.

Nunca volvió a Roma, aunque sus recuerdos traten de atraparla. Tampoco a Persia, aunque echó de menos desesperadamente a su país. Sólo una vez, fue a Egipto a hacer un viaje por el Nilo y, de paso, rendir un último homenaje al Sha. Al Rey de Reyes, que al igual que su padre, murió en el exilio. Una sencilla tumba de mármol grisáceo y un nombre grabado sobre la piedra: Mohamed Reza, Sha de Irán.

La Princesa Soraya de Irán murió en su departamento en París, con 69 años. Está enterrada en Westfriedhof, un cementerio de Múnich, Alemania, junto a su familia. En 2002, su tumba fue profanada por los radicales musulmanes con pintadas acusándola de «parásito social».

Galería de fotos de Soraya Esfandiary

Frivolidades

Asidua de las fiestas veraniegas de la Costa Azul y Mónaco, a partir de los años sesenta comenzó a visitar Mallorca y Marbella. Ya en julio de 1978 se publicaba que pagaba un millón de pesetas por un mes de alquiler en un exclusivo chalé y que se la podía ver noche tras noche en las discotecas habituales de la jet. Antes había intentado carrera en el cine. Dino de Laurentiis produjo Tres caras de mujer, que fue un fracaso. Se cuenta que el Sha ordenó a sus servicios no tan secretos que destruyeran todas las copias del filme.

Fueron leyenda también sus joyas. Cuando en 1979 Jomeini publica una lista de condenados a muerte en rebeldía encabezada por el Sha y su siguiente esposa, Farah Diba, Soraya no aparece inscrita. Se rumoreó que, a cambio, la princesa de los ojos tristes había devuelto a Irán sus famosas gemas.

En sus memorias, El palacio de las soledades, elude elegantemente el tema. No así al referirse a su dolor por la pérdida del único amante que reconoció, el cineasta Franco Indovina, muerto en un accidente aéreo.

Poco tiempo antes de su muerte, Soraya pudo al fin revelar el secreto en sus memorias privadas: ella no fue infértil como tal ha sido señalada por los médicos cercanos al Sha, sino que ellos inescrupulosamente manipularon los exámenes médicos de ella para convencer al Sha sobre la supuesta infertilidad de Soraya, perjudicada por la mentira creíble montada por aquellos galenos y de ahí vino el inesperado divorcio.

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