Lech Kaczynski

Biografia OpusVida por magui

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A las elecciones legislativas anticipadas del 19 de septiembre de 1993 el PC llegó muy debilitado por las defecciones, en buena parte relacionadas con el estilo de mando de Jaroslaw, tachado de sectario e intransigente. La escisión capitaneada por Olszewski, llamada Movimiento por la República (RdR), se avino a cancelar las hostilidades y a acudir a las urnas en alianza con el PC, pero el nuevo sistema electoral, que exigía el 5% de los votos a las listas solas y el 8% a las coaliciones para obtener representación, penalizó a ambos. La lista PC-RdR sólo recabó el 4,4% de los sufragios, así que los hermanos perdieron sus escaños. El Gobierno pasó a manos de la coalición de izquierdas formada por la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD, cuyo principal integrante era el SdRP) y el Partido Campesino Polaco (PSL), con el líder de éste último, Waldemar Pawlak, como primer ministro.

Tras esta debacle, Jaroslaw emprendió conversaciones con partidos doctrinalmente afines para recomponer el maltrecho y fragmentado campo del centroderecha católico. El resultado fue, en mayo de 1994, una no muy convincente «confederación» denominada Convenio por Polonia (PdP), en compañía del RdR, la ZChN, la PL y la Coalición Conservadora (KK). Entonces, ya funcionaba otro bloque de derechas, el integrado por la Unión por una Política Real (UPR), el Partido Conservador (PK), el Partido Cristiano Demócrata (PChD) y la Alianza Cristiana-Campesina (SLCh).

En el VIII Congreso Nacional de Solidaridad, celebrado en Poznán a finales de junio de 1996, el sindicato, bajo la presidencia de Marian Krzaklewski, aprobó la articulación de un frente político capaz de derrotar en las elecciones legislativas de 1997 al Gobierno izquierdista que entonces presidía Wlodzimierz Cimoszewicz, de la SdRP. La iniciativa se concretó en la alianza Acción Electoral de Solidaridad (AWS), que agrupó a una treintena larga de partidos y organizaciones del centro y la derecha emanados del movimiento Solidaridad. Kaczynski fue uno de los cabezas de facción que aceptó embarcarse en el proyecto AWS, que sin la participación de los centristas, a fin de cuentas el partido más fuerte de esta nebulosa ideológica, habría adolecido de una debilidad congénita. En el IV Congreso del PC, en abril de 1997, se dio luz verde a la operación a la vez que Kaczynski era reelegido casi por unanimidad como presidente del partido. En esta cita se oyeron muy alto los mensajes a favor del ingreso de Polonia en la OTAN y de rechazo a las «orientaciones prorrusas» detectadas en ciertos sectores de la sociedad.

Tras constituirse la AWS como una federación de partidos con Krzaklewski de presidente –una duplicidad de jefaturas, del brazo sindical y del brazo político, que terminaría siendo muy perjudicial para el movimiento-, Kaczynski se presentó candidato al Sejm, pero, paradójicamente, lo hizo como independiente en la lista del nuevo partido montado por Olszewski, el Movimiento por la Reconstrucción de Polonia (ROP), que no formaba parte de la AWS, y a pesar de rechazar el ex primer ministro su petición de concurrir en una lista conjunta ROP-PC. El 21 de septiembre de 1997 la coalición de Solidaridad se adjudicó la victoria por mayoría simple con el 33,8% de los votos y 201 escaños. El ROP quedó en un discreto quinto lugar con el 5,6% y 6 escaños, uno de las cuales fue para Kaczynski. El 31 de octubre Jerzy Buzek, un miembro poco conocido de la AWS, formaba gobierno de coalición con la Unión de la Libertad (UW), partido sucesor de la UD.

A los pocos días Kaczynski sorprendió a sus conmilitones con la notificación de su dimisión como presidente del partido, que se mantuvo secreta durante unas semanas. Según él, con esta acción pretendía favorecer la unificación en un solo partido de los integrantes de la AWS. El proceso supondría la disolución del PC, pero ningún sacrificio era poco para resguardar al país «del retorno de los comunistas». El 10 de enero de 1998, al poco de naufragar unas negociaciones con Olszewski sobre la fusión del PC y el ROP, Kaczynski materializó su renuncia a las presidencias tanto del Consejo Político Nacional, el máximo órgano ejecutivo, como del Comité Central del partido. Su sucesor al frente de la primera instancia, Antoni Tokarczuk, descartó cualquier plan de absorción del PC por la AWS, en cuyo seno se acababa de articular un nuevo partido lanzado por Krzaklewski, el Movimiento Social de la Acción Electoral de Solidaridad (RS AWS), y apostó por afianzar la posición interna en la federación.

