Eva Perón

Biografia OpusVida por diablillo

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Perón estaba a dos pasos del poder absoluto. No sólo desempeñaba la Vicepresidencia, sino también el ministerio de la Guerra y la Secretaría de Trabajo y Previsión. De los primeros puestos sólo le separaban tres generales "cabestreadores", como diría él con su terminología gaucha, que fueron sucediéndose para acabar por dejarle el sitio a él. Y en este último episodio ya jugó un papel importante la que habla de ser su mujer.

Crecimiento de su carrera artística y escándalos

Por lo pronto la protección de Perón se tradujo inmediatamente en mejores contratos para Eva. En una ocasión Evita es habla ido a vivir al Hotel Savoy. Aquello había sido un sueño de Cenicienta rápidamente disipado. Ahora pronto pudo Instalarse en una casa elegante de la calle Posadas, a dos pasos de la Avenida Alvear. Sus contratos habían subido fabulosamente. Ya había hecho algún papel en alguna película como "La carga de los valientes", pero ahora se modificaba expresamente "La cabalgata del circo" para que pudiera intervenir en ella. Y sus honorarios ya no se cifraban en pesos sino en dólares. Llegaba tarde, alegaba displicentemente que había tenido otras cosas que hacer, hacia largas llamadas telefónicas y abofeteó a Libertad Lamarque que había aludido a sus relaciones con Perón.

¿Era Libertad Lamarque la que estaba sentada junto al coronel Perón cuando ella entró en el Luna Park y en un momento en que Libertad se levantó. Evita ocupó su puesto? Libertad era la estrella máxima argentina. Ganaba 75.000 dólares. Evita empezó a cobrar 30.000; pronto subió a 50.000 con una obra cuyo guión eligió ella. Se trataba de La pródiga, de Alarcón, y el guión lo habla hecho Alejandro Casona a la sazón exilado que estaba alcanzando mucho éxito en Argentina. El director era Soificcí. Perón asistía a veces a la filmación de algunas escenas. Luego cenaban en la Hostería Meyer, frente a los Estudios Baires. Evita lucía en la película modelos de época y joyas autenticas. Raro, la película no llegó nunca a proyectarse. Machinandiarena, el productor, le regaló el negativo a Eva a cambio de otros favores cuando ya era presidenta y ella no permitió que se pasara nunca en los cines, no sólo porque no estaba bien que una presidenta besara a otros hombres, aunque fuera solamente en la pantalla, sino porque Sofficí me había sacado gorda.

Realmente, Evita no sólo habla entrada en la Historia, sino que lo había hecho de una manera apresurada. En febrero del 44 fue el terremoto de San Juan; al mes siguiente conoció al coronel Perón; un año más tarde vivían juntos en la calle Posadas, a donde Perón habla trasladado sus penates, tomando, además del de Evita, el piso de enfrente, para poder recibir cómodamente a sus amistades. Todo el mundo sabía la gran Influencia que empezaba a tener sobre él. Evita seguía trabajando en la radio -ahora en Radio Beigrano- y hacia el papel de mujeres célebres: Sarah Bernhardt, Isadora Duncan o de reinas no menos celebérrimas: Isabel de Inglaterra, Madama Chiang Kai .

Fotos de Eva Perón

Comienzo de su vida política

Pronto le tocaría vivir un papel a la altura del de esas mujeres. Papel muy discutido y no esclarecido todavía. ¿Lloró en el hombro de Perón cuando le detuvieron en las jornadas de octubre y le animó a que saliera del país y a que pidiera el retiro? ¿Le azuzó, por el contrario, para que entrara en liza y se debió a ella la aparición de Perón en el balcón de la Casa Rosada, momento que marcó el punto más alto de su popularidad, el 17 de octubre, y que fue el primer acto de una política que duraría exactamente diez años y cuyo final no llegaría a ver Evita?

Las jornadas de octubre son tan importantes en la vida de Evita que es necesario entrar en ellas con algún detalle.

