Emiliano Zapata

Biografia OpusVida por dina

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«Campamento revolucionario de San Juan Chinameca, Morelos. C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata. Muy estimado Jefe: Con satisfacción me he enterado de su extensa carta fechada hoy, y en debida contestación manifiesto a usted que, con relación a sus instrucciones respecto a Bárcenas, no es posible dar cumplimiento para el jueves, por encontrarse éste en Cuautla, llamado por Pablo González, encontrándose en ésta únicamente Ramón N. Gutiérrez, uno de sus jefes, como con 40 hombres. Otro motivo principal es el de tener en dicha ciudad provisión por valor de diez mil pesos, la que nos haría mucha falta, si ésta se perdiese, así como el Cuartel General tiene un pedido de mi parte de 20 000 cartuchos, los que me entregará del 6 al 10 del presente mes; la provisión de referencia estará también para la misma fecha en ésta. Motivo de satisfacción es para mí fijarme a la gran causa revolucionaria por la que usted ha luchado, así como los informes que ha tenido de distintos jefes, de que soy hombre de convicciones y de ideas firmes, lo cual demostraré a usted con hechos. Ya me encontraba en antecedentes que el señor Doctor Francisco Vázquez Gómez trabaja activamente por la unificación de todos los elementos revolucionarios que se encuentran en este país y en el extranjero, y que desea el mejoramiento de nuestro suelo patrio. He tenido conocimiento que los cc. Generales Francisco Villa y Felipe Ángeles, como otros, han tenido brillantes triunfos en el Norte de nuestra Republica. Una vez reunidos en nuestro poder los elementos a que hago referencia y que hice en mi anterior, daremos el primer golpe a Bárcenas y seguiremos trabajando con éxito. Me permito ofrecer a usted, desde luego, víveres como artículos de primera necesidad, u otros que pudieran hacerle falta dejando a su respetable opinión la forma más conveniente para que lleguen a su poder. Hago de su conocimiento que diariamente mando mulada con arrieros a Cuautla, por lo que suplico se sirva, si lo cree conveniente, ordene a los jefes que operan por esa región, no obstruccionen el paso a los individuos de referencia. Sin más asunto que tratar por ahora, aprovecho la oportunidad para protestarle mi adhesión y respeto. El Coronel J. M. Guajardo».

«Campamento Revolucionario en Morelos, a 2 de abril de 1919. Señor Coronel J .M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy estimado señor Coronel: Con mucha satisfacción doy respuesta a su atenta fecha el 1º (Primero) del actual, habiendo quedado enterado de lo que en ella se sirve expresarse, recomendándole especialmente el asunto de Bárcenas. Con relación a los víveres y municiones que en la ciudad de Cuautla tiene usted, juzgo pertinente los deje allá, aún cuando bien comprendo que por de pronto pudieran hacernos falta, pues creo firmemente que muy poco tiempo después esos elementos se pueden recobrar y hay el inconveniente de que el mismo individuo que le recomiendo, pudiera enterarse del asunto, en cuyo desgraciado caso, esté usted seguro que lo haría víctima. Además creo conveniente que en la primera oportunidad que se le presente arregle de una vez a Bárcenas, sin esperar la fecha del 6 al 10. Su carta ha sido para mí la confirmación de las referencias que sobre usted me habían sido proporcionadas y no dudo que como usted me indica, sea sostenido con hechos y sinceramente nos felicitamos por su patriótica actitud, ofreciéndole en lo particular mi amistad franca y abierta. Respecto a los víveres de que me habla, efectivamente estamos escasos, yo le agradezco mucho su buena disposición para proporcionármelos y esté seguro de que recibiré con gusto todo aquello que sea su voluntad mandarme. Ya ordeno a la gente que se encuentra entre esa y Cuautla, no entorpezca el paso a sus arrieros. Sin más por ahora y en espera de sus apreciables letras, quedo de usted afmo. General Emiliano Zapata».

