Lenin

Biografia OpusVida por magui

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Cualesquiera que fueran las condiciones en que tenía que vivir, Lenin siempre trabajó con perseverancia y distribuyendo con habilidad su tiempo. En Suiza, al realizar una infatigable actividad revolucionaria, estudió a fondo la vida económica y política de los países capitalistas. El producto de estos estudios fue el libro El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en 1916 y que con derecho se considera la continuación directa y desarrollo creador de El Capital de Marx.

Antes ya Lenin había escrito y ublicado el artículo La consigna de los Estados Unidos de Europa (1915), en el cual formuló la idea de que los países capitalistas se desarrollaban a ritmo desigual, por lo cual el socialistno podía triunfar en algunos de ellos y hasta en uno solo. En el libro El imperialismo, fase superior del capitalistno, tras comparar y sintetizar un sinnúmero de hechos concretos, llegó a la siguiente conclusión: El desigual desarrollo económico y político de diferentes países es una ley general del capitalismo. Desigual es el desarrollo de distintas empresas y ramas, ciudades y aldeas, países. Esto significa que las condiciones para el tránsito revolucionario del capitalismo al socialismo (tránsito obligatorio, lo cual, como recordamos, fue demostrado aún por Carlos Marx en El Capital) se presentaban en diferentes países en tiempo diferente. En el artículo El programa militar de la revolución proletaria escrito al poco tiempo de El imperialismo-, Lenin dijo: De aquí la conclusión indiscutible de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Empezará triunfando en uno o en varios países, y los demás seguirán siendo, durante algún tiempo, países burgueses o preburgueses.

¿Dónde, según Lenin, se dan las condiciones más favorables para el triunfo de la revolución socialista? ¿En los países industrializados? No por fuerza. Los conflictos más irreconciliables aún se atizan, quizás, en los países rezagados y dependientes de la economía de los países capitalistas más desarrollados. En Rusia, por ejemplo.

Ahora bien, ¿puede la revolución triunfar en un solo país sin ser apoyada por otros países? Pues, al tomar el poder, la clase obrera y los demás trabajadores tendrían que vérselas con el imperialismo mundial… Lenin contestó afirmativamente.

¿En qué se basaba para aquella seguridad? Ante todo, en que el comienzo de la revolución en un país generaría la solidaridad de clase en los países vecinos. Además, al analizar la situación mundial gestada después de 1914, Lenin dedujo que la cadena de países imperialistas beligerantes podía ser rota, puesto que casi todo su poderío se empleaba casi por entero en agotarse los unos a los otros.

Esa fue la conclusión que sacó Lenin de que los trabajadores de un país podían entablar un combate decisivo por la nueva sociedad sin esperar a que se levantasen los pueblos de otros países.

La caída del zarismo

Casi 15 años (excepto la estancia en San Petersburgo durante la revolución de 1905-1907) Lenin vivió en el exilio. Según él mismo confesaba, conoció muchas dificultades, la mayor de las cuales era la distancia de las masas obreras y campesinas, cuyo contacto anhelaba.

Aquel distanciamiento se hizo insoportable cuando en febrero de 1917 en Rusia estalló una nueva revolución, en la cual el pueblo insurrecto derrocó al zar. Ustedes no pueden imaginar qué tormento es para todos nosotros permanecer aquí en tales tiempos, escribió Lenin.

Lenin se desvivía por regresar a Rusia. Pero aquello no era fácil. El camino directo de Suiza a Rusia pasaba por Alemania y Austria-Hungría, pero estos dos países estaban entonces en guerra con Rusia. Había otro camino: vía Francia e Inglaterra, países aliados de Rusia, y luego por mar. Fue justamente así como viajó sin trabas Plejánov: en un destructor británico escoltado por torpederos. En aquel entonces, él y otros mencheviques, apoyaban los ánimos belicosos de la burguesía de Rusia y eran partidarios de que la guerra continuase hasta la victoria. Por eso los sectores gobernantes de la Entente creían que su actividad en Rusia les sería útil. Completamente distinto era el caso de Lenin, bolchevique. Inglaterra no me dejará pasar nunca ni a mí, ni a los internacionalistas en general -escribía en marzo de 1917-. Está claro que Miliukov y Co. son capaces de admitir cualquier cosa, el fraude, la traición, cualquier cosa que impida a los internacionalistas a regresar a Rusia.

