Pedro Alberto Candioti

Biografia OpusVida por dina

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Club El Quilla

Nuestro club –dice el Dr. JULIO VERA CANDIOTI- es un club de hombres, en espíritu, porque en su existencia preside la virilidad, la confianza, la unión, la sinceridad. Nuestra modestia, solo se puede comparar, quizás, con nuestro orgullo, porque El Quilla es Candioti, y Candioti es El Quilla…”

Primero estaba el rió, el barrio creció después, y luego llego Candioti. Pedro Francisco Antonio Candioti, inseparable del barrio y del rió a lo largo de toda su vida. Su vida empezó allí mismo, a ocho cuadras de la costa urbana, un DIA del mes de julio de 1893, cuando nacía ese primer hijo varón del matrimonio que formaban Pedro Celestino Candioti y Elena Ferreira. Y nace Pedro Candioti en Santa Fe, por derecho propio y muy antiguo, su sangre no esta de paso en esa tierra, por que su padre es santafesino y es santafesino su abuelo; y nace en Santa Fe aquel lejano y perdurable tatarabuelo que es Francisco Antonio Candioti, tronco criollote la familia que se inicia antes de que naciera la patria, y que se hace argentino poniéndole el hombro a la independencia nacional que empezaba.

Don Pedro Celestino Candioti, tenía una estancia en Colonia San José, donde la familia pasaba los veranos. Pedro no contaba más de seis años, en algún barullo, Pedro se escurre de la niñera para correr hacia aquel prohibido paraíso donde navegaban los patos tentadores. Y se tira a la pileta en medio de un griterío alarmado, mientras un peón corre tras el, para sacarlo antes de que le haga mal el agua sucia que traga.

El chico está en el agua, sin susto ni apuro, arreglándose como puede, cuando el peón lo saca. Y estaba tan tranquilo que el hombre, impresionado, da o hace un misterioso vaticinio: “… este si que va a ser un gran nadador… bromeando”.

Aprende a nadar en el año 1901 o 1902, Candioti no lo recuerda. Era el tiempo en que el agua besada las barrancas del Convento San Francisco, cuando a la hora de la siesta se congregaban allí los pibes más aventureros del barrio. Entre ellos, con ocho o nueve años nada mas, estaba Pedro; y estaba prófugo de la vigilancia materna, lleno de inquietud y atrevimiento, con la honda lista y el ojo avizor, las piernas machucadas y la pelambre revuelta… allí, una tarde, encontró su destino.

De aquel tiempo, queda mucha quietud provinciana recogida en la intimidad del barrio, queda el perfume intenso de los naranjos y quedan las campanas de cuatro iglesias que con sus voces dan más hondura al sosiego de los atardeceres. Quedan los fragmentos de un paisaje lleno de ternura, y quedan los recuerdos, y evocarlos es como ojear un viejo álbum confundido, que reviven el tono y el color de otro tiempo.

Cuando se inicia como remero, mientras termina el estudio secundario, como bachiller en 1913, concreta su primer Raid oficial, para concretar el último en 1946.

El tiempo, al correr, había renovado las filas de ese nutrido grupo de hombres que giraba entorno a la vida deportiva del nadador santafesino. Pero había otros que ocupaban sus puestos, como el Dr. Hachmann y Perazzo; para no citar un par de nombres, seguía también Arteaga, ducho y fiel; y la Mona. López, aguantador, paciente y zigzagueante siempre…; tenían que unirse monolíticamente para seguir adelante; era necesaria la creación de una institución que los aglutinara… así se pergeñó El Quilla. El repentino nacimiento del Quilla, tiene una lenta y paciente gestación. Antes de ser un club, fue una idea, y mucho antes fue un estado de cosas que se arrastró durante un par de años, por lo menos.

El asunto queda planteado así. Durante unos días se tejen proyectos y posibilidades, hasta que llega el DIA 20 de abril de 1938.

El 20 de abril de 1938, Pedro Candioti junto a un grupo de amigos se reúnen para almorzar, en el rancho de Miguel Angel Niklison. Son diecisiete los que se reúnen: Pedro Candioti, Hachmann, Perazzo, Cirelli, Arteaga, Dongo, Manuel Vera Candioti, Pedro Taberna, Espinoza, Mariano y Jorge Candioti, González, Ingino, Lapalma y tres  Niklison. Así dieron en pergeñar el club deportivo que hoy es el Club Náutico El Quillá.

