Lenin

Biografia OpusVida por magui

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En el otoño de 1895 tuvo lugar un acontecimiento relevante: se unieron todos los círculos marxistas San Petersburgo. En diciembre esta organización unida recibió el nombre de Unión de Lucha por la emancipación de la Clase Obrera. La dirigió un grupo central, con Ulianov al frente. Los círculos obreros que constituyeron la base de la flamante Unión, contactaban con 70 fábricas de la capital. Se decidió editar un periódico clandestino: Rabocheie Dielo (La causa obrera).

Uniones de Lucha por el estilo de la petersburguense fueron creándose a través de todo el país. La influencia directa que los marxistas ejercían sobre el movimiento obrero en San Petersburgo no pasó inadvertida para la policía zarista, que en diciembre de 1895 detuvo a cuatro de los cinco miembros del grupo central de la Unión, incluido Vladimir Ulianov, y luego a muchos militantes. Pese a aquel deterioro, la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera resistió porque había echado ya raíces en el movimiento proletario. Los obreros progresistas, educados por ella, comenzaron a constituir círculos revolucionarios.

Confinamiento en Siberia

En febrero de 1897, al cabo de más de un año de prisión, fue dictada la condena a los dirigentes de la Unión de Lucha petersburguense: confinamiento en distintos lugares periféricos del Imperio Ruso por tres años. A Vladimir Ulianov se le confinó en la aldea de Shushenskoie, en Siberia Oriental.

En aquel entonces era un lugar sórdido. Quedaba a 600 kilómetros largos del ferrocarril más próximo, y a casi 4.000 kilómetros de la capital. El correo de San Petersburgo tardaba de 13 a 14 días en llegar a Shushenskoie.

No era fácil soportar el confinamiento, y difícil saberse desligado de la labor revolucionaria de todos los días. Al principio Vladimir Ulianov no quería ni mirar a los mapas. En una de las cartas que envió a su familia decía: Tanta era la amargura que me producía desplegarlos y comenzar a ubicar aquellos puntos negros. Ahora ya no me causan impresión, estoy resignado, y puedo contemplarlo con más serenidad.

Pero por muy apenado y amargo que se sintiese a veces, Vladimir estaba lleno de energías y de animosidad. En las cartas que enviaba a San Petersburgo y Moscú pedía libros y revistas (y recibía los más diversos: científicos, políticos, de autores rusos y extranjeros), encargaba misiones, hablaba de su vida y sus quehaceres, se interesaba de lo que pasaba en Rusia.

En su condición de confinado político, no tenía derecho a ejercer de abogado, pero daba en forma no oficial consejos jurídicos a los campesinos y les ayudaba a defenderse contra la arbitrariedad de las autoridades locales. Una vez acudió a él un obrero de las minas de oro, al que su patrono había despedido sin pagarle el trabajo. La consulta que recibió le ayudó a ganar el pleito en el tribunal.

A fines de 1897 Vladimir Ulianov escribió el folleto Tareas de los socialdemócratas rusos, en el cual exhortaba a todos los círculos obreros y grupos marxistas a fundar un partido obrero socialdemócrata único. Este folleto fue muy leído por los marxistas y obreros avanzados de Rusia. Lo encontraban durante los registros y detenciones en los más diversos lugares del país…

En mayo de 1898 a Shushenskoie llegó Nadezhda Konstantinovna Krupskaia. También había sido condenada a tres años de deportación por la causa de la Unión de Lucha. Ya en San Petersburgo Vladimir Ulianov se le había declarado en una de las cartas secretas, químicas (escritas con leche), que le enviaba. Más tarde, encontrándose ya en Siberia, la pidió unirse con él.

Krupskaia informó a Ulianov de las últimas noticias. Eran muchas, tanto alegres como tristes. En marzo de 1898 se logró reunir un congreso de representantes de las Uniones de Lucha, que aprobó el manifiesto sobre la formación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) y eligió su Comité Central. Pero a los diez días escasos la policía realizó redadas en 27 ciudades a la vez. Detuvo a más de 500 personas, entre ellas a dos miembros del Comité Central y a la mayoría de los miembros de la organización moscovita, muy importante.

Pero era ya imposible dar marcha atrás al desarrollo revolucionario del proletariado en Rusia.