El 25 de mayo siguiente Kaczynski anunció que se daba de baja como militante del partido que había fundado. No explicó las razones de su partida y se limitó a decir que en lo sucesivo sería un diputado independiente. La prensa achacó esta espantada en dos actos a un enfado por la negativa de los centristas a refundar la AWS –dando lugar a una sola estructura orgánica a cuyo frente él, sin duda, se veía- y, no menos importante, a vetar el nombramiento de Suchocka (UW) como ministra de Justicia del Gobierno de Buzek. Lo que sucedió después fue que Tokarczuk y una mayoría de miembros del PC convergieron con el PChD de Pawel Laczkowski y los restos del RdR que no habían seguido a Olszewski en el proyecto del ROP, dando lugar en septiembre de 1999 al Partido Polaco de Cristianodemócratas (PPChD), con Tokarczuk de presidente y la voluntad de seguir insuflando vida a una AWS que ya estaba dando fuertes síntomas de agotamiento.

En el trienio siguiente a 1998 Kaczynski se mantuvo en la trastienda de la política polaca, aguardando el momento adecuado para, junto con su hermano, lanzar un nuevo proyecto partidista de derechas que sedujera a los descontentos con la gestión gubernamental de la AWS. Lech retornó a la política activa en junio de 2000, cuando Buzek le nombró ministro de Justicia en sustitución de Suchocka, en el contexto de la ruptura entre el núcleo duro de la AWS y la UW, que reclamaba una política económica liberal sin complejos. En el año largo que fungió de ministro de Justicia, hasta que en julio de 2001 fue destituido por Buzek, Lech Kaczynski tuvo tiempo de mostrar sus credenciales de paladín de la lucha contra el crimen, labor que, según las encuestas, gustó a la población.

Una alternativa derechista para el electorado polaco: el partido Ley y Justicia

Las contradicciones del «doble liderazgo» de Buzek, jefe del RS AWS desde 1999, y Krzaklewski, jefe de la federación AWS y que en octubre de 2000 fue vapuleado por el titular socialdemócrata, Aleksandr Kwasniewski, en las presidenciales, unidas a los escándalos de corrupción y a las incertidumbres sobre el curso de la economía y sobre la fecha del ingreso en la Unión Europea (UE), sumieron a una alianza que, a pesar del ancestro común, siempre había sido heterogénea y rica en capitanes con ganas de mandar en un pandemónium de recriminaciones, dimisiones y deserciones.

Los Kaczynski eran de los que más descontentos estaban con la presente situación. Ya en marzo de 2001, con la mirada puesta en las elecciones legislativas de después del verano, empezaron a operar unos comités provinciales que proponían la creación de un nuevo partido de derecha consagrado a la «regeneración» de la turbulenta política nacional. La agrupación tomó un nombre contundente que epitomaba las intenciones de sus promotores: Ley y Justicia (Prawo i Sprawiedliwosc, PiS). El 26 de abril de 2001 Lech fue elegido por Jaroslaw y otros diez legisladores y políticos presidente del primer Comité Nacional del PiS, tras lo cual rechazó el llamado, hecho por Buzek y Krzaklewski casi con tono suplicante, de que encabezara el comité electoral de la AWS, ahora apellidada «de Derecha» (AWSP). Los gemelos estaban decididos a pilotar su propio proyecto de reorganización del campo conservador sin la servidumbre que suponía trabajar desde dentro de la jaula de grillos en que se había convertido la AWS.

