John Stith Pemberton

Biografia OpusVida por dina

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La bebida se comenzó a vender en la ciudad de Atlanta con mucho éxito y se promocionó entonces como «un tónico efectivo para el cerebro y los nervios». En el mismo año la farmacia Jacobs de Atlanta puso en venta el primer vaso de Coca Cola, bebida preparada con hoja de coca, nuez de cola, cafeína, unas esencias y varios aceites. En su primer anuncio publicitario en el rotativo Atlanta Journal el 27 de Mayo de 1886 se anunciaba la bebida como «Deliciosa, Refrescante, Estimulante y Vigorizante». Sin embargo, Frank Robinson fue quien inventó el logo y el nombre “Coca-Cola” usando la combinación de sus ingredientes siendo anunciada así en 1887, año en que se tramitó la patente de los ingredientes de la bebida. Pero nunca registró la marca.

Al inicio y por sus características medicinales, Coca-Cola se vendió por primera vez en bares que no servían bebidas alcohólicas, y que, en la mayoría de las veces, formaban parte de las boticas y farmacias de la época. El producto es descrito como un refresco de bar y como un tratamiento para remediar la tisis. Pero a John Pemberton no le dura mucho el disfrute de su invento ya que muere el 16 de agosto de 1888 a los 57 años de edad. Los periódicos le llamaron “el más antiguo farmacéutico de Atlanta y uno de sus ciudadanos más reconocidos”. Poco antes de su muerte vende su fórmula al señor Asa Candler quien pronto se convertiría no sólo en el hombre más rico de Atlanta y Estados Unidos, sino uno de los más ricos del mundo.

El segundo dueño, el hombre mas rico

Parece que pagó US$ 2,300 dólares por la empresa, pero no queda muy claro cómo adquirió los derechos de Coca-Cola. El abogado Price Gilbert que trabajó para Asa Candler le dijo a un amigo: “Si yo contara lo que sé de los comienzos de Coca-Cola, mi relato sería muy comprometedor”. De cualquier manera, ya para 1889 Asa Candler era el único propietario de la empresa Coca-Cola. Su ambición fue terrible. A la viuda del inventor de la Coca-Cola, Cliff Pemberton, le negó incluso una pensión de US$50 dólares mensuales, cuando en ese año Candler anotaba que “La demanda de productos ha superado nuestra capacidad de oferta (…) Las ventas alcanzan un promedio diario de 7,580 litros, de los cuales Atlanta cubre cerca de 3,790.” Para entonces había invertido US$22,500 dólares en ingredientes y las ganancias eran aún más cuantiosas. A finales de ese año definió así la situación de la Compañía: “pocas organizaciones podrán mostrar una situación financiera más satisfactoria” dijo, señalando que las ventas habían superado 1.061.200 litros de jarabe al año. “Esto significa que hemos vendido 36 millones de medidas Coca-Cola. Contamos con USD$200 mil dólares en efectivo y poseemos bienes raíces por valor de USD$50 mil dólares. Y todo esto a pesar de haber invertido USD$48 mil dólares en publicidad, y USD$38 mil en bonificaciones y USD$11 mil dólares en impuestos forzosos a raíz de la guerra. Esperamos recuperar esos injustificados gravámenes y recurriremos al tribunal para lograrlo”.

En 1891 la publicidad era más agresiva. Aparecieron las «Coca-Cola Girls» en calendarios y carteles publicitarios que durarían por décadas. Las mujeres atractivas y semidesnudas ayudarían a incrementar la venta del refresco entre la población masculina, sobre todo en los momentos de guerra. Para 1892 Candler veía una mina de oro y decidió registrar la marca. Pero al llegar a las oficinas de patentes se topó con una mala sorpresa: alguien ya había registrado nueve años antes el nombre de “Coca-Cola”, y se llamaba Benjamín A. Kent, de New Jersey. Su bebida era a base de hojas de coca y cola, tónico «reconstituyente» que contenía bastante cafeína, cocaína y whisky conocido como el “espíritu de cereales». Candler se lanza entonces feroz contra Kent en un juicio y lo gana. Será entonces hasta 1893 que se registra el nombre de Coca-Cola y la empresa comienza con un despegue de ganancias increíble.

