Lenin

Biografia OpusVida por magui

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Las tareas inmediatas del Poder soviético

Como la paz fue obtenida y había comenzado la tregua, se pudo concentrar toda la atención en los asuntos económicos urgentes.

Lenin en pleno discurso

Los tres años y medio de guerra imperialista habían sido nefastos para la economía nacional. Estaban cerradas muchas fábricas, el transporte funcionaba pésimamente; el hambre amenazaba a la población.

En aquel momento el Consejo de Comisarios del Pueblo había dictado ya un gran número de decretos nacionalizando fábricas e industrias enteras. Al firmarlos, Lenin siempre subrayaba que quitar a los capitalistas una u otra empresa era mucho más fácil que dirigirla. Decía a cada delegación obrera que acudía a él, en su calidad de jefe del Gobierno soviético, exigiendo nacionalizar su empresa: Ustedes quieren que la fábrica sea confiscada. Bien, tenemos listos los formularios del decreto, lo firmaremos al instante. Pero díganme: ¿pueden ustedes hacerse cargo de la producción; han hecho el cálculo de la producción; conocen la correlación real entre la producción local y el mercado ruso e internacional?. Con frecuencia resultaba que a los obreros les faltaban conocimientos y hábitos.

Los viejos especialistas eran los que tenían conocimientos y experiencia. Y Lenin propuso la única solución racional; aprender de ellos, tomar de ellos la experiencia de administrar la economía capitalista. Estaba seguro de que mucha de esa experiencia sería útil al flamante Estado soviético.

Entretanto, los primeros pasos prácticos en aquel sentido se habían dado ya. A comienzos de 1918 el sindicato de curtidores había concertado un convenio con la asociación de propietarios curtidores por el cual, un tercio de miembros del Comité principal de Curtidores eran representantes del sindicato; otro, representantes del personal técnico; otro más, representantes de los propietarios de las fábricas. Se llego a convenios análogos en las industrias textil y azucarera.

A comienzos de abril de 1918 el Comité Central del Partido encomendó a Lenin elaborar las tesis sobre la situación del momento. Lenin lo hizo. Nosotros, el Partido bolchevique -escribió- hemos convencido a Rusia. La hemos reconquistado de manos de los ricos para los pobres, de manos de los explotadores para los trabajadores. Ahora debemos gobernarla.

Las tesis fueron bastante extensas. Lenin explicaba con detalles cómo organizar con la máxima racionalidad el control sobre la producción y su distribución, en qué condiciones y con qué fines contratar a los viejos especialistas, cómo incrementar la productividad del trabajo, y otras muchas cuestiones referentes a la gestión económica nacional. A los dos días las tesis fueron publicadas en la prensa bajo el título de Tareas inmediatas del Poder soviético.

La tregua duró poco. Los viejos explotadores, la burguesía y los terratenientes no querían resignarse con la pérdida de su dominio y desataron una cruenta guerra civil. Emprendieron tentativas armadas de derrocar el poder soviético. En el verano de 1918 acudieron en ayuda suya los capitalistas de Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Japón y otros países, grandes y pequeños. Los eseristas y los mencheviques acabaron por traicionar definitivamente la causa del pueblo: llamaban a declararse en huelgas y sabotear todas las resoluciones del poder soviético.

El 30 de agosto de 1918 Lenin, igual que otros muchos dirigentes del Partido y el Estado, habló en mítines en Moscú. En sus discursos explicaba a los trabajadores el peligro que se cernía sobre la Rusia soviética y les instaba a combatir con todas sus fuerzas a la contrarrevolución exterior e interior.

Terminado uno de los mítines, se dirigió, a la vez que seguía conversando con los obreros, al coche. Entonces resonaron varios disparos. Las balas envenenadas que disparó la dirigente de los eseristas Kaplan, causaron a Lenin graves heridas y pusieron su vida en peligro.

Felizmente, Lenin tenía un organismo vigoroso. Se recuperó de las heridas con bastante rapidez. Apenas su estado de salud mejoró un poco, exigió se le informase todos los días, aunque fuese en breve, de los asuntos más importantes. A los médicos, que le prohibieron trabajar, les contestaba: No es el momento para ello.

Al cabo de una semana comenzó ya a dictar cables para las tropas. El 16 de septiembre los médicos le permitieron reanudar el trabajo. Lenin se consagró a su tarea principal: fortalecer al recién formado Ejército Obrero-Campesino Rojo y organizar la resistencia a las superiores fuerzas enemigas.

En el país se implantó el estado de sitio. Aquello significaba que una disciplina férrea se imponía no sólo en el ejército, sino también en el transporte, en la industria militar, en los organismos estatales de acopios y distribución de víveres. Para llevar a la práctica las medidas pertinentes se instituyó el Consejo de Defensa Obrera y Campesina, con Lenin al frente.

