Charles Chaplin

Biografia OpusVida por dina

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Así que en setiembre de 1921 Chaplin llegó a Southampton en barco. Fue una acogida sensacional. El vagabundo llegaba a casa y su pueblo le recibía. Nada de bigote o sombrero hongo sino ataviado de turista con un abrigo corriente y corbata. Quiso intentar el anonimato en Londres, pero se formó a su alrededor tal masa humana que el tráfico estuvo colapsado desde el Hotel Ritz, en que se hospedaba, hasta Lambeth, lugar de su nacimiento.

Durante ese viaje, Chaplin siempre generoso, sentimental y nostálgico, se acordó de su primer amor Hetty Nelly y estableció contacto con sus amigos de la época. Quedó apabullado y lloroso cuando le dijeron que Hetty había muerto a las pocas semanas de que le rechazara. Pero, comentaron, “hacia tanto tiempo”… El buscó su tumba en vano.

Hetty murió víctima de la gripe española, al finalizar la primera guerra europea. Esa enfermedad, se llevo una generación entera. En relativamente poco tiempo, la gripe causó más mortalidad que cualquier otra enfermedad en la historia humana, se reportaron 21.000.000 decesos en el mundo. Los epidemólogos suponen que la cifra fue mayor de 50 a 100 millones.

La gripe española provocó más víctimas en un año que la peste de la Edad Media en un siglo; más en 24 semanas que el SIDA en 24 años, mas norteamericanos fallecidos que las bajas en las dos guerras mundiales.

Dejando sus recuerdos atrás

Chaplin apareció en el balcón de su casa nativa saludando a la multitud con tres claveles rojos que lanzó al aire, justo el día en que Abdel Krim derrotaba a las tropas colonialistas españolas en Marruecos, se iniciaban las conversaciones del IRA con Londres para fundar el Estado Libre de Irlanda y Benito Mussolini se declaraba «Il Duce» del Partido Nacional Fascista, en Italia.

Con todo, la llegada de Charlie Chaplin ocupó la primera plana y el gran titular de los periódicos londinenses y la razón por la que nadie del «establishment» estuviera allí (incluído su amigo Winston Churchill) fue porque, además de lo anterior, Gandhi, tras quemar su vestimenta occidental, declaró el boicot al príncipe de Gales y pidió la independencia de la India y Chaplin le apoyó pública y valientemente.

A Gandhi le respaldaba por dos razones: su guerra sin sangre por la independencia india y por contradecir al colonialismo inglés como un todo. Que Chaplin no pasó desapercibido en Europa lo prueba el hecho de que el Post Office (El Servicio de Correos de Gran Bretaña) recibió en tres días 71.000 cartas y telegramas dirigidos a Chaplin, que eran algo respecto a los 8.000 que su amigo Douglas Fairbanks había recibido el año anterior en casi un mes y estaba considerado como un récord.

Y los políticos -sobre todo los laboristas- estaban presentes en sus mensajes al «hijo pródigo». Naturalmente, la oposición conservadora anotaba cuidadosamente esos datos en sus informes, lo cual se tradujo en una amistad estrecha con Winston Churchill que -sin duda- beneficiaba a Gandhi, el cual se hizo tomar varias fotos con Charlie Chaplin.

Galería de fotos de Charles Chaplin


Volviendo al cine como criminal en serie con humor

Tras rodar Monsieur Verdoux en 1947, Charles Chaplin cayó bajo la ola del maccarthismo que tenía como blanco a intelectuales y artistas de Hollywood. La critica social que rezumaba su obra, sumada probablemente a su antepasado judío y al hecho de ser extranjero (nunca se quiso nacionalizar), lo llevaron a comparecer en 1949 ante el inquisitorial Comité de Actividades Antinorteamericanas y los hombres de Edgar Hoover seguían sus pasos, incluso en Hollywood… Al año siguiente, mientras el y su familia viajaban por Europa, el FBI ordenó a las autoridades de inmigración que lo retuvieran a su regreso.

