Lenin

Biografia OpusVida por magui

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Asustado por los acontecimientos revolucionarios, el zar prometió convocar el parlamento: la Duma de Estado. Lenin adivinó que con aquella maniobra el zar esperaba enervar el ímpetu revolucionario del pueblo.

En octubre de 1905 comenzó la huelga política general en que participaban en masa los obreros de Rusia; se sumaron a ellas tabién los ferroviarios y los empleados de correos y telégrafos.

E1 proletariado revolucionario empezó a fundar por todas partes los Soviets de Diputados Obreros. Elegidos en fábricas y talleres, éstos se encargaron no sólo de dirigir la huelga, sino también de proteger el orden. Se hicieron más frecuentes los levantamientos campesinos.

Lenin se desvivía por volver al país, para volcarse de lleno en la lucha revolucionaria.

El 30 de octubre el zar, asustado de muerte, emitió un edicto prometiendo que en las elecciones a la Duma de Estado participarían todas las clases de la población, y que la Duma pasaría a ser legislativa, mientras que el pueblo recibiría las bases inamovibles de la libertad civil: una verdadera integridad personal, libertad de conciencia, de palabra, de reunión y de asociación. A las tres semanas de publicado el edicto, Lenin y otros muchos bolcheviques llegaban a la Rusia revolucionaria.

El primer día de estancia en el país, Lenin visitó la fosa común de las víctimas del 9 de enero. No era solamente un acto político. Lenin, que se tomaba muy a pecho la tragedia de la clase obrera -el domingo sangriento- lo hizo también por imperativo de su ferviente corazón.

En Petesburgo, a pesar de la Constitución que el pueblo le había arrancado al zar, Lenin y otros revolucionarios se vieron obligados a ocultarse de la policía. Lenin tuvo que pasar a la clandestinidad, cambiando a menudo de domicilio.

No obstante, podía, por fin, dirigir el Partido y estar en el centro de la lucha. Participó en las sesiones del Comité Central del POSDR y del Comité petersburguense del POSDR, presentó informes en las reuniones y conferencias del Partido, se entrevistó con los cuadros que acudían de todas partes de Rusia. Por último, orientó toda la labor del periódico bolchevique Novaia zhin (Vida nueva).

En diciembre de 1905 la revolución alcanzó en el país su punto álgido. La huelga política general comenzada en Moscú se transformó al otro día en la lucha de barricadas. Durante nueve días varios miles de obreros libraron heroicos combates sin parangón contra las tropas gubernamentales que les superaban en número. Tras Moscú las insurrecciones estallaron en otras muchas ciudades industriales. Pero todas estas acciones desunidas fueron aplastadas.

Sin embargo, el pueblo no se rendía. Las huelgas no cedían. En la primera mitad de 1906 las conmociones campesinas abarcaban ya buena parte del país. Se sublevaron los marinos revolucionarios del Mar Báltico, a quienes se unieron los soldados acantonados en las fortalezas de Sveaborg y Kronstadt…

Pero las fuerzas eran demasiado desiguales, y en la primavera de 1907 el movimiento revolucionario comenzó a extinguirse.

Las autoridades zaristas emprendieron una furibunda ofensiva contra la revolución. Fue disuelta la Duma de Estado, muchos de sus diputados fueron detenidos; fue modificada la ley electoral, restringiendo los mínimos derechos de los obreros y campesinos. Por todo el país menudeaban las expediciones punitivas; miles de hombres fueron fusilados o ahorcados; otros miles, encarcelados o deportados para trabajos forzados…

La policía se puso a buscar a los dirigentes bolcheviques que estaban en la clandestinidad. En vista de ello, Lenin y sus compañeros de lucha se vieron obligados de nuevo a abandonar Rusia.

Reagrupando fuerzas

Lenin volvió a vivir los dificiles años de exilio. De Rusia le llegaban noticias alarmantes. La policía acometía contra las organizaciones del Partido, infiltraba provocadores en ellas y por sus denuncias detenía en primer lugar a los militantes expertos y acreditados. Las cárceles estaban repletas, una tras otra se dictaban penas capitales…

A diferencia de los mencheviques que afirmaban que no había sido necesario empuñar las armas, Lenin y sus correligionarios estaban seguros de que habría otro auge revolucionario, porque las tareas fundamentales de la revolución habían quedado sin cumplir: los campesinos seguían sin tierra; los obreros, sin la jornada laboral de 8 horas. Sobrevivió el régimen autócrata que odiaba el pueblo. A éste le arrebataron los pocos derechos políticos que había conseguido en 1905.

