Eva Perón

Biografia OpusVida por diablillo

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En Roma la recibe Pío XlI. Hay quien dice que no ha salido de la entrevista todo lo complacida que debiera, aunque es -de esto no cabe duda- una creyente católica. ¿Deseaba que el Papa le hubiese otorgado un título pontificio como ha hecho con otras señoras de la buena sociedad? El príncipe Ruspoli la hace pasar a la Biblioteca donde tienen lugar las audiencias privadas y la acompaña luego a ver el Vaticano. De Gasperi y Sforza la reciben en el Quirinal. En Francia, la espera también el jefe del Gobierno. La visita a Suiza resulta fallida: se la recibe con hostilidad. Por último, atrozmente fatigada (su fatiga es tanta que dicen que ha arrojado un zapato a Dodero) va a reposar a una finca que tiene Dodero en Biarritz, antes de volver a su país. Se hacen chistes comentando su g ira: Se dice que Perón le ha telegrafiado: "Evita, besos y abrazos", subrayando el nombra utilizado como verbo. Todas las noches habla por teléfono con Perón, el cual le dice como en Martín García: "Evita, te necesito"… Un periódico francés publica un suelto malintencionado: "La star Evita Perón ha encontrado el rol de su vida. Pero su voz armoniosa que ha encantado a los gauchos, ¿calmará la sed de reivindicaciones de los argentinos descontentos?"

Esto es lo que se propone hacer nada más llegar. Y aquí empieza realmente la parte más extraordinaria de la vida de Eva Perón, que pronto será Eva Duarte a secas. Porque apenas la cenicienta se ha transformado en princesa cuando la princesa ha de cambiar de papel. Y este, el tercero y último papel que desempeñe en su vida, será el más extraordinario y el más discutido.

La Evita del pueblo

Evita aspiraba al papel de madonna de los humildes. El papel de la señora elegante ya lo habla cumplido. "Es un papel sencillo y agradable: vestirse, engalanarse… Ya lo hice en el cine". Sólo que ahora lo hacía en una escala mucho mayor. El viaje a Europa habla sido para la cenicienta de Junín como el baile del príncipe. En su guardarropa se amontonaban los trajes de Dior, Fath, Balenclaga, los zapatos hechos en Florencia por Ferragamí o en París por Perugia, las joyas de Van Cleef y Arpeis. Se comportaba como una diva. A Pío XII le habla hecho esperar; habla hecho esperar al Caudillo de España, simplemente porque no le gustaba el peinado y decidía a última hora hacérselo cambiar.

Pero a la vuelta de Europa, como sí tuviera el presentimiento de que habla de vivir poco, su conducta se transforma. Se entrega de lleno a su obra de la Secretaria de Trabajo y Previsión. El aparato que presidía sus movimientos era grande. Aunque ella se proclamase constantemente criatura de Perón -" todos o casi todos tenemos un día maravilloso; para mí fue el día en que conocí a Perón"-, lo cierto es que la gente sabía que el camino más rápido para llegar a Perón pasaba por Eva. Si antes de casarse su influencia era grande, después de la boda y una vez llegado Perón a la Presidencia su influencia fue aún mayor. Los ministros lo saben, los negociantes cuentan con ello. Se dice que ella ordena a los ministros: "Che, conejito, tráeme una taza de café". Una llamada telefónica "¿Quieres hacerme un favor?"- de ella cambia el rumbo de una empresa.

Finalmente, lo saben también los humildes, y en este sentido -ya por los mismos sentimientos que le hablan hecho enfrentarse con la oligarquía, ya por auténtico amor y preocupación-, nunca una mujer en la cima del poder hizo, como ella, tal labor y sobre todo de tan apasionada manera.

Durante horas y horas pasaban por la Secretaría de Trabajo, por la Fundación, los necesitados. Todas las miserias humanas se ponían en movimiento; el patio de Monipodio, también. Pero ella tenía instinto y no era raro que alguno saliera a la calle a viva fuerza. El paralítico que necesitaba un sillón, la viuda que no tenía oficio ni beneficio, el albañil que no podía dar de comer a sus hijos, la huérfana que no tenía asidero ni cobijo o simplemente la señorita venida a menos que no podía pagarse unas clases de corte y confección, era raro que no encontrara remedio en el acto. Bastaba un simple gesto al cajón, gesto a veces repetido: uno, es poco, toma doscientos pesos más….. Y los doscientos pesos podían ser doscientos mil. ¿De dónde provenía el dinero? ¿De las Cajas de Ahorros? La marea subía de los suburbios, acudía de los pueblos más alejados, venia de las provincias: se lanzaban a sus pies, querían besar su mano… Era un espectáculo conmovedor e Inquietante.