Quedaba una sola oportunidad: obtener la autorización de atravesar Alemania. Cuando los socialistas de la Suiza neutral le ayudaron a recabarla, Lenin y un grupo de compañeros emprendieron el regreso a Rusia.

En la primera estación después de cruzada la frontera -Belostrov- le recibieron los parientes, los representantes del Comité del POSDR y los obreros de la cercana fábrica de armas de Sestroretsk. Así lo recordaba Alexander Afanasiev, uno de estos últimos, quien conocía a Lenin desde los acontecimientos de 1905-1907:

Bajo la escasa luz de faroles de la estación apenas reconocí a Vladimir Ilich cuando apareció de su vagón. Vestía abrigo y traje, éste gris. Era él, nuestro querido Ilich. No sé qué me pasó entonces. Entusiasmado, me puse a gritar: ¡Lenin! ¡Lenin!

Nos precipitamos al vagón, cogimos a Ilieh en brazos y lo levantamos sobre nuestras cabezas. Él no esperaba tal recibimiento y nos decía conmovido:

-¡Serenidad, compañeros, serenidad!

En el local de la estación un obrero empezó a saludarlo en nombre de las delegaciones. Ilich escuchaba con atención cada palabra. Luego pronunció una arenga de respuesta. Y no recuerdo ya todo lo que dijo, pero recuerdo que habló de continuar la lucha, de la necesidad de poner fin a la carnicería imperialista. Nosotros le rodeábamos y nos alegrábamos como niños. Cada uno de nosotros sentía una nueva afluencia de fuerzas y energías. ¡Ilich, nuestro Ilich, probado e incólume guía y maestro del Partido bolchevique, estaba otra vez con nosotros!

Por fin, Petrogrado. La estación de Finlandia. En el andén están formados marinos y soldados. Cuando Lenin sale del vagón, se cuadran. Al escuchar el parte, Lenin se dirige a la guardia de honor con un breve discurso terminándolo con un viva a la revolución socialista.

En la plaza de la estación inundada por la luz de los proyectores que iluminan cientos de banderas y a decenas de miles de personas, Lenin, subido en un carro blindado que se pone lentamente en marcha, saluda a los reunidos y vuelve a exclamar: ¡Viva la revolución socialista!

De febrero a octubre

Al día siguiente, el 4 (17) de abril de 1917 Lenin habló a los bolcheviques activistas de Petrogrado exponiéndoles el plan de lucha por transformar la revolución democrática burguesa (la de febrero de 1917) en revolución socialista. Aquel plan se conoce por Tesis de abril.

En la primavera de 1917 en el país se gestó una situación bastante insólita: pese a que después de derrocado el zar el poder había pasado formalmente al Gobierno provisional, cuyo apoyo era la burguesía, grande y pequeña, de hecho disponían de la fuerza los Soviets de Diputados Obreros n Soldados, cuyo apoyo era el pueblo armado: la Guardia Roja obrera y los grandes contingentes de soldados revolucionarios.

¡Ni el menor apoyo al Gobierno provisional! Fue la consigna que Lenin adelantó en sus Tesis de abril ¿Por qué?

En los países en que ostentaban el poder los capitalistas y terratenientes, explicaba Lenin, ellos elaboraron dos métodos de mantener en obediencia al pueblo. El primero era la violencia. Hablando del otro, Lenin dijo: Me refiero al engaño, a las frases, a las promesas sin fin, a las limosnas miserables, a concesiones fútiles para conservar lo esencial. Precisamente a este segundo método recurrió el Gobierno provisional formado en febrero de 1917.

Al mismo tiempo Lenin no estaba de acuerdo con los que exigían derrocar inmediatamente al Gobierno provisional.

Tenemos que basarnos sólo en la conciencia de las masas, repetía, y señalaba que el proletariado no estaba todavía lo suficienicmente organizado y consciente, por lo cual el Partido bolchevique estaba en minoría en los Soviels.