La certidumbre de Lenin de que habría un nuevo auge revolucionario se basaba en que el año 1905 había enseñado al proletariado la fuerza que poseía, la fuerza de la solidaridad de clase.

A1 mismo tiempo Lenin explicaba al Partido que mientras el movimiento revolucionario estaba desangrado, era absurdo exhortar a la huelga general política y menos aún a la insurrección (en el Partido había cabezas locas que lo creían posible). La táctica ofensiva debía sustituirse por la táctica defensiva, de concentración de fuerzas: era necesario poner los cuadros en la clandestinidad y realizar el trabajo en las organizaciones ilegales, pero sin perder contacto con las masas, para lo cual había que aprovechar todas las posibilidades legales.

Lenin estimaba que una de las tareas más importantes del Partido era estudiar la experiencia de la revolución, sus triunfos y sus reveses. ¿Qué enseñanzas proponía? Ante todo, las mejoras importantes en la vida del pueblo y en la administración del Estado podían lograrse sólo mediante la lucha revolucionaria de las masas. Luego, no era suficiente socavar y limitar el poder de la corona, había que destruirlo, porque el Gobierno del zar y de sus acólitos hacía tiempo que se había convertido en el primer obstáculo para el normal desarrollo nacional. Por último: sólo el proletariado, la fuerza rectora de la revolución -y el campesinado, su aliado, podían garantizar el triunfo de la revolución.

Lenin tenía razón: tras varios años de la más cruel reacción, en Rusia comenzó un nuevo ascenso revolucionario. En 1910 en muchas fábricas de San Petersburgo y Moscú estallaron huelgas. Se reanudaron manifestaciones, mítines y otras acciones revolucionarias. Las represalias y persecuciones no podían parar el movimiento que iba creciendo.

En aquel período volvió a observarse una gran afluencia de obreros al Partido. Conscientes de que a muchos de los nuevos militantes les faltaban conocimientos y hábitos de la labor partidista, Lenin y sus compañeros organizaron en 1911 una escuela de Partido. Funcionaba en las inmediaciones de París. Los bolcheviques enseñaban allí los fundamentos de la economía política y de la filosofia, la teoría del socialismo científico. Las clases se desarrollaban como charlas en que participaban todos los presentes. El trabajo era enorme, intenso. Al concluir su preparación, los alumnos volvían a Rusia para continuar la labor práctica del Partido.

La animación del movimiento obrero planteó al Partido una tarea impostergable: trazar un programa claro a las organizaciones del Partido en Rusia. Por eso entre las encomendaciones que se daban a los egresados de la escuela figuraba también la de participar en la organización de las elecciones de los delegados a una Conferencia del Partido que se estaba preparando. Esta conferencia se reunió a comienzos de marzo de 1912 en Praga. En la historia del Partido se conoce justamente como la Conferencia de Praga. La mayoría de los delegados eran bolcheviques, representantes de 20 grandes organizaciones del Partido. Por eso la Conferencia declaró con plena razón que podía considerarse órgano máximo del Partido.

Lenin habló en la apertura, presidió algunas sesiones, presentó informes y levantó acta de toda la labor de la Conferencia. La Conferencia de Praga eligió al Comité Central del POSDR a hombres firmes y valerosos, probados como tales durante largos años de trabajo revolucionario.

El 5 de mayo en San Petersburgo, conforme a una de las resoluciones adoptadas en Praga, salió el primer número del periódico obrero Pravda (Verdad), órgano legal nacional del Comité Central del POSDR. Se editaba con los recursos reunidos y enviados por los obreros y las acciones económicas de los grupos armados bolcheviques. Sin esta ayuda permanente el periódico no hubiera podido existir a causa de las persecuciones policiales: muy a menudo se le imponían multas pecuniarias. Contra sus redactores fueron instruidos 36 procesos judiciales, y ellos tuvieron que pasar en la prisión 47’5 meses en total durante poco más de dos años. En este mismo período Pravda fue 8 veces clausurado por el Gobierno, pero continuaba apareciendo bajo otros títulos. De los 636 números que se imprimieron, 41 fueron confiscados. Lenin dijo que en tales circunstancias la edición del periódico era una notable prueba de la conciencia, la energía y la cohesión de los obreros rusos.