Para lograrlo, no hubo muchas formalidades. Aquel grupo distribuido alrededor de una sencilla mesa campera, reunía hombres de diferentes posiciones y edad; pero para el caso todos eran “muchachos” identificados entre sí por ese afecto a Pedro Candioti que tenían en condominio; y que era por lo menos tan grande como la admiración deportiva que le profesaban.

El doctor Julio Vera Candioti, no podía estar ausente de ese movimiento. Por esos lazos de sangre que lo unen a Candioti, había sido compañero de correrías infantiles y colaborador en muchas pruebas. Pero además iba a ser para el proyectado club como el músculo fuerte y dinámico siempre en acción.

Resuelve reunirse el miércoles 28 de abril, para concretar la asamblea fundacional. Esta se realiza en el domicilio del Dr. Julio Vera Candioti (4 de Enero 1145), asentado en pleno corazón del barrio sur; en dicha reunión se agregan doce nombres más: Julio Vera Candioti, Carlos Vera Candioti, Miguel Angel Candioti, Exequiel Agudo Franco, Italo Sameghini, Arturo Costa, Vicente Serrao, Raúl Mazzei, Andrés Meloni, Oscar Costa, Martín Cifré y Juan Carmona, y se completa así el elenco fundador del Club Náutico El Quillá, en el que se incluyen médicos, abogados, comerciantes, empleados, que se desentienden de títulos y jerarquías, para confundirse en una partida donde todos eran capaces de arremangarse por igual.

Eligen presidente al Dr. Julio Vera Candioti, y es él quien hace tres centenares de socios, cuando ya se había conseguido para afincarse definitivamente la ex isla Martín García, que quedará desocupada, junto a la casilla de madera, luego que se construyera el viejo terraplén “Irigoyen” (hoy Av. de Circunvalación), y se levantan las primeras y precarias instalaciones; poco tiempo pasa y la institución llega a tener setecientos socios, aparecen las primeras figuras de la natación quillacera: Jorge Drenkar, Guillermo Marchi, Juan Carlos Barreyro, Raúl Alcántara, Julio Ibañez, Carlos Borzotti, Mirta Alcántara, Graciela Candioti, Juan Hachmann, Segades, Argüello y muchos más.

Otras actividades

Pedro Candiotti ademas de socio fundador de nuestro Club Náutico El Quillá, del que ejerció la presidencia durante varios años consecutivos (entre 1948 y 1967).  En otro orden de cosas, fue jefe de celadores del colegio de la Inmaculada Concepción y realizó estudios de química y farmacia, graduándose en la Universidad Nacional del Litoral.

Fue profesor en la escuela de educación física de la provincia de Santa Fe, y en la Escuela comercial, donde también ejerció la dirección, hasta su jubilación. En los medios deportivos se lo llama el Tiburón de Quillá.

Galería de fotos de Pedro A. Candioti

El Tiburón del Quillá (Revista Time, Lunes 8 de marzo de 1943)

El canoso, cincuentón Pedro Candioti es uno de los atletas argentinos más queridos. Su especialidad no es el futbol, el polo o el tenis sino nado de resistencia. La semana pasada, por vigésimo sexta vez, Pedro Cantioti intentó cumplir la ambición de su vida: bajar el Rio Paraná a nado hasta Buenos Aires.

En el pasado había comenzado desde varios pueblos, de 200 a 300 millas de distancia. Este año empezó desde Rosario, 205 millas arriba de la capital. Por tres días y noches agitó y remó – pasando por San Pedro, por Baradero, por Uriburu, por Campana. En cada ciudad rivereña fue saludado por multitudes deseosas de alentar a su querido “Tiburón del Quillá.” En el Punto San Ysidro, a sólo 12 millas de Buenos Aires, la corriente marea arriba comenzó a llevarlo hacia atrás. Luego de dos fútiles horas, Pedro Candioti abandonó. Cuando fue recogido del río se quedó ligeramente dormido inmediatamente. Pedro no era tan joven como antes: había estado en el agua sólo 74 horas y media. Una vez pudo resistir 13 horas más.