¿Por qué sucedió que los bolcheviques, que aún hacía poco (en 1912-1914) habían conducido a cuatro quintas partes del proletariado consciente, se vieron en minoría en los Soviets? ¿Acaso fueron vanos todos los años en que la clase obrera había venido educándose en el espíritu del socialismo? En absoluto. El heroísmo y el desprendimiento que mostraron los obreros y que hubieran sido imposibles si no hubiesen tenido conciencia de clase, contribuyeron grandemente a la victoria sobre el zarismo.

Pero en la revolución se vio involucrada una inmensa masa de hombres descontentos con el zar, muy distantes de comprender los verdaderos objetivos de la lucha política consciente. Eran sectores atrasados de la clase obrera y del campesinado, así como pequeños burgueses. Y esa gigantesca ola pequeñoburguesa lo ha inundado todo; ha arrollado al proletariado consciente no sólo por la fuerza de número, sino también desde el punto de vista ideológico. Como resultado, los Soviets de que formaron parte representantes de dichos sectores, no eran a la sazón más que un germen del poder revolucionario.

Por eso Lenin consideró inoportuno cumplir de inmediato la consigna ¡Abajo el Gobierno provisional! para entregar el poder a los Soviets: Sin una mayoría firme (es decir consciente y bien organizada) del pueblo al lado del proletariado revolucionario, esa consigna o es una mera frase u objetivamente se reduce a tentativas de carácter aventurero. Sólo cuando las masas dejasen de confiar ciegamente en el Gobierno provisional, se convenciesen de que era antipopular y dijesen ¡basta!, todo el poder pasaría por vía pacífica a los Soviets.

Para hacer avanzar el movimiento, era necesario exonerarlo de la influencia burguesa, señalaba Lenin. El problema que más preocupaba entonces a toda Rusia era la guerra. Entre tanto, fue en esta cuestión en que a la burguesía la apoyaba hasta cierta parte de la clase obrera. Muchísimas gente se dejó influencias por el Gobierno provisional que aseguraba que despues de derrocado el zar la guerra cambió radicalmente de carácter, tornándose netamente defensiva, revolucionaria, justa.

Lenin se mostraba intransigente. Explicaba que los capitalistas de Rusia, igual que el resto de los capitalistas del mundo, no podían conducir una guerra que no fuese imperialista. Por eso llamar a la defensa revolucionaria -lo que hacían los partidos burgueses y pequeñoburgueses, así como los mencheviques con Plejánov al frente- significaba apoyar la guerra imperialista.

De ahí que la tarea del Partido bolchevique consistiera en explicar a los defensores de buena fe de entre los obreros y campesinos (los soldados eran en su grueso de procedencia campesina) que una paz justa sería posible sólo cuando la clase obrera en alianza con los demás trabajadores quitase el poder a los capitalistas y lo tomase en sus manos.

En las Tesis de abril Lenin planteó también un problema que, al parecer, era completamente formal, pero políticamente muy acuciante: propuso cambiar el nombre del Partido. Recordemos que se trataba del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). En vista de que muchos partidos socialdemócratas habían desistido de los ideales socialistas y traicionado el principio de la unidad internacional, Lenin propuso llamar el Partido como le llamaran Marx y Engels: Comunista.

A las dos semanas de publicadas las Tesis de abril, llegó a conocerse el contenido de un memorándum que el ministro de Relaciones Exteriores Miliukov había enviado a Francia, Inglaterra y otros aliados de lo que había sido el Imperio Ruso y en el cual el Gobierno provisional prometía conducir la guerra hasta el fin victorioso y cumplir cuantos compromisos había asumido el zar. Los obreros y soldados avanzados salieron a las calles. Su manifestación impetuosa tropezó con la de la burguesía en apoyo del Gobierno provisional. Una clase se enfrentó a otra. Estalló una crisis política. Miliukov tuvo que dimitir. El Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado tenía entonces posibilidad de apartar del poder al Gobierno provisional. Pero como se hallaba bajo una fuerte influencia de los mencheviques y eseristas, hizo todo lo contrario: promovió al Gobierno a varios miembros suyos. Los bolcheviques condenaron de plano esa táctica de conformismo con la burguesía.