Chaplin decidió no volver jamás y se instaló en una lujosa residencia en Corsier-sur Vevey, en la placida ribera del lago Suizo de Leman, frente a Ginebra. Oona se encargó de liquidar sus asuntos económicos y profesionales en Estados Unidos. Inglaterra ofreció a pesar de todo a su hijo prodigo residencia fija hará continuar su trabajo. En 1952 rodó en Londres “Limelight” (Candilejas), magnifica y sentimental rememoración de sus días de cómico ambulante, y dos años más tarde recibió el premio Internacional de la Paz.

Su resentimiento contra Estados Unidos se reflejó en “A King in New York” (Un rey en Nueva York), filme de 1957 cuyos altibajos no conservan el humor chaplinesco con todo el trasfondo de crítico de una sociedad en declive.

El gran cineasta era ya un anciano patriarcal y vitalista que comenzaba a escribir sus memorias en 1959. A los 78 años fue padre de su octavo hijo con Oona, Christopher, nacido en 1962, y en 1964 se publicó en Londres su autobiografía, “Historia de mi vida”, muy por debajo de cualquiera de sus guiones.

Ya octogenario, Chaplin tuvo todavía ánimo y energías para escribir y rodar una ultima película, “A Countess from Hong Kong” (La condesa de Hong Kong, 1966). Pese a contar con dos partenaires de lujo como Sofía Loren y Marlon Brando, y al propio director en el papel secundario de un camarero, el filme no tuvo éxito porque tampoco lo merecía. La mano maestra de Chaplin le hizo conservar clase elegante, pero el tema era trivial y el estilo claramente anacrónico. El anciano creador debió advertirlo, porque no volvió a insistir.

Charles Chaplin vivió todavía una década en su refugio de Vevey, rodeado de sus hijos y acompañado por la leal Oona. En 1976 Richard Paterson rodó “The Gentleman Tramp” (El Caballero-Vagabundo), inspirada en su autobiografía, que incluía escenas familiares en Vevey filmadas por el director de la fotografía, el español Néstor Almendros. Otro español, el cineasta Carlos Saura, se casó con Geraldine, la hija de Chaplin.

Charles Chaplin (Nota, Séptimo Arte)

Con el pequeño vagabundo, Charles Chaplin, creó el personaje más reconocible de la historia. En la vida que llevó, Chaplin coincidió uno de los relatos mas sublimes jamás contado, pasando de la miseria a la riqueza. Pocos artistas han experimentado tanta adulación como repugnancia. “Él mismo dijo que era más famoso que Jesucristo”, y tenía razón. Había lugares en el mundo donde se reían con él, y en los que nunca habían oído hablar de Jesucristo. Charly era tan autócrata que con un chasquido de sus dedos el mundo se ponía a sus pies. No era un tipo malo, era un hombre torturado, inseguro. Habría sido un gran timador, porque podría hacerte creer cualquier cosa.

Para el último cuarto del siglo XIX, las normas represivas de la Inglaterra victoriana, habían creado una sociedad aparentemente bien vestida, educada y formal.

Una sociedad que estaba al borde de sofocarse por su propio remilgo y deseos frustrado, una sociedad en parte salvada debido algún lugar conocido como Londres del sur, situado a algunos km2 al otro lado del río Thámesis.

Donde había más prostitución, embriaguez y lo más importante, más espectáculos en directo que en cualquier sitio de Inglaterra. En una sociedad segregada por clases, los ricos y los pobres se juntaban en los teatros de variedades y en las tabernas.

Fue en este mundo donde Charles Chaplin padre, se ganó la vida como cantante interpretando a varios personajes y canciones sobre la vida de la gente común. No tan exitosa pero quizás con más talento Hannah Hill de 20 años  cuyo nombre artístico era Lyly Arley, una cantante que realizaba varias imitaciones muy divertidas de la gente a la que observaba.

En 1885, Hannah dio a luz un niño, Sydney, el padre hasta hoy en día, desconocido. 14 semanas  después del nacimiento de su hijo conoció y se casó con Charles Chaplin padre, cuatro años más tarde el 16 de abril de 1889, Hanna parío al único hijo que tuvieron en común, Charles Spencer Chaplin. No existe ningún archivo oficial de su natalidad, aunque Charlot insistió en que nació en East Street, a la vuelta de la esquina del lugar de  nacimiento de su hermanastro Sydney.  Chaplin escribió en su autobiografía “medir las morales de nuestra familia por las normas actuales, sería tan erróneo como meter un termómetro en agua hirviendo”.