La convención constitutiva del PiS tuvo lugar el 9 de junio y en ella participaron representantes de la familia política del ministro de Cultura y Patrimonio Nacional, Kazimierz Michal Ujazdowski, que acababa de establecer el partido Alianza de Derecha (PP) a partir de sendas disidencias de la ZChN y el Partido Popular Conservador (SKL), más algunos tránsfugas del ROP. Aunque el PiS era en una empresa conjunta de los dos hermanos al igual que lo había sido el ya extinto PC, esta vez la jefatura nominal del partido recayó en Lech. Jaroslaw optó por permanecer en un plano ligeramente posterior, desde el cual fungió como una especie de eminencia gris.

Subidos a un discurso polemista y sin hacerle ascos al populismo y a ciertas insinuaciones rupturistas más propias de los partidos anti-sistema, los hermanos Kaczynski preconizaban la dotación de amplias prerrogativas al Estado para combatir la corrupción -de proporciones cancerosas en la función pública, las instituciones políticas y los actores económicos-, castigar severamente la delincuencia común –entre otras medidas, pedían restablecer la pena de muerte para los crímenes más nefandos-, reforzar el control de las fronteras nacionales, universalizar la asistencia sanitaria y la educación escolar, así como expandir la vivienda socialmente protegida, todo con cargo al erario público, y divulgar las identidades de quienes habían estado a sueldo de la policía política comunista.

Cuando vislumbraban el advenimiento de una «Cuarta República» en Polonia, los Kaczynski expresaban su deseo de revisar y superar una forma de hacer política en el país eslavo basada en el amiguismo y en el reparto endogámico de prebendas cuando unos u otros alcanzaban el poder, así como algunas herencias de la transición pactada en 1989, fundamentalmente el borrón y cuenta nueva hecho de los abusos y violaciones del régimen comunista, que había resultado muy injusto para tantísimos polacos represaliados. En otras palabras, no estaban conformes con el modelo de transición democrática sin revanchismos. Por otra parte, no ponían en tela de juicio ni el libre mercado ni las privatizaciones, pero incidían machaconamente en la transparencia del sistema, en los controles públicos y en los mecanismos de corrección social, lo que invitaba a algunos comentaristas a calificar su visión de la economía de «izquierdista», incluso de «socialista», unas etiquetas que, naturalmente, no les hacían ninguna gracia.

En materia de costumbres sociales, el PiS pintaba un autorretrato muy conservador, con constantes apelaciones a la moralidad y los valores familiares, y una oposición tajante a la liberalización del aborto y a la legalización de la eutanasia o los matrimonios homosexuales, en la línea de lo proclamado por el episcopado polaco y la Santa Sede. En política exterior, el partido se mostraba más atlantista que europeísta, estando su lectura del próximo ingreso en la UE restringida a la optimización de las ventajas para Polonia en forma de recepciones de fondos netos, por lo que podía hablarse de un enfoque a caballo entre el euroescepticismo y el eurorrealismo, de carácter eminentemente práctico y utilitarista. Si algo les inquietaba de la futura membresía comunitaria era la sujeción del Estado polaco a los «burócratas» de Bruselas. En resumidas cuentas, el PiS propugnaba que la solución de los problemas de Polonia pasaba por una vuelta a los principios tradicionales de orgullo nacional, orden social, imperio de la ley y Estado protector.

A pesar de su gran potencial electoral, su todavía cortísima vida impidió al PiS dar la campanada en los comicios del 23 de septiembre de 2001, aunque la cuota que sacó, el 9,5% de los votos y 44 diputados, entre ellos Jaroslaw, pareció más que meritoria. Además, en estas elecciones, que depararon un éxito sin precedentes a la SLD y su adlátere habitual, la Unión del Trabajo (UP) –si bien los ex comunistas no alcanzaron la mayoría absoluta-, el PiS hubo de competir por el enorme botín de votos conservadores desmovilizados por una AWSP condenada a la extinción con otras tres formaciones outsider en el sistema de partidos polaco: la Plataforma Ciudadana (PO), una opción más moderada y proeuropea, próxima al centro liberal, que animaban personalidades procedentes de la UW, la AWS y el entorno de Walesa; la sección partidista del sindicato agrario Autodefensa de la República Polaca (Samoobrona), liderado por el carismático Andrzej Lepper y exponente de un conservadurismo rural anarquizante, demagógico y con asomos xenófobos; y, la Liga de las Familias Polacas (LPR) de Marek Kotlinowski, aún más escorada al ultranacionalismo y el clericalismo, que más que euroescéptica era eurófoba.

