Emiliano Zapata

Biografia OpusVida por dina

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El Primer Jefe Constitucionalista estaba dispuesto a darle una última lección al zapatismo, que se iniciaría con la muerte de su caudillo. Era opinión común en los círculos militares y políticos dominantes de México, que muerto Emiliano Zapata el zapatismo por añadidura sería sometido. Esta idea la compartían tanto el jefe del Ejecutivo como el General Pablo González, y a este propósito encaminaron sus esfuerzos, los cuales se vieron concretados la tarde del 10 de abril de 1919.

Las secuelas de la muerte del caudillo resultaron sorpresivas para quienes pensaban que muerto él la pacificación del estado sería inmediata. El zapatismo acéfalo se reorganizó y, si bien muchos hombres dejaron las armas, jefes como Genovevo de la O, Gabriel Mariaca, Francisco Mendoza y Fortino Ayaquica hicieron público su afán de consumar los ideales por los que tantos años habían luchado y vengar la muerte de Zapata. En Tochimilco, sede del cuartel zapatista, Gildardo Magaña, tras un corto proceso de lucha para alcanzar la jefatura del movimiento, se convirtió en el sucesor de Emiliano.

Así, ante la equivocada opinión del General Pablo González, el movimiento agrario morelense no fue finiquitado por la desaparición de su caudillo y se mantuvo en rebeldía hasta 1920, en que estableció una alianza con la facción revolucionaria obregonista, la cual triunfó a través de la rebelión de Agua Prieta.

MUERTE DE EMILIANO ZAPATA

Se presentan a continuación una serie de documentos que muestran en conjunto cómo se sucedieron los acontecimientos que desembocarían con la muerte de Zapata.

La correspondencia que cruzaron Zapata y Guajardo, así como la documentación oficial sobre la muerte del primero y la ubicación histórica de los documentos son los tópicos a tratar.

Comisionado para inspeccionar varios destacamentos, el Coronel Jesús M. Guajardo se había dedicado a cometer tropelías en cada pueblo por donde pasaba. Los padres de las hijas atropelladas por el militar elevaron sus quejas y la Secretaría de Guerra comunicó al gobernador José G. Aguilar que ordenara a Guajardo que se presentara en la ciudad de México a responder de las acusaciones.

La situación de Guajardo se agravó cuando el Licenciado José G. Aguilar y el General Pablo González lo sorprendieron escandalizando en el interior del hotel Providencia, frente al cual caminaban rumbo al teatro Carlos Pacheco, después de observar las obras de reconstrucción del Hospital Militar de Cuautla.

Visiblemente ebrio, a caballo y empuñando una pistola, el Coronel Jesús M. Guajardo recorría las instalaciones del hotel. Irrumpía en las habitaciones y amenazaba a los huéspedes.

El Licenciado Aguilar le llamó la atención a grito abierto y le advirtió que el General Pablo González estaba afuera y que estaba enterado de su escándalo. Guajardo frenó a su animal a las puertas del comedor, pidió al Licenciado Aguilar que le permitiera salir y hundiendo sus espuelas en los ijares del caballo al tiempo que lanzaba un grito, abandonó el establecimiento.

Para atenuar la falta del carrancista, el gobernador de Morelos le dijo al General Pablo González que Guajardo había cumplido sus órdenes antes de embriagarse. Esto calmó al general en jefe, quien sin decir palabra continuó su caminata hacia el teatro Carlos Pacheco.

Dos días después, mientras el Coronel Guajardo esperaba conocer el castigo que le impondría el General Pablo González por su escándalo, el gobernador José G. Aguilar recibió en su casa a un fotógrafo ambulante convertido en uno de los más activos espías de los federales en el campo zapatista, quien le entregó una carta que le dirigía Emiliano Zapata al Coronel Jesús M. Guajardo.

En esa carta, que líneas adelante transcribimos, Zapata invitaba a Guajardo a unirse al zapatismo, argumentándole que sabía que el General González lo había injuriado y lo iba a procesar por el incidente en el hotel Providencia.