Su padre se marchó para recorrer los teatros de variedades americanos y cuando regresó a casa un año más tarde, descubrió que tenía un nuevo recién nacido al que no esperaba. La Sra. Chaplin había mantenido una aventura con otro intérprete  de los teatros, creo que fue en ese momento cuando el señor Chaplin la dejó y empezó a beber.

Chaplin padre  afirmando categóricamente que tenía un solo hijo, pocas veces pagó la ayuda económica. El hijo que tuvo Hannah con el interprete Leo Dryden, vivió con su padre mientras que ella,  Sydney y Charlot lucharon por ganarse la vida cambiando de piso de madrugada al no poder permitirse pagar la renta.

Sin ser capaz de actuar debido a fuertes dolores de cabeza, Hannah ganó un salario escaso como costurera. Charlot y Sydney se hicieron unos golfillos de la calle, ganando dinero con su inteligencia y talento. La educación tenía mucho menos importancia que la supervivencia. El máximo de tiempo que Charlot pasó en la escuela fue de un año y medio. Cuando los pobres no podían ganarse la vida fueron al asilo de pobres de Lamber, en  la calle Renfrit. Tana, Sydney y Charlot fueron aceptado en Julio de 1898 y separados unos de otros. Tres semanas después de su entrada a Hannah le fue permitido visitar a sus hijos, pasaron el día en el parque de Kennington, comieron cerezas y pastel, los chicos jugaron con una pelota hecha de periódicos y atadas con una cuerda, al atardecer regresaron de nuevo al asilo. Tres semanas más tardes y durante siete años, Hannah Chaplin fue internada repetidas veces en diversos manicomios hasta quedarse definitivamente.

El padre de charlot lo organizó para que su hijo viviera en la calle Kennington con la familia de interpretes Jason. Durante dos años bailó como uno de los ocho de Lancarsite. Los momentos que más apreciaba era los que pasaba con su madre cuando ella no se encontraba bien. Siempre mantuvo vivos aquellos recuerdos. Sobre todo se acordaba de la música y del estilo de vida de la gente de Londres del Sur, imposible de olvidar. Charles Chaplin padre, murió en 1901 con 37 años debido al alcoholismo y fue enterrado en una tumba de pobres. Dos años más tarde, Charlot con doce años declaró sobre la demencia de su madre y ella fue internada como lunática en el manicomio de Keynhill.

El y su hermanastro, aún siendo sus únicos responsables y fuentes de ingresos seguían trabajando. Sydney encontró trabajo en la marina mercante y Charlot como actor en un pequeño papel en una adaptación de teatro de Sherlock Holmes.  En 1908, su hermano siendo una estrella de la compañía, logró trabajo para charlot con el empresario Fred Karnos y sus cómicos mudos.  A Charlot le gustaba su arte pero siempre se ponía nervioso delante del público. Otro actor de Karanos, Stanley Jefferson dijo de Charlot, “Reconozco que parecía frío y superior pero no lo era. La gente durante años no sabía o se negaba a creer que Charlot era un hombre muy tímido.

Con  19 años se enamoró de la bailarina de 15 años  Kety Kelly. Se vieron solo 6 veces en 11 días antes de que Kety le dijera que era demasiado joven para él, que sus palabras de amor le asustaban y que no podía volver a verle. Charlot más tarde escribió “el episodio para ella no fue nada más que una obsesión infantil, pero para mí fue el comienzo de un desarrollo espiritual, una búsqueda de la belleza”.  Al año siguiente Charlot reemplazó a su hermano y tuvo un gran éxito al interpretar a un borracho, ya que su hermano era una estrella más importante y demasiado estimable para ser perdido al vodevil americano, Fred Karnos envió a Charlot a una gira por los Estados Unidos. Charles Chaplin jamás volvió a vivir en Inglaterra.