En adelante, el PiS, situado como la tercera fuerza de la oposición tras la PO y el Samoobrona, ejerció una fiscalización dura de los gobiernos socialdemócratas, crecientemente baqueteados por contratiempos de todo tipo, que presidieron Leszek Miller y Marek Belka, y se apuntó una serie de éxitos en las urnas que le auguraban lo mejor para el gran año electoral de 2005. Lech ganó en noviembre de 2002 la alcaldía de Varsovia, puesto desde el que iba a generar abundantes controversias, y el 18 de enero de 2003, en el congreso del partido, con el objeto de tener las manos más libres para ejercer su mandato municipal, cedió la presidencia a Jaroslaw, que venía dirigiendo la bancada del PiS en el Sejm. Lech se quedó como presidente de honor del PiS, que de paso decidió solicitar el voto afirmativo, aunque sin alharacas, en el referéndum del 8 de junio sobre el ingreso de Polonia en la UE.

Lech, con sus incesantes llamamientos a pararles los pies a corruptos y delincuentes, y a desatar una «revolución moral» en Polonia, era una estrella ascendente de la política nacional, aunque prácticamente cabía decir lo mismo de Jaroslaw. Un observador podía imaginar que los gemelos trabajaban como si fueran una sola persona, pero con dos cerebros, lo que aportaba unas sinergias insospechadas. Tampoco resultaba fácil de decidir cuál de los dos era menos punzante en sus manifestaciones públicas o concitaba menos irritación en sus adversarios. Antes de las elecciones de 2001 los hermanos abrieron la caja de los truenos al denunciar que Walesa tenía a sus espaldas diversos delitos que no especificaron, lo que provocó una demanda por calumnias del ex presidente al segundo de los hermanos. Posteriormente, en mayo de 2003, Jaroslaw fue asimismo denunciado por la SLD por haberse referido a este partido como una «organización criminal».

En las elecciones del 13 de junio de 2004 al Parlamento Europeo, celebradas mes y medio después de ingresar Polonia en la UE, el PiS ascendió al 12,7% de los votos, quedó tercero tras la PO y la LPR, y aventajó a la SLD, que sufrió un descalabro. Las desventuras del Gobierno dirigido por los socialdemócratas, con un rosario de escándalos de corrupción, dimisiones ministeriales, escisiones partidistas y desavenencias en torno a los presupuestos, amén del paro desaforado y la impopular participación en la ocupación militar de Irak, brindaban munición constante a las recriminaciones del PiS. En especial, los Kaczynski hicieron su agosto político a costa de la delicada posición de Polonia en las negociaciones intergubernamentales sobre el nuevo sistema de voto para la toma de decisiones no unánimes en el Consejo de la UE, que era el elemento crucial de la reforma institucional contemplada en el borrador del Tratado de la Constitución Europea.

Miller, con su defensa a ultranza del sistema de cuotas nacionales de votos fijado por el Tratado de Niza de 2000, que privilegiaba a Polonia pero cuya validez había sido circunscrita por la Convención Europea al quinquenio 2004-2009, hizo fracasar el Consejo Europeo de Bruselas en diciembre de 2003. Entonces, el PiS alabó la firmeza mostrada por el primer ministro en la defensa de los intereses nacionales, ya que la alternativa presentada por la Convención Europea y asumida por la Conferencia Intergubernamental, según la cual la aprobación de las decisiones ministeriales por mayoría cualificada requería una doble mayoría, representando la primera al 50% de los estados y la segunda al 60% de los habitantes de la UE, era vista como una grave pérdida de poder para Polonia, que con sus 38 millones de habitantes era un estado miembro de tipo medio-grande, de la categoría de España.

Pero el sucesor de Miller, Belka, toda vez que el cambio de gobierno en España había dejado a Polonia completamente sola ante el resto de socios en su rechazo a la doble mayoría, se plegó a la urgencia de aprobar el texto final de la Constitución Europea en el Consejo Europeo celebrado en Bruselas el 17 y el 18 de junio de 2004, donde aceptó un sistema basado en los umbrales elevados al 55% de estados y el 65% de población. Los Kaczynski reaccionaron de manera furibunda contra la «capitulación» y la «traición» de Belka, quien no sólo se había rendido a una reforma institucional que, según ellos, pese a las modificaciones, seguía siendo lesiva para Polonia, sino que además había transigido con la no mención en la futura Constitución de las raíces cristianas de Europa, algo inconcebible para los partidos católicos polacos.