En junio de 1912 Lenin se trasladó a Polonia, a la ciudad de Cracovia, fronteriza de Rusia. De allí pudo entablar los más estrechos contactos con la redacción del Pravda, con los socialdemócratas que eran diputados a la nueva Duma de Estado y con las organizaciones del Partido en distintas localidades. Su correspondencia aumentaba con rapidez y llegó a alcanzar varios cientos de cartas por mes. Sólo el Pravda publicó más de 280 artículos grandes y pequeños de Lenin.

Siendo un periódico legal, Pravda desplegó también una vasta actividad clandestina: hacía llegar las directrices de Lenin y del Comité Central a los comités del POSDR de distintas localidades, los cuales informaban a aquellos de su labor.

Otra tribuna legal en que los bolcheviques podían dirigirse al pueblo en forma directa era la Duma de Estado. Las nuevas elecciones a ésta se realizaron en el otoño de 1912. La ley permitía elegir tan sólo a 6 diputados obreros, de las mayores gubernias industriales. Los bolcheviques ganaron 6 escaños.

Alexei Badaiev, diputado a la Duma de Estado de la gubernia de San Petersburgo, recordaría: Vladimir Ilich nos ayudaba mucho. Después de nuestras intervenciones sobre los temas más álgidos, recibíamos de él cartas. En unas nos elogiaba, en otras nos señalaba nuestros puntos flacos. Nosotros le enviábamos temas de la agenda de la Duma. Vladimir Ilich trabajaba con ellos y nos los devolvía muchas veces con tesis para nuestros discursos. Sobre algunas cuestiones de singular importancia nos hacia hasta los textos completos de discursos.

Los diputados bolcheviques visitaron a Lenin varias veces en Cracovia y en las conversaciones con él obtuvieron también una inapreciable ayuda práctica.

Apoyándose en Pravda, y en los diputados bolcheviques de la Duma de Estado, el Partido consolidó su influencia en las organizaciones obreras legales. Logró atraer a su lado a los sindicatos del metal, del textil y artes gráficas. Obtuvo una importante victoria también en las elecciones a las cajas obreras del seguro de enfermedad, a cuyas direcciones más del 80% de los miembros fueron elegidos por las listas de los bolcheviques.

Todo aquello demostraba que la mayoría de los obreros conscientes y activos del país seguían a Lenin y al Partido que él dirigía.

La Primera Guerra Mundial

En agosto de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial. La desataron dos grupos de países capitalistas enemistados. Al frente de uno de ellos estaba Alemania; al frente del otro, Inglaterra y Francia. La Rusia zarista se sumó al segundo grupo, llamado Entente. Las tropas y flotas de 28 países sostenían una cruentísima guerra en los campos de Europa, Asia y Africa, en las aguas de los océanos Atlántico, Indico y Pacífico. Lenin escribió sobre el particular: La lucha por los mercados y el saqueo de países ajenos, la aspiración a reprimir el movimiento revolucionario del proletariado y de la democracia dentro de los países y el afán de embaucar, desunir y aplastar a los proletarios de todos los países… constituyen el único contenido y significación reales de la guerra.

El célebre escritor ruso Máximo Gorki evocaría lo que Lenin le dijo varios años antes de la conflagración: Reflexione usted: ¿en aras de qué los ricos envían a los pobres a que se maten? ¿Acaso existe un crimen más absurdo y más abominable? Los obreros pagarán un precio tremendo, pero al fin y al cabo ganarán. Es la voluntad de la historia.

¿Fue inesperada la guerra? No.

Advirtiendo en reiteradas ocasiones de que los capitalistas estaban preparándola, Lenin llamó a los partidos socialdemócratas de todos los países a evitarla y, si estallaba, a denunciar sus objetivos reales, profundamente ajenos a las masas populares.

Pero el 4 de agosto de 1914 los diputados socialdemócratas del Reichstag se solidarizaron con los diputados burgueses votando en pro de conceder al Gobierno un préstamo para que condujese aquella guerra injusta. A1 otro día se portaron de la misma manera los parlamentarios socialdemócratas de los países de la Entente: Francia, Inglaterra y Bélgica.

