PAGINAS: 1 2
Las infidelidades de Woods reabren el debate de la privacidad en EEUU
En una encuesta de la CNN, el 78% de la audiencia reconoce su derecho a la intimidad
Ricard González – El Mundo
El furor con el que la prensa rosa se ha dedicado a escudriñar primero, y publicar después, los detalles más jugosos de la vida sentimental de Tiger Woods ha servido para abrir por enésima vez el debate sobre los límites de la privacidad en EEUU. Éste presenta varios ángulos interesantes: desde el derecho a la privacidad en sí mismo en la era de los portales sociales online como Facebook, a la expectativa de que los deportistas, como ídolos de masas, deban tener un comportamiento moral a la altura de sus gestas en los terrenos de juego.
La mayoría de los columnistas que se han dedicado a opinar sobre este asunto en los medios de comunicación, sobre todo en los generalistas, han criticado los excesos de sus compañeros de profesión. Una cosa, argumentan, es hacerse eco de la historia del extraño accidente de tráfico del golfista, a las 2.20 de la madrugada, y otra muy diferente comprar a alguna de sus amantes sus mensajes de móvil privados, e-mails, o mensajes dejados en el buzón de voz.
Cómplices
Sin embargo, incluso los medios de referencia de EEUU, como The New York Times o la cadena de televisión ABC, son culpables de una cierta hipocresía, la misma que la sociedad atribuye a Woods, esposo y padre perfecto de día, y juerguista desenfrenado de noche. Cierto es que ellos no son quienes se dedican a investigar y comprar detalles sobre la vida privada de Woods. Ese trabajo sucio corresponde a magazines o programas de cotilleos como Extra u OK!, pero el resto de medios han reproducido sin mayores remilgos el material que éstos sacaban a la luz.
Lo mismo puede decirse del conjunto de la sociedad. En una encuesta del programa Showbiz de la CNN, un 78% de los telespectadores sostenía que «Tiger Woods tiene derecho a la privacidad». Ahora bien, son pocos los que resisten la tentación de hacer click en el vínculo para ver los mensajes picantes que Woods se intercambiaba con sus amantes.
Julia Baird, columnista del Newsweek, considera que es necesario establecer una línea en la cuestión de la privacidad que separa determinados personajes públicos. En un lado, por ejemplo, estarían los políticos, sujetos a un mayor escrutinio. En otro, los deportistas. «[Woods] no es un político, un cura, o un cruzado de la moral. Él es sólo un atleta. ¿Por qué debemos asumir que los deportistas son modelos en términos morales?», se pregunta Baird, que sostiene que no es justo que de su perfección física esperemos otra también moral.
La columnista da la razón a Woods cuando solicitó privacidad a los medios en un comunicado público en el que argumentaba que sus «transgresiones» levantan unas cuestiones que sólo deben ser abordadas por su familia, y no por el conjunto de la sociedad.
‘Atleta mimado’
No obstante, Baird también apunta que fue el propio Woods el que abrió la puerta a sus problemas al mantener una relación extramatrimonial con alguien como Jamie Grubbs, la camarera de Los Ángeles que ha vendido multitud de conversaciones privadas mantenidas con Tiger durante sus tres años de idilio. Además, también señala la incidencia en este caso de lo que Steve Ortiz, profesor de Sociología de la Universidad de Oregon, llama «el síndrome del atleta mimado», por el cual la sociedad consiente hasta tal punto a sus ídolos deportivos que éstos pierden su responsabilidad.
En cambio, James Carrigan, del periódico The Independent, considera directamente que Woods no tiene derecho a la privacidad, pues la perdió al exponer su vida a los medios en anteriores ocasiones. Por ejemplo, cita cómo Woods consintió en diversas ocasiones la intrusión de los medios en su vida privada, cuando les mostró su casa a cambio de una suculenta exclusiva o dejó que alguno de sus sponsors utilizara algunos vídeos privados. Según Carrigan, el golfista no debería haber dejado a sus sponsors que hicieran uso de su vida privada, y mucho menos que le presentaran como un modelo de perfección.
Sin embargo, algunos comentaristas consideran que el debate va mucho más allá de Woods, e incluso de los personajes públicos, e incriminan al conjunto de una sociedad que se ha acostrumbrado a exponer su vida entera en Facebook. Es lo que el escritor Hal Niedzviecki ha bautizado como una «sociedad de voyeurismo masivo».
Ricard González – El Mundo -
PAGINAS: 1 2





