Emiliano Zapata

Biografia OpusVida por dina

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Se citó también en la prensa nacional, que Guajardo había empleado cuatro días en la realización del ardid que dio como resultado la muerte del cabecilla morelense. Se consignó como dato original el de que Zapata le había regalado un caballo al Coronel Guajardo cuando consideró a este militar como de su bando.

Siguió la expectación y se afirmó que seria sepultado el lunes siguiente en Tlaltizapán, en un mausoleo construido por el propio Zapata, para que guardara los restos de los firmantes del Plan de Ayala, bandera de los hombres del campo.

El mausoleo es una sencilla tumba que tiene numerosas gavetas, en cada una de las cuales podrá verse el nombre de cada uno de los firmantes; allí reposaban ya los restos de Otilio Montaño, Eufemio Zapata y algunos otros zapatistas. Se aseguró que en ese lugar debían quedar los restos de Emiliano Zapata.

Este día también se afirmaba que con la muerte de Emiliano Zapata quedaba desaparecido el zapatismo, y que muy pronto se restablecería la paz, pues ya quedaban muy pocas gavillas con las armas en la mano.

ACTA NOTARIAL DE LA MUERTE DE ZAPATA.

Media hora después de la llegada del cadáver de Emiliano Zapata a Cuautla se levantó el acta siguiente: Al margen un sello que dice: Juzgado de Primera Instancia, del Estado de Morelos, No.13. En la ciudad de Cuautla, Morelos, a las diez de la noche del día 10 de abril de mil novecientos diez y nueve, yo, el Lic. Manuel Othón Ruiz Sandoval, Juez de Primera Instancia, encargado del protocolo, me constituí en las oficinas de la Inspección general de policía de esta ciudad con el objeto de dar fe del cadáver e identificarlo, del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata. Comparecen al acto los señores Capitán Primero de Estado Mayor, Ignacio Barrera y Gaona, Alfonso G; Olivares, José Rico y Eusebio Jáuregui, este último que desempeñó algún puesto en el Zapatismo. Habiéndose mostrado al suscrito y comparecientes en una de las planchas de la sección médica de esta oficina, el cadáver de un hombre, al parecer por los signos característicos bien muerto, los comparecientes lo identificaron como el del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata, con lo que se terminó el acto, dando fe el suscrito notario del referido cadáver. Actuaron como testigos de asistencia los señores Joaquín Flores G. y Javier del Rayo, y por sus generales todos dijeron ser: el Sr. Capitán Barrera y Gaona, casado, de veintiséis años de edad, militar; el Sr. Olivares, casado, de treinta años de edad, empleado; el Sr. Jáuregui, de veinticinco años, soltero, agricultor, y todos de esta vecindad, menos el señor Rico que vive en la hacienda de Tenango, distrito de Jonacatepec, estado de Morelos. El señor Flores G., casado, empleado, de treinta y tres años de edad, y el Sr. Rayo, soltero, de veintitrés años de edad, empleado, y ambos con domicilio en el hotel Providencia. Leída que les fue a los comparecientes y testigos la presente acta, y estando conformes con su contenido que se les explicó, así como su fuerza legal, firmaron hoy, día de su fecha, a las once y treinta minutos de la noche. Doy Fe, Ignacio Barrera y Gaona, Olivares, José Rico, E. Jáuregui, J. del Rayo, J. Flores G. -Rúbricas- autorizó esta acta en Cuautla, Morelos, a once de abril de 1911: Doy Fe, M.O. Ruiz Sandoval. -Rúbrica- El Sello de Autorizar.

Hoy he extendido en el protocolo que es a mi cargo la siguiente acta: IDENTIFICACIÓN DEL CADÁVER del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata y Fe de que: -Con fundamento en la fracción 31, inciso segundo, artículo 14 de la Ley del Timbre en vigor, opino que debe causar estos timbres: Dos pesos por foja, en una foja $2.00- Cuautla, Morelos, 10 de abril de 1919. El Juez de primera instancia, M.O. Ruiz Sandoval. Rúbrica-El Sello de la notaría No.6.

El Administrador del Timbre en Cuautla, Morelos, certifica que con esta fecha, se pagaron dos pesos valor de las estampillas que fijaron y cancelaron en la presente nota firmada bajo la responsabilidad del Notario que la suscribe. Cuautla de Morelos, Abril 11 de 1919.El Administrador General del Timbre G. A. Baquedando. Rúbrica. El Sello de la administración federal del Timbre. Sacóse del registro de instrumentos públicos que es a mi cargo, como primer testimonio dejando agregada al apéndice del protocolo en el legajo correspondiente a esta acta bajo la letra A, la nota respectiva del timbre va en una foja y con los timbres de ley y se expide para la Secretaría General del Departamento de Administración Civil del Estado de Morelos. Corregido y copiado en prensa, Cuautla de Morelos, 11 de abril de 1919. Doy Fe. MO. RUIZ SANDOVAL.

