Pirata Morgan

Biografia OpusVida por magui

PAGINAS: 1 2 3

Saqueo de Maracaibo

Tiempo después, en la isla de Vaca, frente a la actual República de Haití, Morgan reunió a sus subordinados para organizar una nueva aventura. En el transcurso de la estadía se les unió una nave inglesa, la fragata HMS Oxford, de 36 cañones, que reforzó su flota. También hizo presencia una nave francesa de gran poder, pero su capitán se negó a acompañar la escuadra de los filibusteros. A pesar de esto, Morgan le invitó a un banquete en su barco. Durante la reunión, bajo unos cargos infundados, encerró a los invitados en una bodega y les apresó, con lo que consumó el traspaso del buque francés a sus manos. Acto seguido los filibusteros acordaron viajar a la isla Savona para apresar algún barco rezagado de cierta flota que transportaba plata. Hubo una celebración con brindis dieron y disparos al aire, uno de los cuales cayó en un pañol de pólvora que hizo explotar la nave con todos los individuos adentro. Solo unos treinta se salvaron, entre ellos Morgan. Según Exquemelin, el jefe filibustero:

Instigado por su ordinario humor de crueldad y avaricia, hizo buscar sobre las aguas del mar los cuerpos de los míseros que habían perecido, no con la humana intención de enterrarlos, si bien al contrario, con la mezquina de sacar de bueno en sus vestidos y adornos.

A pesar de todo, con 15 naves y unos 600 hombres, la flota partió con rumbo a Maracaibo, nuevo objetivo de los forajidos. Arribaron al lugar en marzo de 1669, pero encontraron una ciudad abandonada. En lo posterior la banda de asaltantes cometería un sinnúmero de fechorías en los pobladores atrapados y apresados para obtener los pretendidos tesoros que supuestamente habían ocultado al saber de su llegada. Según el cronista neerlandés, en esta ciudad atormentaron a los vecinos golpeándoles con palos, quemándoles con cuerdas caladas entre los dedos y cometiendo ahorcamientos.

Al comienzo de la toma de Maracaibo los asaltantes lograron adueñarse de dos fuertes que habían sido abandonados por los españoles, como la ciudad misma. Tales fortines fueron desatendidos para dirigirse a Gibraltar. Allí, los residentes abandonaron el sitio ante la imposibilidad de enfrentar a los malhechores; además, querían evitar lo que sufrieron dos años antes cuando fueron atacados por «El Olonés». En esa zona los filibusteros encontraron un demente que aseguró ser hermano del Gobernador de Maracaibo. Al enterarse del embuste, le colgaron de una cuerda y le quemaron hojas en su cara hasta fallecer. Al fin, un esclavo reveló el escondite de los vecinos y apresaron unas 250 personas. Las crueldades continuaron. Especialmente se ensañaron con un portugués de unos 60 años, a quien alguien atribuyó «ser muy rico». El infortunado fue tratado con barbarie al aplicarle «trato de cuerda» hasta romperle los brazos; además:

Lo colgaron de los cuatro dedos gordos, de las manos y los pies, a cuatro estacas altas donde ataron cuerdas de las que tiraban como por clavija de harpa y con palos fuertes daban con toda fuerza en dichas cuatro cuerdas, de modo que el cuerpo de aquel miserable paciente reventaba de dolores inmensos.

Después de otras vejaciones los maleantes lograron obtener mil pesos del desdichado. En cierto momento verificaron la posición de los vecinos de Gibraltar, pero después de revisar la ubicación defensiva y ventajosa del gobernador y sus acompañantes decidieron partir. Los malhechores exigieron tributo de quema, a lo cual los residentes cedieron hasta prometer reunir 5.000 reales de a ocho.54 En medio de negociaciones —con personas usadas como prenda para asegurar el pago— y con el botín en sus manos, regresaron a Maracaibo.