Enfermedad de Evita

Evita iba a ser, ella también, conmovedora e Inquietante. Su palidez, su flacura se acentúan. Trabaja demasiado, le conviene descansar. Cuando se lo dicen a Perón, Perón responde: "¿Y qué vamos a hacerle? Es lo que a ella le gusta". Vuelve a trabajar de noche, hasta altas horas de la madrugada. Su autoritarismo se exacerba, a medida que la enfermedad crece, enfermedad en la que no quiere creer, que no acepta, pero que empieza a cebarse en su esbelta figura. "Me gusta el desorden; el desorden es mi medio normal", dice para justificar su método de trabajo que en realidad exige un desgaste enorme No hay papeleo, no hay burocracia. Su popularidad alcanza aspectos legendarios, aunque en realidad no hace más que empezar. Inaugurando el local del Sindicato de Taxistas sufre un desmayo. No, no está en estado de buena esperanza. lvassinevich, que desempeña también la cartera de Educación dice que no es posible diagnosticar. La operan de apendicitis para hacer algo. Dolores, nervios. Perón sonríe, pero en el fondo se adivina su preocupación. Vuelve a su actividad, la coyuntura política es Importante y la baza fuerte sigue siendo la Secretaría de Trabajo. A Evita le siguen haciendo análisis. lvassinevlch va a ver al general: "Mi general, tiene que ingresar en una clínica, tiene que dejar esa actividad". Perón protesta: "Pero si a ella le gusta. Es lo que más le gusta. No quiere morirse en un sanatorio, de esas inyecciones largas que se mueren los ricos". No obstante, se lo dice a su mujer. Elia se irrita, despide a lvassinevich. Y acaba por ser la mejor cliente de la policlínica que lleva su nombre y el nombre de Perón.

Video: renuncia de Evita a la Vicepresidencia

 

Voto femenino y renuncia a la vicepresidencia del país

El Congreso había aprobado la concesión del voto a la mujer, una promesa electoral hecha tiempo antes por Perón. "Daremos el voto a la mujer. Era una de las tantas cosas incorporadas a su programa del programa del ala liberal, que se sintió irritada hasta el punto de que Victoria Ocampo llegó a aconsejar que no votaran, ella que durante tantos años había sido la campeona de los derechos de la mujer. "¿Cómo van a votar las mujeres en un país de machos?" Victoria habla luchado durante mucho tiempo por borrar esa afrenta y ahora se veía arrebatar su mejor triunfo por Evita que habla gritando en Europa: "Soy la esperanza de todas las mujeres del mundo".

En cambio, tuvo que renunciar a la Vicepresidencia. "Soy un pobre gorrión; es él quien me hace volar", insistía Evita. Pero hasta la Vicepresidencia, no. Ella podía ser el doble de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, pero de haberse hecho también con la Vicepresidencia se hubiera visto colocada en una situación sin precedentes: la de ser jefe de las fuerzas armadas en ausencia del Vicepresidente y eso el Ejército no lo podía tolerar. Y Evita renunció a este honor en un acto patético, teatral, en el que apareció vestida con un traje negro. Se llamó aquel día, 31 de agosto de 1951, el Día de la Renunciación y algunos llegaron a proponer que se llamase el día de Santa Evita.

El pobre gorrión tenía plomo en las alas. El "putsch" de Menéndez la habla sorprendido en la cama. A media tarde Evita se hizo levantar, se fue a la Casa Rosada y empezó a telefonear. No podía tenerse en pie. Al día siguiente hubo que, hacerle una transfusión. Cinco minutos después de habérsela hecho pidió el micrófono y empezó a fustigar el "putchs". Era un dramático llamamiento a los descamisados y en su voz se advertía su gravedad.

Últimos meses de Eva Peron

Se había corrido la noticia de que estaba gravemente enferma, de una enfermedad sin remedio: cáncer. Médicos argentinos y extranjeros desfilaron por la cabecera de su cama intentando salvarla. Tarea imposible. La anemia la devoraba, exigía continuas transfusiones. El 12 de noviembre, cuando fue internada en el policlínico que llevaba el nombre de su marido, una multitud interrumpió el tránsito, le llenó la ambulancia de flores. Al día siguiente se llevó a cabo la operación. Está el doctor Finocchiettí y el famoso cancerólogo americano, doctor Pack, a quien se dice que se le ha pagado con una selección de toros de raza. Le extirpan el órgano femenino completo: la operación dura cuatro horas y es preciso practicarle luego una nueva transfusión.