Un sello que dice: Estado de Morelos. Juzgado de Primera Instancia, Secretario General del Departamento de Administración Civil del Estado de Morelos, Certifica que las firmas que calzan el documento anterior son del C. Licenciado Manuel Othón Ruiz Sandoval, Juez de Primera Instancia, encargado del protocolo de esta ciudad, y las que acostumbra usar en todos los documentos que autoriza.-Cuautla de Morelos, Abril 11 de 1919. El Secretario General del DEPARTMIENTO DE ADMINISTRACIÓN CIVIL DEL ESTADO, J. G. Aguilar. Rúbrica. Al fin un sello que dice: Gobierno Libre y Soberano de Morelos, Secretaría.

ACTA DE DEFUNCIÓN EXPEDIDA POR EL REGISTRO CIVIL DE LA CIUDAD DE CUAUTLA. En la heroica ciudad de Cuautla, Morelos a las 6 de la tarde del día 11 de abril de 1919, y ante mí el ciudadano Pedro Narváez Juez del Estado Civil de esta cabecera compareció el ciudadano Alberto Girela originario y vecino de esta ciudad, casado, comerciante, y artesano de cuarenta y cinco años de edad, manifiesta que el cadáver que se encuentra en el local de la inspección general de policía es el mismo del que en vida se llamó Emiliano Zapata, el que según parece falleció ayer a las 8 de la tarde a consecuencia de heridas producidas por arma de fuego, que lo conoce perfectamente porque era originario del pueblo de Anenecuilco municipalidad de Villa de Ayala, Estado de Morelos, casado, labrador, de 29 años de edad, hijo fue del difunto Gabriel Zapata y de la finada Cleofas Salazar, de Anenecuilco; se tuvo a la vista el certificado médico que se archivó con las anotaciones de ley, suscrito por el Dr. Miguel Loaiza, fueron testigos de esta acta el comparente y el Sr. Juan Bustamante, originario vecino de esta ciudad, casado, comerciante y mayor de edad. Se expidió la boleta para la inhumación del cadáver en fosa de primera clase (gratis) del panteón de (la) ciudad, y leída la presente acta a los que en ella intervinieron estuvieron conformes y firmando conmigo el suscrito Juez, Doy Fe E. R; a que (ilegible). El Juez del Registro Civil Pedro Narváez,(Rúbrica) Alberto Girela, (Rúbrica) Juan Bustamante, (Rúbrica) Luis de Alvarado, Secretario, (Rúbrica).

Casi 24 horas estuvo expuesto el cadáver de Emiliano Zapata y lo vieron no solamente los vecinos de Cuautla, sino los de los poblados inmediatos y muchas personas que se trasladaron a esa ciudad desde la capital. La tarde del sábado 12, la ciudad de Cuautla se animó en sus calles, pues todos los vecinos se dirigían a la plaza principal para presenciar el sepelio. La animación era callada; en los rostros se veía sorpresa en unos, y curiosidad en otros.

Ocho prisioneros rebeldes que militaban en las filas de Zapata, penetraron escoltados a la pequeña pieza donde el cuerpo, descompuesto ya, estaba listo para ser conducido al panteón municipal. Frente a la presidencia municipal, tres parientas del muerto llegadas de Anenecuilco, enlutadas, llorosas, visiblemente emocionadas; dudaban en presidir la fúnebre comitiva o en seguir separadamente al cortejo.

Con la presencia del General González y de otros jefes militares que hacían la campaña en contra del zapatismo en Morelos, se solucionó la incertidumbre, y aquellas mujeres, rodeadas por otras del pueblo, empezaron su callada marcha detrás del gentío que hacía imposible el tránsito por la ancha plazuela.

A esta comitiva la seguían fotógrafos llegados de la ciudad de México y se filmaban escenas de este acontecimiento para el primer noticiario cinematográfico de la capital.

En el panteón todo estaba listo para dar sepultura al cadáver; los enterradores, soga o pala en mano, cariacontecidos, se les veía preparados para su faena. La negra caja de caprichosos dibujos blancos que guardaba los restos del cabecilla Emiliano Zapata, bajó a la fosa en presencia del gentío que pugnaba por ocupar la parte delantera del numeroso grupo; algunas personas trepaban a las tumbas inmediatas para satisfacer su curiosidad e impedían que los deudos pudieran ver el resto de la operación.

Una anciana, la madre de Emiliano Zapata, más decidida que los demás, con los ojos inyectados y llorosos, se abre paso, y cogiendo un puñado de tierra fue la primera en depositar su ofrenda; temblorosa, pero enérgica, cumplió los propósitos inspirados en la vieja tradición.