En su viaje de vuelta le fue informado a Morgan que había tres naves de guerra a la espera del arribo de su flota. El dejar abandonada su retaguardia en su partida a Gibraltar había resultado costoso. Con su fuerza sobrepasada por los españoles, pero enfrentando la situación adversa, el filibustero pidió tributo de quema por Maracaibo al capitán de las naves don Alonso del Campo y Espinoza quien, firme en su posición, le reclamó abandonar el lugar y entregar lo apropiado o enfrentar a su escuadra. Ante la situación los asaltantes estaban incapacitados para abandonar la zona. Morgan informó de los hechos a sus acompañantes. En medio de la discusión, alguien propuso utilizar un brulote en dirección a las naves del enemigo para provocar un estallido. Efectivamente se armó la embarcación que contenía unos muñecos disfrazados y cañones de madera, todo cuidadosamente equipado. Al caer la tarde del 30 de abril de 1669, el falso barco —con la flota de Morgan avanzando detrás— se acercó a la nave mayor, La Magdalena, y la hizo estallar. Ante el desastre, otro de los barcos españoles fue hundido para evitar que lo tomasen los asaltantes. La tercera restante fue abordada por los filibusteros.

Sin embargo, los filibusteros no habían salido aún del lago por la amenaza de un fuerte en la desembocadura y adonde los sobrevivientes se habían refugiado. Al saber de la inutilidad de escapar, Morgan intentó negociar con los españoles al pedir rescate por los rehenes. En respuesta fue dada una suma más algunas vacas en pago, pero el capitán a cargo —el mismo Alonso de Espinosa— nuevamente se negó tajantemente a dejarles partir.  Al siguiente día, la treta utilizada para la huida consistió en simular un ataque por tierra sobre el emplazamiento. Hecho así, los cañones, en manos de los españoles, cambiaron su objetivo. Logrado esto, por la noche, los filibusteros se apresuraron a abandonar a toda vela el lugar, mientras los soldados en el castillo trataban de apuntar nuevamente el armamento al mar, sin conseguirlo. Morgan regresó a Jamaica el 14 de mayo de 1669 bajo amonestaciones de Modyford ante los reclamos recibidos desde Londres por las fechorías cometidas. Debido a esto, Morgan decidió asentarse por un tiempo, compró unas tierras y gozó de una vida de hacendado junto a su esposa.

Saqueo de la ciudad de Panamá

Entre los años de 1667 y 1670 fueron firmados tratados entre España e Inglaterra que finalizarían las disputas entre ambas potencias y fomentarían las relaciones comerciales. No obstante, un año después del regreso de Morgan a Jamaica, nuevos rumores circularon sobre futuros ataques españoles con la pretensión de recobrar la isla. Además se difundieron noticias de agresiones sobre botes pesqueros y mercantes ingleses. Por otro lado, según Exquemelin, los filibusteros necesitaban dinero para pagar sus muchas deudas en Jamaica debido a sus excesos en Port Royal. Cualquiera que hubiese sido el motivo, los piratas sabían que sus operaciones terminarían pronto, por lo que se apresuraron a preparar algún ataque sobre las posesiones españolas. Al parecer, Morgan era el único capaz en emprender una acción a gran escala;  aun cuando estaba atado a los nuevos tiempos que proclamaban la paz. Aparentemente el hecho que legitimó un ataque fue una ofensiva de un tal Capitán Rivero, quien, con patente de corso del Gobernador de Cartagena de Indias, emprendió provocaciones contra piratas en las cercanías de Cuba y un villorio al norte de Jamaica.

Ante los hechos, el gobernador jamaicano comisionó a Morgan el 1 de agosto de 1670 para atacar naves enemigas y mantener la tranquilidad en la isla. Fue nombrado Almirante y Comandante en Jefe de toda la flota de guerra.  De acuerdo a Exquemelin, el galés planeó partir a Port Coullion, frente a la isla de Vaca, donde reuniría a los filibusteros con el proyecto armar un ataque. Modyford, al saber de tales intenciones, le impidió ejecutar alguna acción sobre tierras de españoles a sabiendas que de todos modos se congregarían.  El encuentro sucedió el 24 de octubre de 1670. El grueso de aventureros seguía a Morgan en vista que sabía que él les haría adinerados.