Para Asa Candler parte del atractivo de la bebida se debía a que supuestamente aliviaba la digestión y también por su publicidad: “deliciosa, refrescante, sensacional”, “tónica cerebral ideal”, “vuelve alegre al melancólico y fuerte al más débil”. Cuando el consumo aumentó en la población infantil su publicidad usaba a niños con la leyenda: “Nosotros tomamos Coca-Cola”. La fórmula secreta de Coca-Cola se identifica con el código 7x que todavía se guarda con mucho recelo en las bodegas de Atlanta. El consumo de coca colas era tal que se hablaba ya de la adicción a la Coca-Cola una vez eliminada la adicción al alcohol. Un colaborador suyo le sugirió: “¿No podríamos simplemente eliminar la cocaína? ¿En verdad es tan importante?”. A lo que Candler respondió: “¿De modo que Ud. propone que cambie la fórmula de la bebida más popular por los rumores de algunas mujeres histéricas?. “¡Nunca! ¡No hay nada malo en la Coca-Cola!”. Y su ambición aumentó.

Se utilizaron los tranvías de Atlanta para llevar su publicidad. En 1894 se mandaban por correos cupones que se podían canjear en los locales y bares que se adornaban con la propagan de la empresa, por una coca-cola gratis. Los dueños sentían que adornaban bonita su tienda con los anuncios de Coca-Cola. Se compensaron más de USD$7 mil dólares durante este año y el siguiente, que equivalían a más de 140 mil bebidas gratis. Desde entonces se inventó el sistema que hoy conocemos. Y así empezaba la coca-cola-adicción con mucho furor. Según contaba Mary Gah Humpreys en 1894, el mayor mérito de Coca-Cola era su carácter “democrático”: «… un pobre bebe cerveza, un millonario bebe champagne, pero seguramente los dos beben Coca-Cola.» En este mismo año se le ocurre a Caleb Bradham inventar la Pepsi, un tónico elaborado con pepsina, una enzima que ayudaba a la digestión de las proteínas. Pero no le fue muy bien y más tarde en 1922 intentaría vender la empresa a la Coca-Cola cuando sólo tenía dos plantas embotelladoras en los Estados Unidos. La empresa Coca-Cola cometió un grave error: no la compró y ahora es su más fuerte competidor.

Llegamos en esta historia a 1895 y Candler anunciaba que Coca-Cola se vendía en todo el territorio de los Estados Unidos. Cuatro años más tarde por primera vez sale el producto al extranjero vendiéndose en Cuba. En 1897 se comienza a vender por primera vez en Hawai y Canadá. En 1898 se distribuyeron más de un millón de objetos y artículos publicitarios con el slogan «Beba Coca-Cola. Deliciosa y Refrescante». Entre 1894 y 1899 Candler abrió cinco nuevas sucursales y fábricas elaboradoras del jarabe en Dallas, Chicago, Los Angeles, Filadelfia y una oficina en Nueva York. Las ciudades de Philadelphia y Chicago a principios del siglo XX parecían ‘ciudades coca colas’ o sucursales del emporio. Su propaganda estaba por todos lados. Pero no sólo la cultura, la ambición por la ganancia y la propaganda jugaron un papel clave para convertir a la Coca-Cola en un emporio. También la religión, los ritos, el sentimiento de la religiosidad popular local y universal. Desde la Coca-Cola entre los ritos de los indígenas Chamulas en Chiapas, hasta Santa Claus en todo el mundo. Para ello tuvo un gran aliado: su hermano obispo de la Iglesia Metodista, Warren Candler, quien le ayudó a identificar al capitalismo con la religión y el patriotismo típico de la cultura norteamericana. Desde Bush hacia atrás, todo presidente norteamericano ha logrado encender la pasión uniendo el patriotismo con Dios, con la religión.