En primer lugar, todo el episodio parece haber estado relacionado desde sus comienzos con Eva. Es verdad que Evita fue luego un pretexto para los dos bandos y que sin ella probablemente la crisis también se habría producido. Pero el hecho es que a partir de ese momento, octubre del 45, Perón parece no dar un paso sin contar con la anuencia de la que muy pronto habría de ser su esposa.

A mediados del 44 Perón habla liquidado el G.O.U., el "Grupo de Oficiales Unidos" de los que habla surgido la revolución: el Gobierno de tacto que habla llevado a los militares al poder. De repente, los borraba de la escena política sin que al mismo tiempo pudiesen hacer nada por impedirlo los componentes del grupo, porque sería volver al régimen que habían pretendido borrar en el 43. Perón estaba por aquella época en su mejor momento, física y mentalmente. A las ocho de la mañana ya estaba en el Ministerio, cualquiera que fuese la hora a la que se había acostado -y a Evita le gustaba trasnochar-; seguía recibiendo y cambiando Impresiones durante el almuerzo; dormía la siesta -costumbre Inviolable- y por la tarde acudía a Trabajo y Previsión. Porque era allí donde estaba forjando su mejor arma política y fue esta cartera, la niña de sus ojos, la que luego cedió a Evita.

"Irónico, emotivo, humorista, exagerado", así le motejan quienes le conocieron por aquella época; habilísimo, desde luego, para el juego del poder. Con su vozarrón y su sonrisa, daba una sensación de optimismo, "parecía que llevase siempre un clavel en el ojal". Evita le aguardaba en casa y la charla y la conversación se prolongaba hasta altas horas de la madrugada. En esas charlas ella aprendía, y mucho. Desde el balcón de la casa, el coronel tuvo a veces que arengar a la multitud. Allí se hizo fuerte en algunos momentos en que pensó que irían a buscarle y asesinarle, pues crecía la envidia entre sus propios compañeros. Había muchos que se creían con los mismos méritos que él. Estaba, por ejemplo, el coronel Enrique González, inteligente y ambicioso, que deseaba sustituirle; el teniente Rocco, que aspiraba al cargo de correos y Comunicaciones para el que Perón acabó por designar a un íntimo amigo de Evita protector de la familia y director de Radio Belgrano: Oscar Nicolini. Aquello fue ya demasiado.

La Influencia de Evita proporcionó, pues, el pretexto mejor. "Sepárese de esa mujer: el Ejército no considera decorosa esa llaison". Perón se negó. No podía ceder en un asunto que atañía a su vida privada.

Fuera de los militares, las presiones también eran tenaces. Estaba, por ejemplo, todo el campo liberal, que se había reagrupado en lo más recio del invierno, en agosto anterior, en torno al embajador norteamericano. Perón se avino a hablar con él en su despacho y el embajador salió furioso, olvidando el sombrero con el que jugaron luego los edecanes. No, tampoco en esto podía ceder: la soberanía del país era un asunto privado de los argentinos.

En septiembre hubo en la plaza del Congreso una grandiosa concentración. La multitud se puso en marcha al grito de ¡Muere Perón! Se tituló esta marcha la "Marcha de la Constitución y de la libertad" y para protestar contra ella los tranviarios se declararon en huelga. Pero eso no Importaba, porque la mayor parte de los que acudieron tenían coche. Gran parte de la clase obrera, pues, estaba ya en manos de Perón aunque el Gobierno, del que Perón formaba parte, estuviera prácticamente caldo. «Nadie daba un peso por Farrell ni por Perón.» Perón astutamente, tra taba de salvarse. ¿Lo conseguiría?