«Hacienda de San Juan Chinameca, abril 3 de 1919. C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata. Donde se encuentre. Muy estimado Jefe: Con fecha de ayer noche me fue anunciada la presencia en ésta de su enviado, el señor Feliciano Palacios, a quien recibí gustoso y después de tener una larga y franca entrevista, le expuse los motivos para alargar el plazo de capturar a Bárcenas y los suyos, cosa que estima prudente por ser de esencial importancia para el tiempo futuro, tener en nuestro poder la cantidad de parque a que ya le he hecho mención. No creo oportuno entrar en otros detalles, pues entiendo que su enviado al escribirle a usted le dará cuenta de ellos. Por su enviado quedo enterado que usted ha acordado que este punto sea mi campamento, cosa que es de mi agrado, me permito consultarle si las familias puedo dejarlas en ésta o mandarlas a otro lugar. Le mando un caballo que espero será de su agrado, así como mercancías que le serán necesarias. Si usted no puede darme sus instrucciones amplias y verbales, las espero entonces por escrito, indicándome qué plaza debo atacar después del golpe de Bárcenas. Tengo en proyecto Jojutla, Tlaltizapán o Jonacatepec. El trabajo que tengo que efectuar con su recomendado, será el lunes y lo tendrá en su poder en el punto indicado. Yo tengo que ir a Cuautla a recibir el parque y venir enseguida con la gente que tengo en Santa Inés y algunos oficiales. Me es honroso protestarle mi subordinación. El Coronel J. M. Guajardo».

«Campamento revolucionario en Morelos, 6 de abril de 1919. Señor Coronel J. M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy estimado señor coronel: Por su estimable, me he enterado de la entrevista que tuvo usted con mi enviado, y en cuanto al movimiento, le manifiesto que la base principal es ésta; que con las fuerzas de su mando marche a Tlayecac, en donde están al mando del capitán Salomé G. Salgado, cien hombres; que el mismo capitán Salgado reunirá más tropas en Tenextepango; una vez organizado allí marchará sobre Jonacatepec, el que una vez tomado, regresará a San Juan Chinameca a recibir instrucciones, y marchará sobre Jojutla y Tlaltizapán; apoderándose de esta plaza, ya se puede reorganizar la columna y, después de reforzada, llevar a cabo trabajos de mayor importancia. Este movimiento debe hacerse inmediatamente que usted reciba la presente, al fin que Bárcenas pasó rumbo a Cuautla y ya le pongo gente a retaguardia para ver si es posible ayudarlo a combatir, pues por más que últimamente he pretendido hacerle presentar combate, anda escabulléndose para no tener encuentro. Como el movimiento de usted va a ser por el rumbo opuesto al que lleva el mencionado Bárcenas, puede prestar oportunidad para que al regresar a esa hacienda lo capture usted, y para mayor éxito puede usted dejar en ese punto un jefe con cien hombres y las respectivas instrucciones. En cuanto a la impedimenta de las familias, pueden quedar, por lo pronto, en ese lugar, y ya en vista de los movimientos que haga el enemigo, se verá si es conveniente trasladarlas a otro sitio; pero de antemano creo que habrá esa necesidad. Con el fin de despistar al enemigo, voy a distribuir fuerzas en guerrillas, por lugares más convenientes, cercanos a Cuautla, aparte de una columna competente, formada con las tropas que puedan reunirse, para el mejor éxito de las operaciones. Adjunto a usted una orden para el C. Capitán Salomé que, como le digo antes, se encuentra a mis órdenes en Tlayecac, para que se incorpore a la columna de usted llevando consigo a sus fuerzas y las de Tenextepango. En el mismo caso del capitán Salgado, se encuentran otros muchos jefes, que esperan la primera oportunidad para hacer su movimiento; y por lo mismo, es necesario que desde luego lo efectúe, sin esperar más tiempo los pertrechos que ha de recibir, los que se compensan con los elementos que se han de incorporar después. Sin más asunto por ahora, y deseándole feliz éxito, quedo de usted afectísimo amigo y atento y seguro servidor. General Emiliano Zapata».

Al mismo tiempo Zapata recibió una carta de Eusebio Jáuregui, en la que éste daba amplias referencias de Guajardo, lo que sumado a las anteriores, Emiliano Zapata creyó en la sinceridad de Guajardo. Hablamos arriba de alguna intervención de Jáuregui, ex zapatista que gozando de libertad, y sin respetar su palabra de honor, reincidió en sus simpatías hacia Zapata y hacia el zapatismo.

Eusebio Jáuregui perdonado de la vida pues se le capturó con las armas en la mano, no desperdicia ocasión para expresar a los espías del enemigo algún dato o cierta información que favoreciera a los suyos. Se sospechaba de su conducta, pero no había testimonio que confirmara tal sospecha.

Guajardo, por otra parte, debía también aprovechar la circunstancia y pide a Eusebio una carta de presentación con Zapata; no se niega el favor, y por el contrario, la carta sobre todo el final, expresa claramente sus inclinaciones a la rebeldía. Expide, pues, la carta que copiamos enseguida.