Desde el día de hoy dejo de ser socialdemócrata y me hago comunista, dijo Lenin el 5 de agosto, al enterarse de lo que había pasado en el parlamento alemán.

Al apoyar incondicionalmente a los capitalistas nativos en sus propósitos de conquista, los partidos socialdemócratas traicionaron el principio de la solidaridad internacional de los trabajadores.

Un solo partido -el bolchevique- se manifestó abiertamente contra la agresiva política del Gobierno zarista. Los diputados bolcheviques de la Duma de Estado se negaron a votar por los créditos de guerra.

El 5 de setiembre de 1914 Lenin habló en Berna (Suiza) a un grupo de bolcheviques sobre la actitud del Partido hacía la guerra. Las tesis de este informe fueron enviadas a otras secciones extranjeras del POSDR y a Petrogrado, de donde, al cabo de un mes, se comunicó que los miembros del Comité Central que se hallaban en Rusia, los bocheviques diputados de la Duma de Estado, la organización capitalina y otras organizaciones del POSDR se habían solidarizado con esas tesis, sobre cuya base el Comité Central emitió el manifiesto titulado La guerra y la socialdemocracia de Rusia.

Los diputados bolcheviques de la Duma de Estado recorrieron muchas ciudades, donde en las numerosas asambleas obreras explicaron el manifiesto. Denunciaron la antipopular política de los partidos burgueses que exhortaban a conducir la guerra hasta la victoria y a concertar la paz entre las clases en aras de la victoria. Las consecuencias no se hicieron esperar: fueron detenidos y, pese a su inmunidad parlamentaria, procesados.

La burguesía de Rusia y sus cofrades de otros países de la Entente vertieron sobre los bolcheviques mentiras y calumnias a raudales, cuyo lema era que los bolcheviques menospreciaban los intereses de la patria, que les faltaba patriotismo. En respuesta Lenin escribió y publicó el artículo El orgullo nacional de los rusos explicando lo que significa el patriotismo de verdad. ¿Nos es ajeno a nosotros, proletarios conscientes rusos, el sentimiento de orgullo nacional? ¡Pues claro que no! Amamos nuestra lengua y nuestra patria… Nada nos duele tanto como ver y sentir las violencias, la opresión y el escarnio a que los verdugos zaristas, los aristócratas y los capitalistas someten a nuestra hermosa Patria. Nos sentimos orgullosos de que esas violencias hayan promovido resistencia en nuestro medio, entre los rusos… Nos invade el sentimiento de orgullo nacional porque la nación rusa… ha demostrado que es capaz de dar a la humanidad ejemplos formidables de lucha por la libertad y por el socialismo.

El patriotismo no consistía en apoyar al zar y a la burguesía, que se mezclaron en la carnicería mundial por conquistar y despojar a otros pueblos, sino en luchar contra el zar y la burguesía. Lenin insistía: al lanzar la consigna de la derrota de la autocracia zarista en la guerra imperialista, al pelear contra el régimen social reaccionario que había dado origen a esa guerra injusta, los bolcheviques procedían como patriotas de verdad. En todos los países beligerantes los verdaderos patriotas deberían asumir una actitud análoga. Sobre todo, en el seno de los partidos socialistas y socialdemócratas. En medio de la patriotería que cundió en dichos países, era un llamamiento a la unidad internacional de todas las fuerzas progresistas. La inmensa labor que acometió Lenin requería una extraordinaria tensión de fuerzas. Pero las condiciones materiales de su vida se hacían cada vez más duras. Lenin se ganaba la vida con el trabajo literario. Y en aquel período escribió, por excelencia, artículos y libros de contenido antimilitar, que casi nadie quería publicar. Nunca vivió tanta penuria como en aquel entonces. En lo que se refiere a mi persona, tengo que decir que necesito medios de sustento -confesaba a uno de los compañeros por cuya mediación mantenía los contactos con Rusia-. La carestía es diabólica, y no hay de qué vivir.

El matrimonio Uliánov vivía con modestia: los dos se mostraban muy poco exigentes por lo que hacía a la comida, a la ropa y al confort. Pero nunca escatimaron el dinero para asistir a las salas de lectura, comprar libros, revistas y periódicos en distintos idiomas.

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