Cuando se firmó el nombramiento de Niccolini, el general Avalos, amigo íntimo de Perón, fue a verle y a pedirle que revocara el nombramiento. Evita estaba presente en la entrevista: «No cedas», le dijo. Y luego: «Lo que tendrías que hacer es dejarlo todo y retirarte a descansar. Que se arreglen como puedan». Los militares consideraban el nombramiento de Niccoliní como una prueba más de la influencia de Evita. Perón Insistió en que ni siquiera se habla enterado; el nombramiento lo habla firmado Quijano, su ministro del Interior, un radical que habla sido una de las primeras conquistas del peronismo. La insistencia le pone tan furioso que al día siguiente, cuando va al Ministerio de la Guerra, acompañado de su fiel Mercante, tira la gorra al suelo: un gesto similar al que había llevado a cabo cese búfalo, de Braden sólo dos meses antes. Ese día Perón cumplía cincuenta años y aprovechó para recordar que habla dado treinta y cinco al ejército. Pero si se me ratifica la confianza serás vos el que te retires, dice a Avalos. Firma la renuncia a los cargos y la solicitud de retiro y se va a casa, donde Eva le sirve una cena fría que devora rápidamente vestido con un fulgor rojo, muy en consonancia con los refinados gustos de que siempre dio pruebas aun en los momentos de mayor tensión. A sus fieles de la Secretaria de Trabajo ¡es dijo: "No les digo adiós, les digo hasta siempre". Y aunque sonaba un poco a tango había en aquellas palabras un fondo de verdad.

En el «Club Militar, de la Plaza de San Martin algunos hablan propuesto matar a Perón. Fuera, los liberales celebran ya de antemano su caída; es decir, los ricos, la oligarquía. Dirían luego los peronistas que se encontraron en la calle restos de caviar, pavita y champán. A la mañana siguiente Perón se fue de Buenos Aires al volante de su automóvil. Dentro, a su lado, Evita.

Un amigo le llevó a una Isla del Delta. Fue allí donde le detuvieron tres días más tarde, paseando con Evita. Eva lloró. Perón pidió Inmediatamente que le llevaran a una cárcel militar. Subió a la cañonera Independencia y le llevaron a Martin García. Desde allí, con su letra floreada, escribió a Evita: "Mi tesoro adorado: Sólo cuando nos alejamos de las personas queridas podemos medir el cariño. Desde el día que te dejé allí, con el dolor más grande que puedas imaginarte, no he podido tranquilizar mi triste corazón. Hoy sé cuánto te quiero y que no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad sólo está llena con tu recuerdo… Viejita de mi alma, tengo tus retratitos en mi pieza y los miro todos los días con lágrimas en los ojos. Que no te vaya a pasar nada porque entonces habrá terminado mi vida. …tesoro mío, tené calma y aprended a esperar. Esto terminará y la vida será nuestra… Mi alma, querría seguirte escribiendo todo el día… pero falta media hora para que llegue el vapor. Muchos, pero muchos besos y recuerdos a mi chinita querida. Perón".

La prisión de Perón no duró mucho. Apenas lo suficiente Como para escribir esta carta. A los tres días estaba de vuelta en Buenos Aires, oculto en el Hospital Militar. Eva había quedado en el piso de la calle de Posadas. Hay quien dice que recorrió las fábricas de Avellaneda levantando a los obreros; otros, que envió a Bramuglia para pedir el habeas corpus y poderse Ir con Perón a Uruguay. Perón ya le habla propuesto casaras con ella; eso queda claro. ¿Fue ella quien le sacó del Hospital Militar, le obligó a vestirse y acudir a la Casa del Gobierno, donde la multitud que se habla congregado en la plaza de Mayo le reclamaba gritando: "Mañana es San Perón, que trabaje el patrón"?

La gran jugada de Perón habla tenido éxito. Ocho días más tarde se casaron. Un funcionario de Junín se presentó en Buenos Aires y los casó, el 22 de octubre a las 19,30 (1945). Ella llevaba un traje sastre color marfil (su indumentaria, luego, preferida). Fueron en viaje de boda a La Plata, pero regresaron en seguida. Les esperaban demasiadas cosas, entre otras la gira electoral, pues la baza gigantesca de Perón, la de solicitar su retiro y firmar su renuncia, respondía al decreto que se estaba elaborando para convocar nuevas elecciones. Quijano había dimitido también, luego de haber firmado el decreto. Fue su último acto como ministro del interior. Ahora las puertas quedaban abiertas y Evita no se separarla de él jamás.