En junio de 1917 se reunió el I Congreso de los Soviets de toda Rusia. Los bolcheviques estaban en él en minoría: eran poco más de 100 frente a 700 u 800 mencheviques, eseristas y representantes de otros partidos. Pero fueron explicando con perseverancia a los delegados que era necesario denunciar la política antipopular del Gobierno provisional, que el conformismo con la burguesía era nefasto para el país y que continuar la guerra significaba que otras decenas de miles de personas se destruyesen mutuamente sin razón.

En respuesta, el menchevique Tsereteli, ministro del Gobierno provisional, declaró:

-Actualmente en Rusia no hay un partido político que diga: entreguen el poder a nuestros manos y váyanse, nosotros ocuparemos su lugar.

Pero de entre los reunidos acallados le interrumpió la voz alta, segura y decidida de Lenin:

-¡Sí, lo hay! Ningún partido puede renunciar al poder, y el nuestro no renuncia: está dispuesto en todo instante a hacerse cargo de él íntegramente.

Lenin subrayó una y otra vez que la cuestión se planteaba sólo así: avanzar o retroceder. Entretanto, la guerra que continuaba, el desbarajuste económico y el aumento de la carestía hicieron aumentar el descontento con la política del Gobierno provisional. En las fábricas y los cuarteles de Petrogrado empezaron las conmociones. Acrecentándose de modo continuo, desembocaron en una potente manifestación antigubernamental a mediados de junio.

Se lanzaron a la calle casi 500.000 personas. En las banderas llevaban inscrito: ¡Abajo la guerra!, ¡Abajo a los ministros capitalistas!, ¡Todo el poder para los Soviets!. Eran consignas de los bolcheviques. A las dos semanas hubo otra manifestación de obreros, soldados y marinos, más vigorosa aún. Su primera reivindicación fue: ¡Todo el poder para los soviets!.

Pero la dirección de los Soviets, recién elegida en el I Congreso de toda Rusia, en el cual habían prevalecido los eseristas y mencheviques, declinó esta reivindicación de las masas y anunció que la manifestación era un complot bolchevique. Con su consentimiento en Petrogrado se implantó el estado de sitio y de los frentes fueron llamadas con urgencia las tropas fieles al Gobierno.

Al amanecer del otro día fue destruido el local de la redacción del Pravda. A los pocos días el Gobierno provisional dispuso arrestar y procesar a Lenin y a otros bolcheviques acusándoles de conspiración. Lenin estaba tan indignado que decidió utilizar el proceso público para denunciar las maniobras políticas de las autoridades.

-Pero no te dejarán siquiera llegar a la cárcel, te matarán en el camino -le decían su mujer, su hermana y los camaradas.

La inquietud y la profunda comprensión de la responsabilidad por la vida de Lenin determinaron la decisión que tomó el Comité Central del Partido bolchevique: obligar a Lenin a no comparecer ante los tribunales y encontrar para él un refugio seguro.

Hacia la insurrección armada

Al poco tiempo en Petrogrado se reunió el VI Congreso del POSDR. El Partido bolchevique contaba entonces ya con 240.000 militantes y sus delegados eligieron por unanimidad a Lenin presidente del Congreso.

El mismo Lenin vivía a la sazón en las inmediaciones de Petrogrado, en una choza situada a orillas de un lago. De allí dirigió las labores del Congreso por mediación de Stalin que le visitaba regularmente.

Entre los delegados fue distribuido el artículo leninista A propósito de las consignas lanzado en forma de un folleto. Muchos de ellos conocían también las tesis de Lenin publicadas poco antes del Congreso bajo el título La situación política y en las que el dirigente bolchevique explicaba que el desarrollo pacífico de la revolución rusa había sido imposible, porque el Gobierno provisional pasaba a la ofensiva, y el pueblo podía tomar el poder sólo en la lucha armada.

Tras analizar la situación, el Congreso resolvió preparar la insurrección armada.

Lenin recibía de Petrogrado noticias a cual más alarmante. La situación económica del país iba empeorando, gravitaba el hambre. La burguesía llamó a asfixiar a la revolución con el esquelético brazo del hambre y con la abierta dictadura militar. El general Kornilov, comandante en jefe del ejército, intentó implantar aquella dictadura. Pero su intento fue frustrado por las fuerzas unificadas de soldados, marinos revolucionarios y los obreros armados de Petrogrado.