En vista de la operación a gran escala, la flota se dividió en tres divisiones para aprovisionarse adecuadamente: una haría saqueos en las costas cercanas para obtener cereales, otra se dedicaría a cazar, y la tercera permanecería en la isla para la construcción de los barcos.  Después de los preparativos, la flota sumaba 37 navíos y al menos 2.000 hombres. Asimismo, durante la estadía, se dispusieron las recompensas e indemnizaciones a otorgar a los combatientes en la expedición. Para el caso, a los capitanes se le pagaría «la porción de ocho marineros por los gastos de cada navío», y de haber mutilaciones en alguno de los filibusteros, se resarciría de acuerdo a su gravedad. Por ejemplo, se otorgarían 1.500 piezas de a ocho o quince esclavos, por la pérdida de ambas piernas.  Morgan sabía que la única manera de hacer luchar a uno de su tripulación era retribuyéndole.

Fueron considerados tres objetivos para el asalto: Cartagena de Indias, Veracruz y la ciudad de Panamá.  La elección fue esta última, por su gran actividad comercial debido al tránsito comercial entre los océanos Pacífico y Atlántico. Además, era punto de llegada de la flota de plata de Perú.  Por otro lado, era la localidad menos protegida y dependía de la selva para su resguardo.  Previo a la campaña, Morgan exhortó a sus hombres a actuar sobre los españoles como «enemigos declarados… del Rey de Inglaterra, su pretendido señor».

Inicio de la travesía

La expedición partió de cabo Tiburón el 6 de diciembre de 1670. El primer objetivo era tomar el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina para asegurar el enclave una vez pretendido por Mansvelt. Al arribar asediaron una de las isletas, la cual estaba debidamente fortificada. Durante el acorralamiento soportaron una lluvia intensa y pasaron hambre. Ante la desesperación de los suyos, Morgan mandó un mensaje al gobernador del emplazamiento para reclamar su rendición. La respuesta obtenida fue claudicar sin condiciones, pues no se consideraban con fuerza suficiente para encarar a los filibusteros. Lo único que el sitiado pedía a cambio, bajo común acuerdo con Morgan, era fingir una batalla para no arruinar su reputación. Una vez tomado el lugar, los aventureros reclutaron algunos prisioneros de origen panameño que les servirían de guías de ahí en adelante. Al partir, dejaron inutilizadas las fortalezas.

El próximo paso de Morgan fue organizar una cuadrilla al mando del capitán Joseph Bradley con 5 naves y 400 hombres. La misión era asegurar el castillo de San Lorenzo, en la desembocadura del río Chagres, para afianzar el paso a la ciudad de Panamá. Tal fuerte tenía defensas naturales muy difíciles de remontar y la única forma directa de entrar era por un puente levadizo. Los atacantes desembarcaron a unos 5 km del sitio y caminaron a través de la jungla hacia su objetivo. Al arribar, las primeras embestidas costaron muchas vidas a los filibusteros, pues los españoles respondían con fuego de artillería. Los mismos asediados, en medio de la pelea, gritaban desde el castillo:

Vengan los demás perros ingleses, enemigos de Dios y del Rey. Vosotros no habéis de ir a Panamá.

La manera cómo la ciudadela fue tomada es narrada por Exquemelin de una forma extraordinaria. Sucedió que una flecha fue lanzada desde el recinto e impactó a uno de los filibusteros quien se la sacó inmediatamente. Acto seguido, envolvió una pieza de algodón en la punta y le prendió fuego; entonces lanzó la saeta hacia el edificio y provocó un incendio. El 15 de diciembre, después de dejar abrasar el lugar, los atacantes tomaron el fortín con gran resistencia de los defensores que se rindieron hasta que el gobernador fue abatido. Sólo 30 soldados españoles quedaron con vida de los 314 que estaban al inicio. Por los filibusteros hubo más de cien bajas, incluido Bradley. De esta manera, con el archipiélago y sus defensas inutilizadas y el castillo tomado, Morgan resguardaría su retaguardia, a diferencia del error cometido en Maracaibo. A pesar de la victoria, los filibusteros supieron de boca de los cautivos que algunos españoles habían huido a dar noticia en los alrededores de su llegada. Desplazándose al lugar, el jefe de los forajidos se regocijó al ver la fortaleza rendida.  Antes de continuar, organizó una fuerza de 300 hombres que dejó a cargo del castillo, otros 150 en los buques y con los restantes —unos 1.200—, junto a cinco botes y treinta y dos canoas,  comenzaron la ruta a la ciudad de Panamá bordeando el río Chagres. El plan inicial consistía en atravesar la selva, en vez de marchar por la ruta de Las Cruces que les harían más propensos a una emboscada. Sin embargo, la desventaja era el sofocante clima tropical y sus problemas añadidos.  Según Exquemelin, partieron del castillo el 18 de enero de 1670.