(Nota: El autor de la biografía, Valentín López González, menciona

en el párrafo anterior -al parecer erróneamente- que la madre

de Emiliano Zapata lo visitó cuando éste murió.

Sin embargo, al inicio de la biografía menciona también que la madre

de Zapata murió cuando él tenía 16 años de edad.)

Los golpes sordos del martillo que aseguraba los clavos, las paladas de tierra que caían sobre el ataúd se escuchaban en medio de un silencio profundo. Los hombres que condujeron a Zapata al panteón eran ex zapatistas y veían el acto con incredulidad, formados de dos en fondo.

El General Pablo González y sus más cercanos colaboradores presenciaron el acto con sendas bolas de naftalina en la nariz, porque el cadáver despedía ya pútridas emanaciones. Eran las 18 horas.

El sepulturero, con la boleta municipal en la mano, ratificó la localización de la fosa. Zapata quedó al extremo noroeste del panteón, en la segunda hilera de mausoleos en la primera clase; y se identificaba el lugar por un guayabo que erguía su frondosa ramazón en el costado izquierdo de la cabecera de la tumba. La gente regresa al centro de la población, unos iban silenciosos, los más comentando el triste fin de Emiliano, el inculto sembrador; el célebre Atila del Sur.

Aquel pueblo que tanto sufrió por la rebeldía zapatista parecía experimentar, dos horas después, no una indiferencia sino una calma que se confundía con la diversión en la plaza al escuchar la banda militar o jugando a la lotería de cartón, o tomando nieve para mitigar la sed y calmar el calor regional de la noche.

Emiliano Zapata, ese mismo día se convirtió en una leyenda. La historia del lunar de bola que se comentaba no tenía el cadáver de Zapata y que habría de servir para la identificación que hizo Jáuregui y que al principio negó caprichosamente, después, aquellos que negaban su existencia, la confirmaron: ¡Era Emiliano Zapata!

Las dudas no aparecían por ninguna parte; todos confirmaban la declaración de Jáuregui, general zapatista rendido, que reconoció a su antiguo jefe. Éste fue fusilado el día 14 en el panteón municipal por un pelotón de soldados carrancistas.

El mismo 10 de abril de 1919, el secretario particular de Emiliano Zapata; Salvador Reyes Avilés, desde el campo revolucionario en Los Sauces, daba a conocer el parte oficial de la tragedia al General Gildardo Magaña, y un día más tarde este mismo general desde su campamento en Tochimilco; estado de Puebla, hizo circular entre todos los sobrevivientes del zapatismo la carta que transcribimos:

Al C. General Francisco Mendoza, Su Campamento. Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer, gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las maldiciones de todos los buenos mexicanos, de los que hayan sabido comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos de los cobardes asesinos.

Hoy, más que nunca, los que bajo las órdenes del ya glorioso Emiliano Zapata seguimos su ejemplo de patriotismo y de profundo amor al pueblo, tenemos la sagrada obligación, el ineludible deber de continuar la lucha, con mayores bríos, con más fe, con más grandes ardimientos en contra del enemigo carrancista que ya para siempre manchó su nombre con el lodo de la traición.

Para tratar, pues, sobre la mejor manera de continuar cumpliendo con nuestros deberes de revolucionarios y de hombres, este Cuartel General ha acordado convocar a una junta de Generales, Jefes y Oficiales del Ejército Libertador, que tendrá verificativo en esta plaza, a la mayor brevedad posible, es decir, tan luego como estén reunidos los principales miembros del Ejército.

Estimando que usted comprenderá la urgencia de verificar dicha junta, he de merecerle que lo antes posible, se sirva pasar a este Cuartel General acompañado de sus jefes, subordinados y de los compañeros que operen por esa zona. Lo que comunico a usted para su inteligencia y efectos, reiterándole mis consideraciones y aprecio distinguido. Reforma; Libertad, Justicia y Ley. Tochimilco, a 11 de abril de 1919. El General Magaña.

El día 12 de abril se publicó en El Universal la felicitación de don Venustiano Carranza al General Pablo González.

Del Palacio Nacional de México, el 11 de abril de 1919. Señor General de División; don Pablo González. Cuautla, Morelos. Con satisfacción me enteré del parte que me rinde usted en su mensaje de anoche, comunicándome la muerte del cabecilla Emiliano Zapata, como resultado del plan que llevó a cabo con todo efecto el coronel Jesús M. Guajardo. Lo felicito por este importante triunfo que ha obtenido el Gobierno de la República con la caída del jefe de la revuelta en el sur, y por su conducto, al coronel Guajardo y a los demás jefes; oficiales y tropa que tomaron participación en ese combate; los felicito por el mismo hecho de armas; y atendiendo a la solicitud de usted, he dictado acuerdo a la Secretaría de Guerra y Marina para que sean ascendidos al grado inmediato el coronel Jesús M. Guajardo y los demás jefes y oficiales que a sus órdenes operaron en este encuentro, y cuya lista deberá usted remitir a la propia Secretaría del estado. Salúdolo afectuosamente. V. Carranza.