«Cuautla, abril 8 de 1919. C. General Emiliano Zapata. Donde se encuentre. Muy estimado general: He hablado con el coronel Jesús M. Guajardo, y me ha manifestado todos los arreglos que usted y él tienen para la fecha, relativos a que ha reconocido de una manera incondicional los ideales que usted tiene la alta honra de representar y como no dudo sea un hecho, me permito manifestar a usted sepa apreciar los buenos elementos de este ameritado jefe que ayudará e impulsará nuestra revolución. Espero que mi recomendado le comunicará a usted lo que yo tengo pensado, a fin de que la revolución obtenga mayores elementos y con esto grandes triunfos. Debo manifestar a usted, mi general, que el Coronel Guajardo no cumplió con su orden el día citado, en vista de que tuvo que atravesar por grandes dificultades. Protesto a Ud. mi general, mi subordinación y respeto. Jáuregui».

Guajardo, conforme a las instrucciones verbales que recibía del General González, seguía ratificando su adhesión al General Zapata, encontrando siempre algún pretexto para indicarle que debía esperar varias semanas más aliado del gobierno. Pero Zapata, ante la situación incolora de Guajardo, le pidió de una vez por todas que definiera su actitud. Ante la exigencia del caudillo suriano, el Coronel Guajardo se presentó ante el General Pablo González, pidiéndole órdenes y resolviendo don Pablo dar el golpe final.

La oportunidad para realizar los planes del Ejército Federal se presentaron cuando Zapata exigió a Guajardo que se le incorporara; señalándole la obligación de llevar al campo zapatista al General Capistrán, que se había rendido al gobierno y enseguida atacar y tomar la plaza de Jonacatepec. El cuartel general federal interceptó una comunicación del General Zapata dirigida a Eusebio Jáuregui, donde le daba instrucciones para que aprehendiera al General González.

Eusebio Jáuregui se había rendido hacía varias semanas, pero, según la comunicación interceptada, la rendición había sido preparada con el objeto de gestar un movimiento dentro de Cuautla. Al descubrirse los planes de Zapata, el General González ordenó al gobernador José G. Aguilar que procediera a la aprehensión de Jáuregui, que tenía la ciudad por cárcel. El General Pablo González dio la orden de traer a Emiliano Zapata vivo o muerto. González dijo a Guajardo:

-Por lo que respecta a las pruebas que le pide Zapata, provea a su gente de parque de salva y ataque la guarnición de Jonacatepec. Yo daré instrucciones al General Daniel Ríos Zertuche para que también provea a sus soldados de la misma clase de parque para que, después de sostener un tiroteo con las tropas de usted, se retire a un punto convenido en aparente desorden, y como no es posible que se lleve a Capistrán, pues Zapata le fusilaría inmediatamente, llévese a doce zapatistas que están condenados a muerte y que si los fusila su ex jefe pagarán bien pagados los crímenes que han cometido.

Según el parte de Guajardo, el día 8 de abril de 1919, después de recibir las órdenes de Pablo González, salió con su escolta a las 8:15 horas con rumbo a Chinameca. Llegó a Moyotepec a las 11 horas de ese mismo día, donde la esperaba una escolta de 50 hombres, y prosiguió a Chinameca llegando a las 15 horas.

Con motivo de que varios grupos de campesinos se presentaron ante Guajardo para quejarse de los desmanes de la gente de Bárcenas, exigiendo pronta justicia, Guajardo impuso como castigo el fusilamiento de 59 soldados que militaban a las órdenes de Margarito Ocampo y del Coronel Guillermo López. Esta orden se cumplió en un lugar llamado Mancornader. De esta forma demostró Guajardo su rectitud y lealtad a Emiliano Zapata.

Esto decidió a Emiliano Zapata a concederle la entrevista, por lo que Palacios le comunicó a Guajardo, que se encontraría en Tepalcingo. Guajardo, al día siguiente a la 1 (Primera) hora, con su gente montada y bien municionada dejó la hacienda de Chinameca y salió rumbo a Huitzila, donde llegó a las 9 horas, dándole forraje a sus caballos, y recibió las últimas instrucciones para atacar a Jonacatepec; a las 12:45 horas estuvo frente a esa plaza, donde le esperaba la gente que llevaba el Capitán Salgado, del 66 Regimiento.

Guajardo procedió al ataque de la plaza donde se combatió media hora y, según el parte oficial de Guajardo, se perdieron dos individuos de tropa que murieron en el combate. No se explica cómo pudo ser esto, pues iban a hacer sólo disparos de salva. En el ataque a Jonacatepec, el General Ríos Zertuche distribuyó a sus soldados, pues ya había recibido la orden del cuartel general; simuló la defensa de la plaza y después sus oficiales hicieron huir a la gente en completo desorden. Abandonada la plaza, el Coronel Guajardo, con la mayor parte de sus tropas -ya que algunos se negaron a voltearse- entró victorioso a Jonacatepec gritando «Viva el General Zapata».

