Laurence Olivier

Biografia OpusVida por dina

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Su paso al cine le vino por un contrato con RKO, pero sus comienzos no eran lo suficientemente satisfactorios para él, la gran pantalla no sabia sacar de Larry esa carga feroz y ese rigor teatral que dominaba. Volvió a los escenarios y a las obras de los clásicos. Era su tierra, su terreno fiel, y en donde podía demostrar todo un talento camaleónico. Pero Hollywood es perro olfateador y como todo buen sabueso vió en Olivier el interprete ideal de la obra de Emily Bronte «Cumbres borrascosas», que dirigió el maestro William Wyler. La creación que hace del personaje masculino es de total antología, dándole la replica una fría y hermética Merle Oberon (papel que en un principio se pensó interpretara la compañera sentimental de Larry, una joven actriz apenas conocida en el cine, y figura importante de la escena londinense, Vivien Leigh. Pero en aquellos años Hollywood buscaba nombres conocidos y ella no lo era. Aquel hermoso papel, aquella mujer libre y enamorada fue al final interpretado fatídicamente por Merle Oberon.

Joan Fontaine y Laurence Olivier en "Rebecca" de Alfred Hitchcock 1940

Compaginaba cine y teatro con el mismo vigor del que era rey, pero su sitio siempre estuvo en los escenarios de todo el mundo, desde Australia hasta Europa , para ser la figura mas importante del arte interpretativo y condecorado en 1947 por la Reina Isabel con el titulo de Sir. Su carrera ya era imparable, hizo con Alfred Hitchcock «Rebeca», y con otros directores «Orgullo y prejuicio», «paralelo 49», dirigió e interpretó «Enrique V» y «Hamlet». «Lady Hamilton»……. y una larga filmografía que sería innumerable ir plasmando aquí, uno tras otro. Recibió el oscar en 1946 por un fantástico Enrique V, y en el 1948 por Hamlet. Era mundialmente conocido, figura representativa de las artes escénicas, amante de una actriz que comenzaba a ser conocida por el film «Lo que el viento se llevó», y con la que se casó en 1940, formando junto a Vivien Leigh la pareja mas polémica y famosa del mundo.

Estaba claro que, aquel pequeño nacido en Dorking, hijo de un pastor anglicano, ahora, a sus 33 años poseía un nombre importante a todos los niveles del arte interpretativo, y lo conservó fiel y con categoría de rey hasta el final de sus días. Siempre soñó con representar fielmente y con rigor las vidas de los personajes salidos de las plumas de los mas grandes clásicos de la literatura,  y supo demostrarlo de la manera mas grande que un actor puede hacerlo: viviéndolos, haciéndolos suyos, y siendo todos uno dentro de él mismo. No estoy hablando de un actor cualquiera, estoy amigos míos, abriendo la ventana para que entre toda la luz de una institución, un nombre que es baremo en escuelas de arte dramático, y estudios de interpretación. Me estoy refiriendo al actor en este caso, con la fuerza que trasmite solo él y queriendo que salga a la luz, esta vez de mi mano, lo que representa para todos los cinéfilos del mundo, los amantes de la interpretación y sobre todo para mí personalmente, desde que le ví en aquel papel de «Tío Vania», cuando Olivier tenía ya 68 años. Asombroso como cuida la voz, como se desprende de todo gesto inútil y forzado, alargando el tiempo y poder así definir las circunstancias. Su arte es el mas depurado que yo he visto y sus matizaciones increíbles…. Son momentos que como espectador   de cine y teatro jamás pueden olvidarse.

De su vida privada puedo decir que estuvo casado con tres actrices inglesas: Jil Esmond, Vivien Leigh y Joan Plowright. De la primera tuvo a su hijo Tarquin Olivier, autor de un libro autobiográfico titulado «Mi padre Laurence Olivier», de Vivien.. ¿Que puedo decir de esta unión?, merece comentario aparte. Y de Joan Plowright que, vivió los años mas tranquilos de su vida. Esa paz que Larry siempre ansiosamente buscó y que compartió con Joan, dándole tres hijos y volviendo nuevamente a vivir en la campiña inglesa, muy cerca del lugar de su nacimiento, cerca también del castillo que compartió con Vivien Leigh. El condado de Sussex forma parte de ese entorno plácido, relajante y rico en inspiración que el actor siempre necesitó para completar su labor como actor y director. Es como esa crucial escena de «Cumbres Borrascosas», cuando Laurence y Merle buscan su lugar en la cumbre, donde amar, soñar y volar. Laurence Olivier fué siempre un hombre tranquilo, de tradiciones fundamentalmente familiares. Amante de la perfección por encima de todo y de rodearse de un entorno que le proporcionara toda esa riqueza interior que, luego volcaba en sus personajes, dándoles ese toque psicológico que tan magistralmente solo él hacía.

 

El matrimonio entre Vivien y Laurence duró veinte años, desde 1940 a 1960, y fue una de las uniones mas fructíferas del arte, tanto en cine como en teatro. Juntos formaron compañía teatral y recorrieron el mundo, con obras de Shakespeare y otros autores, tanto clásicos como modernos, hasta que en 1960 aquel vinculo dejo de ser real. Tras la ruptura, Vivien que nunca pudo superar el divorcio, vivió hasta Julio de 1967, recordando al hombre que mas amó, al compañero que le proporcionó toda una disciplina profesional, y sobre todo a la persona que marcó su existencia en todos los paralelos de la vida del ser humano.

 

El sentimiento de Olivier hacia Vivien, queda perfectamente reflejado en una frase de sus memorias «Confesiones de un actor»:

«- No creí que fuera posible amar a alguien tanto y tan completamente o que alguien fuera  tan maravillosamente prodigiosa en todo lo que mas le gustaba. Como nos habíamos acostumbrado y llegar a ser firmes en nuestros pensamientos y a tener paz en nuestro corazones, nuestra vida juntos llegó a ser increíblemente bella. Habíamos pasado por terribles dificultades durante dos años, pero nuestro amor lo justificó todo hasta el final – «.

Maravillosa definición del sentimiento de un hombre hacia una mujer, dejando de tener sentido cualquier comentario al respecto que yo pueda hacer ahora. Basta con analizar la frase para sacar las conclusiones de la vida en común de dos seres tocados por la magia del arte.

Volviendo a aquella mañana de Julio de 1989, y a la esposa que le acompañó en sus últimos días:

Joan Plowright tenia la sensación de que le habían arrancado algo dentro de su cuerpo. Triste, vencida, pero llena del vigor que Olivier siempre le inculcó, estando allí, deshecha en lagrimas, notó que alguien estaba en pie a su lado, y aquel que estaba tenía los cabellos como la lana fina….

Este levantó la mirada y le dijo:

– «Hasta aquí has tenido el perfecto conocimiento de Dios. Desde ahora en adelante tendrás su amor también……. ¿por qué lloras?-

Y le besó.

Fuente: www.Avizora.com

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