Las huelgas organizadas por la Unión de Lucha petersburguense en 1895 y 1896 compelieron al Gobierno a dictar varias leyes restrictivas de las arbitrariedades prácticamente ilimitadas de los empresarios.

Por cierto, las restricciones eran míseras (la más importante consistía en reducir la jornada a 11 horas y media. Pero muchos obreros creyeron en que les era posible mejorar bastante su condición también bajo el régimen reinante, es decir, bajo el zar.

Aquellos estados de ánimo influyeron también en ciertos socialdemócratas, quienes comenzaron a llamarse «economistas, porque exhortaban a limitar la labor en el seno del proletariado a la organización de las manifestaciones de carácter meramente económico y no atentar contra las bases del sistema político.

La aparición de los economistas en Rusia coincidió en el tiempo con el aumento de la influencia que en el seno de la socialdemocracia internacional iban ganando los partidarios del conformismo con los capitalistas, quienes también llamaban a desistir de la lucha política revolucionaria. Por supuesto, los economistas aprovecharon al máximo aquel apoyo tan poderoso.

A Lenin, forzosamente aislado de la labor revolucionaria práctica, le preocupaba el camino que escogería el movimiento obrero nacional: se inspiraría en la ideología socialista y libraría una lucha audaz y consecuente contra el zarismo y el capitalismo, hasta que la clase obrera tomase el poder, o se adaptaría al zarismo y el capitalismo. Ya en las primeras manifestaciones del economismo Lenin

Aparece Iskra

Por fin, el plazo del confinamiento terminó. Pero la alegría que causaba el poder reanudar una activa labor revolucionaria fue empañada: las autoridades zaristas prohibieron a los ex dirigentes de la Unión de Lucha residir en la capital y en otras ciudades universitarias e industriales.

Vladimir Ulianov se instaló cerca de San Petersburgo. Su máxima ambición era unir a los numerosos comités del POSDR dispersos por todo el país.

En los viajes que hacía a las grandes ciudades -a las prohibidas San Petersburgo y Moscú inclusive-, en las reuniones que tuvo con los socialdemócratas volvió a cerciorarse de que los comités carecían de un plan de acción único y se limitaban a realizar la labor local. Tampoco había unidad en lo que se refería a los objetivos del movimiento obrero y a las vías y métodos para alcanzarlos. En muchos comités eran influyentes los economistas. Su periódico Rabochaia Misl (Pensamiento obrero) y revista Rabocheie Dielo (La causa obrera) eran las casi únicas fuentes de las que los socialdemócratas podían informarse del marxismo.

Al principio Vladimir Ilich decidió participar en las conversaciones sobre la convocatoria del II Congreso del Partido, pero las detenciones masivas realizadas en el sur del país le demostraron que era necesario encontrar otro camino para la unión.

Sí, pero ¿cuál? Hubo quienes propusieron convocar una conferencia más reducida y en ella completar el Comité Central. Pero, ¿había garantía de que una tal conferencia no correría la misma suerte que el I Congreso? Además, Ulianov estaba convencido de que era imposible acabar con la división sin poner fin a las disensiones ideológicas. De ahí que antes de convocar el congreso fuese necesario decir abiertamente que existían dos opiniones opuestas respecto a los objetivos del movimiento obrero de Rusia: la de los economistas y la de los socialdemócratas revolucionarios. Era necesaria una amplia propaganda de las concepciones de estos últimos, ya que los economistas divulgaban las suyas. Esto permitiría a las organizaciones locales elegir de manera consciente entre las dos corrientes. Y sólo después de realizada esta labor se podría convocar el congreso del Partido.

Vladimir Ulianov había recapacitado en ello en Shushenskoie. Pensaba en que era necesario comenzar más bien a editar un periódico marxista clandestino en Rusia, que publicara el proyecto de Programa del Partido y organizara los debates en torno del mismo. Esto movilizaría los esfuerzos de las organizaciones locales a la causa de todo el Partido. Pero, en vista de las persecuciones policiales, se podía organizar la edición sistemática de tal periódico solamente en el extranjero.

Viviendo cerca de la capital y viajando de una ciudad a otra y manteniendo una correspondencia intensa. Lenin volcó todos sus esfuerzos en crear una red sólida y bien camuflada de corresponsales y distribuidores del periódico a editar.