El asalto simulado a Jonacatepec hizo creer al caudillo suriano en la lealtad de Guajardo. Poco después del asalto a Jonacatepec, recibió órdenes de presentarse a Zapata. A las 16 horas salió del pueblo y, por primera vez, frente a la estación del ferrocarril denominada Pastor llevando un número aproximado de 600 hombres, se entrevistaron y Zapata le dijo:

-Mi General Guajardo, la felicito a usted sinceramente y acordó el ascenso de él y de la oficialidad. Zapata le manifestó el deseo de que pasara a Tepalcingo. Guajardo fingió un dolor de estómago y Zapata la llevó a medicinarse. Como a las 24 horas, Guajardo recibió órdenes de Zapata para que dejara a su gente en un lugar llamado Los Limones, mientras que él, Guajardo, debería esperar nuevas órdenes en la hacienda de Chinameca.

Éste, al día siguiente acampó con su fuerza a tres kilómetros de la hacienda y procedió a entrar a ella a las 6:30 horas quedando toda la tropa acuartelada. A las 8 horas Emiliano Zapata llegó frente a la hacienda con unos 400 hombres, comandados por Pioquinto Galis, Gil Muñoz Zapata, Adrián Castrejón, Timoteo Sánchez, Joaquín Camaño, Jorge Méndez, Juan Lima, Jesús Chávez, José Rodríguez, Feliciano Palacios, y los coroneles Jesús Salgado, Clemente Acevedo, Salvador Reyes Avilés y otros.

Algunos se habían disgregado en algunas de las chocitas en busca de alimentos, otros en la plaza platicaban. Zapata fue saludado por Guajardo en ese lugar, y estaban en eso cuando corrió la noticia de que se acercaban fuerzas federales. Emiliano Zapata dio orden a Guajardo de que se mantuviera en la hacienda, y Zapata se posesionó del lugar llamado Piedra Encimada para repeler el ataque.

Desde ese lugar Emiliano Zapata observaba con unos prismáticos. Después de cerciorarse, ordenó a Feliciano Palacios que fuera a ver a Guajardo, para que éste entregara el armamento y municiones que había ofrecido a Zapata. Palacios salió acompañado de Jorge Méndez y Juan Lima; los dos últimos se quedaron en el puente de entrada de la hacienda, y sólo Feliciano Palacios entró a la finca. Como Palacios no regresaba, Zapata envió al Coronel Agustín Carreón para que le sirvieran unas cervezas. Carreón regresó sin haber visto a Feliciano Palacios.

Como a las dos de la tarde, Zapata se retiró a la Piedra Encimada y se dirigió a la tienda de raya de la hacienda, donde saludó al español que la regenteaba, y en la bodega preguntó al General Juan Lima por Feliciano Palacios, a lo que éste contestó que se encontraba preso por órdenes de Guajardo, y le participó que Guajardo lo invitaba a comer.

Contrariado el General Zapata por la información que le dio Juan Lima, aceptó la invitación pero dijo que iría a caballo, por lo que su asistente, Agustín Cortés, le arregló su montura y ordenó a Juan Lima y a Jorge Méndez que escogieran diez hombres para que lo acompañaran a la cita que le había hecho el Coronel Guajardo.

La comitiva fue compuesta por los generales Juan Lima, Jorge Méndez, Miguel Zúñiga, y el Coronel Clemente Acevedo, más los asistentes de cada uno de ellos. Guajardo había dispuesto que en el momento en que entrara Emiliano Zapata se le hicieran los honores de general y después de la segunda llamada de honor hicieran fuego, estando el resto de la tropa dispuesta para combatir.

A las 14:10 horas, Emiliano Zapata se presentó en la puerta de la hacienda, en una de cuyas piezas tenían a Feliciano Palacios. Al aproximarse Zapata a la hacienda, una banda de guerra formada tocó llamada de honor y, sin terminar ésta, una trompeta tocó a fuego. Como los soldados presentaban armas al pasar el General Zapata, el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las descargas que hacían en su contra.

Zapata quiso sacar la pistola en los últimos momentos que le quedaban de vida y, tratando de dar media vuelta, el caballo arrojó su cadáver al suelo. A su lado quedó su fiel asistente Agustín Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda quedó el infortunado Feliciano Palacios que fue asesinado también en el momento en que caía Zapata.