Cerca del fin de semana una compatriota de Pedro intentó un nado menos ambicioso pero no menos asombroso – las ventosas 42 millas hacia abajo del Paraná desde Campana hasta San Fernando, en la cabecera del Estuario. Ella fue Soledad Bueno de Gutierrez, 38, profesora de natación en un shopping de Buenos aires. Lo logró – en 17 horas, 38 minutos.

El record de resistencia mundial fue establecido en 1937 por Charles («Zimmy») Zibelman de Nueva York quien no tenía piernas, éste remó hacia abajo del Hudson desde Albany hasta Manhattan en 14 horas, 37 minutos.

La vida de Don Pedro Candioti (Fernando Pais – Alma de Barrio)

Don Pedro aprendió a nadar, como se aprende todavía en la costa, tirándose al agua nomás. Y eso es lo que hacía con solo ocho años, en la siesta calurosa de Santa Fe. Pedranga, como le decían se iba de su casa, caminaba unas pocas cuadras hasta el Convento de San Francisco, y nadaba con otros pibes del barrio, en las aguas del arroyo Quillá, arroyo que corría antes de que la mano del hombre lo transformara en lago.

Y como el Tiburón del Quillá no esta entre nosotros desde los 60´ hablamos con una de sus nietas, Marina Candioti que así recuerda al club y a su abuelo nadador…

Desde: «Mi abuelo era, la casa de mi…»

Hasta: «…como se fue abajo no»

Marina Candioti es una nieta de Don Pedro que recuerda los momentos vividos en el club donde se hizo grande corriendo desde su casa hasta el club, como lo hiciera su abuelo muchos años antes.

Entre las anécdotas de Pedro Candioti cuando era niño se cuenta que los marineros de la Subprefectura se la tenían jurada. Querían pescarlo junto a los otros sabandijas del barrio cuando nadaban en el arroyo. Es que una vez Pedranga lo había desafiado desde el agua a un marinero llamado Machengo, marinero al que lo cansó nadando sin que lo pudiera agarrar. Y solo tenía once años.

Bueno, una tarde estaban todos en el agua, y los pibes se bañaban como se hacía antes, desnudos. Entonces llegaron varios marineros. Algunos pibes salieron del agua y quisieron escapar pero al tratar de buscar la ropa, los representantes del orden los atraparon. El que alcanzó a escaparse, nadando hasta la otra orilla, fue Pedranga, y para no ser atrapado también, salió corriendo desnudo manoteando a la pasada su ropa.

En ese momento le salen al cruce unos marineros, los esquiva y sigue corriendo desnudo por calle San Martín. Pero en la esquina de la larga cuadra ya había otros dos marineros esperándolo. Así que «El tiburón del Quillá», con once años, desnudo, y con solo un chaleco en la mano, se mete en el convento de San Francisco. Finalmente los marineros lo atrapan detrás de a pila de agua bendita donde se había escondido. La travesura termina en la Comisaría  de Órdenes con el reto del comisario y la posterior paliza y penitencia del padre en casa.

Después Pedranga mejoró sus escapadas hasta el Quillá porque al volver a su casa se ensuciaba con tierra antes de llegar para que su padre no se diera cuenta de que había estado nadando.

Hasta aquí solo un parte de la vida de Don Pedro Candioti. En la segunda parte de la nota vamos a hablar de hazañas deportivas y sobre todo, de cual sería el mensaje que este santafesino luchador nos dejó con el ejemplo de su vida.

Don Pedro Candioti tiene una serie de hazañas como deportista que parecen imposibles de realizar. En su carrera hizo numerosos raids en los que sumó entre 1922 a 1946 la impresionante cantidad de 7.269 kilómetros. Un día le dijo a los muchachos «Che me voy a Santo Tomé, quieren acompañarme». Después fue «Che me voy a Coronda» y se fue nomás, tan poco en serio lo tomaron que cuando llegó a las playas corondinas el «Tiburón del Quillá» no tenían cómo volverse hasta Santa Fe, y al otro día tenía que dar clases en la escuela. Otro día dijo, «Che quiero ir hasta Rosario» y lo hizo nomás, con 32 años de edad en el año 1925. Hasta que un día, hablando con su amigo Domingo Pallavidini conversó de esta manera:

«Ché, Inglés, ¿sabés una cosa? Ando con ganas de largarme a Buenos Aires…»

¿Si?