Concluida esta labor, se fue a Suiza, a Ginebra. Allí, previa discusión con el grupo Emancipación del Trabajo (fundado en 1883 por el marxista ruso Jorge Plejanov), que aprobó la idea de crear un periódico de toda Rusia, quedó decidido comenzar a editarlo. Integraron la redacción seis personas: tres miembros del grupo Emancipación del Trabajo (Plejanov, Axelrod y Zasulich) y tres socialdemócratas de Rusia (Lenin, Martov y Potresov). Para un perfecto camuflaje se decidió no editar el periódico en Suiza, donde a la sazón estaban agrupados los centros extranjeros de la socialdemocracia rusa, sino en Alemania, en Munich: allí la vigilancia era menor.

El periódico se llamó Iskra (La Chispa). Su primer número salió en enero de 1901.

Vladimir Ilich llegaba al fondo de todas las cuestiones relacionadas con la edición del periódico: trazaba el plan de cada número, redactaba los artículos, se carteaba con los corresponsales y contribuía al máximo a que los números impresos llegaran a Rusia.

En abril de 1901 por fin llegó Krupskaia a Munich, que trabajó como secretaria de la redacción.

Iskra se llevaba ocultamente a Rusia por diferentes vías: Londres, Estocolmo, Ginebra, Marsella (en este último caso ayudaban a hacerlo los marinos de los barcos que navegaban a los puertos rusos del Mar Negro), en maletas de doble fondo, en las pastas de los libros, etc.

En Rusia, los distribuidores se encargaban de que los artículos publicados en el Iskra se reprodujesen con regularidad en otras publicaciones. Encontraban corresponsales y recursos necesarios, mantenían a la redacción informada sobre la vida del Partido y del movimiento revolucionario nacional. En torno a Iskra fueron uniéndose y cohesionándose los activistas del Partido, los revolucionarios profesionales, los obreros avanzados.

Uno de los principales méritos de Iskra fue la lucha enérgica que sostuvo contra el economismo. Lenin escribió su famoso libro ¿Qué hacer? para resumir los resultados de aquella lucha, para dilucidar prácticamente todo lo que preocupaba a la socialdemocracia de Rusia; en primer término, la cuestión clave: la del Partido en tanto que fuerza revolucionaria, dirigente y organizadora del movimiento obrero.

Los contactos entre el Iskra y Rusia fueron proliferando. La redacción recibía cartas de San Petersburgo y Moscú, del oriente y el sur del país. Muchas veces viajaron a Ginebra los propios corresponsales para informar del estado de las cosas, dejar sus señas: quién y dónde vivía, cuál era su ocupación, en qué podía ser útil.

Lenin estaba muy atareado: además de escribir el libro ¿Qué hacer?, redactaba permanentemente los artículos para el Iskra y el texto del Programa del Partido. El Programa -consignaba- es una declaración sucinta, clara y exacta de cuanto el Partido procura alcanzar, de cuanto es objetivo de su lucha.

Entonces se hizo peligroso continuar imprimiendo el Iskra en Munich: los agentes de la policía zarista habían dado con su pista, y aquello podría echar por tierra la red de corresponsales en Rusia.

En junio de 1902 salía en Londres, adonde se había mudado la redacción, el número del Iskra con el texto definitivo del proyecto de Programa. Se podía ya convocar el Congreso.

El Congreso del POSDR

30 de julio de 1903, Bruselas. Local de un almacén de harinas. Allí, ocultándose de los agentes de la policía zarista y belga, se reunieron aquel día 43 socialdemócratas rusos en representación de 26 organizaciones (21 actuantes en Rusia y 5 en el extranjero).

Los caminos que recorrieron los delegados para llegar de Rusia a Bruselas fueron difíciles. Tuvieron que vencer infinidad de obstáculos para, por fin, verse. allí reunidos.

La gran ventana del almacén, la taparon con un paño rojo. Improvisaron una tribuna. Jorge Plejanov, veterano del movimiento socialdemócrata internacional y de Rusia, populista en su juventud y a la sazón uno de los marxistas más reputados, anunció con solemnidad la apertura del II Congreso del POSDR. Todos estaban muy emocionados, todos comprendían la importancia del acontecimiento. Plejanov fue elegido presidente; Lenin, vicepresidente del Congreso.

En la agenda había cerca de 20 cuestiones, de las cuales las siguientes tres eran de máxima importancia: los debates en torno al Programa y de los Estatutos y su adopción; las elecciones a los órganos centrales del Partido.