Las descargas de fusilería se convirtieron en mortífero fuego general contra los zapatistas desde los puestos en que los federales se encontraban apostados. Bajo el cerrado fuego de fusilería, ametralladoras y bombas que simultáneamente estallaban, las despavoridas fuerzas zapatistas huían sin saber lo que había pasado y tratando de ponerse a salvo del furioso ataque de que fueron víctimas.

Una vez fuera del alcance de los proyectiles, comenzaron a reunirse para conocer las causas del ataque. Los mismos que iban atrás de Zapata informaron la funesta noticia de la muerte de su jefe.

El parte oficial de Guajardo dice que quedaron muertos Emiliano Zapata, Zeferino Ortega y otros generales habiendo causado bajas, entre muertos y heridos, como 30 hombres, que no fue posible identificar. Guajardo aseguró que él personalmente hizo fuego en contra de Palacios, Bastida y Castrejón, a los que mató en el acto. Posteriormente, se ha podido comprobar que ni Zeferino Ortega ni Gil Muñoz Zapata fueron sacrificados en aquella ocasión.

Después de este artero ataque se procedió a levantar los cadáveres y se dispuso que se persiguiera al enemigo por todos los rumbos hasta dispersarlo completamente, haciendo gran número de bajas entre muertos y heridos.

Con el objeto de conducir el cadáver de Zapata, se tocó botasilla y, media hora más tarde, a las 16 horas del jueves 10 de abril de 1919, Guajardo salió de la hacienda de Chinameca con la fuerza a su mando, rumbo a Cuautla, a donde llegó a las 21:10 horas, haciendo entrega del cadáver al General Pablo González.

Mientras la tragedia sucedía en San Juan de Chinameca, el General Pablo González estaba muy inquieto porque no sabía si Guajardo ya había matado a Zapata. Como a las ocho de la noche llegó un propio desde Villa de Ayala con el lacónico mensaje «sigo para ésa con Zapata».

Aunque Pablo González tenía una gran confianza en su coronel, la ciudad fue puesta en estado de alerta y don Pablo González salió rumbo al camino de Villa de Ayala para esperar a Guajardo.

El cadáver de Zapata lo llevaban amarrado al lomo de una mula, y cuando llegaron a las puertas de Cuautla, adelantándose Guajardo adonde estaba Pablo González, le informó: -Mi general, sus órdenes han sido cumplidas.

Los despojos de Emiliano Zapata fueron llevados a los bajos de la presidencia municipal de Cuautla. Para identificar el cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval.

El cadáver de Emiliano Zapata fue expuesto al público, colocándosele sobre una caja en la inspección de policía: Allí empezaron a acudir centenares de curiosos y vecinos del lugar. Para evitar la descomposición del cadáver se ordenó que el Doctor Loera y varios practicantes lo inyectaran, realizado lo cual, se ordenó que fuera puesto en exhibición.

Previamente se le practicó la autopsia y se comprobó que solamente había ingerido alimentos líquidos, y el cuerpo presentaba siete perforaciones correspondientes a siete tiros que le debieron haber causado la muerte casi instantánea. El cadáver no presentaba ni una herida en el rostro.

Al cadáver de Emiliano Zapata le fue cambiada la ropa; se le quitó el traje de charro que llevaba y se le puso ropa limpia. Todos los curiosos que acudieron a ver el cadáver de Zapata, lo primero que le buscaban era el lunar que tenía arriba de un ojo.

El General Pablo González envió a la ciudad de México al coronel y licenciado Miguel Cid Ricoy para que comunicara los hechos al presidente Carranza. Inmediatamente se dio el boletín a la prensa nacional.

La noticia produjo verdaderas peregrinaciones rumbo a Cuautla con el objeto de ver el cadáver de Zapata. Se especuló en la ciudad de México que el cuerpo iba a ser trasladado a esa ciudad, pero al ser entrevistado por los periodistas, el señor Ricoy declaró que no creía que hubiera necesidad de trasladarlo a la capital, salvo que hubiera una orden en contrario dictada por la Secretaría de Guerra.

En la prensa nacional se dieron algunos datos sobre Guajardo, diciendo que se había incorporado a las fuerzas revolucionarias el año de 1913, que había empezado su carrera como soldado raso y que sus ascensos se debían a su singular valor. Aseguraron que en Saltillo, Puebla, Guerrero y el Estado de México tuvo participación en importantes combates y que siguió a la Revolución en todo su formidable avance desde el norte.

Dentro de sus datos biográficos señalaban que su abuelo había dado muerte a un famoso bandido apellidado Villegas, cuyas hazañas se consignaban en los anales del bandolerismo de aquella época. Villegas fue apodado El Endiablado.

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