A raíz de la actuación del Gobierno socialdemócrata en el Consejo de Bruselas, y entonando con las corrientes de euroescepticismo y nacionalismo que barrían Polonia, Jaroslaw y Lech hicieron campaña en contra de la Constitución Europea, que tenía por delante un complicado proceso de ratificación país por país. Así que no pudieron menos que felicitarse del resultado negativo del referéndum celebrado en Francia en mayo de 2005, ya que este no, junto con el que siguió en Holanda días después, hería de muerte a un texto europeo en el que no creían.

Los coqueteos de los Kaczynski con el euroescepticismo se manifestaron también en su rechazo a un programa que persiguiera la adopción del euro en un plazo más o menos corto. El planteamiento de que no había prisa para la mudanza monetaria fue uno de los puntos de fricción con la PO que ahora presidía Donald Tusk, poniendo de relieve que, tal vez, a estos dos partidos del centro-derecha les separaban más cosas de las que les unían, aunque también era cierto que el PiS no se sentía capaz de establecer una alianza electoral más que con los liberales. Otra divergencia importante se suscitó a propósito de las propuestas en fiscalidad: aunque los dos partidos estaban de acuerdo en bajar los tributos, el PiS se opuso a la pretensión de la PO de introducir el tipo de retención único, del 15%, en los impuestos sobre la renta, a las empresas y al consumo (IVA), por parecerle antisocial. Además, la PO no se privó de presentar candidato a las presidenciales, el propio Tusk.

El 19 de marzo de 2005, tal como se esperaba, el alcalde de Varsovia, subido en una cresta de popularidad, anunció su decisión de disputar las elecciones presidenciales de octubre. Simultáneamente, su hermano Jaroslaw presentó el llamado Programa para una Nueva Polonia, que incluía nada menos que un borrador de nueva Constitución nacional, la cual podía y debía «poner los cimientos de un nuevo Estado y de un nuevo contrato social». El texto manifestaba que Polonia era un país basado en los valores cristianos y contemplaba una profunda reforma política, con la reducción de los diputados del Sejm a 360 y los senadores a 30, y el desequilibrio del actual sistema de gobierno, de tipo mixto, en favor del presidente de la República, que recibiría atribuciones hasta ahora privativas del Consejo de Ministros.

Un gobierno dirigido por el PiS, además, establecería una Comisión de la Justicia y la Verdad que se encargaría de investigar y sacar a la luz todas las irregularidades, sinecuras y abusos cometidos por los funcionarios del Estado y los partidos desde 1989. Según Lech, Polonia andaba necesitada de «sentido común, restauración de la justicia y observancia de la ley». El 16 de julio el partido le proclamó formalmente su candidato presidencial bajo el eslogan de Un presidente honesto, una Polonia fuerte y honesta.

El proceso de conquista del poder institucional

En la larga cuenta atrás de las presidenciales del 9 de octubre de 2005, las encuestas situaron en cabeza unas veces a Kaczynski, otras veces a Tusk y otras al aspirante de la SLD, el presidente del Sejm y ex primer ministro Cimoszewicz, a quien el justicialista quiso ningunear tachándole de «muñeca Barbie del poscomunismo». Después de retirarse Cimoszewicz, la carrera de las presidenciales quedó reducida a dos corredores, Kaczynski y Tusk, quien en las últimas semanas se puso por delante. Aunque no podía hablarse de una lucha fratricida, la división del voto un día acaparado por la desaparecida AWS era un hecho. Así, Tusk recibió el respaldo de Walesa y sus simpatizantes, en tanto que Kaczynski se aseguró el parabién del sindicato Solidaridad, que valoraba positivamente la importancia dada a las políticas sociales. Pero al candidato del PiS le salieron apoyos adicionales desde la extrema derecha; así, algunos sectores ultracatólicos rurales apelaron al voto útil en su favor para impedir la victoria de Tusk, detestado en los ambientes reaccionarios por sus credenciales liberales, proeuropeas y laicas.

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