En Octubre de 1910, a medida que el buque de Chaplin se acercaba a tierra, miembros de su grupo de teatro se acuerdan de que Charlot agitó su sombrero y gritó..”América, vengo a conquistarte.” Chaplin pasaría los siguientes tres años recorriendo los Estados Unidos interpretando a un borracho. Después de cientos de actuaciones, el acto de Chaplin desarrolló la coreografía precisa de un ballet y un ritmo cómico casi perfecto, el público americano nunca había visto nunca lo que él y su compañero de piso Stanley Jefferson, ahora conocido como “flaco”, del gordo y el flaco, podían hacer. Charles Chaplin, cuyo padre había muerto de alcoholismo se convirtió en una estrella interpretando a un borracho para conseguir risas. Se permitió los placeres carnales de una vida en carretera, pero desdeñó el alcohol y abordaba su arte con una ética de trabajo puritana, pasando mucho de su tiempo libre observando el comportamiento humano cuidadosamente. Charlot y Sydney alcanzaron un nivel de éxito que permitió que su madre Hannah fuera trasladada a PennhanHouse, un manicomio privado. En agosto de 1913, Charles que rara vez escribía cartas, explicó a su hermano Sydney que iba a aceptar un trabajo con la compañía cinematográfica de  keyston de Max Scene por 22.500 pesetas por semana. Creyendo que había descubierto un buen filón, escribió: “solo quiero trabajar unos cinco años y luego seremos independientes para toda la vida”, llegó a Los Ángeles en diciembre y se estableció en el centro, en el hotel Green North. El rey de la comedia, Max Scene tenía unas reglas sencillas, “haz los chistes rápidos, cortos y divertidos”, pero Charlie cuyo acto en el escenario estaba centrado en el personaje, dependía del ritmo perfecto y del movimiento, no entendía el estilo rápido de Scene…

En 1972 su carrera se dio por concluída, con el reconocimiento de La Académia. En los últimos años de su vida se mantuvo alejado del mundo en su mansión de Corsier-sur-Vevey (Suiza), donde falleció, el 25 de diciembre de 1977, mientras dormía a la edad de 88 años. Comentado alguna vez por su hija Geraldine curiosamente a Charlie Chaplin nunca le gustó la navidad ni disfrutar de ella, muriendo el mismo día para así recordarles todos los años el día de su muerte (ironías de la vida). Su cuerpo fue exhumado, siendo recuperado y enterrado de nuevo tres meses después, cerca de su mansión Suiza.

El Charles Chaplin desconocido

Las únicas imágenes en las que se puede observar a Charles Chaplin dirigiendo el rodaje de una película, tesoro impagable a estas alturas en que su arte ha trascendido épocas y generaciones, muestran a una especie de “polvorilla”, un hombre nervioso que no sabe parar quieto, que se tumba para mirar por el objetivo, que se levanta para elevar los brazos al cielo o se golpea en la cabeza cuando las cosas no salen como su imaginación ha pergeñado. Son unos pocos segundos de filmación, traicionera filmación de alguno de sus colaboradores realizada a espaldas del jefe, pero su brillantez y la importancia de lo que en esas imágenes se observa dan por buena la traición.

Esos metros de película, junto a otras decenas de rollos desechados por su autor en la producción de sus obras maestras, han sobrevivido al paso del tiempo, a la descomposición del celuloide, y lo que es más milagroso, a la voracidad destructiva de Chaplin con todo aquello que no fuera incluido en la configuración final de sus películas.

No quería que se conservaran descartes, errores filmados, tomas falsas o simplemente secuencias descartadas por exceso de metraje. Por eso hay que destacar la decisiva labor desempeñada por dos historiadores del Cine, Kevin Brownlow y David Gill, a los que nunca podremos pagar como se merece la labor culminada en las tres horas de arqueología cinematográfica que completan Unknown Chaplin, realizado en 1983 para Thames Television, el documental más importante que existe sobre la figura del universal artista londinense.