En el congreso estaban representadas cuantas corrientes ideológicas existían a la sazón en el Partido. Esto no pudo dejar de repercutir en sus labores.

Las discrepancias se acentuaron al máximo al discutirse el proyecto de Programa presentado al Congreso por la redacción de Iskra. Sólo Akimov, un economista propuso 21 enmiendas. Esto se debía a que en el Programa se formulaba lisa y llanamente el objetivo final del movimiento obrero de Rusia: la revolución, socialista y la implantación del poder político de la clase obrera en alianza con el resto de los trabajadores. Con igual claridad se definían las tareas inmediatas: derrocar al zarismo, instaurar la república, adoptar una Constitución que diese al pueblo derechos políticos (Rusia era el único país de Europa que carecía incluso de un asomo de Constitución).

Tras largas discusiones, el Congreso aprobó por inmensa mayoría el Programa del Iskra, señaló los relevantes méritos del periódico para la fundación del Partido y anunció que sería el órgano central del POSDR.

En las elecciones al Comité Central y a la redacción del Iskra los revolucionarios consecuentes, partidarios de Lenin obtuvieron la mayoría. Desde entonces les empezaron a llamar -bolcheviques- (por asociación con el vocablo ruso bolshinstvo, es decir, mayoría); los oportunistas, que quedaron en minoría, recibieron, por analogía, el nombre de mencheviques.

El II Congreso del POSDR terminó sus labores el 23 de agosto de 1903.

Quedaban atrás diez años de infatigable e incesante lucha de Lenin por fundar en Rusia un verdadero partido revolucionario. El resultado fue evidente: el Partido estaba ahí.

La Revolución de 1905

Obligado a vivir fuera de Rusia, en la maldita lejanía, como dijo con amargura más de una vez, Lenin estaba pendiente de los acontecimientos del país, comentándolos y valorándolos sin perder tiempo. Sabía que la revolución sería irreversible y de todo el pueblo y que la encabezaría el proletariado. Por fin, revolución se desencadenó…

En enero de 1905 en la capital estalló espontáneamente una huelga general. La encabezaron los activistas de la Asamblea de los Obreros Fabriles Rusos de San Petersburgo, fundada un año antes con permiso y con recursos de la policía. En los clubes especiales -«salones de té»- donde los obreros se reunían, se les impartían conferencias en el espíritu de la fidelidad al zar. Las autoridades necesitaban aquella organización reaccionaria, compuesta por más de 10.000 miembros, para poder controlar el descontento espontáneo del proletariado.

¿Por qué las masas proletarias se prestaron a ello? Lenin explicó así aquel fenómeno: en la década anterior el movimiento obrero promovió miles de proletarios progresistas que habían roto a sabiendas con la fe en el zar. Pero los obreros eran muchos más. Además, muchos de ellos hasta hacía poco habían sido campesinos. Y a ellos les era sumamente difícil romper con los conceptos arraigados durante siglos sobre un señor bueno, un patrón bueno, un zar bueno […] Estas masas no estaban aún preparadas para rebelarse: sólo sabían implorar y suplicar, escribió Lenin…

El domingo del 9 de enero de 1905 se lanzaron a las calles de San Petersburgo 140.000 personas. Creían que el zar, al enterarse de la penosa situación del pueblo, mostraría solicitud por él. Iban familias enteras. Pero el zar recibió a los indefensos obreros con ráfagas de balas, sables y vergas. Más de 1.000 obreros cayeron muertos, cerca de otros 5.000 resultaron heridos. Muchos niños que había trepado a los árboles para ver al zar sucumbieron víctimas de las balas. Fue el más infame y escalofriante asesinato perpetrado contra indefensas y pacíficas masas del pueblo, escribió Lenin.

Los obreros se vieron estremecidos por la brutal masacre. Hasta la parte más atrasada de la clase obrera que sinceramente deseaba entregar al mismísimo zar las peticiones del pueblo atribulado, recibió una lección inolvidable. Al anochecer, en los barrios apartados se levantaron barricadas.

La horrible noticia de la cruenta fechoría se extendió por todo el país y suscitó la indignación general. Al día siguiente del domingo sangriento comenzó una huelga en Moscú. No había ciudad en que los obreros dejasen de declararse en huelga y de salir a las calles formulando reivindicaciones políticas. La primera consigna fue ¡Abajo la autocracia!. El domingo sangriento del 9 de enero fue el aldabonazo de la primera revolución rusa.