La actividad de Lenin fue extraordinariamente intensa en aquel periodo. Al llegar por la mañana al despacho lo primero que hacía era tomar la carpeta de los partes militares los leía con rapidez y marcaba en los mapas el movimiento de los frentes. Luego escuchaba los informes sobre el curso de las operaciones bélicas.

Hasta los militares profesionales se asombraban de la rapidez y precisión con que Lenin se orientaba en las más complejas y especiales cuestiones del ejército. Pero él mismo solía decir: No presumo en absoluto de conocer el arte militar.

Sin embargo, estudiaba a fondo los libros de temas militares y conocía perfectamente la historia de las guerras. Al analizar la situación en los frentes, siempre sabía determinar la tarea principal y centrar los esfuerzos para cumplirla. Dado que al país le faltaban fuerzas para realizar operaciones militares activas simultáneamente en todos los frentes (que se extendían a miles de kilómetros en el sur, el norte, el oeste y el este), esto era de singular importancia, vital.

En aquel periodo aciago, Lenin realizaba también todos los días un trabajo colosal en el Comité Central del Partido, en el Consejo de Defensa Obrera y Campesina y en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Anatoli V. Lunacharski, el primer comisario del Pueblo para la Instrucción Pública, escribió lo siguiente de la reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo, de aquel entonces: Aquí reinaba una atmósfera condensada diríase que el tiempo mismo se hizo más compacto: tantos hechos, ideas y decisiones se ventilaba cada minuto. Había un sinfín de problemas: faltaban jefes militares, armas, pertrechos, municiones… El pueblo entero debía realizar unos esfuerzos verdaderamente heroicos para abastecer a las tropas y a la población urbana de pan, vencer el hambre y asegurar el funcionamiento del transporte y de las fábricas militares.

En cada una de las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo o del Consejo de Defensa -decía Lenin- tenemos que distribuir los últimos millones de puds de carbón o de petróleo.

Los enemigos tenían la esperanza de que el poder soviético se hundiría con rapidez. Pero frustraron sus planes la infatigable actividad del Partido Comunista y el heroísmo masivo de los combatientes y jefes del Ejército Rojo que hicieron lo imposible por defender a la revolución y el desprendimiento de los trabajadores de la retaguardia. La guerra civil terminó con la victoria total del pueblo revolucionario.

Se podía volver a acometer de lleno el trabajo pacífico creador.

Pero la inmensa tensión de fuerzas, las cargas sobrehumanas y las heridas no pudieron dejar de repercutir en la salud de Vladimir Ilich, que desde finales de mayo de 1922 empeoró violentamente. Por consejo de los médicos Lenin se instaló a 40 kilómetros de Moscú, en Gorki. Allí trabajaba todo lo que le permitían las fuerzas: mantenía una extensa correspondencia y exigía que le enviasen regularmente libros, periódicos, revistas.

El 2 de octubre de 1922 Lenin regresó a Moscú. Reanudó su trabajo en el Comité Central, presidió las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo y pronunció varios discursos.

A mediados de diciembre volvió a sentirse mal. Los médicos le convencieron a duras penas de que dejase de trabajar. Pero, incluso gravemente enfermo, Lenin mantenía una extraordinaria fuerza de voluntad, claridad de pensamiento y optimismo. Le preocupaban el presente y el futuro del país soviético, los destinos del socialismo. Meditaba mucho en aquellos temas.

Comprendía perfectamente la seriedad de su enfermedad. Y dijo más de una vez a los médicos que sabía que podía morir. El 23 de diciembre de 1922 dictó durante cinco minutos a una taquígrafa sus consideraciones sobre algo que le preocupaba. Al otro día quiso seguir dictando, pero los médicos protestaron. Entonces Lenin planteó el asunto de esta manera:

– O me permiten dictar mi Diario todos los días por poco tiempo que sea, o me niego en redondo a curarme.

Uno de los médicos que trataba a Lenin dijo con certeza: Trabajar significa para él vivir, la inactividad es la muerte. Se decidió permitir a Lenin dictar todos los días de 5 a 10 minutos.

La poderosa voluntad y la conciencia de su enorme responsabilidad le dieron a Lenin las fuerzas para sobreponerse a los sufrimientos físicos y realizar lo que parecía rebasar todas las posibilidades humanas.

En poco más de dos meses, del 23 de diciembre de 1922 al 2 de marzo de 1923 dictó algunos artículos y cartas, dilucidando en diferentes aspectos una sola cuestión clave: cómo construir la sociedad socialista.

Lenin insistió muchas veces en la urgente necesidad de crear la base industrial nacional; abordó el tema último artículo que dictó: Más vale poco y bueno.