Ahí está el secreto de todo, ahí están las claves de los trucos de cámara, de los gags visuales, de los argumentos construidos sobre la marcha y “sin tener ninguna idea en la cabeza”. Si un director contemporáneo busca el perfecto manual para salir de un apuro de puesta en escena, le recomiendo revisar este Chaplin Desconocido para dar con algunas claves que hoy, nueve décadas después, pueden seguir siendo útiles para el oficio del cineasta. La creatividad vuela. Es imposible inventar más cosas con tan poco material de partida.

Brownlow y Gill, coleccionistas de rarezas y archivadores de todo lo archivable, utilizan las out-takes de Chaplin desde su etapa en la Mutual, la compañía en la que trabajó con mayor libertad creativa, hasta los años de United Artists, pero el paso del tiempo, seguramente unido a otros condicionantes más traumáticos, les ha impedido recoger tomas descartadas de los trabajos realizados desde 1914 hasta 1916, en Keystone y Essanay, sencillamente porque no se conserva ni una sola de aquellos tiempos (al menos, que se sepa).

Tampoco hay descartes de las películas sonoras El gran dictador (The Great Dictator, 1940), Monsieur Verdoux (1947), Candilejas (Limelight, 1952), Un Rey en Nueva York (A King in New York, 1957) y La Condesa de Hong-Kong (A Countess From Hong Kong, 1967), porque el propio Chaplin tuvo que recomponer sus métodos de trabajo en la época silente y escribir el guión (o el boceto de guión) de las historias que iba a desarrollar.

En su autobiografía lo explicó asegurando que en su sistema no habìa “nada de literatura ni de escritores. Captamos una idea, alrededor de la cual inventamos trucos y construimos el argumento a medida que avanzamos”.

Esas son las verdades que la serie Unknown Chaplin capta a la perfección, y que nos permiten comprobar hasta qué punto era Charles Chaplin un artista improvisador, incluso inventando el argumento de sus películas “hacia atrás” en lo que suelo denominar como la teoría del “retroceso argumental”,  lo que él aludía, con más acierto, como una simple “concatenación lógica de incidencias”.

En el segundo episodio se incluyen secuencias no insertadas en el montaje final de El inmigrante (The Inmigrant, 1917) que demuestran esa peculiar e irrepetible manera de concebir una historia a través del Cine: Chaplin comienza rodando una mesa de taberna, con Edna Purviance y Albert Austin, dos inseparables de su compañía estable,  sentados ante un plato de lentejas.

Tras realizar decenas de tomas, cambia los personajes e incluye a su vagabundo junto a Austin, pero ahora falta la chica, a la que coloca finalmente en una mesa cercana. Nuestro tramp no sabe como va a pagar su plato y el de Edna, a la que ha invitado amablemente, y se deshace como un azucarillo al comprobar la forma en que el jefe de camareros expulsa del local a un moroso.

Chaplin ha utilizado a Henry Bergman para ese papel, pero cae en la cuenta de que resulta poco agresivo y amenazador, por lo que vuelve a rodar toda la secuencia con el “animal” Eric Campbell como responsable del comedor.

Todo es perfecto ahora,  todo encaja, pero las situaciones cómicas en un café no dan para dos rollos de película, por lo que Chaplin se ve obligado a inventar una historia previa: Edna y el vagabundo son inmigrantes que llegan a Ellis Island en su particular patera, un barco cargado de seres humanos que buscan futuro en una América todavía corta de recursos para todos. ¡Ya tenemos argumento!

La miseria de los inmigrantes sirve también para hacer comedia. De una serie de gags inconexos, a través de la acumulación de planos y secuencias la mayoría no utilizables en el montaje final, Chaplin ha extraído oro puro.

Todos esos enormes actores que salen en las out-takes de la serie eran como una familia, como la de Ford en sus inolvidables rodajes: Duke (Wayne), Maureen (O´Hara), Victor (McLaglen), Anna (Lee), Frank (Nuggent), Ken (Curtis), John (Qualen), y todos los demás.

Pero la stock company de Chaplin, la que sale en paños menores, en decenas de tomas falsas durante las filmaciones de su centenar de cortos de uno y dos rollos recuperadas en la serie, conocía todavía pocos secretos sobre el arte de hacer películas porque todo estaba por inventar en aquellos primeros años del siglo.