Había también otras noticias. Por ejemplo, que los Soviets de Petrogrado y de Moscú habían criticado a los eseristas y mencheviques, aprobado las resoluciones bolcheviques sobre la toma del poder por los soviets.

En el artículo La crisis ha madurado, Lenin caracterizó los acontecimientos nacionales en todos sus aspectos y constató: La crisis ha madurado. Está en juego el futuro de la revolución rusa. Aguardar al Congreso de los Soviets equivaldría a perder semanas; y en el momento actual, semanas, y aún días, deciden todo; equivaldría a dar al Gobierno la posibilidad de reunir tropas fieles para el día neciamente indicado de la insurrección. Al analizar en éste y en otros artículos escritos en octubre de 1917 la correlación de fuerzas de clase en el país, Lenin insistía: el triundo de la revolución socialista estaba garantizado. Realmente, la clase obrera seguía a los bolcheviques, se hicieron más frecuentes las manifestaciones campesinas contra el Gobierno, toda la Flota del Báltico negó obediencia al Gobierno provisional, de los 17.000 soldados de la guarnición de Moscú, 14.000 apoyaban a los bolcheviques. El Comité Central resolvió en una reunión proponer a Lenin trasladarse a Petrogrado, para poder estar en contacto permanente y estrecho con él.

Triunfa la revolución socialista

El 7 de octubre de 1917 Lenin regresó clandestinamente a Petrogrado.

El plan que trazó para la insurrección armada era el siguiente: garantizar en Petrogrado y en sus alrededores una considerable superioridad de las fuerzas sobre las tropas contrarrevolucionarias; actuar simultáneamente desde fuera y desde dentro, apoderarse por sorpresa y cuanto antes de la ciudad, atacando desde los barrios obreros; ocupar y mantener el teléfono y el telégrafo, las estaciones ferroviarias y los puentes.

En una reunión del Comité Central fue elegido el Centro Militar Revolucionario, cuyos miembros formaron parte del Comité Militar Revolucionario, instituido antes por el Soviet de Petrogrado. Así se formó el Estado Mayor de la insurrección.

Lenin montó en cólera cuando al día siguiente leyó en el periódico un artículo del miembro del Comité Central, Kamenev, informando de los planes del Comité Central y declarando, que él y otro miembro de este organismo –Zinoviev- no ddmitían la insurrección armada que venía preparando el Partido bolchevique. Así Kamenev daba a conocer una resolución secreta del Comité Central, la comunicaba a los enemigos. Era imposible imaginar mayor traición.

El enemigo, advertido, comenzó a tomar medidas urgentes. El jefe de la circunscripción militar de Petrogrado prohibió toda clase de manifestaciones y mítines en la vía pública, ordenando a los jefes de las unidades militares detener a los individuos que exhortaran a la acción armada. El ministro de Justicia volvió a ordenar la detención de Lenin.

El Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado dispuso enseguida que todas las unidades de la guarnición capitalina cumpliesen únicamente órdenes que llevasen su firma y sello. Al mismo tiempo, designó comisarios suyos para todas las unidades militares, las estaciones ferroviarias, centros de comunicaciones y Estado Mayor de la circunscripción militar de la ciudad.

A fin de evitar la insurrección, el Gobierno provisional adoptó varias medidas urgentes. Al amanecer del 24 de octubre (6 de noviembre) un destacamento de cadetes se presentó en la imprenta que editaba los periódicos bolcheviques y la cerró. Pero la Guardia Roja y los soldados expulsaron a los cadetes de la imprenta por orden del Comité Militar Revolucionario. El mismo día, al anochecer, los cadetes intentaron levantar los puentes sobre el Neva, que unían el centro de la ciudad con los suburbios obreros. Al enterarse de ello, Lenin, que se hallaba en una casa cladestina situada en uno de esos suburbios, envió aviso al Comité Central, pidiendo que le autorizara el traslado al Instituto Smolny, donde se ubicaba el Comité Militar Revolucionario y se reunía el Comité Central.

Escribía a los miembros del Comité Central:

La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy en verdad aplazar la insurrección es la muerte. Quiero con todas mis fuerzas, convencer a los camaradas de que hoy todo pende de un hilo, de que en el orden del día hay cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias ni de congresos (aunque fueran, incluso, congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas…

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