El 28 de Diciembre de 1899 se reunieron por primera vez todos los empleados de la compañía. Un total de 20 personas. El obispo presidía las reuniones con el personal de Coca-Cola para recibir el adoctrinamiento. Coca-Cola era “¡una bebida enviada del cielo!”. Como “un misionero que va a una tierra extranjera a enseñar los rudimentos de la fe, el hombre de Coca-Cola debe ser un individuo práctico y emprendedor”. En 1904 escribió un libro donde afirmaba que Estados Unidos estaba destinado a liderar el mundo debido a su religión renovadora: “El catolicismo ha hecho del Sur de Europa y de América Latina lo que son; el protestantismo ha logrado algo diferente en Inglaterra, Alemania, Holanda y Norteamérica. En otras palabras, Dios estaba de nuestro lado, al menos sonreía a los norteamericanos que estaban haciendo dinero”. Entre los argumentos favoritos del obispo Candler era que “las discrepancias entre el capital y la mano de obra han sido más frecuentes en aquellas industria en las cuales los trabajadores de los pueblos no evangelizados de Europa continental”. Aseguraba que los pastores eran esenciales en la era industrial: “Lo que (ellos) han logrado para conciliar el antagonismo del sistema social y postergar, si no evitar, el mayor desdoren laboral, difícilmente pueda ser valorado en su justa medida”. Por ello los empleados de la Coca-Cola en Atlanta nunca se afiliaron a un sindicato. Durante las dos primeras décadas, al menos hasta 1910, sus trabajadores no rebasarían las 30 personas y nunca participaron en algún sindicato. Y es que los sindicatos siempre han sido el enemigo acérrimo de la Compañía Coca-Cola, que la ha llevado incluso a ser acusada del asesinato de líderes sindicales como lo veremos más adelante.

Asesorado por su hermano Warren, Asa entrego un millón de dólares a la Universidad de Emory que luego fue trasladada de Oxford a Atlanta. Antes de su muerte, Candler contribuyó con más de USD$8 millones de dólares a este centro universitario. Entre 1900 y 1910 Candler incrementó su emporio empresarial. Su ambición y poder fueron desmedidos. Creó la Compañía de Inversiones Candler y comenzó a adquirir bienes raíces en Atlanta. Construyó el Edificio Candler, de 17 pisos, con seis ascensores, gárgolas artísticas, mármoles pulidos, maderas de caoba, bronces y grandes candelabros de cristal. En la primera planta estaba el banco creado por Candler, el Central Bank and Trust Corporation. En la piedra angular del edificio puso un cofre con su imagen y una botella de Coca-Cola. Procuró la inmortalidad. Puso su nombre y presencia en todos los Estados Unidos, levantando rascacielos en la ciudad de Kansas, Baltimore, Nueva York, todos llamados Edificio Candler. La torre de Nueva York que daba a la calle 42 tenía 25 pisos.

A través de sus consorcios ferroviarios viajaba gratis en cualquier línea y procuraba que en todos los vagones restaurantes se vendiera Coca-Cola. Cuando se desplomó el precio del algodón construyó un enorme depósito y compró a los productores los excedentes a bajo precio. Cuando mejoró el mercado lo vendió a buen precio incrementando sus ganancias. Durante la crisis de 1907 compró cuanta propiedad pudo y resistió a la crisis. En ese mismo año resistió a la campaña liderada por la Asociación de Mujeres Cristianas por la Abstinencia, que argumentaban que un soldado que bebiese 6 botellas al día de Coca-Cola, ingiere la misma cantidad de alcohol. Eso llevó a que el ejército de los Estados Unidos prohibiera el consumo del refresco. Sin embargo, la empresa se mantuvo en pié y sus ventas se incrementaban. Candler era considerado como un gran empresario visionario y hasta un héroe.

Pero para los trabajadores y líderes sindicales Candler era un maleante. En 1908, la Comisión Nacional de Trabajo de menores se reunió en Atlanta para protestar contra las pésimas condiciones en que tenía a sus trabajadores en los talleres algodoneros, donde las mujeres y los menores trabajaban más 14 horas diarias desmontando algodón por 50 centavos diarios. Pero Candler era el presidente de la Cámara de Comercio de Atlanta. Ahí pronunció un cínico discurso: “El trabajo de los menores apropiadamente manejado, en condiciones y ambientes adecuados puede ser un motivo de éxito para cualquier nación (…) El mejor espectáculo que queremos ver es el trabajo de los más jóvenes. En realidad cuanto antes empiece a trabajar un joven más hermosa y provechosa será su vida”. Terminó diciendo que la misión de la Comisión era asegurar que el trabajo de los menores les permitiera llegar a ser adultos honrados, serviciales y laboralmente competentes.

En 1904 Coca-Cola vende su primer millón de galones (3,785 millones de litros). Para darnos una idea, si una persona bebiera dos litros de agua diarios, esta cantidad equivaldría al consumo de agua en un día de 1.892,500,000 personas (un mil 892 millones quinientas mil personas). Desde otro punto de vista, equivaldría al consumo diario de agua de una persona por 5,184,931 años (cinco millones ciento ochenta y cuatro mil novecientos treinta y un años), si los viviera.

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