La enfermedad había despertado la fe de Evita. Ella siempre había sido una ferviente católica, pese a que en algún banquete se sentara junto al cardenal Copello con los hombros desnudos (era la moda de entonces). En cierta época Perón se aficionó al espiritismo y el medium Menotti dirigía las sesiones que se celebraban en el yate presidencial Tegara. "A vos que andas enferma te conviene conversar con ese hombre", había dicho a Evita, y Evita: "No quiero emporcarme como vos con cosas mal hechas" había respondido, tajante.

El 11 de noviembre votó desde la cama y su foto fue reproducida en todos los periódicos del mundo. El peluquero habla hecho, sin duda, una obra de arte; no obstante, los estragos de la enfermedad eran visibles. A primeros de diciembre el general la sacó a pasear. Conducía él mismo al volante, como en aquella ocasión que terminó en Martín García. En los templos se hacían rogativas por ella, se iba a Nuestra Señora de Luján, a Rosario, se entraba de rodillas hasta el altar mayor, se asistía a misa bajo la lluvia.

Pero no hubo milagro para Evita. Recae y Perón la lleva en automóvil hasta la Casa Rosada el día de la jura, el 4 de junio. Es la última vez que va a la Casa Rosada: ya no volverá a salir de su habitación, le quedan quince días de vida. El final se acelera, se ¡a o y e gritar. Se queja: "Soy muy chiquita para sufrir tanto". Tiene treinta y tres años cumplidos aquella primavera. Perón me cubre el rostro con un pañuelo perfumado. Ella le llama: "Viejito, vení, arreglame la almohada". La familia Duarte se agrupa en torno a ella, acongojada. Y es en esos momentos cuando se produce ya en torno a la cama, como se produce en torno a 'la cama de todos los agonizantes, la separación; la separación que conducirá a Juancito el bondadoso, hidalgo y débil Juancito al suicidio, a un año de distancia. Hay un momento en que Evita grita y se pone de píe. No quiere morir, es demasiado joven para morir así. "Quítate la máscara, le dice a su marido. Quiero verte un poco, todavía"

Fallecimiento de Eva Perón

El 26 recibe la extremaunción de manos del padre Benítez, jesuita, el mismo que los habla casado siete años antes, no mis. Está agotada, no siente ya el dolor; no lucha. Entra en coma, a las 20,15 vuelve en si un momento. A las 20,30 muere. Todas las campanas de la Argentina tocan a duelo. En la calle alguien ha visto su rostro en la luna. Un médico aragonés, Pedro Ara -el mismo que arregló el cadáver de Lenín- entra en la habitación y la embalsama. Estaba amortajada con una túnica lila y lleva en las manos un ramo de orquídeas. El ramo será sustituido todos los días mientras está expuesto su cadáver en la CGT. Fuera, la multitud espera bajo la lluvia la ocasión de verla. Se fantasea hablando de canonización. En Chivilcoy le han hecho un entierro simbólico en el panteón familiar de los Duarte. Al fin podrá estar con su papá.

A la caída de Perón, tres años más tarde, el cadáver de Evita desaparece de la CGT, donde desde entonces habla estado permanentemente expuesto. Cuando Perón sale de la Argentina, el cadáver desaparece. Y a su alrededor sería una nueva leyenda. ¿Oué se ha hecho de él? Hay quien dice que fue llevado a un banco, otros que a un cementerio provincial. No falta quien afirma que fue arrojado al mar. Pero estos últimos se equivocan: quince o diecisiete años más tarde, el cadáver de Evita fue sacado del país por un franciscano, con nombre supuesto, y enviado a Roma, donde ha estado enterrado todos estos años, también bajo nombre supuesto… Todo ello asegura la continuidad de la leyenda.

No llores por mí Argentina

Don't Cry for Me Argentina (No llores por mí Argentina) es la canción más conocida del musical Evita, creado en 1978 por Andrew Lloyd Webber (música) y Tim Rice (letras). El tema representa un emotivo discurso de Evita en el balcón de la Casa Rosada, frente a las masas de descamisados, tras ganar Perón las elecciones presidenciales de 1946 y convertirse ella en la Primera Dama de la Argentina. La canción ha tenido mucho éxito en diversos países, gozando de gran popularidad, este musical a su vez fue inspiración para la película-musical, que lleva el mismo nombre, protagonizada por Madonna (Evita), Jonathan Pryce (Perón) y Antonio Banderas (Ché), dirigida por Alan Parker.

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