Durante la gira electoral la palidez de Evita hizo pensar que estaba embarazada. Perón no habla tenido hijos con su primera mujer; no los tendría tampoco con ella. La palidez era el preludio quizá de la enferme dad mortal que le aquejaría en menos de un quinquenio. Pero nadie podía prever por entonces que le quedaban cinco años de vida (más dos de supervivencia). Porque aquellos años fueron maravillosos para Evita. Sus sueños de niña se realizaban. Ella misma lo diría más de una vez. El 4 de junio, cuando Perón fue otra vez a la Casa de Gobierno, Evita iba en un coche detrás. Y ya no era Evita, la compañera. Evita, sino doña María Eva Duarte de Perón.

Presidencia de Perón

Nada más ser elegido Perón para la presidencia tiene ella ocasión de resarcirse de todos los desaires que de la sociedad burguesa ha tenido que soportar. En Buenos Aires funciona una organización, la Sociedad de Beneficencia, de la que ha sido siempre presidenta nata la esposa del primer magistrado. La junta de damas vacila en ofrecerle el cargo. Ella lo reclama. Es más, tiene la ironía de sugerirles que se lo ofrezcan a su madre. Doña Juana es por entonces una dama gruesa, con lentes de cadenita, de rostro bondadoso. Cuando las damas de Buenos Aires hacen remilgos ante el nombre de doña Juana, la esposo del presidente disuelve la sociedad, alegando que la palabra «beneficencia" le parece ofensiva y la sustituye por una fundación que lleva su nombre y que empieza con diez mil dólares, para contar en seguida millones: es el primer paso de una obra que será la obra de su vida y a la que se entregará de una forma cada vez más intensa, casi delirante.

También Perón ha visto que Eva es algo más que una compañera, que es una militante; o, si se quiere, una actriz consumada que está esperando representar su papel. Sin duda es un buen agente de relaciones públicas: joven, de bonita figura (las piernas carecen de esbeltez, pero afortunadamente se va larga), cutis pálido, hermosos ojos y hermosos bucles rubios (Perón la conoció ya rubia) que a veces, se convierten en un severo moño presidencial. El peluquero y la manicura es lo primero que recibe todas las mañanas. Lee el correo mientras se deja arreglar. Luego va a la Casa de Gobierno o al Ministerio. Perón le ha asignado un puesto en la Secretaria de Trabajo y Previsión. Almuerza en el Hogar de la Empleada, vuelve a última hora al Hogar. A veces, se canta y se charla allí hasta la madrugada; ha conservado de sus tiempos de teatro la costumbre de trasnochar.

Viaje a Europa representando a la Argentina

En 1947 tiene lugar el viaje a Europa. "Llevaré al Viejo Mundo un mensaje de paz y de esperanza", dice. "Iré como representante del pueblo trabajador, de mis queridos descamisados a quienes dejo el corazón".

Pero, naturalmente, tiene que representar bien a su país. Un Douglas especial de las líneas aéreas españolas, con dormitorio, salón y tocador la trasladará a España, haciendo escala en las Islas Canarias. Le acompañan su secretaria personal la señora de Guardo, Juancito, Alberto Dodero, un rico naviero y el padre Benítez que ha oficiado la ceremonia religiosa de su boda y será quien le dé la extremaunción. Al llegar a Canarias, los representantes del Gobierno del general Franco, entre los que se encuentra el almirante Carrero Blanco, la en por el Ecuador. Su peluquero, sus azafatas personales y su Inmenso equipaje le esperan en Madrid. Tras haber recorrido España y haber recibido en todas partes un sin fin de homenajes, doña María Eva Duarte de Perón vuelve a tomar el avión en Barcelona para trasladarse a Roma, donde le espera Pío XlI. «Me he enconisma en la Madre Patria, dice antes de marcharse. «El amor más grande nace en una mujer solamente cuando su corazón coincide con el ritmo eterno de la armonía eterna.- Cuando vuelva a Madrid, veinte años más tarde, lo hará metida en un ataúd.

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