La mayoría habían recibido formación artística en el vodevil o el music-hall. En los años Keystone, la compañía la formaban Mabel Normand, Roscoe Arbuckle, Chester Conklin o el director Henry Lehrman.

Fue su primera compañía estable, domesticada por el inmigrante inglés a medida que los papeles secundarios y de carácter que le encomendaban se iban  quedando cortos en relación al talento que desplegaba en sus propuestas de dirección e interpretación.

Otros nombres fueron Ford Sterling, el actor al que iba a sustituir en la productora de Sennet, y el esforzado Edgar Kennedy, al que dos décadas más tarde los hermanos Marx, Chico y Harpo, convirtieron en picadillo cómico en la famosa escena del carrito ambulante de bebidas en Sopa de ganso (Duck Soup, 1933).

Durante su estancia en Essanay, Chaplin conoció a Edna Purviance, Ben Turpin y Lloyd Bacon. G.M. Anderson, más conocido por el público como Broncho Billy, se incorporó a sus comedias abandonando el papel de cowboy invencible, y John Rand apareció en casi todas las películas de aquellos años, como demuestran las imágenes inéditas de Unknown Chaplin.

En la Mutual, donde Charlie se llevó a buena parte de su ya patrimonial compañía, se unieron al grupo Mack Swain y Henry Bergman, además de Frank Coleman, Charlotte Minneau, Loyal Underwood e incluso ocasionamente aparecía en pantalla, casi siempre para ser víctima de innombrables atrocidades, el chófer japonés de Chaplin, Toraichi Kono.

Pero como muestra el trabajo documental que nos ocupa, especialmente tres artistas sirvieron de apoyo a Chaplin en los años de producción anteriores a la llegada del sonoro: El primero, Albert Austin, al que vemos en la sala de montaje repasando algunos rollos de película, y que fue uno de sus asesores personales, además de actor de carácter omnipresente en todos los cortometrajes desde 1916.

Austin, tipo espigado, flaco y larguirucho, con un mostacho poblado y una irrenunciable capacidad de encajar golpes constantes, acabó su vida como portero de las instalaciones de Warner Bros. en Hoollywood.

El segundo gran lugarteniente de Chaplin, su operador Rollie Totheroh, es el hombre al que seguramente debemos la conservación de las latas de película desechadas en aquellos años de irrefrenable actividad: logró preservar, a espaldas del genio, las escenas no utilizadas que dan testimonio de los secretos de aquellos rodajes, que son hoy el único espía, el único eye-witness en que podemos apoyarnos para observar a Charlie en su trabajo.

Y en tercer lugar, el fiel albacea de todo lo administrativo, el hermano Sidney Chaplin al que adivinamos interesantes actitudes artísticas en algunas filmaciones domésticas incluidas en la serie. Una stock company desnudada por Brownlow y Gill en su monumental obra, en su prueba chapliniana del Carbono 14.

Unknown Chaplin se divide en tres episodios de los que destaca primorosamente el primero, “My Happiest Years”, que incluye las tomas falsas de los filmes de dos rollos realizados en la Mutual. Fue  emitido el 5 de enero de 1983, y sus imágenes comienzan con el fantasma de la destrucción del patrimonio cinematográfico: imágenes del fuego destruyendo películas, imágenes de celuloide corrompido por la descomposición química y sus efectos.

James Mason es el narrador. Con voz profunda, trascendente, apunta que no hay supervivientes de los años en que Chaplin rodó aquellas viejas comedias, por lo que el único testigo que ha llegado a nuestros días lo constituyen los fotogramas que vamos a presenciar. En ellos, toma a toma, se puede observar la claqueta con sólo dos indicaciones: “Chas. Chaplin” y el número de toma.

Frenéticamente pasan ante nuestros ojos, numerados por centenares, auténticos secretos nunca vistos, errores de decorado, fallos de atrezzo, fiascos de los actores e incluso tomas perfectas que nunca encajaron en el desarrollo de la acción que pretendía Chaplin.