Al comienzo el grupo fue dividido en dos columnas. Una avanzaría por el río y la otra iría por tierra. Morgan decidió llevar el menor equipaje posible durante la travesía, incluso comida. Aparentemente, esperaban atracar poblados y apropiarse de lo necesario para el camino.  Tal decisión sería determinante en los días siguientes.  En la cuarta jornada de camino (21 de enero), los filibusteros habían avanzado y comido poco.  Esa fecha encontraron un puesto abandonado, pero en el lugar solo había chozas y unas bolsas de cuero esparcidas. De acuerdo al narrador neerlandés:

…se vieron obligados a comerse los mismos sacos que hallaron, por dar algo al fermento de sus estómagos, pero era tan acerbo, sin encontrar otra materia en qué envolverse, que les comía las entrañas.

El siguiente día, buscando en los alrededores de unas granjas despobladas, encontraron maíz y frutas que fueron distribuidas. El 23 de enero enfrentaron su primera emboscada por parte de nativos. Morgan ordenó no perseguirles por la evidente ventaja del conocimiento del terreno de los adversarios. En la posterior jornada llegaron al poblado de Venta de Cruces, que había sido también abandonado. Algunos decidieron, opuestos a las órdenes de Morgan, deambular en los alrededores en búsqueda de comida, pero fueron atacados.

El 25 de enero, el galés armó un escuadrón de avanzada conformado por 200 hombres. Esa misma fecha la tropa sufrió otro embate con saldo de ocho muertos y 10 heridos al soportar un intenso ataque de flechas lanzadas por los nativos.  Hasta ese instante los propios españoles no habían realizado ninguna arremetida significativa sobre las huestes filibusteras.

Llegada a la ciudad

Los filibusteros atravesaron la selva con extremas dificultades hasta que llegaron al sitio conocido como Cruces. El 26 de enero divisaron la ciudad desde una meseta, que en la actualidad es conocida como «Loma de los Bucaneros».  De acuerdo al cronista neerlandés:

…comenzaron a dar muestras de una extrema alegría echando los sombreros al aire, como si ya hubiesen conseguido la victoria. No hubo trompeta que no resonase, ni tambor que no se dejase de oír en aquellos contornos.

En su ruta a la metrópoli (27 de enero) encontraron algunas granjas y robaron víveres. Previo a su llegada, Morgan organizó una cuadrilla para investigar la ubicación de los españoles en la ciudad. A su regreso le comunicaron que estaban reagrupados en el camino principal. El filibustero ordenó entonces la marcha sobre la localidad. Sin embargo, no lo hizo encarando a los españoles, sino rodeando la ciudad a través de la jungla, lo cual, aunque era una maniobra trabajosa, evitó un encuentro frontal con los lugareños que poseían una fuerza de alrededor de 2.800 hombres y a quienes las condiciones favorecían claramente.  Se estima que la fuerza militar de los panameños superaba a la de Morgan con una relación de 3 a 1.