Si. He pensado muchas veces que …

Y Pallavidini curioso lo interrumpe preguntando.

¿Te vas a ir en barco o en tren?.

¿Qué, barco, tren? ¡Estás loco¡

¿Cómo, qué querés decir? -requirió Pallavidini a Candioti

Pero ché, Inglés… Yo hablo de ir nadando..

Y lo intentó nomás, cuatro veces antes de desistir de ese recorrido. La vez que estuvo más cerca fue cuando nadó desde Santa Fe a Zárate en 87 horas recorriendo 381 km. Casi nada.

Cuentan que muchas veces se perdió en los raids por las tormentas que lo agarraban en el río. Según dicen una vez que se les perdió a las embarcaciones que lo seguían se quedó solo en medio del Paraná, de noche. Entonces Pedro Candioti vio una luz en la isla y nadó hasta el lugar para sorpresa y estupor de los pescadores que en medio de la tormenta vieron a un tipo cubierto de lalonina que les decía que venía nadando de Santa Fe.

Con Marina Candioti, nieta del «Tiburón del Quillá», hablamos también de esa perseverancia, casi tozudez, de Don Pedro que lo llevó a conquistar varias veces el récord mundial de permanencia…

Desde: «Pero hubo varias de esas perdidas…»

Hasta: «…y siguió nadando, y siguió nadando»

Lo que recuerda Marina Candioti sobre el himno fue cuando intentó, y lo consiguió, el récord de permanencia con 100 horas 33 minutos nadando desde San Javier a Santa Fe en el año 1939. En esa oportunidad ya no había forma de tenerlo despierto, estaban en el Colastiné con las luces de Santa Fe a la vista. Entonces alguien desde los botes le dijo a Perrazo, uno de los amigos de Candioti: «Che… hacé que toquen el himno». Y las armónicas comenzaron con la canción patria y entonces Candioti hace la venia para rendir su homenaje al himno, y después sigue nadando. Al cabo de un tiempo, y no sin otras peripecias, llega a Regatas donde toda Santa Fe lo espera para aclamarlo como el campeón mundial de permanencia. Y para los que se sienten viejos con algo más de 40 les digo que Don Pedro tenía 46 años cuando nadó 100 horas.

Pedro Candioti no era un improvisado ni un loco. El entrenamiento, la disciplina, la organización y una fuerza de voluntad poco vista lo llevó a nadar por ejemplo desde Rosario a Buenos Aires, después de cinco intentos fallidos. Pero decir que «El tiburón del Quillá» llegó solo a la tapa del Gráfico es un error. Candioti nadaba, pero todo un grupo de amigos lo apoyaba y lo ayudaba para conquistar el río. En cada brazada iba también la esperanza y el esfuerzo de un grupo de santafesinos que tiraba para adelante junto a Pedro. Julio Hachmann, Manuel Vera Candioti, Israel Cirelli, Pedro bayugar, Francisco Micheltorena,  Ezequiel Agudo Franco, Carlos Vera Candioti, Perrazo, Vera, Costa. Palma, Barceló, Niklinson, López, Sánchez, Quiroga, y tantos otros.

Así nació el Club El Quillá, así nació la leyenda del «Tiburón del Quillá» y así también se construyó un ejemplo de deportista y de vida que tanta falta nos hace hoy a los santafesinos…

Desde: «Con empeño todo se puede…»

Hasta: «…sabiendo que esas metas eran difíciles»

Día Provincial del Deporte

El 8 de septiembre de 1988, a través de la Ley 10.221, se instauró, el 24 de julio de cada año, como el Día Provincial del Deporte, en homenaje al natalicio de Pedro Candioti.

Fuente: marcialcandioti.blogspot.com/2007/06/pedro-candioti-el-tiburon-del-quilla.html // paraconocernos.com.ar // clubquilla.com.ar // es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Candioti

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