La tarde del 14 de abril, el General Juan Barragán, jefe del Estado Mayor Presidencial contestó por escrito las preguntas formuladas por los representantes de la prensa nacional. El interrogatorio versaba sobre diversos asuntos de carácter militar, fue publicado por los diarios capitalinos, el día 15. El General Juan Barragán entregó el siguiente boletín autorizado con su firma:

«- ¿Es verdad, señor general, que la situación militar reinante en Chihuahua ha empeorado durante los últimos días y que el tráfico ferrocarrilero está interrumpido desde el domingo último?

– No es exacto que la situación en Chihuahua sea delicada, pues al contrario está mejorando cada día más; el tráfico ferrocarrilero está al corriente y solo el telégrafo es interrumpido con frecuencia dada la extensa zona de aquel estado.

-¿Cuál es el resultado de la conferencia entre el señor Presidente de la República y el general Fortunato Zuazua? ¿Es verdad que el general Zuazua no regresará a Chihuahua?

-El general Zuazua todavía no habla con el señor Presidente y no sé si volverá a Chihuahua o se le dará otra comisión.

-Varios periódicos han afirmado que el señor Presidente ha recibido numerosas protestas de altos jefes del ejército por el ascenso acordado a favor del Coronel Jesús M. Guajardo. – ¿Qué hay de cierto?

-El señor Presidente de la República ha recibido muchas felicitaciones por la muerte del cabecilla Emiliano Zapata y en todo el ejército ha producido buena impresión el ascenso acordado en favor del valiente coronel Guajardo. Palacio Nacional, México, Distrito Federal. 15 de abril de 1919. El general en Jefe de Estado Mayor, J. Barragán.

EL PARTE OFICIAL DEL CORONEL GUAJARDO.

La confirmación de las noticias de EXCÉLSIOR se puede ver en el siguiente parte oficial, que el hoy general Guajardo rinde a la Jefatura de Operaciones: Al margen un sello que dice: Ejército Nacional Cincuenta Regimiento de Caballería, Comandancia: Tengo la honra de Informar de las operaciones llevadas a cabo durante los días del 8 al 10 de los corrientes:

Día 8.- Habiendo recibido las últimas instrucciones del ciudadano general en jefe del Cuerpo de Ejército de Operaciones del Sur, don Pablo González y salí de ésta con mi escolta rumbo a Chinameca, a las 8:15 A.M., llegando a Moyotepec a las 11 del mismo día; donde me esperaba una escolta de cincuenta hombres, al mando de un capitán 2o.(Segundo), saliendo de dicho punto y llegando a Chinameca a las 3 P.M. «Se procedió desde luego a comunicarme con Emiliano Zapata por conducto del llamado general y licenciado Feliciano Palacios, secretario del mencionado Zapata, quien tenía algunos días de estar en nuestro destacamento, ultimando los arreglos para que yo y mi gente desconociéramos al Supremo Gobierno, recibiendo más tarde instrucciones.

Día 9.- A la una de la mañana de este día, y al frente de mi gente montada, armada y perfectamente municionada, dejamos la hacienda de Chinameca saliendo rumbo a la Estación de Huichila, estando en aquel lugar a las 7 A.M., dándose forraje a la caballada y recibiendo las últimas instrucciones para el ataque a Jonacatepec, tomando ese rumbo a las 9 y llegando a un kilómetro antes de dicha plaza a las 12:45 P.M., donde me esperaba la gente que, de acuerdo conmigo, llevaba el ciudadano capitán 1o. (Primero) Salgado, del 66 regimiento. Desde luego se procedió al ataque y toma de dicha plaza, combatiendo media hora, lugar en que perdimos dos individuos de tropa que murieron en el combate que se libró.

A las,4 P.M., salí de Jonacatepec encontrándome Emiliano Zapata por primera vez, adelante de la Estación Pastor, llevando éste número aproximado de 600 hombres. Fui recibido perfectamente por el cabecilla suriano, quien manifestó deseos de conocer a mi oficialidad la que en seguida le fue presentada; a continuación de esto fui, invitado para pasar a Tepalcingo, lo que acepté llevando mis fuerzas, pernoctando en ese lugar, donde existía un número de zapatistas aproximado a mil trescientos.

A las 8 A.M. Zapata, con sus fuerzas compuestas aproximadamente de cuatrocientos hombres, entró a este punto comunicándome que fuerzas constitucionalistas en número de tres mil avanzaban con objeto de atacarnos; a la vez, daba órdenes a otras fuerzas de él para que salieran a combatirlas y dándome órdenes a mí para que permaneciera en mi lugar, posesionándose Emiliano con su escolta en la Piedra Encimada, para repeler un ataque.

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