Si un gag se interfería en la lógica de los acontecimientos, prescindía de él por muy gracioso que fuera, aunque el paso del tiempo solía demostrar, como más adelante veremos,  que en el baúl de los zapatones del vagabundo también escondía Charlie sus viejos chistes visuales, que eran con frecuencia reutilizados en películas posteriores.

En las out-takes de El balneario (The Cure, 1917), una de las obras de precisión más perfectas que jamás se hayan visto en una pantalla de cine, el argumento se va construyendo a medida que se inventan situaciones cómicas, y el equipo, la compañía estable, termina acostumbrándose a los cambios constantes y a los momentos en que falla la inspiración.

La claqueta muestra la toma número 622, en la que se han cambiado personajes (Chaplin es ahora uno de los enfermos del balneario, Eric Campbell y Albert Austin se intercambian los papeles), elementos del plató (la fuente medicinal del principio es ahora un peligroso pozo con forma circular), y se han incluido nuevos objetos mecánicos (la puerta giratoria) que proporcionarán jugosos dividendos comicos al creador, como anteriormente lo había hecho la famosa escalera mecánica en los grandes almacenes del Charlot, Encargado de bazar (The Floorwalker, 1916).

Todo ha cambiado respecto a la primera claqueta, pero ahora hay ya una historia hilvanada, en la que Chaplin ha encontrado uno de sus momentos culminantes.

“My Happiest Years” incluye planos rechazados de los dos cortos citados, además de El aventurero (The Adventurer, 1917), Charlot, tramoyista de cine (Behind the Screen, 1917) y El inmigrante.

Lástima que entre los documentos aportados no encontremos imagen extra alguna de los otros dos más celebrados de esta época, las que recuerdo como primeras películas vistas en la infancia: Charlot a la una de la madrugada (One A.M., 1916), y La Calle de la Paz (Easy Street, 1917), en las que todas las piezas visuales encajan tan perfectamente que sugieren un proceso creativo más atormentado incluso que en El balneario.

El segundo episodio, “The Great Director”, emitido el 12 de enero de 1983, recoge el período First National y United Artists, e incluye entrevistas con los supervivientes de la realización de aquellas películas (Dean Reisner, Lita Grey, Jackie Coogan, Robert Parrish).

Aquí es donde el trabajo de Brownlow y Gill se hace más rutinario y menos sorprendente, pero el tono se mantiene gracias a la inserción de imágenes, desordenadas pero valiosísimas, de la película que Chaplin realizó a su llegada a los estudios levantados para él en la avenida La Brea de Los Angeles, la modesta producción con fisonomía de grabación casera en 8 mm. que quiso incluir en su contrato con First National: How to make movies, que ante la negativa de los magnates del estudio a aceptar el truco chapliniano durmió en un almacén hasta que fue montado, editado y ensamblado por Brownlow y Gill para el London Film Festival de 1982.

Incluye planos generales de las naves y explanadas en que se rodaban las comedias, la llegada de Chaplin a las instalaciones al grito de “He’s here!” entre los empleados, la secretaria mostrando el correo del día, dramatizaciones de rodajes con Austin, Underwood, Campbell y Purviance ensayando escenas, y al final del día,  muestra cómo son recogidos entre algodones los efectos personales del vagabundo, pantalones, tirantes y zapatones.

En las aportaciones desconocidas que este segundo capìtulo de la serie, además de esa clase acelerada de cómo hacer películas, se ven fotos de la colección personal de Chaplin (seguramente cedidas por alguno de sus hijos) en el rodaje de La quimera del oro (The Gold Rush, 1925), con las penalidades y bajísimas temperaturas sufridas en los exteriores para producir una película que engaña menos de lo que puede parecer, y algunas tomas inéditas de las escenas culminantes de Luces de la ciudad (City Lights, 1931), especialmente valiosas las pruebas que Georgia Hale realizó para sustituir a Virginia Cherrill en el papel de la joven ciega (Chaplin llegó a prometer a su nuevo amor que volvería a filmar plano a plano la película con ella, ante su disgusto por la escasa profesionalidad y dote interpretativa de la Cherrill, aunque la cordura de sus productores pudo frenar la osadía cuando se cumplían dos años de rodaje).

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