No menos importante era organizar la gran producción agropecuaria. Para lograrlo, había que atraer a la edificación del socialismo a millones de campesinos, lo cual era imposible sin vencer su secular costumbre a trabajar individualmente. Lenin estimaba que las cooperativas eran el modo mas accesible para los campesinos de pasar a las formas mas productivas del trabajo. Explicó en su artículo Sobre la cooperación, que aquello permitiría al campesino ir convenciéndose gradualmente de las ventajas que ofrecía la hacienda colectiva. El tránsito al trabajo colectivo debía ser, a juicio de Lenin, sencillo, fácil y accesible para los campesinos.

Para viabilizar ese tránsito, hacía falta la maquinaria apropiada. El país no podía disponer de ella en aquel período.

Naturalmente, no sólo para cumplir esa tarea se precisaba una gran industria socializada. Solamente la industrialización podría garantizar al pueblo soviético el progreso y la posibilidad de defenderse de los numerosos enemigos exteriores (los grandes Estados capitalistas no dejaban de fraguar planes para asfixiar al país).

La industrialización y la colectivización del campo dependían en buena medida de la actividad y conciencia con que participarían en estas transformaciones los propios trabajadores. A su vez, la actividad y la conciencia las determina, en considerable medida, el nivel de conocimientos de los trabajadores. Por eso se planteaba como impostergable erradicar el analfabetismo, lastre del pasado: de cada 100 habitantes del país, 68 no sabían leer ni escribir. Lenin indicó cómo debía procederse en el artículo titulado “Páginas del diario”. El mero hecho de que inaugurara con él el Diario, como llamaba Lenin a sus apuntes, dictado a la taquígrafa, demuestra la importancia que daba al problema.

Los últimos trabajos de Lenin constituyen, en rigor, una sola obra, en la cual se expone en forma sintética el programa socialista para el país.

El 10 de marzo de 1923 Lenin tuvo otro ataque, el más serio, de la enfermedad. Pocas horas antes habían permanecido junto al lecho su esposa y su hermana. Recordaban el pasado.

En 1917 -dijo Lenin- yo descansé en la choza cerca de Sestroretsk, cuando los agentes del Gobierno provisional andaban a la caza y captura; en 1918 descansé gracias al disparo de la Kaplan. Después no he vuelto a tener ocasión de hacerlo…

Cierto es, no había tenido ocasión de descansar. Una permanente e indecible tensión de todas las fuerzas y el trabajo ininterrumpido cortaron prematuramente la vida de Lenin. Esto sucedió el 21 de enero de 1924, a las 6’50 de la tarde.

La triste noticia del fallecimiento de Lenin se extendió pronto por el país, por el mundo entero. Cuatro días y sus noches, pese al frío que hacia, cientos de miles de personas estremecidas desfilaron ante al ataúd con sus restos mortales para rendir el último tributo al forjador del primer país socialista de la historia.

El 27 de enero el país le enterraba. Profundamente doloridos estaban no sólo los soviéticos, sino también los trabajadores de muchos países del mundo. Cinco minutos pararon las fábricas, los trenes y los automóviles: así los trabajadores del planeta se despidieron de su más abnegado defensor

Bibliografía

Obras fundamentales

A qué herencia renunciamos (1897)

El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899)

¿Qué hacer? (1902)

Un paso adelante, dos pasos atrás (1904)

Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática (1905)

Materialismo y empiriocriticismo (1908)

Carlos Marx (1914)

Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo (1914)

El derecho de las naciones a la autodeterminación (1914)

El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916)

El programa militar de la revolución proletaria (1916)

Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de Abril) (1917)

El Estado y la revolución (1917)

La revolución proletaria y el renegado Kautsky (1918)

La economía y la política en la era de la dictadura del proletariado (1919)

La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo (1920)

Carta al XIII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (testamento de Lenin) (1923)

Ediciones de obras

En lengua española

Obras completas. Moscú: Progreso. 55 vv. Basado en la 5ª edición rusa.

(1975) Obras escogidas en tres tomos. Moscú: Progreso. Basado en la 5ª edición rusa de las Obras completas.

(1977) Obras escogidas. Moscú: Progreso. Basado en la 4ª edición rusa de las Obras completas.

(1977) Obras completas . Madrid: Akal Editor.

En otros idiomas

Collected Works (LCW). Moscú: Progress Press Publishers. 45 vv. Basado en la 4ª edición rusa de las Obras completas.

Sobre Lenin

Althusser, Louis (1975). Lenin y la filosofía. México: Era.

Fernández Buey, Francisco (1977). Conocer Lenin y su obra. Barcelona: Dopesa. ISBN 84-7235-323-0.

Lukács, Georg (1970). Lenin (la coherencia de su pensamiento). Barcelona: Grijalbo.

Massie, Robert K. (1983). Nicolás y Alejandra. Buenos Aires: Javier Vergara. ISBN 950-15-0181-7.

Žižek, Slavoj (2003). A propósito de Lenin. Política y subjetividad en el capitalismo tardío. Buenos Aires: Atuel. ISBN 987-20591-1-X.

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