Juan Pérez de Guzmán era el encargado de la defensa de Panamá. El mismo a quien Morgan, según los relatos, prometió tomar el arma enviada en su ataque a Portobelo. La ciudad fue reforzada con habitantes de otras localidades y armas posicionadas tanto en las afueras como adentro de la población.  Niños, monjas y mujeres, junto a un cargamento de plata, fueron enviados en el navío Trinidad con rumbo a Perú.  Al ver el movimiento evasivo de los asaltantes, el gobernador Guzmán ordenó perseguir a los filibusteros en campo abierto dejando sus posiciones. En respuesta, Morgan ordenó a un grupo de francotiradores, armados de mosquetes, repeler la acometida de un escuadrón de caballería junto a otro de infantería que servía como apoyo. Al avanzar este contingente sobre un terreno lodoso, tuvieron numerosas bajas ante la certera artillería de los filibusteros. En la acometida murieron al menos seiscientos españoles.

Ante la derrota inicial, los sitiados recurrieron a un segundo plan que consistía en liberar una manada de toros contra los atacantes. Con el campo fangoso la táctica no tuvo ningún éxito, pues los animales fueron aniquilados o quedaron atascados. Ante el fracaso, los soldados que estaban en la primera línea de defensa huyeron. La tropa restante se desorganizó, huyó a los fuertes y no pudo reagruparse.  Con esta primera victoria, los filibusteros avanzaron hacia Panamá. Allí confrontaron la artillería distribuida en la urbe y tuvieron que pelear calle por calle.  Al mediodía, y ante la visible derrota, Guzmán ordenó evacuar —él incluido—  la población, hacer estallar el polvorín y retirarse a Penonomé. Los filibusteros tomaron la ciudad a las tres de la tarde iniciando el saqueo sobre la rica población.  Durante el atraco los aventureros encontraron vino, pero Morgan les prohibió tomarlo, probablemente para tenerlos alerta ante un posible contraataque.

Durante el desorden ocurrió un incendio en la ciudad. Hay versiones encontradas acerca de quien fue el responsable: si fue iniciado por órdenes de Morgan, producto de un accidente, o provocado por los mismos residentes. Según el investigador Walter E. Piatt, historiadores contemporáneos se decantan por la última opción, pues así evitaban el despojo total de los bienes de la ciudad.  Esto se verifica con el hecho del poco monto de oro y plata apropiado por los asaltantes. Adicionalmente, según registros del Archivo General de Indias de Sevilla y del Archivo General de Simancas enValladolid el gobernador Guzmán declaró ante el juez Miguel Francisco de Mirachalar en 1672, confirmando la autoría de la orden de incendiar los almacenes de pólvora, hecho que fue corroborado por más de 50 testigos, algunos allegados a Guzmán. Por otro lado, en el transcurso de la ocupación, se dio la noticia de que los ciudadanos habían huido con sus pertenencias a la vecina isla de Taboga, pero no fue más que un señuelo para hacer partir un barco con rumbo a Ecuador, con la mayoría del tesoro panameño.

El galés mandó patrullas por tierra y por mar en los alrededores en búsqueda de riquezas escondidas. En su estadía —de casi un mes—  se realizaron torturas a algunos prisioneros para obtener más fortuna.  Mención aparte merece el relato de una mujer de notable belleza cuyo marido había partido en razón de un viaje comercial. Morgan trató de portarse de buena manera con ella al estar como cautiva, pero al cabo de tres días mudó su actitud hacia una más violenta con ánimo de abusar de la dama. En vista que sus propósitos desfallecieron ante la firmeza de la mujer, la mandó a encerrar en un calabozo.

PAGINAS: 1 2 3

Daniel Day-Lewis

Biografía de Daniel Day-Lewis Daniel Day Lewis nació el 29 de abril de 1957 en Londres (Inglaterra). Es hijo del […]

Facundo Cabral

Influenciado en lo espiritual por Jesús, Gandhi y La Madre Teresa de Calcuta, en literatura por Jorge Luis Borges y […]

Jiddu Krishnamurti

Aunque todas las noches leía algo de carácter filosófico, no podía resistirse a la tentación de llegar al final cuando […]

Familia Rothschild

En 1963 Edmond James de Rothschild creó la Compagnie Financière Edmond de Rothschild con sede en Suiza. Su inicio como […]