El gobernador llevó inmediatamente la carta de Zapata al general en jefe, Pablo González, quien, después de leerla, le ordenó que al día siguiente a la hora de comer, le llevara a Guajardo, para ver qué provecho se le podía sacar a la misiva.

González, que era hombre de costumbres disciplinadas, se sentaba a la mesa a las 13 horas, y lo acompañaban el Señor Sánchez Neira, su secretario particular, Juan Sarabia y el gobernador José G. Aguilar.

El día que fue Guajardo, sólo estuvieron en la mesa el General González y el gobernador Aguilar. Durante la comida, el general, a través de sus lentes oscuros, examinaba cuidadosamente a Guajardo y platicaban de asuntos ajenos a los incidentes pasados.

A la hora de los postres, González pidió al Coronel Guajardo le explicara por qué causas lo citaban en la Secretaría de Guerra. Guajardo contestó que se trataba de puras calumnias y de malas voluntades que se había acarreado en el desempeño de comisiones en los pueblos donde había muchos espías zapatistas.

-¿Así que son calumnias de los zapatistas?- dijo el general González…

– Sí, mi general; si usted me deja que le explique todo el caso…

– Bueno coronel, ¿cómo me explica usted, dijo socarronamente el General Pablo González, sus relaciones con Emiliano Zapata?

-¿Con Emiliano Zapata? -preguntó sorprendido Guajardo.

-Sí, mi coronel, con Emiliano Zapata -insistió el Gral. González.

-No es posible, mi general,–contestó Guajardo.

-Tan es posible, coronel, que aquí tengo una carta que Zapata le dirige, añadió don Pablo, y entregándosela al gobernador Aguilar agregó: Léala licenciado, léala en voz alta para que la reconozca el Cor. Guajardo…

«Cuenca, marzo 21 de 1919. Señor Coronel Jesús M. Guajardo. Donde se encuentre. Muy señor mío: Ha llegado a mi conocimiento que por causas que ignoro ha tenido usted con Pablo González algunas dificultades, y en las que ha sido usted amonestado sin tener causa justa. Esto y la convicción serena y firme que tengo del próximo triunfo de las armas revolucionarias, me alientan para dirigirle la presente, haciéndole formal y franca invitación para que si en usted hay voluntad suficiente, se una a nuestras tropas entre las cuales será recibido con las consideraciones merecidas. No creo oportuno por ahora, ya que usted estará bien informado, hablarle del gran incremento que la Revolución ha alcanzado en todas las regiones del país, y bástele saber a usted que contra lo que tanto se ha dicho, nuestro movimiento está perfectamente unificado y persigue un gran fin, el efectivo mejoramiento de la gran familia mexicana. En espera de sus apreciables letras, quedo de Ud. atento y s.s. -El General Emiliano Zapata».

Durante la lectura, don Pablo sonreía, mientras que Guajardo, hosco y sorprendido, escuchaba con atención.

-Buen servicio de espionaje nos tiene Zapata, cuando ya ven, a unas horas del incidente en el hotel, lo supo –comentó el General González y, dirigiéndose a Guajardo, comentó: -Coronel, desde este momento tendrá usted correspondencia con Emiliano Zapata. El Lic. Aguilar escribirá las cartas y usted las firmará. Vamos a ver para qué nos sirven estas se relaciones.

Horas después, el mismo espía que había traído la carta, llevó la contestación de Guajardo a Emiliano Zapata. que decía:

«C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata, Donde se encuentre. Por su carta fechada en Cuenca el 21 de los corrientes, quedo enterado de la invitación que se ha servido hacerme para que me una con sus tropas á fin de que ya á sus órdenes trabaje por la Causa que tiene por objeto el mejoramiento de la gran familia mexicana. Le manifiesto a Ud. que en vista de las grandes dificultades que tenemos Pablo González y yo, estoy dispuesto a colaborar a su lado siempre que se me den garantías suficientes para mí y mis compañeros, y a la vez mejorando mis circunstancias de revolucionario que en esta ocasión como en otras se trata de perjudicarme sin razón justificada. Cuento con elementos suficientes de guerra, así como municiones, armas u caballada, tengo en la actualidad otro Regimiento á mis órdenes, así como otros elementos que sólo esperan mi resolución para contribuir á mi movimiento. En espera de sus letras y suplicándole una reserva absoluta sobre este asunto tan delicado, quedo su afmo. y s.s. J. M. Guajardo».