Desde los primeros días de la revolución Lenin comprendió de una vez toda su perspectiva. Comprendió que el movimiento iría aumentando como alud, que el pueblo revolucionario no se pararía a la mitad del camino, que los obreros se lanzarían al combate contra la autocracia. Vencerían los obreros o serían vencidos, se vería cuando la contienda terminase. Para vencer, necesitaban estar bien armados. Es un testimonio que dejó Krupskaia.

En el artículo El comienzo de la revolución en Rusia Lenin escribió que la educación revolucionaria del proletariado ha avanzado en un día como no hubiera podido hacerlo en meses y años de vida monótona, cotidiana, de opresión. Y luego: Cualquiera que sea el desenlace de la actual insurrección en el propio San Petersburgo, será en todo caso, irreversible e inexorablemente, el primer peldaño hacia una insurrección más amplia, más consciente y mejor preparada.

Los acontecimientos revolucionarios en auge imponían la máxima responsabilidad al Partido, que en aquellas circunstancias debía elaborar su táctica y definir su política. Para ello había que ir inmediatamente al Congreso.

Lenin propuso convocar el Congreso a los representantes de todos los comités del POSDR, tanto bolcheviques como mencheviques. Pero los mencheviques se negaron a acudir y convocaron en Ginebra su propio Congreso. En vista de que estuvieron representados sólo 8 comités, lo llamaron Conferencia.

El III Congreso del POSDR se reunió en Londres en la primavera de 1905.

Tanto en él como en la Conferencia menchevique se abordó una misma cuestión: la valoración de los acontecimientos revolucionarios en Rusia y la elaboración de una política del Partido. Pero las resoluciones adoptadas fueron completamente diferentes. Dos Congresos, dos Partidos: así valoró Lenin la situación.

A diferencia de los mencheviques, que dejaban a la burguesía el papel de la fuerza principal de la revolúción comenzada, los bolcheviques captaron el carácter paliativo de la burguesía, afirmando que lo más que ésta haría, sería detenerse a mitad del camino y no permitiría que el pueblo demostrase su autonomía revolucionaria, su iniciativa y sus energías. Mientras que los mencheviques temían que el excesivo espíritu revolucionario ahuyentaría a la burguesía, la haría rechazar a la revolución y de esta manera dejaría al proletariado solo frente a toda la contrarrevolución, los bolcheviques estaban seguros de que aquello no sucedería, si la clase obrera -la principal fuerza revolucionaria- supiera formar la alianza con el campesinado, que no podía por sí solo, sin ayuda del proletariado, apropiarse de la tierra.

Los bolcheviques y los mencheviques divergieron también en lo referente a la insurrección armada. Los mencheviques insistían en que era necesario orientar el desarrollo de la revolución a la vía pacífica, parlamentaria, sin emplear la fuerza armada.

Lenin planteó la cuestión de una manera meramente práctica: ¿quiénes efectuarían las elecciones al parlamento?, ¿qué garantías había de que las autoridades zaristas, apoyándose en sus bayonetas, no otervendrían en el propio procedimiento electoral? o, de no lograrlo, ¿no podrían, apoyándose en las mismas bayonetas, disolver un parlamento molesto? De ahí la conclusión: la fuerza armada de la contrarrevolución podría ser vencida sólo por la fuerza armada de la revolución. Por eso el III Congreso del POSDR encomendó a todas las organizaciones socialdemócratas adoptar las medidas más enérgicas para armar al proletariado, así como para elaborar un plan de insurrección armada y de dirección inmediata de ésta.

En el centro de la lucha

Los acontecimientos fueron desarrollándose en Rusia con rapidez. Hubo grandes huelgas en muchas ciudades industriales. Se multiplicaron los levantamientos campesinos: en el verano de 1905 se registraron en uno de cada cinco distritos. Tambaleó también el pilar armado del zarismo que era el ejército: se sublevaron los marinos del acorazado Potiomkin, de la Flota del Mar Negro.

En vista de los acontecimientos que se desarrollaban impetuosamente, Lenin planteó a las organizaciones del Partido pasar a la lucha armada. Estimó que era de singular importancia formar destacamentos de combate en las grandes ciudades. Los bolcheviques desplegaron también una intensa labor de propaganda y agitación entre los soldados y los marinos, para los cuales editaban más de 20 periódicos.

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