«Campamento revolucionario en el Estado de Morelos, al primero de abril de 1919. Señor Coronel Jesús M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy señor mío: Con mucha satisfacción me he enterado de su muy atento escrito fechado en San Juan Chinameca, en el que me dice que está dispuesto a unirse á la causa revolucionaria que tiene por objeto el mejoramiento de la gran familia mexicana. Como le dije a usted en mi anterior, tanto a usted, como a los jefes, oficiales y soldados que lo acompañen, se les recibirá con los brazos abiertos y gozarán de toda clase de garantías, pues se les verá como compañeros. Jefes que han llegado del Norte, y a los que tengo con mando de fuerzas en Xochimilco, me han dado excelentes referencias de su gestión revolucionaria en aquella región, y por ellos mismos he sido informado de que es usted hombre de convicciones, y que aun cuando distanciado de nosotros, sus ideas son firmes. Aquí con nosotros contribuirá usted al triunfo de la gran causa revolucionaria que lucha por el bien general de la clase humilde, y cuando hayamos llegado al triunfo, tendrá usted la satisfacción de haber cumplido con un deber y su conciencia quedará tranquila por haber obrado con justicia. La carta de usted deja ver que es franco y sincero, y lo juzgo como hombre de palabra y caballero, y tengo confianza en que cumplirá al pie de la letra el asunto de que se trata; por mi parte, sólo sé decirle que sé cumplir mi palabra, mientras no se dé al pueblo lo que necesita. Una vez estando usted aquí con nosotros, tendrá todo lo que desea, sus circunstancias como revolucionario mejorarán y tengo la seguridad de que estará satisfecho de estar a nuestro lado. El regimiento de que habla, ya entiendo poco más menos cuál es y exacto que ya está de acuerdo, así como de que está cerca de esa. Creo conveniente decir a usted que deseo haga su movimiento el jueves, y como Victoriano Bárcenas es un mal elemento, es necesario que comience usted con él, al fin está muy cerca. Prepárese bien para dar ese golpe, que es por donde se debe comenzar; al desarmar a Bárcenas y los suyos, dejará usted la tropa desarmada en Chinameca hasta nueva orden y a Bárcenas y todos los jefes que están con él, me los remitirá al rancho de Tepehuaje, previo aviso; ya después acordaremos los trabajos que debemos seguir haciendo. Advierto a usted que se necesita obrar con mucha actividad. En Cuautla tengo yo arreglados varios jefes, así como otros que están destacamentados fuera de allí. Dichos Jefes sólo esperan que se les diga el día en que deben salirse para que se incorporen a nosotros, así es que el movimiento va a ser de importancia y con satisfacción digo a usted que una vez realizado el movimiento, habremos dado un gran paso hacia el triunfo de la revolución. En la actualidad me encuentro en esta región, debido, entre otros urgentes asuntos, a que se me comunicó la presencia de unos correos enviados por varios jefes, entre ellos del C. General Cipriano Jaimes, que últimamente se unieron a la revolución en el estado de Guerrero. Para terminar, juzgo conveniente entrar en algunos detalles acerca de la situación, por más que deben ser ya de su conocimiento: el Señor Don Francisco Vázquez Gómez, a quien con placer recordamos todos los revolucionarios, está haciendo los últimos trabajos cerca de la Casa Blanca para cruzar territorio nacional y ponerse frente de las columnas revolucionarias que mandan los Generales Villa, Felipe Ángeles y Martín López, que perfectamente organizados y con abundancia de elementos, están atacando plazas importantes y atrayéndose la atención de los compatriotas y extranjeros. En términos generales, la revolución prepotente y arrolladora está rápidamente dominando toda la extensión del territorio nacional. En espera de sus apreciables letras y de que me diga si hará el movimiento que le indico, quedo de usted afmo. Atto. y S.S. El General Emiliano Zapata».

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